Nicolás Falcón fue humillado por Alessia Duval y su familia.
Años después, él regresa convertido en un millonario implacable… justo cuando Alessia lo pierde todo.
Su madre al morir le confiesa algo que ella se cuestióna si es verdad o mentira.
Él la acorrala solo para que se case con el, no por amor, sino para vengarse y hacerla pagar cada una de las humillaciones y el acto más cobarde que una mujer puede hacer.
Entre el odio, la convivencia, el dolor y los secretos, ambos empiezan a sentir algo que creían extinto.
Lo que él no esperaba…
era que verla rota despertara sentimientos que pensaba muertos.
Lo que ella no imaginaba.
era descubrir que detrás del hombre frío y cruel que ahora la domina, aún vive aquella persona buena al que ella hirió.
Entre venganza, culpa, deseo, odio y un gran
secreto capaz de destruirlos, terminan atrapados en un matrimonio donde el amor se convierte en la venganza más peligrosa.
Novela no apta para todo público.Contiene +18 y Maltrato emocional.
NovelToon tiene autorización de Frida Escobar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cómo un hombre diferente.
NARRADO POR NICOLÁS....
Entrar a mi empresa por primera vez es exactamente como lo imaginé: Miradas que no se apartan de mí, pasos que se aceleran, silencios que pesan.
A veces me pregunto si lo que los intimida es mi poder…
o la forma en que llegué hasta aquí.
Quizá ambas.
Las puertas del lobby se abren y el ambiente cambia de inmediato. No hace falta que nadie anuncie mi llegada. Se siente.
Avanzo pasillo tras pasillo, ascensor tras ascensor. Cada rincón de este rascacielos existe porque yo lo levanté sobre las ruinas de lo que alguna vez fue la empresa Duval.
La compré.
La mandé a demoler.
Tuve que adquirir terrenos adicionales; este edificio no es pequeño. Es un monumento.
Camino hacia los elevadores sin detenerme. Los guardias se alinean. Las recepcionistas se ponen de pie. Algunos ejecutivos intentan saludarme, pero apenas les concedo un leve movimiento de cabeza.
No estoy aquí para socializar.
Estoy aquí para mandar.
El ascensor sube directo al último piso.
Mi piso.
Las puertas se abren y mi asistente ya me espera, caminando a mi lado con una carpeta en la mano, casi trotando para no quedarse atrás.
—Señor Falcón, el comité de inversión lo espera. Los reportes de extracción ya están listos.
Asiento sin mirarlo. A estas alturas sé distinguir lo urgente de lo innecesario… y también cuándo creen que pueden impresionarme.
Entro a la sala de juntas.
Doce personas se ponen de pie de inmediato: nueve hombres y tres mujeres. La mayoría son mayores que yo, con décadas respirando petróleo, cifras y política internacional. Aun así, ninguno sostiene mi mirada más de dos segundos.
—Siéntense —ordeno, dejando mi celular sobre la mesa.
No necesito elevar la voz. Mi nombre hace el trabajo por mí.
Las pantallas se encienden.
Hablan de millones, de barriles, de contratos, de países.
Mientras exponen, yo observo la ciudad a través del ventanal.
Desde aquí todo se ve distinto. Más pequeño. Más manejable.
Siempre recuerdo lo mismo:
Cuando no tenía nada, me prometí que algún día lo tendría todo.
—Eso no me sirve —interrumpo a uno de los directores—. Vuelva a hacer el informe. Quiero cifras reales, no números maquillados.
El hombre traga saliva y asiente.
—Y algo más —agrego, apoyando ambas manos en la mesa—. Prepárenme el jet. Hoy viajaré a Medio Oriente.Quiero ver personalmente el nuevo yacimiento.
La sala queda en silencio.
Nadie me contradice.
Nadie me cuestiona.
Nadie puede.
Esta empresa la construí con mis propias manos.
Y todavía me falta mucho por conquistar.
Mi jet privado aterriza en el desierto poco antes del amanecer.
Desde el aire, las luces de las plataformas petroleras parecen constelaciones clavadas en la arena. El calor se siente incluso antes de que el sol aparezca, como si todo este territorio me estuviera esperando.
Me ajusto las gafas y bajo la escalinata.
Mi equipo desciende detrás de mí: analistas, abogados, traductores. Nadie habla. Todos saben que hoy no hay margen de error.
El convoy de camionetas blindadas nos espera, negras y silenciosas. El jefe de seguridad inclina la cabeza.
—Bienvenido a Al-Amarah, señor Falcón. Los jeques lo esperan.
Asiento y subo a la camioneta.
El trayecto es largo, rodeado de arena infinita. A lo lejos se alza un palacio moderno, columnas de mármol y detalles dorados. Aquí el lujo no se presume: se impone.
Al entrar, dos jeques se levantan para recibirme. Trajes blancos impecables, miradas calculadoras. En este lugar nadie sonríe sin motivo.
—Falcón —dice el mayor, estrechándome la mano—. Hemos oído mucho sobre usted.
—Y yo sobre ustedes —respondo—. Por eso estoy aquí.
Nos sentamos en una sala inmensa donde el aire huele a poder.
Sobre la mesa hay mapas del nuevo yacimiento en aguas profundas. Diez billones de dólares en reservas. Un acuerdo capaz de cambiar el equilibrio energético mundial.
Ellos hablan primero.
Exponen términos, condiciones, límites.
Creen que ellos están al frente.
Error.
—No vine por un trato a medias —interrumpo, sin alzar la voz—. Si trabajo con ustedes, será con el sesenta por ciento del control del proyecto. Sin eso, no hay negociación.
Ambos se miran, sorprendidos.
Pocas personas les hablan así.
Menos aún sin pestañear.
—Sesenta por ciento es demasiado —dice el menor—. Ninguna compañía extranjera ha exigido algo así.
—Por eso yo lo obtengo —respondo—. Y los demás no.
El silencio se vuelve denso.
Peligroso.
Esperan que retroceda.
No lo haré.
En este mundo, quien cede, pierde.
El jeque mayor respira hondo.
—Está pidiendo un imperio, Falcón.
—No —corrijo—. Estoy ofreciendo uno.
Proyecto mis cifras en la pantalla: extracción, inversión, tecnología propia, capacidad de perforación que ellos no poseen.
Mientras hablo, veo cómo sus expresiones cambian. Del orgullo a la evaluación. De la evaluación a la aceptación.
Exactamente lo que esperaba.
Finalmente, el mayor sonríe apenas.
—Muy bien. Tendrá su sesenta por ciento. Pero exigimos su presencia en la inauguración del primer pozo.
—La tendrán —respondo.
Sellamos el trato.
El impacto será global.
Hoy aseguré un poder energético que me coloca más arriba de la cima.
Cuando salgo, el sol ya está alto. La arena brilla como oro fundido.
Subo a la camioneta y reviso mi teléfono.
Un mensaje nuevo de mi asistente:
“Asunto Capri resuelto. Esperamos instrucciones.”
Perfecto.
Cierro los ojos un segundo mientras el convoy avanza entre las dunas.
Primero conquisto el petróleo del mundo.
Después… a quienes me obligaron a volver aquí.
Y aún no he empezado.
Como se le ocurre decirle a una niña semejante estupidez
La única manera que el la puede poner en su sitio es diciendo tu lo que esa desgraciado le dijo a Mili 😡😡😡😡😡😡
Frida más capítulos por favor 🙏.
va cambiando Nicolas pero esa enfermera me cae pesado.