Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capitulo 9
Eliana respiró hondo.
—El problema está en que están intentando desarrollar una estrategia distinta para cada mercado.
Uno de los clientes asintió.
—Exacto.
Eliana continuó.
—¿Y si, en lugar de crear cinco estrategias completamente diferentes, diseñan una estrategia regional con una estructura común y solo adaptan los aspectos culturales, regulatorios y comerciales de cada país?
Los ejecutivos intercambiaron miradas.
Ella tomó una hoja y comenzó a dibujar rápidamente un esquema.
—La identidad de la marca seguiría siendo la misma. Reducirían costos de implementación, mantendrían coherencia en todos los mercados y únicamente personalizarían aquello que realmente requiere cambios.
Uno de los clientes se inclinó hacia delante.
—Eso reduciría considerablemente el presupuesto...
—Y también los tiempos de ejecución —añadió otro.
Eliana asintió.
—Además, podrían entrar primero a los mercados con menor complejidad regulatoria y utilizar esa experiencia para optimizar la expansión hacia los demás países.
La sala quedó en silencio.
Un silencio distinto.
Uno de aprobación.
El director general de la empresa sonrió.
—Debo admitir que esa perspectiva no la habíamos considerado.
Otro representante agregó:
—Tiene mucho sentido.
Mario no pudo ocultar una sonrisa de orgullo.
Ander observaba a Eliana con una expresión imposible de descifrar.
No esperaba aquella intervención.
Mucho menos que una recién incorporada fuera capaz de identificar, en pocos minutos, el verdadero problema del proyecto.
Finalmente habló.
—Creo que acabamos de encontrar el enfoque que necesitábamos.
Los clientes asintieron.
—Estamos de acuerdo.
El director extendió la mano hacia Eliana.
—Felicitaciones, señorita Carrasco.
Ella estrechó su mano con educación.
—Gracias.
—Su propuesta nos ha convencido.
Cuando la reunión terminó y los clientes abandonaron la sala, Mario fue el primero en romper el silencio.
—¿Y no se suponía que solo ibas a observar?
Eliana sonrió con cierta timidez.
—Lo intenté.
Mario soltó una carcajada.
—Menos mal que lo intentaste.
Ander seguía mirando la hoja donde Eliana había dibujado el esquema estratégico.
Finalmente levantó la vista hacia ella.
—Buen trabajo.
Solo fueron dos palabras.
Pero viniendo de Ander Belmonte, que rara vez elogiaba a alguien, significaban mucho más de lo que parecían.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Esa noche, después de cenar con Mario, Italia y Nicolás, Eliana subió a la habitación para descansar.
Apenas dejó el teléfono sobre la cama, la pantalla comenzó a iluminarse.
Videollamada entrante.
Fabiana.
Sonrió antes de responder.
Las gemelas aparecieron inmediatamente en la pantalla, compartiendo el mismo sofá.
—¡Hola! —saludaron al mismo tiempo.
Eliana soltó una carcajada.
—¿Algún día dejarán de hablar al mismo tiempo?
Las dos se miraron.
—No.
—Definitivamente no.
Las tres rieron.
—Cuéntenme todo —pidió Fabiana con impaciencia—. ¿Cómo estuvo tu primer día?
—Intenso.
—Eso significa que te gustó —dedujo Fernanda.
—Muchísimo. La empresa es impresionante.
—Papá siempre dice que Mario y Ander construyeron algo increíble.
Eliana asintió.
—Tiene razón.
Fabiana acercó más el rostro a la cámara.
—Ahora responde la pregunta importante.
—A ver...
—¿Mi hermano sigue igual de amargado?
Eliana no pudo contener la risa.
—¡Fabiana!
—¿Qué?
—Es una pregunta seria —añadió Fernanda con total naturalidad.
—Muy seria.
Eliana negó con la cabeza, divertida.
—No diría que es amargado.
Las dos gemelas hicieron una mueca idéntica.
—Lo estás defendiendo.
—Solo digo la verdad.
Fabiana levantó una ceja.
—Entonces...
—Sigue siendo muy serio.
—Eso sí suena a él.
—Exigente también.
Fernanda suspiró dramáticamente.
—Pobre de ti.
—No exageren.
Fabiana comenzó a reír.
