La historia sigue a Anna, una joven cuya vida ha sido planificada como una transacción comercial por su madre, una mujer ambiciosa que ve en el matrimonio de su hija la salvación de su estatus. Anna, buscando un último respiro de rebeldía, se entrega a una noche de pasión con Sebastián, un extraño de mirada peligrosa y reputación cuestionable.
El conflicto estalla cuando Anna descubre que el "desconocido" de esa noche no solo es el hermano de su futuro marido, sino el hombre que habitará bajo su mismo techo.
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puede que el amor Nasca de odio.?
—¡Eres un cínico, no me toques.! Entonces era verdad tu y Isabella están juntos— dije molesta, alejándome de el.
—¿Cínico? —repitió con una voz que vibraba con una advertencia peligrosa—. Te estoy diciendo la verdad, Anna. Vine aquí porque no soportaba estar en otro lugar, no te voy a mentir hoy Isabella fue a mi oficina, Pero no pude engañarte como tú lo hiciste conmigo.
—¡Viniste aquí porque crees que puedes tenerme disponible cuando te canses de tus otras vidas! O de Isabella—le respondí, apretando la bata contra mi cuerpo mientras las lágrimas de frustración empezaban a nublar mi vista—. Te vi, Sebastián. Vi cómo la mirabas en la fiesta, vi cómo te dejaste tocar por ella... ¡y para qué lo hicisteoto en tu cajón! No me digas que soy hermosa y que prefieres estar aquí, para limpiar tu conciencia después de haber estado con ella.
—¿Revisaste mis cosas?, para que lo hiciste si no te importo, si me odias tanto, si soy un mounstro para ti.—preguntó con una calma que me dio más miedo que sus gritos.
—Buscaba algo mío y encontré la foto —respondí, sosteniéndole la mirada—. Así que no vuelvas a decir que no la tocaste o que soy una "tortura". Ve con ella, vuelve a la ciudad, haz lo que quieras... pero a mí déjame fuera de tus juegos.
—Si tanto te duele que guarde una foto, es porque te importa más de lo que admites —susurró contra mi frente—. Admítelo, Anna. Estás muerta de celos porque sabes que, a pesar de todo, te estás muriendo por que te bese ahora mismo, que seas tu quien toquen mis manos.
—¡ Creo que todo lo contrario, tu necesitas que yo te bese, que te daunquear la noche a mi lado.!— dije en un momento de arranque, aún que por dentro me estaba muriendo de los nervios, por qué realmente solo había leído como era tener relaciones aunque jamás lo había experimentado.
—¿Así que eso es lo que crees? —susurró, rozando mis labios con los suyos sin llegar a besarlos —. ¿Que soy yo el que necesita de ti para pasar la noche?
—Lo sé —mentí con valentía, aunque mi corazón martilleaba tan fuerte contra mis costillas que estaba segura de que él podía sentirlo—. Viniste aquí, a esta habitación, porque ella ya no representa una tentación para ti, como lo soy ahora yo . Porque me necesitas para sentirte vivo, para que tú hombría y ego estén intactas.
Él no respondió con palabras. Me tomó de la nuca, hundiendo sus dedos en mi cabello aún húmedo, y me obligó a mirarlo.
—Tienes razón —confesó, y la honestidad en su voz me desarmó más que cualquier grito—. Te necesito tanto, te deseo desde el primer día que te vi y puedo estar seguro que después de esta noche tu te sentirás igual que yo.
En un movimiento fluido, me levantó y me depositó sobre la cama. Sus manos buscaron el nudo de mi bata y lo deshicieron con una urgencia contenida. Cuando la seda se abrió, me sentí expuesta, no solo físicamente, sino en toda mi inexperiencia.
El me miró cada parte de mi cuerpo mientras desabrochaba su camisa rápidamente al igual que sus pantalones que dejó caer al suelo y fue inevitable darme cuenta de lo grande que era sexualidad y eso me hizo sentir más nerviosa.
Sebastián se acercó y me volvió a besar de tal manera que mi cuerpo pedía más, su mano bajo asta mi sexualidad haciéndome jadear.
...En palabras de Sebastián.......
Pude notar que Anna, estaba muy nerviosa estaba completamente inmóvil aunque sus besos parecían decir otra cosa.
La deseaba demasiado que en ese momento no me importaba si ella ya hubiera estado con otro hombre.
Baje lentamente asta sus senos y me los lleve a la boca, mientras ella jadeaba con los ojos cerrados, su sabor me volvía cada vez más loco quería besar y chupar cada parte de su cuerpo.
Cuando me puse entre sus piernas no aguantaba más y comencé a entrar y pude notar que estaba realmente apretada y me estaba costando entrar y al mirarla ella estaba cerrando los ojos con fuerza y apretaba su boca como si estuviera conteniendo un grito.
— Anna tu jamás....— dije mirándola como ella movía la cabeza para decir que no y su mirada parecía asustada.
— No, quiero que esto sea para ti un castigo.— le dije y me detuve.
Ella me miró y se acercó para besarme mientras cerraba los ojos, y yo le correspondía Pero está vez con más delicadeza, poco a poco ella aflojó sus piernas y yo entre en ella despacio mientras mi cuerpo sentía tal sensación que no podía describir.
Ahhhhh...— decía Anna, mientras yo la besaba y Me moví con una lentitud que me torturaba,Anna hundió sus uñas en mis hombros, su cuerpo arqueándose bajo el mío, y cuando finalmente alcanzó su clímax, gritando mi nombre entre espasmos, sentí que algo dentro de mí se rompía para siempre. Ya no era solo deseo. Era algo más que me dejaba con mucho miedo a sentir.
Ahhhhh... Anna ....mmmm— dije mientras terminaba dentro de ella y ambos temblabamos de placer
Ella ya no era un contrato. Era mi debilidad.
Me aparté con suavidad y me acosté a su lado, atrayéndola hacia mi pecho. La cubrí con la sábana de seda, protegiéndola del frío de la madrugada y, quizá, de mis propios pensamientos.
—Anna... —susurré, besando su coronilla.
Ella no respondió con palabras, solo se acurrucó más contra mí, escondiendo el rostro en el hueco de mi cuello. Supe que se había quedado dormida casi al instante, agotada por la tormenta emocional y física de la noche.