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Coronaré Al Villano

Coronaré Al Villano

Status: Terminada
Genre:Maltrato Emocional / Hombre lobo / Reencarnación / Completas
Popularitas:330.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

Alana muere tras su deporte favorito. reencarna en el cuerpo de una mujer de la nobleza. Una mujer que al ver la situación del reino decide actuar para cambiarlo todo.

Pero esperen... Ella no actuará sola. Ayudará al villano a obtener poder y consigo, asegurar su futuro.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5: Defenderse.

Anabel no esperó a que la rabia se enfriara. Sabía que, si lo hacía, tal vez no volvería a reunir el valor necesario. Caminó directo hacia la oficina de Arturo. Cada paso era firme, medido. No iba a suplicar ni a negociar en silencio.

Tocó la puerta una sola vez.

—Pasa —dijo la voz de Arturo desde adentro.

Entró y cerró tras de sí.

La oficina era amplia, ordenada con una precisión rígida. Libros de cuentas, documentos sellados, mapas de tierras. Arturo estaba sentado en su escritorio, revisando unos papeles junto al escritorio. No levantó la vista de inmediato.

—¿Qué necesitas ahora? —preguntó sin mirarla.

—Quiero saber quién es el hombre con el que vas a casar a mi hija.

Arturo alzó la cabeza lentamente. Sus ojos se clavaron en ella con frialdad.

—Eso no es asunto tuyo.

—Es mi hija —respondió Anabel—. Tengo derecho a saber.

—Tienes derecho a callarte —replicó él—. Grecia no puede avergonzarme delante del duque. Ese hombre es el mejor partido que pude conseguir en la corte.

Anabel dio un paso más dentro de la oficina.

—¿Te refieres al duque enfermo? —preguntó—. El que apenas puede sostenerse en pie.

Arturo apretó la mandíbula.

—Precisamente —dijo—. Aunque esté enfermo, Grecia heredará todo. Tierras, títulos, riquezas. No volverá a pasar necesidades.

—Por eso la quieres casar rápido —dijo Anabel—. Antes de que muera.

El silencio cayó como una losa.

Arturo la fulminó con la mirada. Avanzó hacia ella con pasos lentos, peligrosos.

—Cuida tu lengua —dijo—. Estás cruzando un límite.

Anabel no retrocedió.

—Dime —continuó—. ¿Cuánto vale tu hija para ti? ¿Un título más? ¿Una herencia?

Arturo levantó la mano.

Por un segundo, todo pareció repetirse. El gesto, la intención, la amenaza suspendida en el aire.

Anabel no se movió. Lo miró fijamente.

—Atrévete —dijo—. Cobarde.

La palabra cayó pesada.

Arturo bajó la mano despacio.

—¿Cobarde? —repitió, incrédulo.

—Sí —respondió ella—. Nada más los cobardes como tú se atreven a golpear a una mujer.

El rostro de Arturo se tensó. La ofensa fue directa, profunda.

—Yo solo te educo —espetó—. Como la esposa que deberías ser. ¿Qué te pasa? Últimamente estás agresiva.

Anabel soltó una risa breve, seca.

—¿Educar? —dijo—. Llamas educación a usar los puños porque no sabes usar la cabeza.

Se dio media vuelta para irse.

Arturo reaccionó de inmediato. La tomó del brazo con violencia y la lanzó contra un mueble. El golpe le sacó el aire del pecho. El dolor recorrió su espalda, pero no gritó.

Arturo se acercó, con el puño cerrado.

—Aprenderás a respetarme —dijo.

Anabel vio el cuadro colgado a su lado. No pensó. Actuó. Lo arrancó de la pared con fuerza y lo estrelló contra la cabeza de Arturo.

El impacto fue seco.

Arturo se quedó inmóvil un segundo, con los ojos abiertos, sin comprender. Luego cayó al suelo, inconsciente.

Anabel respiraba con dificultad. Le temblaban las manos, pero no de miedo. De furia contenida durante años.

Se quedó mirándolo unos segundos. No sintió alivio. Pero tanto remordimiento.

—Esto se acabó —murmuró.

Se acomodó el vestido, ignorando el dolor en la espalda, y salió de la oficina.

No había dado diez pasos cuando un sirviente apareció en el pasillo.

—Señora —dijo con nerviosismo—. Hay una visita. Viene de parte del duque.

Anabel se quedó quieta.

—¿Dónde está? —preguntó.

—En el salón principal.

Asintió y siguió caminando como si nada hubiera pasado.

El salón estaba preparado. Una caja grande, finamente decorada, descansaba sobre la mesa. Junto a ella, una carta sellada. Grecia estaba allí, de pie, observándolo todo con cautela.

