💕 Descripción
Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.
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Capítulo 3: El día de mi cumpleaños
Nunca pensé que mi cumpleaños me pondría tan nerviosa.
Desde varios días antes estaba emocionada. Cumplir 18 años significaba mucho para mí. Sentía que estaba comenzando una etapa diferente de mi vida y quería celebrarla rodeada de personas importantes para mí.
Mi tía había preparado una pequeña reunión en la casa. No era una fiesta enorme, pero había decoraciones, comida, música y una torta que ella misma había encargado.
Yo estaba feliz.
—Tía, ¿sí crees que venga bastante gente? —le pregunté mientras acomodaba unas invitaciones.
—Claro que sí, mi patico. Tú invita a quienes quieras.
Tomé las invitaciones y comencé a entregarlas en el instituto.
La primera fue para Chiquis.
—Obviamente tú tienes que venir —le dije.
Ella soltó una carcajada.
—¡Pero ajá! ¿Cómo no voy a ir? Si yo soy la invitada principal.
—Eso ni se pregunta.
Después empecé a entregar las demás.
Incluso hice algo que quizás muchos no entendieran: invité a algunos de los compañeros que se habían burlado de mí.
Chiquis me miró sorprendida.
—¿Tú también les vas a dar invitación a ellos?
—Sí.
—Pero, Vale...
—No quiero guardarles rencor —respondí—. Si quieren venir, que vengan.
Ella me abrazó.
—Tú tienes un corazón demasiado grande, amiga.
Yo sonreí.
Cuando llegué frente al grupo que acostumbraba molestarme, respiré profundamente.
—Les traje una invitación. Mañana es mi cumpleaños.
Uno de ellos tomó el papel.
—¿En serio nos estás invitando?
—Sí.
No respondieron mucho.
Yo simplemente me fui.
Esa noche preparé mi ropa y dejé todo listo. Antes de dormir, mi tía entró a mi habitación.
—Mañana cumple años mi niña.
—Tía, estoy emocionada.
—Y yo también. Ya estás creciendo demasiado rápido.
Nos abrazamos.
—Ojalá mamá estuviera aquí —dije bajito.
Mi tía guardó silencio unos segundos.
—Ella estaría muy orgullosa de ti.
Sonreí con los ojos llenos de lágrimas.
—Buenas noches, tía.
—Buenas noches, mi patico.
Al día siguiente desperté con una sonrisa.
—¡Hoy es mi cumpleaños! —dije mirando el techo.
Me arreglé con mucha ilusión. Me puse un vestido bonito que había escogido con mi tía y unos zapatos cómodos. Me arreglé el cabello y me miré al espejo.
—Hoy voy a disfrutar —me dije.
En el instituto, Chiquis fue la primera persona que me felicitó.
—¡Feliz cumpleaños, mi Vale!
Me abrazó tan fuerte que casi perdimos el equilibrio.
—¡Gracias!
Durante todo el día estuve esperando que llegara la tarde.
Finalmente regresé a casa.
Abrí la puerta emocionada.
—¡Ya llegué!
Mi tía apareció desde la sala.
—¡Feliz cumpleaños, mi patico!
—¡Gracias!
Miré alrededor.
Había decoraciones, globos y comida sobre la mesa.
Pero entonces me di cuenta de algo.
No había llegado nadie.
Pasaron los minutos.
Después media hora.
Luego una hora.
Y nadie apareció.
La única persona que llegó fue Chiquis.
Cuando tocó la puerta, corrí a abrir.
—¡Chiquis!
—¡Cumpleañera!
Nos abrazamos.
—Pensé que vendría más gente —dije intentando sonreír.
Ella me miró con cariño.
—Lo importante es que estoy aquí.
Poco después llegaron algunos familiares que habían podido acompañarme. Mi tía puso música y trató de mantener el ambiente alegre.
Pero yo ya no podía fingir.
Miré las sillas vacías y sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
—Tía...
Ella se acercó.
—¿Qué pasó, mi niña?
—Invité a tantas personas...
Mi voz se quebró.
—Y casi nadie vino.
Mi tía me abrazó inmediatamente.
—No llores, mi patico.
Pero yo ya estaba llorando.
Chiquis también se acercó.
—Vale, mírame.
Levanté la cabeza.
—Hoy no tienes que demostrarle nada a nadie. Las personas que realmente te quieren están aquí.
Miré a mi tía, a Chiquis y a mi familia.
Entonces entendí algo.
Tal vez mi cumpleaños no había salido como lo imaginaba.
Pero no estaba sola.
Mi tía encendió las velas de la torta.
—Pide un deseo.
Cerré los ojos.
Pensé en mi mamá.
Pensé en todo lo que había vivido.
Y finalmente pedí un deseo para mí.
—Quiero aprender a quererme y dejar de creer en las cosas feas que dicen de mí.
Soplé las velas.
Todos aplaudieron.
Chiquis gritó:
—¡Eso es, mi reina!
Y por primera vez en todo el día, sonreí de verdad.
Quizás mi cumpleaños no había sido perfecto.
Pero acababa de descubrir que no necesitaba una casa llena de personas para sentirme querida.
A veces, unas pocas personas que realmente te aman valen muchísimo más que un montón de gente que solamente está de paso.