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Matrimonio Por Apuesta

Matrimonio Por Apuesta

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Romance / Completas
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Fabián de Castro es un hombre poderoso y respetado en su ciudad. Es frío y poco sociable, dueño de un casino muy visitado por toda clase de persona. También es uno de los solteros más deseado. En una deuda de juego su pago es Débora, quien acababa de recibir su título de profesora y estaba orgullosa de haber logrado su sueño. Al llegar a su casa, se entera entre otras cosas, que la pequeña herencia que sus padres pudieron dejarles al morir, su hermano mayor la había acabado en juegos, mujeres y alcohol. Fabián sintió que si él no se hacía cargo, el hermano la vendería a otro hombre y no sé comportaría igual, así que termina por aceptar. Entre ellos comienza una rivalidad que oculta los sentimientos reales que comienzan a surgir con cada gesto cariñoso y detallista que se hacen al descuido.

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Primer encuentro, primeras chispas

Débora no durmió bien.

¿Cómo podría hacerlo?

La cama era más cómoda que cualquier otra en la que hubiera dormido, pero su mente no dejaba de recordarle dónde estaba.

Ni por qué.

Pasó gran parte de la noche observando el techo de la habitación, pensando en sus padres, en su hermano y en la forma tan absurda en que su vida había cambiado en apenas veinticuatro horas.

Cuando el amanecer llegó, ya estaba despierta.

Se levantó, se duchó y se puso un vestido sencillo color azul claro.

Al mirarse en el espejo, apenas se reconoció.

Seguía siendo ella.

Pero sus ojos habían cambiado.

Había algo más duro en ellos.

Más cauteloso.

Más triste.

—No voy a dejar que me destruyan —se prometió.

Y salió de la habitación.

La casa ya estaba despierta.

Empleados iban y venían silenciosamente.

Todo funcionaba como un reloj perfecto.

Débora bajó las escaleras buscando la cocina.

O al menos un poco de café.

Una mujer de unos cincuenta años apareció en el pasillo.

—Buenos días, señorita.

Débora sonrió por primera vez desde que llegó.

—Buenos días.

—Soy Matilde. El señor De Castro me pidió que estuviera pendiente de usted.

Débora levantó una ceja.

—¿Pendiente o vigilándome?

La mujer ocultó una sonrisa.

—Digamos que ambas cosas.

Por alguna razón, aquella sinceridad le cayó bien.

—Necesito café.

—Eso tiene solución.

Minutos después, Débora estaba sentada en una enorme mesa de comedor.

Delante de ella había frutas, pan recién horneado, jugo natural y café caliente.

Era un desayuno digno de una reina.

Y ella apenas tenía apetito.

Tomó la taza entre las manos.

Entonces escuchó pasos.

Pasos firmes.

Seguros.

Inconfundibles.

Fabián.

Entró al comedor revisando algunos documentos.

Ni siquiera parecía haber notado su presencia.

Llevaba una camisa blanca arremangada hasta los antebrazos y pantalón oscuro.

Por primera vez, Débora lo veía sin chaqueta.

Y le molestó descubrir que era aún más atractivo de lo que recordaba.

Mucho más.

—Buenos días —dijo ella.

Fabián levantó la vista.

—Buenos días.

Nada más.

Ni una sonrisa.

Ni una expresión amable.

Se sentó al otro extremo de la mesa.

Como si cien metros los separaran.

Débora tomó un sorbo de café.

—¿Siempre eres así?

Fabián siguió leyendo.

—¿Así cómo?

—Como si hablar fuera un castigo.

Él levantó la mirada.

Por un instante pareció sorprendido.

—Hablo cuando es necesario.

—Qué emocionante debe ser vivir contigo.

Los labios de Fabián se movieron apenas.

Apenas.

Como si hubiera estado a punto de sonreír.

—Y tú hablas demasiado.

—Alguien tiene que compensar tu silencio.

Matilde, que servía café cerca de ellos, disimuló una sonrisa.

Fabián la notó.

Débora también.

Y por primera vez sintió que había ganado una pequeña batalla.

Más tarde, decidió explorar los jardines.

Matilde le había asegurado que podía caminar por ellos.

Y necesitaba aire.

Los senderos rodeaban fuentes antiguas, rosales y enormes árboles.

Era un lugar hermoso.

Tan hermoso que resultaba difícil relacionarlo con el hombre frío que vivía allí.

Mientras caminaba, vio una pequeña construcción al fondo.

Parecía una biblioteca privada.

La curiosidad pudo más que ella.

Se acercó.

Empujó la puerta.

Y quedó maravillada.

