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Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Pareja destinada
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.

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LA MAGIA Y EL DESEO QUE CRECE.

—Te ves como yo hace unos años —le dijo un día mientras miraban a sus esposas conversar bajo un árbol—. Obsesionado con ella, pendiente de cada respiración, deseándola más que cuando la conociste... Pensé que eso solo me pasaba a mí con Amara, pero veo que es la marca de nuestra familia. Cuando encontramos a la mujer correcta, el deseo nunca baja, solo crece. Y el embarazo... Dios, hermano, verla crecer con tus hijos... es lo más excitante y hermoso que existe.

Amir sonrió, mirando a Nalia, que reía con Amara, con su vientre ya muy visible y su belleza deslumbrante.

—Tienes razón —respondió él con voz baja, llena de intensidad—. A veces siento que voy a estallar de amor y de deseo. Quiero cuidarla, protegerla... pero también quiero llevármela a la cama, quiero hacerle el amor una y otra vez, quiero que sepa que sigue siendo la mujer que me volvió loco desde el primer momento. Nada cambia eso. Al contrario... todo lo hace más fuerte.

Y no muy lejos de allí, Layla y Caelan observaban todo con una felicidad inmensa. Layla, siempre inquieta y guerrera, a veces se sentaba junto a Nalia y le hablaba con pasión de cómo enseñaría a pelear a los pequeños, de cómo serían los mejores espadachines y magos de todos los tiempos.

—Les enseñaré a defenderse, a atacar, a no tener miedo a nada —decía ella con entusiasmo, acariciando el vientre de su cuñada—. Serán orgullosos, fuertes y testarudos, igual que su tía Layla.

Caelan, más tranquilo y sabio, sonreía y asentía, mirando a su propia esposa con ese amor infinito que siempre tenía en los ojos. Sus hijos, Elion, Thalia y Eren, ya más grandes y responsables, prometían ser los mejores protectores de sus nuevos primos, dispuestos a cuidarlos con su vida si era necesario. Y Caelan, que sentía la magia correr por todo el palacio, sabía que algo más estaba pasando.

—La vida se multiplica aquí —le dijo a Layla un atardecer, mientras caminaban solos—. Siento el aire cargado de nuevas vidas. No solo con Amir y Nalia... Mírate tú, mi amor. Tú también brillas diferente.

Layla se detuvo, sorprendida, y se puso las manos sobre su propio vientre, que hasta ese momento no había notado cambios. Pero al mirar a Caelan, vio en sus ojos la certeza absoluta.

—¿Tú crees...? —empezó ella, con la voz temblando de emoción.

Él asintió, acercándose para abrazarla y besarla suavemente.

—Estoy seguro —le susurró—. La magia de Nalia ha despertado la fertilidad en todo el reino, en toda la familia. Y nuestro amor... nuestro amor siempre crea vida. Pronto, mi guerrera... pronto tú también llevarás otro regalo en tu interior. Y nuestros hijos crecerán juntos, fuertes y unidos, como siempre lo hemos soñado.

Pero mientras la alegría y la preparación llenaban los días, las noches seguían siendo el refugio secreto y ardiente de las parejas.

Karim y Amara, aunque ya padres de cuatro hijos, seguían siendo la tormenta y el fuego que siempre fueron. Una noche, Amir y Nalia pasaron cerca de sus aposentos y escucharon lo que ya era habitual: el sonido rítmico y fuerte de la cama golpeando contra la pared, mezclado con los gemidos largos y satisfechos de Amara y la voz potente y dominante de Karim.

—¡Mía! ¡Tuya! ¡Siempre tuya! —gritaba ella, con esa voz que se rompía de placer—. ¡Más fuerte, mi rey! ¡Hazme sentir que soy tuya hasta el último rincón!

—¡Siempre, mi reina! —respondía él, con respiración agitada—. ¡Nunca te dejaré de amar, nunca te dejaré de desear! ¡Eres mi adicción, mi vida entera!

Y más allá, en las habitaciones de Layla y Caelan, el ambiente era igual de intenso, aunque diferente. Se escuchaba la risa alegre y desafiante de Layla, mezclada con suspiros y gemidos, y la voz profunda y tranquila de Caelan que siempre sabía cómo llevarla al límite.

—¡Me vuelves loca, mago mío! —decía ella, con la voz ronca—. ¡Siempre sabes dónde tocar, dónde besar, cómo hacerme perder la cabeza!

—Porque te conozco, mi amor —respondía él suavemente—. Conozco cada parte de tu cuerpo, cada deseo, cada necesidad. Y hoy, como siempre, te daré todo lo que pides... y mucho más.

Amir apretó la mano de Nalia al escuchar todo eso, y ella le devolvió el apretón, sonriendo con complicidad y deseo. Sabían que ellos no eran diferentes, que su pasión era igual o mayor, y que cada noche, su propia habitación se llenaba de los mismos sonidos, de la misma entrega total.

Se retiraron a su refugio, y esa noche, Amir quiso hacer algo especial. Quiso adorarla, querer demostrarle con su cuerpo y su amor cuánto la valoraba, cuánto la deseaba. Hizo que se recostara cómodamente, con almohadas que sostenían su espalda y su vientre, y él se acomodó entre sus piernas, mirando ese cuerpo que tanto amaba, abierto para él, brillante, húmedo y listo.

—Hoy te comeré entera, mi vida —le dijo él con voz ronca y llena de promesas, mientras acariciaba sus muslos suaves y abría sus carnes rosadas y calientes—. Hoy haré que olvides todo, que solo sientas mi boca, mi lengua, mi amor. Hoy te haré volar alto, muy alto, sin que me detenga en ningún momento.

Y lo hizo. Amir usó su boca con una destreza y una pasión infinitas. Besó, lamedió, succionó y recorrió cada centímetro de su intimidad, haciéndola retorcerse, gemir, gritar su nombre, agarrarse de las sábanas y de su cabello con fuerza, perdiendo la cabeza una y otra vez. Nalia se entregó a él con todo su ser, levantando sus caderas hacia su boca, pidiendo más, más, siempre más, sintiendo cómo él la adoraba, cómo la hacía suya, cómo la hacía sentir la mujer más deseada del mundo.

Y cuando ella ya no podía más, cuando estaba empapada, temblando y llena de placer, él se levantó, se acomodó sobre ella con cuidado, guió su dureza inmensa hasta la entrada de ella, y se hundió despacio, profundo, llenándola por completo, uniéndose a ella en ese abrazo que los definía.

—Te amo... te amo... te amo... —repetía él, mientras se movía dentro de ella con un ritmo que combinaba fuerza y ternura, golpeando suavemente contra su interior, sintiendo cómo ella se apretaba alrededor de él, recibiéndolo todo—. Eres mi todo, Nalia. Mi esposa, mi reina, la madre de mis hijos, mi amor eterno.

Esa noche, mientras descansaban abrazados, con la respiración calmada y los corazones llenos, Nalia se quedó mirando la luz de la luna que entraba por la ventana, y puso su mano sobre la de Amir, que descansaba sobre su vientre.

—Pronto llegarán —susurró ella con dulzura—. Pronto nuestros hijos estarán con nosotros. Y entonces, nuestra historia será aún más grande. Pero nada... nada cambiará esto. Nada cambiará lo que somos tú y yo.

Amir la besó en la frente, abrazándola con fuerza, sintiendo la paz absoluta.

—Nada —respondió él—. Porque lo que tenemos nosotros... es para siempre. Y mucho más allá.

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Michel Yandi
está muy buena la historia 👏
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