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UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Padre soltero / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:505.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Meraki...06

Leonardo Fontana, es un joven de 22 años, italiano, heredero de una importante casa de moda. Acostumbrado a una vida de excesos, se ve forzado a madurar de la noche a la mañana, y reacomodar su vida a los nuevos desafíos que le trae.

NovelToon tiene autorización de Meraki...06 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 19

Leonardo

Cuando los mellizos cumplieron ocho meses, algo cambió en la forma en que Vale me miraba.

No podía señalarlo con precisión. Era como si hubiera bajado una guardia que no sabía que tenía levantada. Las mañanas en que llegaba con su uniforme celeste, ya no se apresuraba a irse en cuanto terminaba de limpiar. Se quedaba un rato más en la sala, jugando con Tomas y Lucía en la alfombra, riéndose cuando Tomas gateaba detrás de ella o cuando Lucía intentaba alcanzar su collar con sus manitas torpes.

—Hoy hace sol

dijo una mañana, mirando por los ventanales.

— ¿Por qué no los sacas al parque?

La idea me aterrorizaba. En las ocho semanas que llevaba con los mellizos, no los había sacado del penthouse más que para llevarlos al pediatra. El mundo exterior, con sus ruidos, sus olores, sus desconocidos, era un territorio que no sabía cómo navegar.

—¿Al parque?

repetí, como si hubiera sugerido llevarlos a la luna.

—Sí. Hay uno a dos cuadras. Tiene columpios para bebés. Les vendría bien tomar un poco de aire.

—Pero si los saco... ¿qué hago si lloran, si hace frío, si alguien los quiere tocar?

Vale me miró con esa expresión que ya conocía, la de quien está a punto de decirme algo obvio pero se contiene por educación.

—Leonardo, los bebés salen a la calle. Es normal. Te pones una mochila portabebés, coges el cochecito, llevas biberones por si acaso, y ya está.

—¿Tú vendrías?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Y en el silencio que siguió, me di cuenta de lo mucho que dependía de su respuesta.

Vale me miró. Sus ojos marrones, que últimamente parecían ver más de lo que yo quería mostrar, se posaron en los míos con una intensidad que me dejó sin aliento.

—Si quieres que vaya, voy

dijo.

—Quiero.

Cargamos a los niños y entre bañarlos y alistarnos para salir, con todo el protocolo que había aprendido de vale y mi madre ya Dos horas después, estábamos en la calle.

El cochecito doble otra de las adquisiciones de mi madre, que no escatimaba en nada para sus nietos avanzaba por las aceras de Trastevere con la torpeza de un barco recién estrenado. Yo empujaba, Vale caminaba a mi lado con una bolsa que contenía biberones, pañales, toallitas, mantas y una muda de ropa para cada uno.

—Llevas demasiadas cosas

dijo Vale, mientras cruzábamos una calle.

—Si no llevo todo esto, seguro que pasa algo y no tengo lo que necesito.

—Es un paseo de veinte minutos, no una expedición al Himalaya.

—No voy a discutir sobre la bolsa. La bolsa se queda.

Sonrió. Era una de esas sonrisas que ya empezaba a coleccionar en mi memoria, las que aparecían cuando menos me lo esperaba y desaparecían demasiado rápido.

El parque estaba más lleno de lo que esperaba. Grupos de madres con cochecitos, niños correteando por los caminos de tierra, el ruido de las risas y los gritos mezclándose con el canto de los pájaros.

Me quedé paralizado en la entrada. Demasiada gente. Demasiados estímulos. ¿Y si los mellizos se asustaban, si alguien se acercaba demasiado?

—Respira

dijo Vale, tocándome el brazo.

—No es un campo de batalla. Es un parque.

—Para mí es un campo de batalla.

—Entonces vamos a conquistarlo. Pero con calma.

Encontró un banco apartado, cerca de la zona de columpios pero no demasiado cerca. Estacionó el cochecito bajo la sombra de un árbol grande, y sacó a Lucía de su asiento.

—Ven

dijo, extendiéndome la mano.

— Te voy a enseñar a poner a un bebé en un columpio.

La tomé de la mano. Su piel era cálida, sus dedos firmes, y cuando entrelazamos los nuestros por un segundo más de lo necesario, mi corazón se aceleró como si hubiera corrido un maratón.

El columpio para bebés era una pieza de plástico con forma de cubo, con un arnés que parecía más complicado de lo que debía. Vale puso a Lucía en uno, ajustó las correas con la soltura de quien lo ha hecho mil veces, y la pequeña empezó a reír cuando el columpio se mecía suavemente.

