Un grupo de amigos y una policía encubierto arriesgan sus vidas, tratando de acabar con la corrupción que azota la ciudad.
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CAPÍTULO 2O
En ese momento entraba Rony, Germán al verlo se apresuró para ir a su encuentro.
—¡Me querés mentir a mi! — dijo Mario, mientras su compañero se alejaba— ¡Saliste con la morocha! ¡Arrancá de acá! ¡A papá mono con bananas verdes!...
Rony, al ver a Germán se acercó a él.
—¡Buen día, Germán! ¿No sabés si el patrón todavía está arriba?
—¡Buen día, Rony! Justamente me dejó un mensaje para vos... Él tuvo que salir a hacer una diligencia, dice que lo esperes que no tarda...
—¡Aaa, bien! ¿Hace mucho que salió?
—Hace unos diez minutos más o menos...
—Entonces lo espero acá...
—¿Querés tomar un café?
—Bueno, dale. Te agradezco...
—¡Mozo! ¡Un café, por favor!... — pidió Germán a Mario, que aún se encontraba cerca del mostrador.
Mario, al oírlo hizo un gesto con la cara y se encogió de hombros.
—¿Por qué no le servís vos?.. —murmuró, para que Rony no lo oyera.
—¡Mozo! ¡Por favor, le pedí un café!
¿Escuchó? —Germán se divertía con los gestos de su compañero.
—¡Sos un hdp! —le increpó Mario, e igualmente se dirigió a la cocina a traer el café, mientras Germán se retorcía de la risa.
—Rony, mirá... tengo que preguntarte algo. Vos sabés que nosotros nos conocemos hace años, no te digo que somos amigos... pero creo que hay cierta confianza entre nosotros, ¿estás de acuerdo?
—Si... es cierto, no somos amigos pero nos tenemos confianza...
—¡Bien!... El asunto es que tengo una amiga que está escribiendo una novela, la trama de la historia trata básicamente de mafias, crímenes, narcos y ese tipo de cosas...
—¡Qué bueno! Felicita a tu amiga de mi parte, pero... ¿yo que tengo que ver en esa historia?
—No, no tenés nada que ver... Pero podrías ayudarla a desarrollar la trama...
—¿Yo? ¡No creo!... Lo mío no es la escritura...
—No te estoy pidiendo que escribas nada. A ella le basta con que vos le des cierta información, ¿entendés?
—¡Ni jota! ¿Podés ser más específico?...
—El asunto es que uno de los protagonistas es medio pelado, gordito, bastante bajo y feo. Se parece a Alonso, pero no es Alonso...
—No es, pero es bastante parecido. ¿Será el hermano gemelo?
—¡Puede ser!... Lo cierto es que este tipo es un mafioso de primera categoría. Aparte de ser narcotraficante, tiene algunos casinos y prostíbulos completamente ilegales.
Al parecer, estos antros de perdición funcionan durante la noche, escondidos en sótanos bajo construcciones antiguas de la ciudad, los cuales muy pocas personas conocen.
—¡Mirá que bien! El mafioso se ve que es inteligente, tiene casinos y quilombos en los sótanos. A nadie se le ocurriría sospechar ni buscar en los lugares así...
—¡Exacto! El hecho es que para escribir sobre cómo funcionan esos antros, mi amiga necesita información extra. Por ejemplo, ella tiene saber que tipo de gente frecuenta esos lugares, cuales son los protocolos para ingresar, como se maneja el tema de la droga , en fin, con todos esos datos ella podría realizar una descripción más verosímil, más creíble para el lector, sinó tendría que estar inventando situaciones que no conoce y eso al lector no le gusta ¿Vas entendiendo?...
—Perfecto... Lo que no entiendo aún es que tengo que ver yo...
En ese momento Mario se acercó trayendo el café para Rony
—¿Para mí no trajiste? —le preguntó Germán, sonriendo despectivamente.
—¡Andá a la concha de tu hermana, Germán!
—¡No te calentes boludo! ¡Te estoy jodiendo!
—Es verdad, Mario...¡Te está jodiendo! —intervino Rony, riéndose.
—Rony, a vos si te aguanto una joda, pero a este loco no, ya me tiene con las pelotas por el piso de tanta joda...
—¡Aaa, claro! Al Rony si le aguantas una jodita, ¿no? ¿Será porque está grandote y le tenés miedo?...
—Sabés que no le tengo miedo a nadie... Además, mientras más grandes son más ruido hacen al caer. ¡Sin ofender, Rony, no lo tomes personal!
—Aclarando dijo un Vasco... —se burló Germán.
Rony no paraba de reír escuchando como los otros dos discutían.
—Sentate a tomar ese café, Rony. ¿O preferís tomarlo parado?
—Si, lo tomo parado nomás. No es por nada, pero Alonso debe estar por llegar y no quiero que malinterprete las cosas. Ya saben ustedes cómo es el viejo...
—¡Sí lo sabremos! —dijo Mario, luego se retiró hacia la cocina.
