⛈️🍒El amor Alfa x Alfa rompe todas las leyes de la naturaleza, nuevamente. 🍼🐺 ¿Se imaginan al imponente Min-hyuk con pancita y a Tae-jun liberando toda su cereza quemada para protegerlo? El cachorro Enigma ha llegado para reclamar su trono. 🍒⛈️
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Dinero
El dinero es el único motor capaz de mover los hilos del bajo mundo de Seúl. Es lo que todo el mundo quiere, la única llave que abre las puertas de la libertad o que compra el silencio de un verdugo. En un bar, donde el olor a alcohol barato, tabaco rancio y humedad saturaba el ambiente cerrado, Chang buscaba una salida para su propia miseria.
El exguardaespaldas Beta se encontraba sentado frente a un Alfa dominante del sector bajo, un viejo conocido que manejaba el tráfico de armas menores en el puerto. Chang buscaba ayuda, una debilidad en el perímetro del edificio de concreto reforzado del distrito industrial para poder ejecutar el asalto que Jun-seo tanto le exigía.
Sin embargo, en cuanto Chang terminó de explicar el plano analógico que había dibujado en su libreta, las facciones del Alfa se congelaron por el asombro. Dong-soo soltó una carcajada cargada de un desprecio soberano que desarmó la postura del Beta.
—Pensaba que eras un hombre de cerebro, Chang, y no un tonto que por una supuesta venganza va a cometer un suicidio —soltó el Alfa, mirándolo con una seriedad letal—. ¿Acaso no sabes a quién pertenece ese edificio? Ese lugar es la sede de Aura, propiedad exclusiva de Hendrik De Vries y Zen Grimhand. Esos dos hombres no juegan a los negocios. Mandaron a matar a sus propios padres y han exterminado a cualquiera que se haya atrevido a meter las narices en su camino.
Chang sintió que la boca se le secaba por completo, quedándose pálido y pensativo bajo la luz amarillenta del bar.
—Estás cavando tu propia tumba, amigo —continuó Dong-soo, inclinándose sobre la mesa de madera—. Olvídate de ese lugar y deshazte de Jun-seo de una vez por todas. A ese tonto desquiciado lo están buscando por todo Seúl. Tae-jun y los de Aura tienen los radares encendidos. Unos conocidos míos me confirmaron Tae-jun ya sabe que la rata se esconde en ese barrio pobre. Están a un milímetro de dar con el lugar exacto. Si te encuentran a su lado, te van a meter una bala en la frente antes de que puedas parpadear.
El Beta tragó saliva con dificultad, asimilando el pánico frío que le recorrió el cuerpo. El Alfa tenía toda la razón. Jun-seo era una rata de cloaca desahuciada que no tenía nada que perder, pero él sí quería seguir con vida.
—Además, piénsalo bien, Chang —añadió Dong-soo con una sonrisa calculadora—. Quizás esos hombres poderosos te den una jugosa recompensa si les entregas la cabeza de Jun-seo en una bandeja de plata. Aprovecha la oportunidad, entrégalo y lávate las manos antes de que la tormenta de sangre te salpique a ti también.
El dinero. Lo que todo el mundo quiere. La idea de obtener una fortuna y limpiar su nombre del fango encendió una chispa de ambición en la mente de Chang. Su lealtad hacia la rata, que de por sí era falsa, se rompió en mil pedazos en ese mismo segundo. Su verdadera salida de la miseria no era secuestrar a un bebé Enigma; era delatar a Jun-seo.
Una hora más tarde, en la central de control del último piso de Aura, el intercomunicador privado de Hendrik emitió un chasquido. La voz monótona y firme de Joel brotó de las bocinas, interrumpiendo.
—Señor De Vries, señor Grimhand... tenemos una anomalía en la entrada principal —anunció el viejo Beta con urgencia—. Un hombre solo, con ropas de obrero, se ha presentado de manera voluntaria en el perímetro exterior. Dice llamarse Chang y asegura tener información exacta sobre el paradero actual de Jun-seo.
Hendrik frunzo el ceño, su aroma a abedul alquitranado volviéndose denso por la molestia, mientras Zen dejaba su tableta a un lado, entornando sus ojos claros con una frialdad gélida. Al lado de ellos, Tae-jun, quien acababa de subir desde la suite médica tras dejar a Min-hyuk durmiendo bajo su escudo de feromonas, se enderezó de golpe. El tabaco dulce de su aroma mutó instantáneamente en un olor denso a cereza negra quemada, su fiera luz encendiéndose con una furia asesina.
—Hazlo ingresar, Joel —ordenó Tae-jun, con una voz suave y helada—. Pero bajo armas apuntando. Si intenta hacer un movimiento sospechoso, reviéntale la cabeza.
El proceso de entrada fue un espectáculo de máxima seguridad. Chang fue arrastrado por dos guardias armados hasta los dientes, quienes mantenían los cañones de los fusiles fijos en su nuca. Lo empujaron hacia el centro del laboratorio secundario de detención, obligándolo a ponerse de rodillas sobre el concreto.
