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Escuchar Al Corazón

Escuchar Al Corazón

Status: Terminada
Genre:Niñero / CEO / Padre soltero / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Ariana Montiel tiene 22 años y un secreto increíble: puede escuchar los pensamientos de todo el mundo. Aunque el caos de la mente humana la abruma, descubrió el trabajo perfecto gracias a su don. Como niñera, solo necesita sintonizar la mente de los bebés para saber exactamente qué les duele o qué necesitan, convirtiéndose en la más famosa de la ciudad.
Todo cambia cuando Carlos Monterrey, un frío, estresado y millonario CEO, se cruza en su camino. Carlos es un padre soltero al borde del colapso con un bebé de seis meses que no deja de llorar. Desesperado pero desconfiado, le propone a Ariana un trato extremo: cuidará a su hijo por tres días. Si logra calmarlo y ve una mejoría real, obtendrá el trabajo de su vida con un sueldo espectacular; si falla, se irá a casa con los bolsillos vacíos.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bloqueo

La tarde cayó rápido sobre la ciudad, trayendo consigo nubes oscuras que amenazaban con una tormenta veraniega. En la planta baja de la mansión, el ambiente tras el conato de fraude se sentía sorprendentemente ligero, como si la partida de Mauricio Rey hubiera limpiado toda la mala vibra que flotaba en la casa.

Tras dejar a Jonathan dormidito en su cuna con su osito de peluche favorito, bajé a la sala para asegurarme de que las ventanas estuvieran bien cerradas ante las primeras gotas que empezaban a golpear el cristal.

Carlos estaba parado junto a las puertas de cristal que daban hacia el gran jardín. Ya no llevaba el saco del traje ni la corbata; vestía una camisa de mangas arremangadas que lo hacía ver increíblemente guapo en medio de la luz tenue del atardecer.

—El aire afuera se siente genial —dijo Carlos en voz baja al escuchar mis pasos acercarse—. Hace meses que no sentía una paz como esta, Ariana.

—Te lo mereces, Carlos —respondí, acercándome a él con paso lento—. Llevas mucho tiempo cargando el peso de todo el mundo. Te mereces respirar un poco.

Carlos se giró hacia mí. La luz de los relámpagos lejanos iluminaba de lado su rostro. No había rastro del ejecutivo frío, ni del jefe exigente, ni del hombre asustado por las sombras de su pasado. En sus ojos oscuros solo había una claridad que me cortó la respiración.

—No fue la suerte ni el destino lo que cambió las cosas en esta casa, Ariana —dijo, dando un paso hacia mí con una determinación que me hizo dar un vuelco al corazón—. Fuiste tú. Desde el primer día que cruzaste ese portón con tu sonrisa y tu valentía para hacerle frente a mi mal humor, trajiste una luz que yo creía completamente perdida.

El aire en la sala se volvió denso, cálido y cargado de una electricidad hermosa.

—Carlos... —murmuré, sintiendo un cosquilleo salvaje en las manos.

—Déjame hablar, por favor —pidió él con voz rasposa, tomándome suavemente de las manos—. Me pasé meses construyendo un muro gigante alrededor de mi corazón. Me prometí a mí mismo que jamás volvería a confiar en nadie, que jamás volvería a dejar que una mujer entrara en mi vida ni en la de Jonathan. Pero tú destruiste cada uno de esos muros sin siquiera intentarlo. Con la forma en que cuidas a mi hijo, con la forma en que me miras cuando estoy cansado... Me enamoré de ti, Ariana. Me enamoré perdidamente de tu luz.

Las palabras flotaron en el aire con una fuerza demoledora. Escuchar la confesión de su propia voz me provocó un nudo de felicidad pura en la garganta.

Sin pensarlo dos veces, Carlos abrió las puertas de cristal y salió hacia la terraza del jardín. Las primeras gotas de una lluvia tibia comenzaron a caer sobre nosotros, mojándonos el cabello y la ropa en cuestión de segundos, pero a ninguno de los dos le importó en absoluto.

Salí detrás de él, con el corazón latiéndome como un motor a toda marcha.

—Yo también me enamoré de ti, Carlos —confesé bajo el murmullo de la lluvia, mirándolo a los ojos sin miedo—. Me enamoré del hombre increíble que hay detrás de todas tus armaduras.

Carlos no esperó un segundo más. Rodeó mi cintura con sus brazos fuertes, me pegó a su pecho y se inclinó hacia mí.

Cuando sus labios finalmente tocaron los míos, el mundo entero pareció desaparecer. Fue un beso lento, dulce y profundo, lleno de una pasión contenida durante semanas. La lluvia nos empapaba la cara y la ropa, pero el calor entre los dos era tan intenso que nada de eso importaba. Por primera vez en mucho tiempo, ambos nos sentimos completamente libres y seguros en los brazos del otro.

