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Doble Vida.

Doble Vida.

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

"Nadie sabe que detrás de esta mujer que plancha camisas y hornea galletas, hay otra que a las diez de la noche se convierte en alguien irreconocible.Y lo peor es que ya no sé cuál de las dos soy yo".¿Podrá Valeria continuar con su doble vida antes de que se derrumbe todo su mundo?

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El hombre de la mesa 9.

Jueves – 01:30 – Club Eclipse.

Era una noche de jueves, de esas noches de entre semana donde el club se llenaba a medias y los clientes eran más silenciosos, menos demandantes, más ensimismados en sus propias miserias. Valeria había terminado su segundo show y estaba en la barra del fondo, bebiendo un vaso de agua mineral para hidratarse, cuando lo vio por primera vez.

Estaba sentado solo en la mesa 9, apartada del resto, cerca de la salida de emergencia. Era un hombre de unos treinta y cinco años, con el pelo castaño despeinado, camisa blanca arremangada hasta los codos y una mirada que no encajaba en ese lugar. Los clientes habituales del Eclipse miraban a las bailarinas con deseo, con ansiedad, con esa urgencia de quien busca algo que no encuentra en su vida cotidiana. Este hombre, en cambio, miraba al vacío con una tristeza profunda, antigua, como un pozo sin fondo que nadie podría llenar.

Pidió un whisky doble y se quedó observando el escenario vacío. No miraba a las bailarinas, no hablaba con nadie, no pedía privados. Simplemente estaba ahí, bebiendo en silencio, como si esperara algo que nunca llegaba. Valeria sintió curiosidad, no el interés profesional de Luna por un cliente potencial, sino la curiosidad genuina de una mujer que reconoce el dolor en los ojos de otro. Se ajustó la bata y se acercó a la barra donde Lorena preparaba unos tragos.

—Lorena, ¿quién es el tipo de la mesa 9? —preguntó Valeria, señalando discretamente con la cabeza.

—Ni idea, llegó hace una hora, pidió un whisky y no habló con nadie. No es cliente habitual. Tiene cara de estar pasando por algo muy feo.

—Voy a acercarme. Quizás necesita hablar con alguien.

—Cuidado, Val. A veces los más callados son los más peligrosos.

—No creo. Tiene cara de estar más perdido que peligroso. Además, en una noche como esta, un poco de conversación no le hace mal a nadie.

Valeria se acercó a la mesa 9 con dos cafés humeantes en la mano. El hombre levantó la vista y la miró. Sus ojos eran grises, cansados, con ojeras profundas como cráteres. No había deseo en su mirada, solo un cansancio infinito.

—Disculpe, ¿usted es Luna? —preguntó el hombre, con una voz suave y educada.

—Sí. ¿Nos conocemos de algún lado?

—No. Pero la vi bailar antes, en el escenario. Es muy buena. Tiene algo que las demás no tienen. Una especie de verdad en los ojos.

—Gracias. ¿Puedo sentarme? Le traje un café. El whisky no es buena compañía a esta hora de la noche.

—Adelante. La verdad es que no estoy de ánimo para shows. Solo necesitaba un lugar donde no me conociera nadie.

—Este es buen lugar para eso. Acá nadie conoce a nadie. Es la regla número uno del Eclipse.

—¿Usted también viene por eso? ¿Para que no la conozcan?

—Yo vengo por trabajo. Es diferente. Pero entiendo lo que dice. A veces todos necesitamos un lugar donde ser invisibles.

El hombre se presentó como Nicolás. Era arquitecto, tenía un estudio propio en el centro de la ciudad, y había perdido a su esposa hacía seis meses en un accidente de tránsito. Un camión que se pasó un semáforo en rojo en plena avenida Corrientes. Ella murió en el acto. Él no estaba en el auto, estaba en el trabajo cuando recibió la llamada. Tenían una hija de cuatro años, Martina, que ahora preguntaba todas las noches cuándo iba a volver mamá del cielo.

