NovelToon NovelToon
A Merced Del Magnate Cruel.

A Merced Del Magnate Cruel.

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Embarazo no planeado / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.6M
Nilai: 4.9
nombre de autor: brida cruz

En la víspera de su boda, Anastasia solo esperaba una noche de risas con sus amigas en su despedida de soltera. Sin embargo, una decisión impulsiva la lleva a cruzar la línea de lo prohibido. Embriagada por la emoción y el deseo de sentirse libre por última vez, despierta al día siguiente en la habitación de un hombre que no debería siquiera rozar en sus sueños.

Él no es un desconocido cualquiera: Damián Volkov, un magnate temido por su crueldad, un hombre sin piedad que jamás perdona una traición. Un depredador que la ve como una presa que entró por voluntad propia a su propio juego.

Lo que comenzó como un plan se convierte en una obsesión peligrosa. Entre amenazas, secretos y una atracción que no debería existir, Anastasia descubrirá que una sola noche puede cambiarlo todo: su futuro, su matrimonio… y hasta su vida.

Porque Damián no solo es un magnate Cruel también es el medio hermano de su prometido y ella está enmedio de una guerra.

NovelToon tiene autorización de brida cruz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

En cualquier otro lugar.

La risa de Damián resuena en todo el lugar, grave y burlesca. Su voz llena la cafetería con un aire pesado, incómodo, mientras todos los presentes bajan la mirada.

 —Hagan el favor de irse —les digo intentando mantener la calma, aunque por dentro solo quiero desaparecer.

 Mi voz tiembla, y sé que lo notan. Damián sonríe con ese gesto altanero que siempre usa para humillar a los que consideraba inferiores. Yajaira, con su tono venenoso, suelta con fingida dulzura:

 —Ania, mejor ofrécenos el menú, ¿no?

 Trago saliva, esperando que Damián diga que no, que jamás se rebajaría a eso, que simplemente se iría. Pero no. Como si leyera mis pensamientos, asiente despacio.

 —Un café sin azúcar —ordena, con una sonrisa que me hiela la sangre, y camina hacia una mesa.

 Quiero gritarle que se larguen, que no los quiero ahí, que ese lugar es mi refugio. Pero no puedo. No es mi cafetería, es de Darío, y no puedo causarle problemas. Si armo un escándalo, los clientes se irán, y no quiero hundir el negocio de quien tanto ha hecho por mí.

 Observo cuando una de las empleadas les lleva la carta. René no deja de mirarme; su mirada es un ruego silencioso, una súplica que no entiendo o que simplemente no quiero escuchar. Lo ignoro, y trato de concentrarme en limpiar una mesa vacía, aunque mis manos tiemblan.

 Respiro hondo, esperando que todo termine pronto. Siento un alivio cuando les sirven lo que pidieron, pero Yajaira, como si disfrutara cada segundo de mi incomodidad, le dice algo al oído a la empleada. Ella se acerca con la bandeja en las manos.

 —Quieren que usted los atienda —me dice con una mezcla de compasión y duda.

 —Estoy ocupada —respondo fingiendo que limpio, aunque mis dedos se aferran al trapo como si fuera un escudo.

 La mujer sonríe levemente.

 —Mire, no la conozco, pero se nota que esa mujer quiere hacerla quedar mal. No deje que lo logre. No sé qué pasó entre ustedes, pero no se deje, ¿sí?

 Me entrega la bandeja, y la sostengo con las manos temblorosas. Camino hacia la mesa sintiendo las miradas sobre mí. Primero sirvo el té de René; sus dedos rozan los míos y, por un instante, el tiempo parece detenerse. Luego sirvo el café de Damián, evitando mirarlo. Por último, coloco la taza frente a Yajaira. Ella sonríe… y de pronto, sin previo aviso, se lanza el contenido encima.

 —¡Fíjate! Mi ropa, la has manchado —grita fingiendo sorpresa, aunque sus ojos brillan con malicia.

 Aprieto la bandeja contra mi pecho, conteniéndome para no llorar ni gritar. René se levanta de golpe.

 —Yajaira, basta. Vamos —dice con tono firme, intentando controlar la situación.

 Saca su cartera, pero ella se la arrebata con furia.

 —¡No pagarás nada! —vocifera—. Ella se cobra de otra manera. Sé que tú le compraste este lugar para revolcarte con ella en el segúndo piso que mandastes a construir para tu zorra.

 El silencio que sigue es brutal. Damián se levanta despacio, empuja la silla hacia atrás con fuerza y se marcha sin decir palabra. René la enfrenta.

 —Te dije que basta —le advierte y, sacando dinero de su cartera, lo deja sobre la mesa. Me mira con pesar.

 —Lo siento, Ania —susurra, antes de tomar a Yajaira del brazo y sacarla a la fuerza.

 La empleada de antes se acerca enseguida a limpiar la mesa, moviendo la cabeza con desaprobación.

 —Qué vergüenza de gente… —murmura.

 No respondo. Mis manos siguen temblando. Miro hacia la puerta y, sin pensarlo, corro tras ellos. Afuera, el aire es fresco, pero mi corazón late tan rápido que apenas puedo respirar. Busco con la vista los autos. Distingo el de René al otro lado de la calle y el de Damián, estacionado un poco más adelante.

 —¡Señor Damián! —le grito.