—Ahora tú

dijo, señalando el columpio de al lado

— Con Tomas.

Saqué a Tomas del cochecito con manos temblorosas. El pequeño me miró con sus ojos claros, los mismos que veía cada mañana en el espejo, y frunció el ceño como si supiera que estábamos a punto de hacer algo nuevo.

—No tengas miedo

dijo Vale, con una voz que ya me calmaba como una caricia.

—Los arneses están hechos para que no se caigan. Solo tienes que ponerlo bien.

Lo hice. Mis dedos temblorosos encontraron las hebillas, ajustaron las correas, y cuando Tomas quedó seguro en su columpio, exhalé el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Lo has hecho bien

dijo Vale.

—¿De verdad?

—De verdad. Ahora, a mecerse.

Empujé el columpio de Tomas con suavidad. El pequeño se balanceó hacia adelante, hacia atrás, y en su cara apareció una expresión que no había visto antes, asombro. Pura alegría.

Tomas empezó a reír. Era una risa contagiosa, la de los bebés cuando descubren algo nuevo, y detrás de ella vino la risa de Lucía, que se balanceaba en su columpio con los brazos extendidos como si quisiera volar.

—Mira

dijo Vale, con la voz quebrada.

—. Mira cómo se ríen.

Las risas de los mellizos se mezclaron con el ruido del parque, y yo me quedé mirándolos con una sensación que no sabía cómo nombrar. Era orgullo, quizá. O gratitud. O el amor que había empezado a crecer en mi pecho desde aquel domingo en que aparecieron en mi puerta.

—Gracias

dije, mirando a Vale.

— Por hacer que esto pase.

—No me des las gracias. Tú has sacado a tus hijos al parque. Yo solo he venido de acompañante.

—No es solo por hoy. Es por todo. Por estas semanas. Por no dejarme solo.

Ella me miró. El sol de la mañana le daba en la cara, iluminando sus mejillas, sus labios entreabiertos, sus ojos marrones que parecían guardar todos los secretos del mundo.

—No estás solo, Leonardo

dijo, y su voz era tan suave que casi no la oí por encima del ruido del parque.

Me acerqué un paso. Ella no se apartó. Otro paso, y ya estábamos tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo, el olor de su piel, la forma en que su respiración se aceleraba como la mía.

—Vale...

1
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Dios me conmueve este personaje y sus jemelos.👏👏👏
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Eso le pasa por Bandido irresponsable.😂😂😂
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Bandido.☺️
Eva Sirena
Preciosa historia, gran contenido y muy buena redacción, enhorabuena 👏
Janet Salas
Me encanta esta historia, excelente,
Hiradia Cohen
Para mi esa Sofia es ni siquiera quiere a Leonardo quiere su posición económica quien sabe si no está tan bien económicamente como quiere hacer creer y necesita el respaldo social y económico de la familia Fontana
Marta Liliana Valle Venegas
Excelente historia, felicitaciones a La escritora
Rosaura Román
Y cuando se casan?
betytum
está historia me encanto mucho mucho
muy buena bonita la trama simplemente muy muy buena
betytum
muy linda historia me encantó su trama
Eli
Preciosa, quedé encantada con ella. Felicidades!
Ani España
que sinverguenza Sofía ahora viene con su. carota s lavada así como así a reclamar slgo que ella dejo tirado en una casa donde ellos están felices con sus. padres que valla a freír. niguas 🐍🐍venenosa
Ani España
❤️❤️❤️❤️❤️me encanta ❤️❤️❤️❤️❤️
Ani España
Gabriela Arron si se fueron a vivir juntos pero Leo le dijo que asta que estuviera preparada el iba a respetar su decisión y si se lo cumplió ❤️❤️
Ani España
Gabriela Arron si se fueron a vivir juntos pero Leo le dijo que asta que estuviera preparada el iba a respetar su decisión y si se lo cumplió ❤️❤️
latys love 💖
que rico falta un pan de dulce y listo
Ani España
estoy segura que ya leí una novela casi parecida y la madre de Tomás y Lucia es Vale por eso decio trabajar en el edificio donde están. sus hijos y el no se recuerda que estuvo con ella por lo ebrio que estaba
Ani España
jajaja pobrecito pero eso les pasa por andar de parrenderos y después no se recuerdan de lo que hicieron ahora allí están las consecuencias y la madre desnaturalizada por abandonar a sus angelitos
Ani España
vamos bien Leo. nadie nace sabiendo ser padre pero poco a poco vas a ir aprendiendo
Gladys Dona
Hermosa novela Felicitaciones 👏
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