—¿Ya te dio alguno de sus discursos sobre disciplina, puntualidad y eficiencia?
—Todavía no.
—Dale dos días.
—O uno —corrigió Fernanda.
Las tres volvieron a reír.
—Aunque... —dijo Eliana pensativa.
—¿Qué? —preguntaron al mismo tiempo.
—Creo que es un excelente jefe.
Las gemelas intercambiaron una mirada.
—Eso también es verdad —admitió Fabiana.
—Es muy exigente, pero nunca pide algo que él mismo no haría —añadió Fernanda.
—Exacto.
Fabiana sonrió con picardía.
—Pero sigue teniendo el mismo carácter de siempre.
—Y la misma cara de pocos amigos.
—No es para tanto.
—¿No?
Fernanda comenzó a imitar a su hermano.
Frunció el ceño y cruzó los brazos.
—"Eso no está bien hecho."
Fabiana hizo lo mismo.
—"Repítelo."
—"Puedes hacerlo mejor."
Eliana estalló en carcajadas.
—¡Son terribles!
—¿Estamos mintiendo?
Ella lo pensó unos segundos.
—No...
Las tres rieron con más fuerza.
Después de calmarse, Fabiana sonrió con cariño.
—Nos alegra mucho que tengas tiempo de hablar.
—Sí. Ya era hora de que volvieramos a tener comunicación.
Eliana sintió un cálido nudo en el pecho.
—Yo también las extrañaba.
Cuando la llamada terminó, Eliana dejó el teléfono sobre la mesa de noche.
Sin darse cuenta, había pasado gran parte de la conversación hablando de Ander.
Y eso solo confirmaba algo que llevaba todo el día intentando ignorar.
Por mucho que hubieran pasado los años...
Él seguía ocupando más espacio en sus pensamientos.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
A la mañana siguiente, B&C Consulting ya estaba completamente en marcha.
Eliana revisaba un informe sobre oportunidades de expansión para una empresa tecnológica cuando unos suaves golpes en la puerta interrumpieron su concentración.
—Adelante.
La puerta se abrió y una mujer de aproximadamente treinta años, de impecable traje gris y expresión amable, asomó la cabeza.
—¿Señorita Carrasco?
Eliana se puso de pie.
—Sí.
La mujer sonrió cordialmente.
—Buenos días. Mi nombre es Sofía Mendoza, soy la asistente ejecutiva del señor Belmonte.
Eliana le devolvió la sonrisa.
—Mucho gusto, Sofía.
Ambas estrecharon las manos.
—Bienvenida a B&C Consulting. Todos hablan de la excelente impresión que causó en la reunión de ayer.
Eliana se ruborizó ligeramente.
—Solo tuve un poco de suerte.
Sofía negó con una sonrisa.
—Por lo que escuché, fue mucho más que suerte.
Eliana agradeció el comentario con una leve inclinación de cabeza.
Sofía continuó:
—El señor Belmonte me pidió que fuera a su oficina cuando tuviera un momento.
—¿Ahora mismo?
—Sí, si no está ocupada.
Eliana respiró discretamente.
—Claro.
Mientras caminaban por el pasillo, Sofía rompió el silencio.
—No se preocupe.
Eliana la miró.
—¿Se nota que estoy un poco nerviosa?
Sofía soltó una risa.
—Es el efecto que el jefe suele provocar en quienes trabajan con él.
—¿Tan estricto es?
—Mucho.
Luego sonrió con complicidad.
—Pero también es el primero en reconocer el buen trabajo, aunque a veces le cueste decirlo.
Eliana recordó el escueto "Buen trabajo" del día anterior.
Ahora entendía por qué Mario había sonreído tanto al escucharlo.
Llegaron frente a la puerta de la oficina principal.
Sofía llamó suavemente.
—Señor Belmonte.
—Adelante.
La asistente abrió la puerta.
—La señorita Carrasco ya está aquí.
Ander levantó la vista de los documentos que tenía sobre el escritorio.
—Gracias, Sofía.
Ella asintió.
—Si necesita algo más, estaré en mi oficina.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, Eliana y Ander quedaron solos por primera vez desde que ella había comenzado a trabajar en la empresa.
Y, por alguna razón, el ambiente se sintió mucho más silencioso de lo habitual.
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