Nos separamos despacio, respirando con dificultad, manteniendo nuestras frentes pegadas mientras el agua de la lluvia caía suavemente entre nosotros. Carlos me sonrió con una ternura infinita, acariciándome la mejilla con la yema de sus dedos.

—Eres lo mejor que nos ha pasado —susurró él sobre mis labios, dándome un pequeño beso tierno en la punta de la nariz.

Sonreí feliz, sintiéndome la mujer más afortunada del mundo. Y en ese instante de paz absoluta, de forma instintiva, busqué sintonizar el canal de su mente. Quería escuchar la melodía de sus pensamientos, quería sentir la felicidad de su alma como lo hacía siempre.

Relajé mi cabeza y abrí mi mente hacia la suya.

Pero no pasó nada.

Parpadeé sorprendida en medio de la lluvia. Me concentré más fuerte, apretando ligeramente los párpados y buscando esa frecuencia familiar, esa pequeña estática o murmullo de voz interior que siempre había estado ahí desde el día en que lo conocí.

Nada. Absolutamente nada.

Un frío helado, totalmente diferente al agua de la lluvia, recorrió mi espalda de pies a cabeza. La mente de Carlos no estaba ruidosa, ni tranquila, ni en estática. Su mente estaba en un silencio total, en un blanco absoluto para mí, como si una puerta pesada se hubiera cerrado con cerrojo por dentro.

Un pánico sutil me oprimió el pecho. Me separé un paso de él, mirándolo con los ojos abiertos de par en par.

—¿Ariana? ¿Pasa algo? —preguntó Carlos con el ceño fruncido, notando mi repentina palidez—. Te pusiste helada. ¿Tienes frío por la lluvia?

—No... no es frío —alcancé a decir con un hilo de voz, sintiendo que la boca se me secaba.

Volví a intentar desesperadamente conectar con él. Busqué el canal del Chef Gastón en la cocina lejana: a lo lejos, pude escuchar la voz mental del cocinero francés tarareando una canción. Busqué el canal de la vecina de enfrente: escuché sus pensamientos sobre pasear a su perro. Mi don de telepatía seguía intacto para el resto del planeta.

Pero respecto a Carlos... el don había desaparecido por completo.

Su mente era un misterio impenetrable. Ya no podía saber qué estaba sintiendo en el fondo, ya no podía adivinar sus miedos antes de que los dijera, ya no podía escuchar sus pensamientos románticos ni sus dudas. Por primera vez desde que lo conocí, el hombre frente a mí era un ser humano común y corriente al que tendría que aprender a conocer a la antigua, sin la ayuda de mi magia.

—De verdad estás temblando, mi amor —dijo Carlos con preocupación sincera, rodeándome los hombros con su brazo para llevarme hacia el interior de la casa—. Vamos adentro antes de que te me enfermes.

Entramos a la sala secándonos con las toallas que Ernesto nos alcanzó a toda prisa con una sonrisa complaciente al vernos juntos. Carlos me envolvió en una manta cálida y me sirvió una taza de té caliente, tratándome con un amor y un cuidado que me derretían el alma.

Me senté en el sillón, sosteniendo la taza entre mis manos temblorosas mientras observaba a Carlos caminar hacia las escaleras para cambiarse de ropa.

Él se giró un segundo antes de subir, me regaló una de sus hermosas sonrisas sinceras y me tiró un beso en el aire antes de desaparecer por el pasillo.

Me quedé sola en la sala, escuchando el sonido constante de la lluvia contra las ventanas. El beso bajo la lluvia había sido el momento más hermoso y perfecto de toda mi vida, pero el descubrimiento que vino justo después me tenía con el corazón en un puño.

El don con el que había nacido, ese súper poder que me permitía entender a los demás y protegerme del mundo, se había apagado por completo únicamente con el hombre del que estaba enamorada. El beso que nos había unido también me había quitado mi mayor escudo respecto a él.

A partir de ese momento, tendría que navegar el amor verdadero a ciegas, sin trampas ni lecturas de mente, confiando únicamente en la fe, en las palabras sinceras y en el destino que habíamos empezado a escribir juntos.

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Sandra Vielmas
serían 6 meses no un año. porque el niño tenía 6 meses cuando ella se hizo cargo de el...
Sandra Vielmas
muy bonita historia pero muchas inconsistencias con las fechas. Y no me gustó el final
Sandra Vielmas
pues gracias a ese don te salvó de la ruina. cucaracho
Sandra Vielmas
pero autora no ha pasado ni un mes y ya están enamorados🤔
Sandra Vielmas
como le va a explicar ella, como lo supo...
Sandra Vielmas
esta muy lastimado. además apenas son 6 meses...
Sandra Vielmas
Valeria. quien la contactó la amiga de el va a ponerse celosa y será la villana del cuento🤔
Sandra Vielmas
es difícil convivir con alguien que te gusta...
Daiana Martínez
hermosa novela
Luna del Mar
Buena historia
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