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Que Dolor Me Da Quererte

Que Dolor Me Da Quererte

Status: Terminada
Genre:Venganza / Completas
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Bella campesina y rico citadino se aman contra la voluntad de él. Ella sufre humillación en la ciudad. Él cambia. Ella huye. Él la busca. Celos, maldad y un embarazo los unen para siempre.

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Capítulo 10: La grieta en el amor

Los días pasaban y la vida en el campo seguía su ritmo pausado. Lucía y Sebastián habían encontrado una rutina que los llenaba de alegría: las mañanas de trabajo junto a don Justo, las tardes de descanso bajo el árbol de mango, las noches de conversaciones susurradas al calor de la lumbre. Pero la sombra de Elena y Victoria Montenegro se cernía sobre ellos como un buitre esperando el momento preciso para atacar.

Una tarde, mientras Lucía cosía en el porche, vio a Sebastián llegar del pueblo con el rostro desencajado.

—¿Qué pasa? —preguntó, dejando la aguja—. ¿Te ha pasado algo?

Sebastián se sentó a su lado y guardó silencio por un largo momento. Cuando habló, su voz era apenas un susurro.

—Mi madre me envió una carta. Dice que mi padre está muy enfermo. Que podría morir.

Lucía sintió que el corazón se le encogía.

—¿Y qué vas a hacer?

—No lo sé —admitió él, pasándose la mano por el cabello—. Odio a mi madre por todo lo que nos ha hecho, pero mi padre... mi padre siempre fue distinto. Nunca me maltrató, nunca me humilló. Solo quería que fuera el mejor. Y ahora está enfermo.

Lucía tomó su mano y la apretó con fuerza.

—Tienes que ir —dijo—. Es tu padre.

Sebastián la miró con sorpresa.

—¿Me estás diciendo que vaya? ¿Después de todo lo que hemos pasado?

—Sí —respondió ella, con voz firme, aunque por dentro sentía que el mundo se le desmoronaba—. Porque si no vas y algo le pasa, nunca te lo perdonarás. Y yo no quiero que cargues con ese peso toda tu vida.

Sebastián la abrazó con fuerza, sintiendo que el amor que sentía por ella crecía aún más.

—Prométeme que estarás aquí cuando regrese —dijo—. Prométeme que no me olvidarás.

—Nunca podría olvidarte —respondió ella, besándole la mejilla—. Ve, Sebastián. Ve y vuelve pronto.

Al día siguiente, Sebastián empacó sus pocas pertenencias. Mateo había llegado la noche anterior para llevarlo en su camioneta. El hermano menor, aunque preocupado, también pensaba que Sebastián debía ver a su padre.

—No te preocupes —le dijo Mateo a Lucía, en un aparte—. Cuidaré de él. Y volverá, te lo prometo.

Lucía asintió, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas.

El viaje a la ciudad fue largo y silencioso. Sebastián miraba por la ventanilla, viendo cómo el paisaje verde y campestre se transformaba en carreteras de asfalto y edificios de hormigón. Cada kilómetro que avanzaba sentía que se alejaba de su verdadero hogar.

Cuando llegaron a la mansión Montenegro, todo era igual que antes: los jardines perfectamente cuidados, la fachada imponente, los criados que se inclinaban al pasar. Pero había una tensión en el aire que no recordaba.

—Tu padre te espera en su estudio —dijo Victoria, saliendo a recibirlo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Está débil, pero quiere verte.

Sebastián subió las escaleras con el corazón en la garganta. Abrió la puerta del estudio y encontró a su padre sentado en su sillón de cuero, con el rostro pálido y las manos temblorosas.

—Hijo —dijo don Rodrigo, con una voz que apenas era un susurro—. Gracias por venir.

—Papá —respondió Sebastián, acercándose—. ¿Qué te pasa? ¿Qué tienen los médicos?

Don Rodrigo sonrió débilmente.

—Nada que no se pueda arreglar con tiempo y reposo. Pero necesitaba verte. Necesitaba hablar contigo.

Sebastián se sentó frente a él, y durante horas, padre e hijo hablaron como nunca antes lo habían hecho. Don Rodrigo le contó sobre su juventud, sobre los sacrificios que había hecho por la familia, sobre el amor que había perdido por obedecer a su propio padre.

—No quiero que cometas el mismo error que yo —dijo don Rodrigo, con lágrimas en los ojos—. Si amas a esa mujer, lucha por ella. No dejes que nadie te la quite.

Sebastián sintió que un peso enorme se le quitaba de encima.

—Gracias, papá —dijo, abrazándolo—. Gracias por entenderme.

Pero mientras padre e hijo se reconciliaban, en el campo, Lucía enfrentaba su propia batalla.

Elena, aprovechando la ausencia de Sebastián, había intensificado sus ataques. Iba a casa de don Justo con excusas, siempre con una sonrisa falsa y un comentario venenoso.

—¿Sabes, Lucía? —dijo una tarde, mientras "ayudaba" a recoger la ropa tendida—. He oído que Sebastián está muy contento en la ciudad. Que su madre le ha presentado a una joven de buena familia. Rosseta, creo que se llama. Muy rica, muy hermosa. Dicen que su padre ya está planeando la boda.

Lucía sintió que el mundo se le caía encima.

—No te creo —dijo, con voz temblorosa—. Sebastián me ama a mí.

—¿De verdad? —Elena sonrió con malicia—. Entonces, ¿por qué no te ha llamado? ¿Por qué no ha mandado ni una carta? Han pasado días, Lucía. Días sin noticias de él. ¿No te parece extraño?

Lucía quiso responder, pero las palabras no le salían. Porque era cierto. Sebastián no había llamado. No había escrito. No había dado señales de vida desde que se fue.

Esa noche, Lucía lloró hasta quedarse dormida. Su padre, al verla así, sintió que su corazón se rompía.

—Hija —dijo don Justo, sentándose a su lado—. Tal vez ese muchacho no era para ti. Tal vez el destino te está mostrando la verdad.

—No, papá —respondió ella, con la voz quebrada—. Él me ama. Lo sé. Solo que... solo que algo debe estar pasando.

Pero la duda, como una maleza venenosa, comenzó a crecer en su corazón.

Mientras tanto, en la ciudad, Sebastián había estado tan ocupado atendiendo a su padre que apenas había tenido tiempo para respirar. Los médicos venían y iban, las reuniones con abogados y administradores se acumulaban. Y cuando finalmente tuvo un momento libre, descubrió que su teléfono no tenía señal y que no había manera de comunicarse con el campo.

—Necesito hablar con Lucía —le dijo a Mateo—. Tengo que decirle que estoy bien.

—No te preocupes —respondió su hermano—. Yo mismo iré mañana al campo a darle la noticia.

Pero Mateo no llegó al campo. En el camino, su camioneta sufrió una avería, y tuvo que regresar a la ciudad para repararla. Y mientras tanto, en el pueblo, el veneno de Elena seguía haciendo efecto.

Lucía, desesperada por no tener noticias, tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre.

Iría a la ciudad a buscarlo.

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Adriana Trejo
será que sebastian va encerio 🤔🤨 con enamorar a Lucía y trabajar la tierra , no me convence
Adriana Trejo
interesante 🤔 comienzo !!
Monica Liliana Broudiscou
estuvo muy buena, me gustó mucho, muchas felicitaciones🥰👏👏👏👏👏
Lis
🐍
valeska garay campos
bella historia
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