Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
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Las cosas van sucediendo
Donatella
Casi maté a las chicas del susto, pero qué le voy a hacer, soy así o mejor dicho me convertí en así. Hasta ahora nadita sobre los muertos, asalto o atropellamiento. Hace algunas horas, creo que tengo razón.
Me arreglo, ¡vamos a salir a cenar! Me está encantando, no hacía esto.
Adelaide
Hoy almorcé con mi hija, la amiga de ella y la mamá de ella. Adoré a Donatella, qué mujer tan querida. Fue como si nos conociéramos de hace tiempo, voy a tratar de descubrir más cosas sobre ella y dependiendo de eso, voy a invitarla a hacer una prueba en la empresa, claro, ¡si ella acepta! Lo cual es casi imposible, pues cuando digo que es para trabajar para el señor Leonardo Lucheses...
Llegando al Restaurante
Donatella
Fuimos las cuatro, conversamos mucho y terminé contándole mi historia de vida a Adelaide, fui sincera, no hay motivos para mentir, no soy la primera ni la última mujer que ya fue cambiada.
Es duro el dolor del rechazo, más aún cuando no se lo espera y más todavía cuando le di la primera juventud a él.
Primera, pues descubrí que tengo otra juventud, ¡la en que me encuentro hoy!
Estoy viva, llena de energía y buenas vibraciones.
No quiero volver a amar, tal vez un día... pero no es mi prioridad, en realidad quiero volver a estudiar, recibirme, hacer proyectos míos, quién sabe viajar por el mundo...
—¿Vamos, mamá? Guau, doña Maria Donatella, ¡qué guapa! Hacía años que no veía a mi mamá de vestido —dijo Manu.
—Gracias, amada, y por favor no me llames Maria Donatella, prefiero que sea solo Donatella —dijo Donatella.
—Claro, mamá, discúlpame, estoy tan feliz de verte así —dijo Manu, dándole un abrazo a su madre.
Donatella
Llegamos al restaurante, todavía no es fácil elegir ensalada y cosas livianas, más aún en lugares que tienen tantas cosas ricas para comer, pero necesito pensar a futuro y sigo con mi dieta.
Hay muchas personas que dicen "no hay manera, hay demasiadas opciones, un solo día no me va a matar", pero sí mata. Como mi nutricionista dijo, si comes mal un día, ¡retrocedes todos! Nada de más, ¡nada! Y metí eso en mi cabeza.
Siempre se puede pedir algo nutritivo y no voy a mentir, a veces mis ganas son de atacar el plato de los otros, ¡pero no puedo! ¡Mi foco soy yo!
Adelaide también come poco y ¡eso es maravilloso! Por lo menos me acompaña en la ensalada, en cuanto a las chicas, mejor ni hablar, cómo comen...
Algo me intrigó, al final de la noche, Adelaide me preguntó si tendría interés en trabajar y ¡sí! Quiero mucho empezar de nuevo, ella dijo que si estoy dispuesta a conversar, quién sabe tenga un puesto en su empresa, ¡y con ella! ¡Eso sería increíble!
Mañana por la mañana voy allá para conversar. Quién sabe, puede ser una buena oportunidad. Solo agradezco a Dios por haberla puesto en mi camino.
Cuando ellas llegan a casa, se sientan en la sala y
—Mamá, ¿en qué estás pensando? —preguntó Manu.
—En lo que Adelaide me dijo, me invitó a hacer una prueba en la empresa donde trabaja, para ser más específica, para trabajar con ella —dijo Donatella.
—¡Wow! ¿En serio? —preguntó Manu, pareciendo no creerlo.
—Sí, en serio, pero ¿por qué esa cara de susto o incredulidad? —dijo Donatella.
—Es que doña Adelaide trabaja para el famoso Leonardo Lucheses, y por lo que Julia me contó, su mamá es la única mujer que tiene acceso al tal señor Leonardo, en la empresa. Dice Julia que doña Adelaide trabaja con la familia de él hace años, parece que el difunto padre de ella también trabajaba para la familia del señor Leonardo. Por eso el susto, dicen que el señor Leonardo a pesar de ser riquísimo y codiciado, es un hombre muy complicado, serio y hasta peligroso. En realidad, es un misterio la vida de él. Él es un hombre muy reservado y salen muchas noticias de sus empresas en los medios, ¡pero poquísimas fotos de él! Y en todas las que vi, rara vez muestra el rostro y cuando lo hace, siempre está serio... uf, hasta me da miedo. ¿Estás segura de que vas a hablar con doña Adelaide? —preguntó Manu.
—Voy sí, por lo menos a ver qué tiene Adelaide para proponerme o decirme... —dijo Donatella.
—Por lo menos Julia me dijo que él es muy justo y bueno con la mamá de ella. Parece que es él quien paga la universidad de Julia y todos los gastos, además del salario de su mamá que parece ser muy bueno. No me dijo el monto, no quise preguntar, pero por el nivel de vida de ellas, es bueno o muy bueno —dijo Manu.
—No sé, hija, solo quiero empezar de nuevo, tener un trabajo sería maravilloso, así puedo comenzar a hacer planes futuros, quién sabe hasta te ayudo a montar una clínica veterinaria o una tienda de mascotas —dijo Donatella, sonriendo.
—¡Sería genial! Voy a torcer mucho para que usted lo consiga —dijo Manu.
—Estoy pensando en volver a estudiar, pero no sé, ya tengo mis 44 años... —dijo Donatella.
—¡Mamá! ¡Qué cosa más maravillosa! Ni se preocupe por la edad, conozco mujeres de sesenta años que empezaron ahora, incluso hay una que estudia medicina, ella dijo que es su sueño y nunca tuvo la oportunidad de hacerlo —dijo Manu.
—¡Qué genial! Primero voy a hablar con Adelaide, después voy a ver lo de inscribirme en una carrera universitaria —dijo Donatella.
—Me encantó, mamá —dijo Manu.
Conversaron un poco más y se fueron a acostar.