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El Heredero Del Alfa

El Heredero Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Hombre lobo / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Violeta. E

En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan

NovelToon tiene autorización de Violeta. E para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14

El sol de la tarde ya pegaba fuerte sobre la ventana del gran despacho del Emperador. Arriba del escritorio de madera oscura había tres libros contables muy grandes, llenos de hojas amarillas con números y sellos del gobierno. Eran los papeles del ducado del norte, las cuentas que manejaban Lucian y Daphne Ash antes de que los descubrieran.

Magnus estaba de pie cerca de la ventana. Tenía los brazos cruzados y miraba hacia los jardines del palacio. Había mandado a buscar a Aeryn un rato antes. Le había pedido que viniera si quería ver los papeles, sin obligarla. Sabía que a ella no le gustaba que le dieran órdenes, pero también sabía que ella era muy lista y que le gustaban esta clase de problemas con el dinero.

La puerta de la oficina se abrió sin hacer ruido. Aeryn entró con un vestido gris muy sencillo, sin adornos ni joyas. Llevaba el pelo recogido hacia atrás, dejando ver su cuello.

—Dijiste que los contadores del palacio no han podido entender estas cuentas en tres días —dijo Aeryn mientras caminaba directo hacia la mesa.

—En realidad llevan cuatro días —respondió Magnus mientras se daba la vuelta despacio—. Revisaron todos los números de los impuestos, pero en el papel todo parece estar bien. Aun así, al palacio le falta dinero del norte desde hace tres años.

Aeryn agarró el primer libro sin dudarlo. Se sentó en la silla alta del escritorio, abrió la primera página y empezó a leer rápido. Pasaba las hojas con cuidado, mirando las sumas de dinero, las fechas y los sellos.

—Los contadores del palacio siempre buscan lo mismo —murmuró Aeryn mientras pasaba el dedo por una columna de números—. Buscan robos directos o firmas falsas. Pero los Ash no eran tontos. No lo hicieron así.

Magnus caminó alrededor de la mesa y se puso al lado de ella. No dijo nada para no distraerla, pero se quedó muy cerca. Apoyó una mano en el borde de la mesa.

De pronto, el ambiente en la habitación cambió. Un olor suave a flores silvestres empezó a salir de su piel, otra vez sucedía cerca de él.

Aeryn detuvo su dedo en una hoja del segundo libro. Se quedó mirando fijamente los números.

—Aquí está el truco —dijo Aeryn, con una pequeña sonrisa—. No tocaron el dinero de los impuestos. Lo que hicieron fue inventar gastos altos para llevar las cosas en barco y guardarlas en los depósitos del río. Se inventaron viajes de barcos que nunca salieron para decir que la comida se había dañado en el camino. Así se quedaban con el dinero.

Aeryn se agachó un poco más sobre la mesa para mostrarle la hoja, y Magnus se agachó también para mirar. Al hacerlo, sus hombros se tocaron. Aeryn sintió un escalofrío por toda la espalda, pero no se movió de su lugar.

—Mira aquí —continuó Aeryn, tratando de que no se le notara los nervios al sentir el calor de Magnus tan cerca—. Pusieron que un barco tardó doce días en hacer un viaje que solo dura tres días. Así justificaban pagarle más a los marineros y decir que perdieron carga. Se estaban llevando todo ese dinero a sus bolsillos.

Magnus no estaba mirando los números del libro. Tenía los ojos rojos fijos en la cara de Aeryn. Le gustaba mucho ver lo lista que era y cómo podía resolver un problema tan grande en pocos minutos.

—Eres muy inteligente —dijo Magnus con una voz muy baja y suave.

Aeryn levantó la cabeza para mirarlo, sorprendida por la forma en que le habló. Se dio cuenta de que la cara de Magnus estaba muy cerca de la suya. Magnus la miraba a los ojos y luego a la boca.

Aeryn sintió que el corazón le latía muy rápido. Durante seis años se había mantenido lejos del pensamiento del hombre que la tomó en una pasión ardiente, pero en ese momento la atracción entre los dos era muy fuerte.

Magnus se acercó un poco más a ella, como si fuera a besarla. Con la mano, le tocó apenas la mejilla con los dedos. Aeryn se quedó quieta, sin moverse, sintiendo el calor de su mano.

Pero Magnus no la besó. Se detuvo a un centímetro de su boca, respiró profundo el olor a flores de ella y se echó hacia atrás despacio. Tenía una sonrisa tranquila en la cara.

—No voy a obligarte a nada ni voy a apurar las cosas —dijo él mirándola fijamente—. Pero tú también sientes lo mismo cuando estamos así de cerca.

Aeryn soltó el aire que tenía guardado y sintió la cara caliente. Cerró el libro contable con fuerza para disimular la vergüenza, aunque le temblaban un poco las manos.

—Los números están claros —dijo Aeryn tratando de hablar como si nada hubiera pasado—. Los Ash robaron miles de monedas de oro. Con esto que encontré, puedes quitarles sus tierras y su dinero sin necesidad de hacer un juicio largo con los otros nobles.

Magnus agarró el libro que ella había marcado y asintió con la cabeza.

—Gracias —dijo el Emperador mirando a Aeryn con mucho cariño—. Esto sirve para quitarles todo el poder antes de que intenten hacer algo malo.

Aeryn se levantó de la silla y se acomodó el vestido para alejarse un poco de él, aunque todavía sentía el calor en la cara.

—Hice esto porque los Ash son peligrosos para mi hijo y para mí —dijo Aeryn mirando a Magnus a los ojos—. No lo hice por obedecerte.

—Lo sé —respondió Magnus con una sonrisa sincera que le quitó lo serio a su cara—. Y por eso mismo tu ayuda vale mucho más para mí que la de todos los nobles del palacio.

Aeryn inclinó la cabeza para despedirse y salió de la oficina caminando rápido. Mientras iba de regreso a su habitación con Ian y Mara, se tocó la mejilla donde Magnus la había rozado con la mano. Sabía que defenderse de lo que empezaba a sentir por el Emperador iba a ser mucho más difícil que arreglar cualquier libro de cuentas.

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