Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 8: Bajo mi protección
La palabra familia quedó resonando en la mente de Valeria.
Durante cinco años había intentado convencerse de que ella y Sofía eran suficientes.
Y lo eran.
Había construido una vida con sus propias manos.
Pero escuchar a Alessandro decirlo con tanta seguridad despertó algo que había enterrado hacía mucho tiempo.
Una pequeña esperanza.
Aunque todavía tenía miedo.
Porque confiar nuevamente en él significaba darle la posibilidad de volver a romperle el corazón.
—No puedes decidir de repente que somos tu familia y pensar que todo estará bien —dijo Valeria con firmeza.
Alessandro la miró.
—No pienso eso.
—Entonces ¿qué piensas?
Él se acercó lentamente.
—Pienso que fallé una vez.
Hizo una pausa.
—Y no voy a fallar otra vez.
Valeria sostuvo su mirada.
Por primera vez en mucho tiempo, no vio orgullo en sus ojos.
Vio arrepentimiento.
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Esa misma noche, Alessandro tomó una decisión.
Llamó a Marco y ordenó reforzar la seguridad alrededor de la casa.
Pero esta vez no quería hacerlo como el hombre poderoso que todos temían.
Quería hacerlo como un padre.
Como alguien que debía proteger a su hija.
—No quiero hombres armados molestando a Valeria ni a Sofía —indicó.
Marco asintió.
—Entendido.
—Solo vigilancia discreta.
Después de colgar, Alessandro se quedó mirando la pantalla de su teléfono.
Tenía una fotografía reciente que Marco había tomado durante la tarde.
Sofía sonriendo.
Su hija.
Todavía le costaba decirlo.
Su hija.
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A la mañana siguiente, Valeria despertó con un ruido extraño en la cocina.
Por un momento sintió miedo.
Durante años había aprendido a reaccionar ante cualquier sonido inesperado.
Se levantó lentamente y caminó hacia allí.
Pero al llegar se encontró con una escena que jamás habría imaginado.
Alessandro estaba preparando el desayuno.
O intentándolo.
La cocina parecía haber sobrevivido a una pequeña batalla.
Había harina sobre la mesa.
Una sartén quemada.
Y una expresión de frustración en el rostro del hombre que dirigía una de las familias más poderosas del país.
Valeria se quedó mirándolo.
Y, contra su voluntad...
Sonrió.
—¿Qué estás haciendo?
Alessandro se giró sorprendido.
—Desayuno.
Ella miró alrededor.
—¿Seguro que eso es desayuno?
Por primera vez, él soltó una pequeña risa.
—Estoy aprendiendo.
—Nunca imaginé verte así.
—Yo tampoco.
Hubo un silencio extraño.
Pero no incómodo.
Sofía apareció en ese momento arrastrando su manta.
—¿Papá hizo comida?
Alessandro sonrió.
—Lo intenté.
La niña miró el plato.
—Parece raro.
Valeria tuvo que contener la risa.
Y por unos segundos...
Todo pareció normal.
Una familia desayunando.
Sin secretos.
Sin miedo.
Sin pasado.
Pero la tranquilidad duró poco.
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En otro lugar de la ciudad, Elena observaba las noticias en una pantalla.
Una imagen de Alessandro aparecía en un evento reciente.
Su rostro era frío.
Pero sus pensamientos estaban lejos.
—Está cambiando —dijo uno de sus hombres.
Elena apretó los labios.
—No.
Su voz era baja.
—Está recordando quién era antes de mí.
El hombre dudó.
—¿Y qué hará?
Elena sonrió.
—Le quitaré lo que acaba de encontrar.
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Más tarde, Alessandro recibió una llamada inesperada.
Era un número desconocido.
Contestó con cautela.
—¿Quién habla?
Una voz femenina respondió.
—Alessandro...
Él se quedó completamente quieto.
Había reconocido esa voz.
Aunque habían pasado años.
—Elena.
Ella sonrió al otro lado de la línea.
—Veo que ya sabes mi nombre.
Alessandro apretó la mandíbula.
—¿Qué quieres?
—Hablar.
—No tengo nada que hablar contigo.
La mujer soltó una pequeña risa.
—Eso pensabas hace cinco años.
Silencio.
—¿Fuiste tú?
La pregunta de Alessandro salió llena de rabia.
—¿Fuiste tú quien destruyó mi vida con Valeria?
Elena no respondió inmediatamente.
Y ese silencio fue suficiente.
Alessandro sintió una furia que hacía años no sentía.
—¿Por qué?
La respuesta llegó tranquila.
—Porque ella nunca estuvo destinada a estar contigo.
Alessandro cerró los ojos.
—Te equivocaste.
—¿Ah, sí?
Elena rió.
—Porque ahora tiene una hija tuya.
Alessandro sintió un escalofrío.
Ella sabía.
Sabía todo.
—Alessandro...
La voz de Elena cambió.
—Si quieres mantener a tu familia a salvo, tendrás que escucharme.
La llamada terminó.
Y por primera vez desde que encontró a Valeria y Sofía...
Alessandro sintió miedo.
No por él.
Sino por ellas.
Alessandro permaneció mirando el teléfono después de que la llamada terminó.
La pantalla se apagó lentamente, pero la voz de Elena seguía resonando en su cabeza.
"Si quieres mantener a tu familia a salvo, tendrás que escucharme."