Cuando Chang levantó la vista, se encontró frente a un muro indestructible de poder. Hendrik De Vries permanecía de pie con los brazos cruzados, una presencia masiva que llenaba el cuarto con su abedul ahumado. Zen Grimhand lo observaba desde el fondo con su habitual superioridad soberana, desprendiendo su rastro nítido de ginebra seca. Y en el centro, Kim Tae-jun lo miraba con una fijeza gélida de verdugo que le cortó la respiración al Beta.
—Vaya, Chang... la rata finalmente regresó —siseó Tae-jun, dando un paso hacia adelante, sus dedos jugando de manera distraída con el mango de un bisturí—. Habla ahora mismo si no quieres que te cortes los dedos. ¿Dónde está Jun-seo?
Chang mantuvo la calma a pesar del sudor frío que le perlaba la frente, obligándose sostener la mirada de la pantera.
—Sé perfectamente el juego en el que estoy metido, señor Kim —respondió Chang intentando que las feromonas de los Alfas dominantes no le quebraran el juicio—. Jun-seo me volvió a conectar hace semanas. Clonó un historial clínico y me obligó a montar guardia muy cerca de aquí. Él sabe que el señor Min-hyuk está en el quinto mes de embarazo. Sabe todo sobre el cachorro.
Tae-jun apretó la mandíbula con tanta fuerza que sintió un dolor agudo en los dientes, la rabia biológica de padre Alfa entrando en sobremarcha.
—¿Dónde se esconde? ¡Dame la dirección exacta ahora mismo! —rugió Tae-jun, liberando una ráfaga masiva y concentrada de su cereza quemada que obligó al Beta a encoger los hombros de golpe por la presión asfixiante.
—No les daré la ubicación exacta todavía —declaró Chang, tragando saliva con dificultad pero manteniendo su firmeza calculadora—. Jun-seo está completamente loco de remate. Me mintió diciendo que yo podría quedarme con el bebé para venderlo o usarlo. Yo solo quiero salvar mi propio pellejo.
El exguardaespaldas se acomodó de rodillas, redoblando la apuesta del trato.
—Les entregaré a Jun-seo en este mismo segundo, pero bajo mis propios términos —exigió Chang—. Quiero que me aseguren, por escrito y bajo la palabra de honor de sus apellidos, que saldré vivo de este edificio sin cargos legales. Y además... quiero dinero. Una fortuna lo suficientemente grande en cuentas anónimas del como para abandonar Seúl antes del amanecer y no volver a pasar hambre en mi vida. Ese es mi precio.
Hendrik De Vries soltó una risa.
—Tienes agallas para pedir dinero, Beta —intervino Hendrik, dando una zancada pesada—. Pero tu información vale el precio del riesgo si mantiene el vientre de Min-hyuk a salvo.
Tae-jun no titubeó ni un segundo. En el mundo del Alfa rey, los millones de la bolsa de valores no significaban absolutamente nada frente a la estabilidad biológica de su nido y la vida de su lobo gestante. Estaba firmemente dispuesto a pagar una fortuna entera con tal de tener a la rata de Jun-seo entre sus manos para cortarle la cabeza.
—Trato hecho, Chang —declaró Tae-jun, con una sonrisa ladeada, fría y peligrosa que pareció bajar la temperatura del cuarto un par de grados—. Ejecutaré la transferencia de criptomonedas anónimas a tus servidores privados en este mismo instante. Tendrás tus millones y saldrás caminando por esa puerta con un pasaporte falso para el extranjero antes de que el sol salga. Pero si la dirección que me das es falsa, o si Jun-seo se escapa del perímetro por tu culpa, juro por el apellido de mi familia que te cazaré en el rincón más remoto del planeta para arrancarte la piel con mis propias manos. Dame la ubicación.
Chang, sintiendo el peso del dinero ya asegurado y el alivio de haber salvado el cuello de la tormenta de sangre, asintió con la cabeza.
—Está escondido a tres kilómetros de aquí —delató Chang, soltando la verdad—. Asaltó el departamento de una anciana Omega indefensa que vive sola. No tiene teléfonos ni señales inalámbricas encendidas; se mueve en la más absoluta sombra. El número del departamento es el 104 del edificio despintado de la calle principal. Ahí lo tienen.
Tae-jun se dio la vuelta con su elegancia habitual, acomodándose las mangas de su camisa negra con orgullo de rey triunfador. El terreno por fin estaba claro y la rata ya no tenía dónde esconderse en la oscuridad. El contraataque de los lobos reyes acababa de ponerse en marcha, y esta vez, la cacería no dejaría con vida a la rara.
🧚🫧 ¡Ay, mis Chickis, qué traición tan épica por el precio del dinero! 🤭✨ Chang se lavó las manos. ¡Se viene la balacera sangrienta contra la rata! 🚨🩸 No se olviden de dejar sus reacciones: 👍🌟🎁 dejen mucho amor en los comentarios y nos vemos en el Capítulo 18. ¡Besitos, mis bebés! 🫧🧚