Una noche. Un desconocido. Una vida que cambia para siempre.
Amara tiene 22 años y acaba de descubrir que su novio la engañaba. Herida y sin ganas de nada, se deja arrastrar por su mejor amiga Cléo a una fiesta. Ahí, entre shots de vodka y una conexión imposible de ignorar, pasa la noche más intensa de su vida con un hombre cuyo nombre ni siquiera conoce.
Dos meses después, la realidad la golpea: está embarazada. Sin familia que la apoye, con una beca universitaria en riesgo y sin idea de quién es el padre de su hijo, Amara intenta seguir adelante como puede. Pero el destino tiene otros planes: el primer día de clases descubre que el desconocido de aquella noche no es otro que Ethan Almeida, sobrino del director de la facultad, estrella del equipo de basquetbol y heredero de una de las familias más poderosas de la ciudad.
Ethan también la reconoce. Y también está furioso.
Lo que sigue es una tormenta de secretos, confrontaciones, amenazas familiares y una atracción que ninguno de los dos puede controlar. Entre la ex obsesiva de Ethan, una madrastra manipuladora, un padre ausente y un ex que se niega a desaparecer, Amara tendrá que luchar no solo por su futuro sino por el de la vida que crece dentro de ella.
Porque hay noches que no se olvidan. Y hay consecuencias que te cambian para siempre.
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Capítulo 12
Por Amara
"Mantente lejos de Nick, no es de fiar"
¿Ahora quería mandarme?
Nick, o mejor dicho Nicholas, apareció hacía unos días cuando no entré a clase por llegar tarde por culpa de Ethan. Me senté en uno de los asientos del pasillo cerca del salón, esperando para entrar a la segunda hora. Entonces él llegó, se presentó y dijo que quería disculparse por las cosas que su hermana había hecho, incluso lo de mi rebanada de pastel. Pero no tardaron mucho en llegar Cléo y Noah a donde yo estaba, y con eso él se fue. Antes de irse me mencionó una fiesta que habría en una de las casas de dormitorio del campus, y la verdad no tuve ninguna gana de ir; no sentí sinceridad en sus disculpas.
Y de la nada Ethan venía a decirme eso, justo él que siempre estaba junto a Maya.
Y así fue como quedé tentada a ir a la fiesta. Y ahora estaba aquí en mi cuarto intentando encontrar una ropa que disimulara el pequeño aumento de mi barriga.
Cuando escuché el timbre, me puse rápido una camiseta holgada. En casa siempre andaba con shorts para dormir por comodidad y un top, porque rara vez recibíamos visitas; mejor dicho, no recibíamos ninguna.
Fui hasta la sala para ver quién era, ya que Cléo había abierto la puerta, pero me arrepentí al instante. Mi madrastra Carmem estaba parada en la sala con toda su belleza y su ropa de marca.
— ¿Entonces aquí es donde se metieron hace meses sin un mensaje para nosotros? —sentí su perfume dulce y empalagoso, pero no le respondí.
— ¿Qué haces aquí, mamá? —preguntó Cléo.
— Vine a ver a mi hija y a esta ingrata que ni se preocupa por su padre —apreté los puños con fuerza mirándola.
— ¿Ingrata? Él tomó su decisión. ¡Decidió creerles a ustedes y a Liam antes que a mí! —le alcé la voz.
— Ya sabes que estamos bien, ahora puedes irte, mamá —señaló la puerta.
— ¡No tengo la culpa de que no hayas podido retenerlo! —salí caminando en su dirección, pero Cléo se puso frente a mí con una mirada de cuidado, hay un bebé ahí.
— ¡Él me fue infiel y tú y él hicieron que mi padre no me creyera! ¡Le metieron en la cabeza que yo había sido infiel primero! —le grité.
— Mi sobrino es una persona joven y guapo; tú lo tenías enredado. Él tiene sus necesidades y encontró a alguien. Algo de una noche nada más, y tú hiciste un escándalo —dijo como si le diera gracia. Como si fuera algo normal.
Pero no lo era.
Él me fue infiel.
Y ella lo sabía.
Y no fue solo una vez; sé que no fue.
— Mamá, ya basta, vete —Cléo intentaba expulsarla, pero ella no parecía escuchar.
— Por tu culpa mi hija me trata así. Hiciste un escándalo tonto y le lavaste el cerebro. Y estoy segura de que Liam te fue infiel por eso: nadie aguanta estar cerca de ti. Ni tu padre aguanta. Ni tu madre... —Cléo la cortó al instante.
— ¡Basta, mamá! Estás siendo demasiado insensible y no lo voy a permitir —seguía frente a mí.
— No sé cómo te lavó el cerebro, pero ya me voy. Estás usando lo que tu padre te dejó desde que te fuiste; por eso fue fácil encontrarlas —se giró hacia mí—. Liam está loco por encontrarte para arreglar las cosas. Él sabe que al final lo vas a aceptar. Es el único que te quiere; no sé por qué te haces la difícil —y otra carcajada salió de ella—. Y dentro de poco vas a ser rechazada por esa facultad también.
Intenté decir algo, pero las náuseas empeoraron y me sujeté de Cléo, que me miró asustada. Era el peor momento para vomitar, pero ella me sostuvo y me ayudó a llegar al baño.
— ¿Estás bien? —asentí con la cabeza.
— Déjame aquí, ve a la sala. No confío en ella aquí —dije sintiendo las náuseas venir.
— No puedo dejarte... —le hice señas para que se fuera.
— Ve... —la arcada vino fuerte—, por favor —y vino de nuevo. Vomité todo lo que había comido en la mañana, y cuanto más sentía su perfume, más vomitaba. Supe que volvió a la sala cuando escuché la puerta del baño abrirse.
Cuando pasó, me senté sobre la tapa del inodoro después de jalar la cadena, levanté la cara hacia arriba y escuché los gritos de Cléo con su madre.
— Vete ahora. Solo piensas en ti, nunca cambias.
— Quiero ver que su padre le crea ahora cuando sepa lo que están escondiendo. Debí haber imaginado este cambio repentino. Está embarazada y no sirve de nada negarlo. Por eso está diferente. Y él lo va a saber —escuché la puerta cerrarse con fuerza. Ahora sabía que iba a ponerle la cabeza en contra, y no tenía caso que yo intentara explicar que cuando me mudé ni siquiera estaba embarazada; él no me creería.
Escuché la puerta abrirse y Cléo se agachó frente a mí.
— Perdóname por eso —no era su culpa; nunca lo fue.
— Tú no eres ella, Cléo. No tienes que pedirme perdón —parecía estar a punto de llorar—. Oye, no te pongas así —la jalé hacia mí y nos quedamos así un buen rato.
— Ven, te voy a ayudar a lavarte los dientes e ir al cuarto —me ayudó a levantarme y a lavarme los dientes, con miedo de dejarme sola.