Kira es una loba fuerte y decidida, el tesoro más resguardado de la manada central. Durante la noche de su vigésimo cumpleaños, frente a la gran piedra ancestral, su destino parece sellarse al estallar el lazo de pareja con Jared, el Alfa del Este. A pesar de las dudas de su padre y sus hermanos mayores, Kira marcha con él a sus tierras, pero la convivencia no es lo que esperaban: el vínculo se siente vacío, no hay pertenencia y el dolor no aparece cuando deciden rechazarse de mutuo acuerdo.
Tras regresar a su hogar sumida en la incertidumbre, su tía le propone un viaje desesperado hacia el Reino de la Noche para buscar la sabiduría del vampiro Vlad. Allí, la Bruja Madre le revelará una maldición ancestral que pesa sobre la tercera generación de su sangre, condenándola a un desfile de parejas falsas. ¿Podrá Kira romper el castigo de la deidad y reconocer el verdadero latido de su corazón cuando el enigmático Aidan se cruce en su camino? Descúbrelo en el quinto y último libro de la saga
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CAPITULO 8. CONSEJO EN LA NIEBLA.
El fuego de la inmensa chimenea de piedra de la casa de la manada central crujía con fuerza, pero el calor de las llamas no lograba disipar la frialdad que se había instalado en el ambiente. Llevábamos horas reunidos en el gran salón circular, el mismo rincón donde tantas veces habíamos celebrado momentos hermosos. Hoy, sin embargo, el espacio parecía una sala de juicios. Me encontraba sentada en uno de los sofás de cuero, con las manos rodeando una taza de té caliente que mi madre me había servido para reconfortarme tras el largo viaje de regreso desde el Este.
A mi alrededor, la familia al completo permanecía en un silencio espeso, roto únicamente por el crujido de la madera al quemarse.
Mi padre caminaba de un lado a otro frente al gran ventanal, con los brazos cruzados y el semblante endurecido en una postura rígida que denotaba que su mente calculadora no encontraba una salida lógica a lo que acababa de presenciar. Mis dos hermanos mayores se encontraban de pie junto a la barra de madera; el mayor, con una fijeza preocupada en su mirada, y el menor, apoyado contra la pared con los puños cerrados dentro de los bolsillos. Mis cuñadas, que siempre aportaban alegría a la vivienda, permanecían sentadas en el flanco izquierdo, intercambiando miradas colmadas de una agónica incredulidad.
—Llevo décadas revisando las actas de nuestro territorio y los tratados de paz de las fronteras secundarias —rompió el silencio mi padre con su voz profunda, ronca y baja, deteniendo sus pasos frente a la mesa de piedra—. Jamás, en toda la historia de nuestros clanes, se ha registrado un caso de rechazo indoloro. Cuando dos lobos disuelven el lazo de forma voluntaria, la ley de la sangre exige un desgarro absoluto. La carnicería espiritual es tan brutal que deja a los Alfas postrados en el suelo, debilitando sus estructuras por meses. Que Kira y Jared se hayan separado sin sentir el menor rastro de dolor carece por completo de sentido.
El menor de mis hermanos mayores dio un paso al frente, asimilando la agitación de la estancia con un tono ronco que reflejaba su frustración.
—Yo estuve allí, papá —intervino, ajustándose los puños de su sudadera oscura—. Entramos al despacho del Este esperando encontrar a nuestra hermana destruida por la ruptura y nos topamos con una escena totalmente plana. Jared estaba perfectamente y Kira recogía su equipaje como si rompieran un simple contrato de papel. Los canales biológicos de su loba, Vesta, están intactos. No hay debilidad, no hay llanto agónico, no hay nada. Es como si el vínculo nunca hubiera existido en sus adentros, a pesar de que todos vimos saltar la chispa eléctrica la noche de su cumpleaños.
Mis dos cuñadas se inclinaron hacia el frente de forma simultánea. La Luna de mi hermano mayor, con esa ternura infinita que la caracterizaba, barrió mis facciones con una profunda sensibilidad.
—Cuando mi lazo con tu hermano se vio amenazado en el pasado, el simple pensamiento de la distancia me trituraba el alma —confesó mi cuñada en un susurro claro, mirando a mi madre—. El vínculo de pareja es un fuego que te quema las venas. Que Kira haya convivido cinco meses con Jared y que al separarse no hayan sentido el menor desgarro emocional demuestra que esa unión era una farsa invisible. Pero lo que no logramos comprender es cómo la deidad pudo encender un lazo tan vacío en mitad del altar.
Mi tía permanecía en un rincón apartado de la estancia, manteniéndose en un silencio cauteloso que me llamó la atención. Sus ojos oscuros seguían mis movimientos con una fijeza severa, como si sus propios conocimientos sobre la energía y los secretos de la sangre le estuvieran sugiriendo una encrucijada mucho más peligrosa de lo que el resto de los líderes imaginaba en sus sienes. El desespero por no encontrar respuestas lógicas comenzó a asfixiar la atmósfera del salón, atrapándonos a todos en un laberinto de incógnitas cruzadas que amenazaba con romper la tregua de nuestro hogar mucho antes de que el sol terminara de descender por el horizonte nevado.