Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Despertar 1
La primera sensación fue el aire.
Un aire fresco que llenó sus pulmones de golpe.
Después llegó el peso de un cuerpo.
Un cuerpo distinto.
Y, finalmente, el dolor.
Abrió los ojos sobresaltada.
El techo era blanco, adornado con delicadas molduras doradas. Las cortinas de seda se mecían con una suave brisa que entraba por un enorme ventanal.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Mirando el techo.
Parpadeando.
[…¿Estoy viva?]
Se incorporó de golpe.
Su respiración era rápida.
Miró a su alrededor.
Una habitación inmensa.
Muebles finamente tallados.
Vestidos elegantes cuidadosamente ordenados.
Joyeros.
Perfumes.
Un enorme espejo de cuerpo completo.
Se levantó tambaleándose y caminó hasta él.
Cuando alzó la vista...
Se quedó completamente inmóvil.
Una joven de cabello rosado y ojos azules la observaba desde el otro lado.
Era hermosa.
No.
Hermosísima.
Su piel parecía porcelana.
Sus facciones eran delicadas.
Su cabello caía como una cascada de seda sobre su espalda.
Se tocó la mejilla.
El reflejo hizo lo mismo.
Abrió mucho los ojos.
[…No puede ser.]
Se pellizcó el brazo.
Dolía.
[¡Duele!]
Volvió a observar su reflejo.
Entonces una certeza apareció en su mente con una claridad imposible de explicar.
[…Reencarné.]
No necesitaba que nadie se lo dijera.
Lo sabía.
Había despertado dentro del cuerpo de aquella muchacha cuya vida había visto mientras permanecía atrapada en la oscuridad.
Davina Evans.
La ingenua.
La excesivamente amable.
La que había tomado una decisión tras otra pensando en los demás hasta destruir su propia vida.
Ella llevó ambas manos a la cintura.
Respiró profundamente.
Y sonrió.
—Bueno...
Se observó otra vez en el espejo.
—Soy hermosa.
Giró sobre sí misma.
—Soy rica.
Abrió un cajón lleno de joyas.
—Muy rica.
Una sonrisa cada vez más amplia apareció en su rostro.
—Y voy a vivir una vida larga, cómoda y feliz.
Se señaló a sí misma con absoluta convicción.
—Las reglas son simples.
Levantó un dedo.
—Primera.. mantenerse lejos de cualquier hombre demasiado guapo.
Levantó otro.
—Segunda.. evitar hombres misteriosos.
Otro más.
—Tercera.. evitar hombres poderosos.
Pensó unos segundos.
—Cuarta.. evitar hombres intimidantes.
Frunció el ceño.
—Quinta...
Suspiró.
—Mejor evitar hombres en general.
Asintió satisfecha.
—Perfecto.
Comenzó a caminar por la habitación mientras seguía organizando su nueva vida.
—Nada de reuniones sociales.
—Nada de bailes.
—Nada de fiestas.
—Nada de "qué hermosa está usted, señorita".
Hizo una mueca.
—Y muchísimo menos acostarme con un desconocido la primera noche.
Negó con la cabeza.
—No, gracias.
Se cruzó de brazos.
—Eso podrá funcionar en las novelas románticas...
Se señaló a sí misma.
—...pero esta sociedad todavía no está preparada para una mujer que haga eso sin terminar convertida en el chisme favorito del reino.
Asintió convencida.
—Así que viviré tranquila. Leeré libros. Comeré postres. Administraré el dinero de la familia. Y moriré viejita.
Sonaba como un plan perfecto.
Sonriendo, dio media vuelta.
Fue entonces cuando lo vio.
En el suelo.
Varias hojas.
Cartas.
Frunció el ceño.
—¿Qué es esto?
Se agachó y tomó la primera.
La letra era elegante.
Claramente pertenecía a Davina.
Comenzó a leer.
"Quisiera decirle algo que no me atrevo a expresar frente a usted..."
Otra carta.
"No espero que recuerde aquella noche..."
Otra.
"No sé si debería buscarlo..."
Otra más.
"Estoy embarazada..."
Su sonrisa desapareció.
Leyó la siguiente.
"No puedo permitir que nadie lo descubra..."
Otra.
"He decidido marcharme a la residencia del campo..."
Otra.
"Jamás sabrá que este hijo existe..."
Sintió que el corazón se le detenía.
Las cartas comenzaron a caer lentamente de sus manos.
[No...]
Su cabeza empezó a dar vueltas.
[No...]
Un dolor punzante atravesó su pecho.
[No me digas...]
Retrocedió un paso.
Tropezó con una silla.
Se sostuvo del respaldo mientras respiraba agitadamente.
Las piezas comenzaron a encajar una tras otra.
Las cartas.
La habitación.
La casa de campo.
El silencio.
La ausencia de sirvientes.
Y aquella sensación extraña en su cuerpo.
Su rostro perdió todo el color.
No.
No.
No.
Levantó lentamente la vista hacia el techo.
Permaneció completamente inmóvil durante varios segundos.
Hasta que...
—¡¡¡MIERDAAAAAAAAAAA!!!
Su grito resonó por toda la habitación.
—¡¡¡NO ME JODAS!!!
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—¡¡¿PERO QUÉ CARAJOS?!!
Comenzó a caminar de un lado a otro.
—¡¡MALDITA SEA!!
Le dio una patada a un cojín.
—¡¡¿EN SERIO?!!
Otro paso.
—¡¡¿EN SERIO, UNIVERSO DE MIERDA?!!
Se pasó ambas manos por el rostro.
—¡¡¿TANTO COSTABA MANDARME UNOS MALDITOS MESES ANTES?!!
Respiraba cada vez más rápido.
—¡¡¡TODAS LAS NOVELAS MIENTEN!!!
Señaló el techo como si alguien pudiera escucharla.
—¡¡SIEMPRE REENCARNAN AL PRINCIPIO!!
—¡¡ANTES DE QUE PASE EL DESASTRE!!
—¡¡ANTES DEL COMPROMISO!!
—¡¡ANTES DEL MATRIMONIO!!
—¡¡ANTES DEL EMBARAZO!!
Apretó los puños.
—¡¡PERO NO!!
—¡¡A MÍ ME TENÍAN QUE MANDAR CUANDO EL PROBLEMA YA ESTÁ HECHO!!
Se dejó caer sobre la cama.
Se cubrió el rostro con ambas manos.
—¡Qué puta mala suerte...
Durante varios minutos solo pudo respirar profundamente.
Intentando ordenar sus pensamientos.
Finalmente retiró lentamente las manos del rostro.
Miró otra vez las cartas esparcidas por el suelo.
Ya no había dudas.
Por las fechas.
Por el contenido.
Por las palabras llenas de miedo.
La Davina original ya había conocido a aquel hombre.
Ya había pasado aquella noche.
Y, lo peor de todo...
Ya estaba embarazada.
Un largo silencio llenó la habitación.
Ella cerró los ojos.
Luego dejó escapar un profundo suspiro.
—Bueno...
Abrió los ojos con una determinación completamente distinta a la de la antigua Davina.
—El desastre ya ocurrió.
Sonrió de lado.
—Ahora me toca arreglarlo.
Y, si había algo que definía a la mujer que había sido en su vida anterior, era precisamente eso.
Cuando la situación parecía imposible...
Era cuando más se negaba a rendirse.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer