Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
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capítulo 12
ELARA:
El calor residual de la chimenea me despierta suavemente y abro los ojos y me encuentro sola en la inmensa cama de dosel; el lado de Killian está vacío, pero las sábanas de seda oscura aún conservan su aroma a madera y metal.
Me estiro con parsimonia, sintiendo cada rincón de mi cuerpo encendido por la pasión de la noche anterior.
Sonrío de medio lado. El "Monstruo del Norte" resultó ser el aliado más devoto y letal que una reina de la mafia podría desear.
Me pongo una bata de seda negra y me acerco a la puerta para ordenar mi baño, sin embargo antes de tocar la madera, escucho voces amortiguadas en el pasillo exterior.
—Te lo dije madre ¡es una vergüenza!
Sisea una voz femenina, joven y cargada de veneno.
—Toda la capital sabe que era una inútil repudiada por el príncipe, no entiendo por qué el Archiduque la trajo aquí ¡ Y vestida de luto! Ese lugar en su cama debería ser mío… Yo he cuidado de él todos estos años.
—Cállate Freya.
Responde una voz más madura, fría y severa.
—Modera el tono si no quieres que te escuchen, el Emperador los obligó a casarse, pero esta niñata mimada de la capital no durará ni un mes en el invierno del Norte, yo manejo este castillo desde antes de que ella naciera. Ya se dará cuenta de que aquí las órdenes las doy yo, y tú tendrás tu oportunidad con el Archiduque cuando ella fracase.
Vaya, vaya… Apenas llevo unas horas como Archiduquesa y el nido de víboras ya está intentando morder mis talones… Qué adorable.
Abro la pesada puerta de roble de golpe, sin previo aviso y las dos mujeres dan un brinco por el sustituto, palideciendo al instante.
Frente a mí se encuentra la señora Gretta, el ama de llaves principal, una mujer de mediana edad con un vestido gris impecable y un rostro amargado que destila hostilidad.
A su lado está su hija Freya, una sirvienta joven, bonita pero con una expresión de altanería y unos ojos cargados de celos resentidos que no se molesta en ocultar del todo.
—L-Lady de Valois.
Balbucea Gretta, forzando una reverencia tan rígida y superficial que es casi un insulto.
—No esperábamos que despertara tan temprano, estábamos preparando sus servicios.
Camino hacia ellas con paso lento, arrastrando la seda de mi bata por el suelo de piedra. No me inmuto por el frío del pasillo y me detengo a solo unos centímetros de la joven Freya, acorralándola con mi sola presencia.
—En primer lugar, mi título es Archiduquesa Romanov.
Sentencio con una voz tan gélida que hace eco en las paredes del pasillo.
—Aprendan a usarlo si quieren conservar sus lenguas dentro de la boca… En segundo lugar... Escuché cada una de sus palabras.
Freya traga saliva, pero el orgullo y la obsesión que siente por Killian la hacen cometer el peor error de su vida y alza la barbilla, mirándome de reojo… Grave error.
—Milady, este es el Norte, aquí las cosas son diferentes a la capital.
Dice la sirvienta con insolencia.
— Los sirvientes somos leales al Archiduque, no a las exigencias de...
No la dejo terminar y con la velocidad de la jefa criminal que soy, mi mano se dispara hacia adelante.
Agarro a Freya firmemente por el cuello empujándola con una fuerza brutal contra la pared de piedra del pasillo y el impacto le saca el aire de los pulmones.
Sus ojos se abren con horror absoluto mientras sus manos intentan inútilmente, zafarse de mi agarre de acero.
—¡Freya!
Grita la madre dando un paso al frente, pero la mirada asesina que le lanzo la congela en su sitio.
—Escúchame bien, mosquita muerta.
Le susurro a Freya acercando mi rostro al suyo para que vea el brillo violeta y despiadado de mis ojos.
— Killian Romanov es mi esposo, mi aliado y mi territorio... Si vuelvo a ver que lo miras con esos ojos de perra alzada o si escucho un solo rumor saliendo de tu boca, no me va a temblar la mano para colgarte del desfiladero de este castillo ¿Te quedó claro?
Freya asiente frenéticamente y las lágrimas de puro pánico corriendo por sus mejillas.
La suelto con desprecio dejándola caer al suelo de rodillas donde tose desesperadamente aferrándose a su garganta.
Me giro hacia la señora Gretta, quien tiembla de pies a cabeza, dándose cuenta de que la "niñata de la capital" es en realidad un monstruo mucho más peligroso que el mismísimo Archiduque.
—Señora ama de llaves.
Le digo acomodándome la bata con total elegancia y tranquilidad.
—Usted manejará el servicio, pero yo manejo este ducado, si su hija comete otro error, usted caerá con ella… Ahora, ordene que preparen mi baño y mi desayuno. Y que sea rápido, a mí no me gusta esperar.
—S-Sí, Su Excelencia... De inmediato.
Responde Gretta con la voz algo temblorosa levantando a su hija del suelo a toda prisa y arrastrándola por el pasillo para huir de mi presencia.
Sonrío viendo cómo se alejan como dos ratas asustadas.
El drama doméstico es un buen calentamiento para la mañana si piensan que van a desestabilizarme con celos baratos de sirvientas, están muy equivocadas.
Este castillo acaba de encontrar a su verdadera reina, y voy a limpiar cada rincón de insubordinación con puño de hierro.
necesito fotos de ese guardián 🤭