—¿Qué es esto? —preguntó Grecia al verla.

—Regalos —respondió Anabel—. Supongo.

Grecia abrió la caja con cuidado. Dentro había telas caras, joyas delicadas, y dos vestidos. Uno de seda pura, en tonos claros. El otro, de un azul rey profundo, elegante, imponente.

Tomó la carta y la leyó en silencio.

—Dice que son para su futura esposa —dijo finalmente.

Había sorpresa en su voz. No esperaba un gesto tan rápido.

Arturo apareció poco después. Su paso era firme, su expresión controlada, como si nada hubiera ocurrido. Al ver los regalos, su semblante cambió de inmediato.

—¿Ves? —dijo con satisfacción—. Sabe apreciar lo que vale la pena.

Grecia no respondió.

—Le mostré un retrato tuyo —continuó Arturo—. Quería que supiera cómo eras. Se fascinó con tu belleza.

Anabel apretó los dientes. Por lo menos debió quedar inconsciente una media hora. Y lo más extraño, está como si nada.

—Ahora debes enamorarlo más —añadió Arturo—. Si lo haces bien, nos dará toda la herencia sin objeciones.

Grecia cerró la carta despacio.

—¿Eso es lo único que te importa? —preguntó.

—Es lo único que importa —respondió él—. El resto es sentimentalismo inútil.

Grecia bajó la mirada. No dijo nada, pero su expresión se endureció.

—Me retiraré —dijo al fin.

Salió del salón con paso controlado.

Arturo observó cómo se iba y luego giró hacia Anabel. La satisfacción se borró de su rostro.

—No creas que olvidé lo de antes —dijo en voz baja—. Esto no se va a quedar así.

Anabel sostuvo su mirada.

—Haz lo que quieras —respondió—. Ya no te tengo miedo.

Arturo sonrió sin humor.

—Eso lo veremos.

Se dio la vuelta y se fue.

Anabel se quedó sola en el salón. El silencio volvió a instalarse. Miró los vestidos, la carta, la mesa llena de símbolos de una unión forzada.

Esta vez, no iba a resistir en silencio. Esta vez, iba a romper el juego desde dentro.

1
Irene Nievecita
autora te doy sinceras gracias, cada vez que leo una obra tuya, no solo me sube el ánimo, además me hace experimentar las vivencias de la protagonista, como sí fueran mías. eso se debe al talento que los dioses te han regalado, que uno las vive como propias. Te Felicito y agradezco el tiempo que nos regalas.
Irene Nievecita
Estuvo muy buena la historia, cada nueva obra supera por completo mis expectativas. Gracias por regalarnos tan generosamente tu talento y tu tiempo MUCHAS FELICITACIONES
Irene Nievecita
Estaba la maldita bruja del caos haciendo de las suyas, un día más que Jalek hubiese dejado pasar sin hablar habría perdido para siempre la oportunidad de estar con James lis tres juntos
Irene Nievecita
¿ De donde salio esa bruja y porque?
Irene Nievecita
¿ Qué se creen esos. buitres que las cosas son llegar y llevar y que Grecia está de adorno en esa casa? pues están muy equivocados ella es la duquesa y señora de la casa
Irene Nievecita
Me gusta mucho como actúan entre ellos, con absoluta confianza y eso los hace más fuerte
Irene Nievecita
Que le de el doble de sufrimiento, por hacer sufrir a Anabel
Irene Nievecita
Está más que interesante, ojalá mate ahora al marido de ella, por corrupto y golpeador de mujeres
Irene Nievecita
Así que rey sabe de los cobros demás, lo peor de los niños y jóvenes que se llevan a la fuerza, seguro que para venderlos.
Irene Nievecita
Yo quiero uno como se ve él, solo para mí 🤭🤭🤭🤭
Felicita Mateo
felicidades me a encantado toda tu historia felicidades sigue adelante
Verónica González
pequeña pervertida 🤣🤣🤣🤣
adelante, que te merecés una alegría /Sly//Bye-Bye/
Verónica González
ok, esto lo aclara todo
Verónica González
Ah, ya tenían sistema de agua corriente!! yo me los figuraba en la Edad Media más o menos 🤭
Verónica González
Pobres, y sufren en los intentos?😂😂🤭🤭🤭
Verónica González
Hasta que al fin!!!👏👏
Saysa
Una historia maravillosa!!!!
Magaly Bozo
EXCELENTE
Rosa Isela Sánchez Madrigal
hola tu hitoria me gusta mucho solo salvaje al duquesa porfa👏
Patricia Polo
en serio 🤭que emoción volvió 🥰aaahhh lo amo gracias escritora
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