Miles de libros.

Estanterías enormes.

Ediciones antiguas.

Obras clásicas.

Historia.

Literatura.

Filosofía.

Educación.

Sus ojos brillaron.

—Esto es increíble...

—Lo es.

Débora dio un salto.

Fabián estaba detrás de ella.

Observándola.

Otra vez.

—¿Siempre apareces sin hacer ruido? —preguntó.

—Siempre.

—Eso es aterrador.

—Lo sé.

Ella lo miró.

Y esta vez descubrió algo extraño.

No parecía molesto.

Ni distante.

Parecía... relajado.

—No te imaginaba rodeado de libros.

Fabián caminó lentamente entre las estanterías.

—La mayoría de las personas no imaginan muchas cosas sobre mí.

—Tal vez porque no permites que te conozcan.

Sus ojos se encontraron.

Por un segundo demasiado largo.

Y algo extraño ocurrió.

Algo incómodo.

Algo peligroso.

Ninguno apartó la mirada.

Hasta que Fabián rompió el silencio.

—¿Qué estudiabas?

Débora parpadeó.

Era la primera pregunta personal que él le hacía.

—Educación.

—¿Profesora?

Ella asintió.

Y por primera vez desde que llegó, sonrió de verdad.

—Era mi sueño.

Fabián observó aquella sonrisa.

Y sintió algo inesperado.

Porque aquella mujer, incluso después de todo lo que había sufrido, todavía era capaz de sonreír.

Eso lo desconcertó.

Más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Los buenos profesores cambian vidas —dijo él.

Débora se sorprendió.

—No esperaba escuchar eso de ti.

—¿Por qué?

—Porque pareces alguien que no cree en las personas.

Fabián guardó silencio unos segundos.

—Creo en las personas.

Ella frunció el ceño.

—¿Sí?

—Solo que rara vez me dan razones para hacerlo.

El comentario quedó suspendido entre ambos.

Y Débora entendió que detrás de aquella apariencia fría había algo más.

Algo roto.

Algo que él mantenía cuidadosamente oculto.

Cuando regresaban hacia la casa, ocurrió algo inesperado.

Débora tropezó con una piedra escondida entre las raíces de un árbol.

Todo pasó en un instante.

Perdió el equilibrio.

Soltó un pequeño grito.

Y antes de caer...

Dos brazos fuertes la sujetaron.

Fabián.

Su mano rodeó su cintura.

La otra sostuvo su brazo.

Débora quedó inmóvil.

Muy inmóvil.

Demasiado cerca.

Pudo sentir el calor de su cuerpo.

Su perfume.

La fuerza de sus manos.

Y por primera vez, vio algo diferente en aquellos ojos oscuros.

Algo que no era indiferencia.

Algo que no era frialdad.

Algo mucho más peligroso.

Fabián tampoco se movió.

Porque tenerla tan cerca estaba resultando ser un error.

Uno enorme.

El corazón de Débora comenzó a latir con fuerza.

Y el de Fabián también.

Aunque ninguno de los dos estaba dispuesto a admitirlo.

—Ya puedes soltarme —susurró ella.

—Ya puedes dejar de caerte —respondió él.

Débora sonrió.

Y Fabián sintió que esa sonrisa era un problema mucho más serio que cualquier deuda.

Uno que no sabía cómo resolver.

Porque por primera vez en muchos años...

Tenía ganas de volver a verla sonreír.

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Gladys Dona
Me gusta una porque es corta pero hay cosas que superan mi imaginación como entro con tanta custodia y tienes que ponerle rostro a tus personajes es mucho más interesante un final un poco gustó a más bueno veremos tus próximas novelas Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Ahora apareció una loca otra para el tablero de ajedrez pronto no va quedar ni uno con Fabian de Castro nadie se escapa
Gladys Dona
Debora tú hermano es una 🐀 no le interesa nada date cuenta atacaron y no le intereso que podrías haber muerto solo quiere plata a cualquier precio es realmente un PARÁSITO
Gladys Dona
Ni se te ocurra salvar el parásito de tú hermano porque si le pasa algo a Fabian vos serás la moneda de cambio que necesita tú queridito hermano porque ese no cambia y con tal de tener dinero se va vender al mejor postor 👁 es una TRAMPA
Gladys Dona
Hermano como ese es mejor ser hija única /Awkward/
Gladys Dona
Realmente alguna ves cintio algo por su hermana Realmente es lo peor como ser humano con tal de obtener plata vende hasta su madre 😡 HDP
Andrea Nardelli
exelente
Gladys Dona
Parece que va ser interesante vamos a ver que pasa
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