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El Arte De La Ausencia

El Arte De La Ausencia

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

El arte de la ausencia es la historia de Valentina, una arquitecta que descubre que su esposo y su hermana planean declararla loca para robarle su herencia. En lugar de derrumbarse, decide observar, reunir pruebas y construir una venganza silenciosa. Desde el engaño y la traición más profunda, Valentina se reinventa en una isla remota, transformando el dolor en libertad y su talento en un refugio para otras mujeres.

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CAPÍTULO 6: ACTUAR LA LOCURA

Valentina eligió el supermercado para su primera actuación pública. No era un lugar elegante ni íntimo. Era un escenario vulgar, lleno de luces fluorescentes y carros metálicos, donde las cámaras de seguridad registraban cada movimiento sin que nadie prestara atención. Perfecto para lo que necesitaba.

Camila la había llevado allí bajo el pretexto de comprar ingredientes para una cena familiar. "Nicolás viene esta noche", había dicho. "Quiere verte bien." Valentina sabía que aquella "cena familiar" era otra trampa, pero aceptó con una sonrisa. Necesitaba un testigo. Y Camila, sin saberlo, iba a serlo.

Caminaron por el pasillo de los cereales. Camila empujaba el carro con una mano y sostenía su teléfono con la otra, fingiendo estar ocupada. Valentina la observaba de reojo mientras su hermana enviaba mensajes a toda velocidad. Seguramente a Nicolás. Seguramente para decirle: "Está tranquila. Todo bajo control."

Valentina esperó el momento adecuado. Cuando llegaron al pasillo de los lácteos, donde había más gente y las cámaras tenían un ángulo amplio, dejó de caminar. Se quedó quieta, mirando al frente, con los ojos fijos en un punto vacío.

—¿Vally? —dijo Camila, deteniéndose—. ¿Qué pasa?

Valentina no respondió. Su mirada seguía perdida, como si hubiera olvidado dónde estaba. Su respiración se hizo más rápida, y sus manos comenzaron a temblar ligeramente.

—Vally —repitió Camila, y su voz adquirió un tono de alarma fingida—. ¿Me oyes?

—El bebé —murmuró Valentina, justo lo suficientemente alto para que la mujer del carrito de al lado pudiera oírla—. El bebé está llorando.

Camila palideció. Por un instante, su máscara de hermana preocupada se resquebrajó y dejó ver el miedo. No miedo por Valentina. Miedo por el plan.

—No hay ningún bebé —dijo Camila, tomándola del brazo—. Vamos a casa.

Valentina se soltó. Fue un gesto brusco, más fuerte de lo que Camila esperaba. Su hermana dio un paso atrás y chocó con el carrito de una señora mayor, que soltó un gruñido de protesta.

—¡No me toques! —gritó Valentina, y su voz resonó en el pasillo—. ¡Tú también querías hacerle daño! ¡Tú también lo planeaste!

Camila abrió los ojos como platos. La gente comenzaba a mirar. Una cajera dejó de escanear productos para observar la escena. Dos señoras se detuvieron con sus carritos, intercambiando miradas de preocupación.

—Vally, cariño —dijo Camila, levantando las manos en señal de paz—. No estás bien. Vamos a casa. Por favor.

Valentina la miró con los ojos vidriosos. No estaba llorando, pero sus pupilas estaban dilatadas, y su respiración era irregular. Había ensayado esa expresión frente al espejo durante horas. Sabía exactamente cómo debía verse una mujer al borde de un colapso.

—No quiero ir a casa —susurró—. Allí están los fantasmas.

Camila se acercó lentamente, como quien se aproxima a un animal herido. Sus manos temblaban ligeramente. No por compasión. Porque sabía que si la escena se salía de control, el plan entero podía venirse abajo.

—Vamos —dijo en voz baja, tomándola del brazo con más firmeza—. Te llevaré al doctor. Él te ayudará.

Valentina se dejó llevar. Caminó arrastrando los pies, con la cabeza gacha, mientras Camila la conducía hacia la salida. Pero antes de cruzar la puerta, giró ligeramente la cabeza y lanzó una última mirada al pasillo. La señora del carrito seguía mirando. La cajera también. Y dos adolescentes con sus teléfonos grababan todo.

Perfecto.

En el coche, Camila no dijo una palabra. Condujo en silencio, con los dedos blancos sobre el volante y la mandíbula apretada. Valentina se recostó en el asiento y cerró los ojos. Su cuerpo seguía temblando, pero no era actuación. Era adrenalina. El subidón de haber ejecutado el plan con precisión quirúrgica.

Cuando llegaron a casa, Camila la ayudó a subir las escaleras como si fuera una inválida. La sentó en el sofá de la sala, le trajo un vaso de agua y se sentó frente a ella con las manos entrelazadas.