 Él se detiene, gira el rostro hacia mí. Sus lentes oscuros impiden que vea sus ojos, pero su sonrisa es suficiente para helarme. Camino hasta quedar frente a él.

 —Quiero ver los papeles que mi padre le firmó —digo con voz firme—. Los documentos con los que se quedó con su empresa.

 Él sonríe, satisfecho, como si hubiera estado esperando ese momento.

 —Mañana al mediodía la espero en la empresa —responde.

 —¿En la de mi padre? —pregunto.

 —En la mía —corrige con burla.

 —¿Cuál de las dos? Tengo entendido que usted ya posee otra.

 —En una de las dos tengo que estar. Sea puntual. No me gusta esperar a nadie —dice antes de cerrar la puerta del carro y marcharse.

 Me quedo ahí, en medio de la calle, observando cómo el auto desaparece en la distancia. René me mira desde su coche con expresión molesta, mientras Yajaira sonríe triunfante.

 Vuelvo a la cafetería, tratando de calmarme. Después de un rato, la puerta se abre nuevamente. René entra y se acerca con paso decidido.

 —Quiero hablar contigo, pero no aquí —dice en voz baja.

 Dudo un instante, pero finalmente dejo a una de las empleadas encargada del mostrador y salgo con él. Abre la puerta del coche, y antes de entrar le advierto:

 —Si Yajaira vuelve a intentar algo contra la cafetería, esta vez no me quedaré callada.

 —Ya no hará nada, te lo prometo —responde, mirándome con esa mezcla de ternura y culpa que solía confundirme.

 Suspiro y entro. Conduce como antes, con calma, como cuando salíamos juntos a cualquier parte. Los recuerdos me golpean sin piedad: las risas, los planes, los días en que todavía creía en él.

 Se detiene en un semáforo, baja la ventanilla y le paga a un vendedor ambulante. Cuando vuelve, me entrega un ramo de rosas rojas.

 —A Yajaira le encantarán —digo con ironía, sin mirarlo.

 —Las compré para ti —responde con seriedad.

 Las dejo a un lado, incapaz de aceptarlas.

 —¿No te gustaron? —pregunta, con esa voz que intenta sonar suave.

 —¿René, qué quieres? —le digo agotada.

 Se orilla y apaga el motor.

 —A ti. Eso quiero —dice mirándome fijo.

 Siento un nudo en el estómago.

 —Eso ya no es posible. Tú te casaste con Yajaira.

 Él toma aire y se gira hacia mí.

 —Solo por un año. Eso te pido. Espérame por un año, y tú y yo podremos irnos lejos —me dice con desesperación.

 Niego, sin poder creer lo que oigo.

 —René… —susurro, pero él me toma el rostro entre sus manos, obligándome a mirarlo.

 —Solo un año, mi amor. Yo te amo, no a ella. Yajaira lo sabe. Nunca la he tocado, jamás lo haría. Nuestra boda fue un arreglo, nada más.

 Mis labios tiemblan.

 —¿Cómo es eso? —pregunto con voz temblorosa.

 Él suspira, bajando la mirada.

 —Tu padre hizo un convenio con el mío antes de morir. Ofreció tu herencia para asegurar el futuro de Yajaira, en caso de que algo le pasara.

 Lo miro, confundida, con el corazón hecho pedazos.

 —Eso no puede ser verdad… —susurro, más para mí que para él.—El nunca haría algo así.

 Pero en el fondo, una parte de mí sabe que detrás de cada palabra hay una sombra de verdad. Una sombra que ha estado persiguiéndome desde que perdí a mi padre… y que ahora, más que nunca, amenaza con destruir todo lo que soy.

1
Luzmary Evariste
🤣
Melany Taberas
A mi me fascinoooo!! Espectacular!!
Giovana Iacono
El libro estuvo muy buenos.
Ana Chiquillo
excelente autora 🥰👏
Agripina Botines
cien años de soledad...jeje
Moni Casco
No era su media hermana?
Francisca Alcantara
😡😡Ese tipo es un degraciado
Francisca Alcantara
Esa chica no tiene tranquilidad
Francisca Alcantara
Lo mejor que ella pudo hacer fue irse lejos
CSQS61
JAJAJAJAJA autora fue lo mejor del capítulo jajajaj amo el personaje de Damián es como muy serio pero defiende a su mujer estoy enamorada de un personaje ficticio jajaja
Anonymous
No puedo darle me gusta por la protagonista lo siento pero no me gustó nada que ella fuera tan sumisa
Aurora Rico
Gracias por tu talento y por tu tiempo, recomienda otra de tus obras por favor 🌹🌹
patricia gallardo
es buena la novela pero la trama se mueve hay mismo veo que no avanza 🤭
Antonia Garcia
Me a gustado mucho felicidades autora gracias por compartir
claudia Maria Villalobos Montero
hermosa historia
Yelitza Goyo
creo que el tema fue bueno
Aurora Rico
Magnífico, gracias autora.
Aurora Rico
Excelente trabajo, felicitaciones 🌹🌹
Yelitza Goyo
volvio al formato de antes no sabemos que piensa el sus miedos sus planes sus emociones y sentimientos lo que hace que todo lo que narra la autora lo pongan como un tirano psicopata loco osea se perdio nuevamente la parte humana de el
Mirna Lobo
la verdad no sé cómo la escritora logrará arreglar ésta trama , porque ya uno le tiene arrechera a todos los personajes empezando por los protagonistas, será que habrá un milagro 🤔
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play