Durante años había enfrentado amenazas.
Hombres que querían verlo caer.
Enemigos que buscaban quitarle todo lo que había construido.
Pero nada de eso se comparaba con la sensación que tenía ahora.
Porque esta vez no estaba en juego su poder.
Estaba en juego su familia.
Valeria.
Sofía.
Las dos personas que más daño podían hacerle perder.
—¿Quién era?
La voz de Valeria lo hizo reaccionar.
Ella estaba parada en la puerta del despacho, observándolo.
Alessandro dudó.
No quería ocultarle nada.
No después de todo lo que había pasado.
—Elena.
El rostro de Valeria cambió inmediatamente.
El miedo apareció en sus ojos.
—¿Qué quería?
Alessandro se acercó lentamente.
—Confirmó que sabe que estás aquí.
Valeria apretó las manos.
—Lo sabía...
—¿Qué quieres decir?
Ella bajó la mirada.
—Cuando me fui, Elena me dijo que nunca iba a poder escapar de ella.
Alessandro sintió una mezcla de culpa y rabia.
—¿Por qué nunca me contaste esto?
Valeria lo miró.
—Porque cuando intenté contarte algo sobre ella, ya habías decidido que yo era culpable.
Otra vez esa verdad.
Otra vez esa herida.
Alessandro aceptó el golpe.
—Tenés razón.
Valeria se quedó en silencio.
Cada vez que él reconocía sus errores, era más difícil mantener el odio que había construido para sobrevivir.
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En ese momento, Sofía apareció en el pasillo.
—¿Mamá?
Ambos se giraron.
La niña llevaba su pijama y abrazaba su oso.
—¿Por qué están serios?
Valeria cambió inmediatamente su expresión.
—No pasa nada, princesa.
Sofía miró a Alessandro.
—¿Vas a irte?
La pregunta fue sencilla.
Pero volvió a romperle el corazón.
Alessandro se agachó frente a ella.
—No.
—¿Seguro?
Él asintió.
—Seguro.
La niña sonrió.
—Entonces me voy a dormir tranquila.
Cuando Sofía volvió a su habitación, Alessandro observó a Valeria.
—Ella no debería tener miedo.
Valeria suspiró.
—Ella ya tuvo que aprender demasiado.
Aquellas palabras hicieron que él tomara una decisión.
—Quiero que vengan conmigo.
Valeria abrió los ojos sorprendida.
—¿Qué?
—A la mansión.
Ella negó inmediatamente.
—No.
—Valeria...
—No voy a llevar a mi hija a un lugar lleno de personas que no conozco.
Alessandro entendió su preocupación.
—Entonces yo me quedaré aquí.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Qué?
—Hasta que estemos seguros.
Valeria no esperaba esa respuesta.
El Alessandro que ella conocía siempre había querido controlar todo.
Ahora estaba dispuesto a cambiar su vida para protegerlas.
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Esa misma noche, mientras Valeria y Sofía dormían, Alessandro permaneció sentado en la sala.
No le importaba la incomodidad.
No le importaba pasar la noche en un sofá.
Por primera vez en años sentía que estaba en el lugar correcto.
Escuchó pequeños pasos.
Sofía apareció con su manta.
—¿No dormís?
Alessandro sonrió.
—Todavía no.
La niña se sentó a su lado.
—¿Estás triste?
Él la miró sorprendido.
—¿Por qué pensás eso?
Sofía se encogió de hombros.
—Porque mamá se pone triste cuando mira fotos viejas.
Alessandro sintió un dolor profundo.
Su hija era pequeña, pero entendía más de lo que imaginaban.
—¿Tu mamá te habló de mí?
Sofía pensó unos segundos.
—Me dijo que eras bueno.
Él bajó la mirada.
—¿Eso dijo?
—Sí.
La niña sonrió.
—También dijo que la hiciste feliz.
Alessandro cerró los ojos.
Porque esa era la parte que más le dolía.
Había sido feliz con ella.
Y lo había perdido.
—Sofía...
La niña lo miró.
—Voy a intentar ser un buen papá.
Ella sonrió.
—Ya lo sos.
Una frase tan simple.
Pero para Alessandro significó todo.
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A la mañana siguiente, Marco llegó con noticias.
Alessandro salió al jardín para hablar con él.
—Encontramos algo sobre Elena.
—¿Qué?
Marco le entregó un sobre.
—La noche en que Valeria fue acusada, Elena estuvo en el lugar antes que todos.
Alessandro abrió el documento.
—Ella preparó todo.
—Tenemos pruebas de que manipuló información y pagó a una persona para modificar los registros.
La mirada de Alessandro se volvió fría.
Pero esta vez no actuó impulsivamente.
—Todavía no.
Marco lo miró confundido.
—¿Señor?
—Si la enfrento ahora, se esconderá.
Guardó los documentos.
—Quiero que crea que todavía tiene ventaja.
Marco asintió.
Pero ambos sabían algo.
Elena había iniciado una guerra.
Y Alessandro De Luca no pensaba perderla.
Desde la ventana de la casa, Valeria observaba a Alessandro hablando con Marco.
Por primera vez desde que volvió...
No vio al hombre que la destruyó.
Vio al hombre que estaba intentando reparar el daño.
Pero todavía no sabía si su corazón estaba preparado para perdonarlo.