—¿Qué fue eso? —preguntó, y su voz ya no era dulce. Era fría, acusadora.

—No sé —respondió Valentina, llevándose las manos a la cabeza—. De repente... vi al bebé. Era como si estuviera allí.

—No había ningún bebé, Vally. Lo sabes.

—Lo sé —dijo Valentina, y sus ojos se llenaron de lágrimas ensayadas—. Pero por un momento... lo sentí. Como si nunca se hubiera ido.

Camila la observó durante un largo minuto. Sus ojos la escudriñaban, buscando señales de engaño. Valentina sostuvo su mirada sin pestañear, con la fragilidad justa para parecer auténtica.

Al final, Camila se levantó y sacó su teléfono.

—Voy a llamar a Nicolás —dijo—. Y mañana hablaremos con el doctor.

—No —suplicó Valentina—. Por favor, no le digas. Se preocupará.

—Demasiado tarde —dijo Camila, y ya estaba marcando—. Esto es grave.

Valentina se quedó sola en la sala mientras Camila hablaba en voz baja al otro lado del pasillo. No pudo escuchar lo que decía, pero podía imaginarlo. "Episodio", "pérdida de contacto con la realidad", "necesita ayuda urgente". Todo según el guion.

Cuando Camila regresó, su rostro había recuperado la máscara de la hermana compasiva.

—Nicolás vendrá en una hora —dijo—. Y mañana a primera hora te llevaremos al doctor Fuentes.

Valentina asintió, con la cabeza gacha y las manos temblorosas.

—Lo siento —murmuró—. No quería preocuparlos.

Camila se sentó a su lado y la abrazó. Esta vez, el abrazo duró más de lo necesario, y sus dedos se clavaron ligeramente en la espalda de Valentina. No era un gesto de cariño. Era un gesto de control, de confirmación de que la presa seguía atrapada.

—No te preocupes —susurró Camila al oído—. Todo va a estar bien. Confía en nosotros.

Valentina cerró los ojos y sintió las palabras de su hermana como una caricia venenosa. "Confía en nosotros", había dicho. Como si ellos no estuvieran planeando su destrucción. Como si no estuvieran grabando cada uno de sus movimientos para usarlos en su contra.

Esa noche, cuando Camila y Nicolás se fueron a dormir, Valentina se levantó de la cama y fue a su estudio. Abrió el cuaderno secreto y escribió:

"Paso 5 completado. Episodio público registrado. Camila y los testigos son pruebas vivas. Mañana, nueva cita con el doctor Fuentes. Todo avanza según lo planeado. Cuidado: Camila está comenzando a dudar. Debo acelerar el ritmo."

Luego, antes de guardar el cuaderno, añadió una línea al final:

"Empiezo a sentir que la actuación se vuelve realidad. No sé si eso es bueno o malo."

Cerró el cuaderno y se quedó mirando la oscuridad. La línea que había escrito era verdad. Cada día que pasaba, cada mentira que contaba, cada gesto de fragilidad que representaba, la iba cambiando por dentro. Ya no sabía con certeza dónde terminaba la actriz y dónde empezaba la mujer real.

Pero eso, se dijo, era el precio de la guerra. Y ella estaba dispuesta a pagarlo.

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Maria Elena Ortega
no es inseminación ❓🤭☺️🤣
Maria Elena Ortega
ella dice es su relato q por primera vez ella soño con el mar, pero en capítulo anteriores ella ya había soñado con el mar , ella se iba ese otro día para la isla y han pasado 3 días , incoherencias 🤭
Geraldina Zaldivar
Me tiene en suspenso, pero ya días no leía una historia tan buena.
Gabriela Arron
y que eran adivinas q llegaron a la isla las mujeres??🤭
Gabriela Arron
no sé iba a la esla al otro día?? y paso 3 días cuando el volvió....
Gabriela Arron
y porque él no ha hecho nada después que ella lo amenazó q sabía todo....
Gabriela Arron
cómo q el hijo no era de Nicolás? había sido por inseminación entonces...
Gabriela Arron
y que pasó en la cena?? si iba para allá...
Aracelis León García
buena la historia sin ta nto drama no fastidiosa
Aracelis León García
ajá el hijo no era de él la drogó y le metió un hombre en la cama o inciminación artificial
Aracelis León García
jamás desempacar a alguien estando sola o solo porque te pueden matar
Gabriela Arron: pensé q era otro el plan ... no exponerlo así!!
total 1 replies
Gabriela Arron
porque no reviso el cajón cuando el no estaba....
Maris Benitez
Interesante comienzo 👏👏👏
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