—Por eso vine acá. Porque Martina me preguntó hoy si mamá ya tiene alas, y yo no supe qué responderle. Porque necesitaba un lugar donde el dolor no se notara tanto. Donde la gente estuviera tan ocupada en sus propios problemas que no mirara los míos —dijo Nicolás, dando un sorbo al café con manos temblorosas.

—El dolor siempre se nota. Por más que uno lo esconda, siempre encuentra la manera de salir a la superficie.

—¿Usted también esconde algo, Luna?

—Todos acá escondemos algo. Es la regla número dos del Eclipse.

—¿Y vale la pena esconderlo?

—A veces esconder es la única manera de sobrevivir. O al menos eso nos contamos a nosotros mismos para poder dormir por las noches.

—¿Usted puede dormir?

—A veces sí. Otras veces me quedo mirando el techo hasta que amanece.

Se quedaron en silencio durante un largo rato, tomando café. Dos desconocidos unidos por el dolor, en un lugar donde nadie iba a buscar consuelo. Valeria pensó en su propia situación, en las mentiras que había construido, en la jaula invisible que la aprisionaba. Por un momento, sintió que Nicolás era un espejo de su propia soledad.

—¿Cómo se llama su hija? —preguntó Valeria, rompiendo el silencio.

—Martina. Tiene cuatro años y el pelo rubio como la madre. A veces me mira y veo a mi esposa en sus ojos.

—Debe ser muy duro.

—Lo es. Pero no tengo opción. Hay que seguir adelante por ella. ¿Usted tiene hijos?

—Dos. Mateo y Sofía. Son mi razón para levantarme cada mañana.

—Entonces me entiende. Ellos son el ancla que nos mantiene cuerdos.

Cuando Nicolás finalmente se levantó para irse, dejó un billete de quinientos pesos sobre la mesa y una nota escrita en una servilleta de papel con una lapicera que llevaba en el bolsillo.

—Gracias por el café. Y por no preguntar. A veces, lo único que uno necesita es que alguien se siente a su lado sin hacer preguntas. Buena suerte, Luna.

Valeria guardó la servilleta en el bolsillo de su bata. La leería más tarde, en la soledad de su casa. Decía simplemente: "No todas las jaulas tienen barrotes. A veces, la jaula más difícil de abrir es la que uno mismo construye." Esa noche, Valeria no pudo dormir. Pensó en Nicolás, en su hija, en la mujer que había muerto en el accidente. Y pensó en su propia jaula, la que había construido con mentiras y secretos, y se preguntó si algún día encontraría la llave para salir de ella.

1
noris partidas
ya es momento de que dustraifan y se olvide todo lo malo que. ivieron o sean solo anécdotas que ayudan a crecer
noris partidas
ya es momento de que dustraifan y se olvide todo lo malo que. ivieron o sean solo anécdotas que ayudan a crecer
noris partidas
me encanta la historia rñee está novela escritora. una mujer que lucho por su madre y por su matrimonio
noris partidas
me gusta la trama, a pesar de todo la comprensión del esposo. y que van a poner preso a esow corruptos desalmadow
noris partidas
que no le pase nada a ninguno.y a este hombre lo pongan preso y pague lo que ha hecho
noris partidas
que no le pase nada a ninguno.y a este hombre lo pongan preso y pague lo que ha hecho
noris partidas
es duro pero debe decirle a su esposo. sino si matrimonio se viene abajo
Loba
pobrecita Sofi🥰
Loba
me gusta cantidad.
Sonia
preciosa novela
Sonia
preciosa 💖
Jaly
me encantó 🥰
Jaly
Muy bonita esta novela . La continuaré leyendo.
Betty
linda novela
Betty
linda novela 👏
Liane
preciosa sigue así 👏
Virgo
👏👏👏👏
Ceni
me encanta esta novela
Galia
bella novela
Shaina
excelente
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