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Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Romance / Fantasía LGBT
Popularitas:560
Nilai: 5
nombre de autor: Damian Benitez

una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)

NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La mortal que desafió al Olimpo

Habían pasado dos semanas desde que Zeus anunció su ultimátum.

El mundo había cambiado por completo.

Las calles, antes llenas de personas apresuradas, ahora estaban casi desiertas. Muchos negocios habían cerrado y el desempleo aumentaba cada día. Algunos se rendían, otros culpaban a los dioses, mientras unos pocos seguían luchando por sobrevivir.

Entre esos pocos estaba Sara.

Cada mañana se levantaba antes del amanecer. Ayudaba en el huerto del anciano, descargaba mercancías en el mercado cuando llegaban algunos suministros y, por las noches, limpiaba una pequeña posada a cambio de un plato de comida y unas monedas.

Dormía apenas unas horas.

Aun así, nunca dejaba de sonreír.

En el Olimpo, el Espejo del Mundo mostraba la rutina de la joven.

—No lo entiendo... —dijo Ares, sin apartar la vista del espejo.

A su lado, Hermes sonrió con picardía.

—¿Qué es lo que no entiendes?

—¿Por qué sigue trabajando? Ya ganó suficiente comida para su familia.

Hermes soltó una pequeña risa.

—Porque no trabaja solo para ella.

En ese momento, la imagen cambió.

Sara entregaba parte de las verduras del huerto a una viuda que vivía con sus dos hijos.

—No puedo aceptarlas —dijo la mujer.

—Claro que sí. Nosotros todavía tenemos un poco de arroz en casa.

—Pero ustedes también necesitan comer.

Sara sonrió.

—Si compartimos, alcanzará para todos.

Hermes cruzó los brazos.

—Esa es tu respuesta.

Ares permaneció en silencio.

Nunca había comprendido ese tipo de fortaleza.

En las guerras que él inspiraba, los hombres luchaban por gloria, poder o venganza.

Sara luchaba por personas que ni siquiera conocía.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Mientras tanto, Afrodita observaba la misma escena desde el jardín del Olimpo.

Una suave sonrisa apareció en su rostro.

—Tiene un corazón hermoso...

A su lado apareció Hera.

—¿Hablas de la humana?

Afrodita asintió.

—Sí.

—Ten cuidado.

—¿Por qué?

Hera miró hacia el palacio.

Zeus no quiere que ninguno de nosotros se involucre con los mortales durante esta prueba.

Afrodita suspiró.

—Solo la observo.

Pero, en el fondo, sabía que era mentira.

Cada día sentía más curiosidad por aquella joven.

Esa misma tarde, Sara caminaba de regreso a casa cuando escuchó gritos.

—¡Ayuda!

Un carro cargado con sacos de trigo descendía por una calle empinada sin control.

Un niño pequeño estaba justo en medio del camino.

La gente corría para ponerse a salvo.

Nadie se acercaba al niño.

—¡Muévete! —gritaban.

El pequeño estaba paralizado por el miedo.

Sin pensarlo dos veces, Sara dejó caer su mochila y corrió.

El carro estaba cada vez más cerca.

En el Olimpo, varios dioses se pusieron de pie.

—¡Va a morir! —exclamó Hermes.

Ares dio un paso al frente.

Su instinto era intervenir.

Pero recordó la orden de Zeus.

Ningún dios debía ayudar a los humanos.

Apretó los puños con fuerza.

—¡Vamos, muévete...!

Sara alcanzó al niño en el último segundo.

Lo abrazó y ambos rodaron por el suelo.

El carro pasó rozándolos antes de estrellarse contra una pared de piedra.

El silencio invadió la calle.

Después comenzaron los aplausos.

El niño abrazó a Sara llorando.

—Gracias...

Ella respiraba con dificultad.

Tenía varios raspones en los brazos y una herida en la frente.

Aun así, sonrió.

—Ya pasó todo.

En el Olimpo...

Ares soltó lentamente el aire que había contenido.

Sin darse cuenta, había estado preocupado.

—Qué humana tan imprudente...Hermes soltó una carcajada.

—No parecía que estuvieras enojado.

—Solo... fue una decisión absurda.

—¿Absurda o valiente?

Ares no respondió.

No podía quitarse aquella escena de la cabeza.

Esa noche, Zeus convocó nuevamente a los dioses.

—He observado el comportamiento de los mortales.

Todos guardaron silencio.

—La mayoría sigue buscando culpables.

El Espejo del Mundo mostró personas peleando por comida y saqueando almacenes.

Pero entonces apareció otra imagen.

Sara ayudando a reconstruir el techo de una casa destruida por una tormenta.

Zeus frunció ligeramente el ceño.

—Esa joven...

Afrodita sonrió con discreción.

Ares permaneció completamente serio.

Zeus continuó.

—Es una excepción.Atenea respondió con calma.

—A veces una sola persona puede inspirar a muchas más.

Zeus negó con la cabeza.

—Una sola chispa no detiene una tormenta.

Más tarde, cuando todos abandonaban el salón del trono, Ares se quedó mirando el Espejo del Mundo.

Por primera vez en siglos...

Sintió deseos de conocer a un ser humano.

No para luchar.

No para castigarlo.

Solo quería entender qué hacía tan diferente a Sara.

Desde una de las columnas, Afrodita observó al dios de la guerra con una sonrisa divertida.

—Así que no soy la única interesada...

Ares la miró de reojo.

—No digas tonterías.

—¿Seguro?

—Solo quiero saber por qué nunca se rinde.

Afrodita rió con dulzura.

—Eso dices ahora...

Pero ambos ignoraban que aquel interés era apenas el comienzo.

Muy pronto, el destino los llevaría a descender al mundo de los mortales, donde conocerían a Sara cara a cara.

Y, cuando eso ocurriera, ninguno de los tres volvería a ser el mismo.

Fin del Capítulo 3.

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