Ella renace con la posibilidad de salvarse a ella y a su familia.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Estudios
El cambio de Arely Hoffman fue tan repentino que toda la mansión comenzó a hablar de ello.
Al principio, los sirvientes pensaron que solo era un capricho pasajero.
Una nueva obsesión de la joven lady Hoffman que desaparecería en pocas semanas.
Pero no desapareció.
Cada mañana, Arely despertaba temprano para estudiar.
Economía.
Administración.
Comercio.
Contabilidad.
Política.
Rutas mercantiles.
Incluso leyes relacionadas con negocios y propiedades.
Los profesores contratados por el duque Hoffman quedaron sorprendidos desde el inicio.
Porque Arely aprendía absurdamente rápido.
Y no solo memorizaba.
Entendía.
Analizaba.
Preguntaba cosas que incluso hombres con años de experiencia pocas veces consideraban.
—Lady Arely posee un talento excepcional.
—Tiene una visión comercial increíble.
—Su capacidad para detectar riesgos es impresionante.
Esos comentarios comenzaron a repetirse constantemente dentro de la mansión.
Y el más sorprendido de todos era Aaron.
—Esto no tiene sentido —murmuró una tarde mientras revisaban documentos juntos—. Hace un año pensabas que los impuestos eran algún tipo de castigo personal.
Arely sonrió apenas mientras seguía leyendo contratos.
[Porque la antigua Arely sí lo pensaba.]
Ahora entendía perfectamente cómo funcionaba el dinero.
Y eso era gracias a dos vidas distintas.
La Elena de su antigua vida había administrado una pequeña librería completamente sola. Sabía organizar cuentas, controlar gastos, negociar con proveedores y sobrevivir económicamente.
Mientras que los recuerdos de Arely le daban conocimientos sobre nobleza, comercio aristocrático y política social.
La mezcla de ambas experiencias la volvió extremadamente capaz.
Mucho más de lo que cualquiera esperaba.
Incluso más que Aaron.
Y eso irritaba profundamente a su hermano.
—Padre, esto es injusto. Estoy siendo humillado dentro de mi propia casa.
El duque Hoffman soltó una carcajada mientras Arely corregía tranquilamente unos números frente a ellos.
—Acepta la derrota. Tu hermana es más inteligente que tú.
Aaron apoyó dramáticamente una mano sobre el pecho.
—¿Cómo pude ser traicionado de esta manera?
Pero aunque se quejaba constantemente, estaba orgulloso de ella. Mucho.
A veces Arely notaba cómo Aaron la observaba durante reuniones familiares con una mezcla extraña de sorpresa y admiración.
Porque ella ya no era la joven distraída que solo hablaba de vestidos y bordados.
Había cambiado por completo.
Ahora discutía inversiones con comerciantes importantes.
Corregía errores en contratos.
Daba opiniones sobre expansión comercial.
Incluso el duque Hoffman comenzó a pedirle consejos.
Y lo más increíble era que muchas veces Arely tenía razón.
—No deberíamos invertir en esa compañía marítima.
—¿Por qué?
—Porque en menos de un año perderán una ruta importante del norte.
Tal como ella recordaba del futuro.
Meses después, exactamente eso ocurría.
El duque Hoffman quedó impresionado.
Otra vez.
Y otra.
Y otra más.
Poco a poco, comenzó a confiar profundamente en el criterio de su hija.
—Arely tiene buen instinto.
—No, padre —decía Aaron con una sonrisa divertida—. Arely da miedo.
La reputación de la joven Hoffman también empezó a cambiar fuera de la mansión.
En reuniones nobles, algunos aristócratas se sorprendían al escucharla hablar.
Porque Arely no intentaba parecer inteligente.
Simplemente lo era.
Y además…
Era hermosa.
Peligrosamente hermosa.
Su largo cabello oscuro y sus ojos claros llamaban la atención de cualquiera, pero ahora había algo más en ella.
Seguridad.
Madurez.
Una elegancia tranquila que hacía que las personas la escucharan incluso sin darse cuenta.
Muchos jóvenes nobles comenzaron a interesarse en ella.
Pero Arely apenas les prestaba atención.
Porque tenía prioridades más importantes.
Salvar a su familia.
Y especialmente…
Evitar la muerte de Aaron.
A veces todavía despertaba por las noches recordando aquella escena bajo la lluvia.
La sangre.
La despedida.
El vacío.
Entonces miraba el presente y respiraba más tranquila al escuchar las discusiones escandalosas de Aaron en los pasillos o las quejas del duque sobre los gastos de la mansión.
Aquellos sonidos cotidianos se habían convertido en algo precioso.
Porque significaban que seguían vivos.
Una tarde, mientras revisaban inversiones en el despacho, el duque Hoffman dejó lentamente los documentos sobre la mesa.
—Arely.
Ella levantó la vista.
—Sí, padre.
El hombre la observó durante unos segundos antes de hablar.
—Estoy orgulloso de ti.
Las palabras fueron simples.
Pero sinceras.
Y eso hizo que el corazón de Arely se estremeciera.
Aaron sonrió también.
—Mucho. Aunque sigo pensando que te volviste sospechosamente inteligente de la nada.
Arely rio suavemente.
Y por un momento sintió una felicidad tranquila crecer dentro de ella.
En su vida pasada siempre había admirado historias sobre familias rotas, villanos obsesivos y amores trágicos.
Pero ahora…
Sentada junto a su padre y su hermano mientras discutían sobre negocios absurdos…
Entendió que tal vez lo que más había deseado siempre no era una historia apasionada.
Sino esto.
Un hogar.
Una familia.
Y una oportunidad para no perderlos otra vez.