—Bien, Rony, continuemos con lo nuestro —prosiguió Germán con el tema que le interesaba— Te decía que mi amiga nesecita saber un poco más sobre esos lugares...
—¿Que te hace suponer que yo se algo sobre eso?
—¡Vamos Rony! Vos trabajas cerca de Alonso, seguramente has estado varias veces en el quinto piso, ¿verdad?...
—¿El quinto piso? ¿Qué es eso? ¿Algún grupo musical nuevo?...
—¡Amigo, sabés a que me refiero! El quinto piso, donde Alonso tiene su sala de juergas...
—¡Sí, sé perfectamente a qué te referís! Pero por tu seguridad y la de tu amiga es mejor que ustedes no sepan nada...
—Quedate tranquilo que todo lo que me digas queda entre nosotros. Además, es información vital para un libro, ¡por favor! ¡No le destruyas la carrera a una futura y brillante escritora!...
—¿Tanto así?...
—Si, te aseguro que ella te estará eternamente agradecida...
—No se... Tengo miedo de decirte algo y que Alonso se entere... Temo por tu seguridad...
—No pasa nada, tranquilo. Alonso nunca se va a enterar...
—Está bien, te voy a contar como funciona un centro clandestino. Pero ahora y acá no, Alonso está por llegar. ¿Qué te parece si te envío un mensaje por WhatsApp detallando todo? Es más seguro, me parece...
—¡Perfecto, si! Mandame un mensaje contándome un poco los pormenores del lugar. Yo se lo hago llegar a mi amiga y te aseguro que va a quedar contenta...
—Bueno, dale. Te lo mando si...
Rony terminó su café y le entregó la taza a Germán.
—Gracias, Rony, te debo una. Te dejo, voy a continuar con mi trabajo...
—¡De nada!... ¡Aaa, Germán!, antes de que te vayas quisiera pedirte algo...
—¡Sí, lo que quieras!...
—¿Podrías decirle a tu amiga que al personaje principal, al mafioso, no lo describa como un gordito pelado, petiso y feo parecido a Alonso?... Preguntale si puede cambiarle la fisonomía, por lo menos que lo haga flaco alto y guapo... Es para evitar confusiones, ¿entendés?
—-¡Sí, claro, se lo voy a decir! Creo que no va a haber problemas. Aunque vos sabés que los escritores son medios quisquillosos con sus ideas. Pero conozco a mi amiga y se que es muy flexible en esos temas. Ella siempre está dispuesta a escuchar opiniones de los demás, es muy humilde...
—¡Gracias, Germán! Haceme ese favor que yo te hago el tuyo. Luego te escribo, yo tengo tu número...
—Gracias a vos Rony, espero tu mensaje entonces...
Germán se alejó llevando la taza vacía a la cocina. Cuando iba a mitad de camino se detuvo un instante y pensó :
¡Qué poder de convencimiento tengo! ¡Me merezco un Oscar por esta actuación magistral!.¡Je je!
Al cabo de unos minutos, cuando volvió a salir de la cocina , Rony ya no estaba allí. Seguramente Alonso había llegado en ese intervalo y se habían ido vaya a saber donde.
Mario estaba pasando un paño limpio sobre el mostrador. Germán se reunió con él y lo ayudó.
A esa altura ya eran las siete de la mañana y los clientes no tardarían en llegar.
—Presiento que será una mañana movida... —comentó Mario, cuando hubo terminado de asear la barra.
—Presiento lo mismo —respondió Germán, mirándolo de reojo —-menos mal que es sábado y nos vamos temprano...
—¡Sí, por suerte llegó el sábado... No se si a vos también, pero a mi se me hizo larga la semana...
—¡Larguísima! Creo que fué la semana más larga en mucho tiempo a esta parte...
—¿Vos no tenias una comida hoy en la casa de Adrián?
—Si, nos vamos a juntar a comer un asado, ¿vos vas a ir?...
—No sé, mi hijo capaz que se aburre...
—¿Por qué se va a aburrir? Tiene al hijo de Adrián para jugar...
—Es cierto, pero ellos no se conocen mucho. Capaz que le da vergüenza y no quiere jugar, es un poco tímido.
—¡No, que tímido ni nada! Llevalo, vas a ver como enseguida agarra confianza y después no se va a querer ir. Los gurises son así...
—Tenés razón, lo más probable es que vayamos si.. Además, me gustaría que hiciera amigos nuevos, casi no tiene amigos, solo los compañeros de la escuela.
—¡Vayan! Lo vamos a pasar muy bien. Juan también va con su familia, así que será una velada entre camaradas.
—Si, seguramente iremos... ¡Hey, Germán, no te des vuelta ahora... ¿Adiviná quién viene bajando las escaleras?...
—¡No me lo digas!... ¿La morocha?... Germán se encontraba precisamente de espaldas a las escaleras.
—¡Sí! Y parece que durmió bien, porque trae una sonrisa muy linda dibujada en su cara...
—Bien... Creo que daré la vuelta despacio... despacio, aparentando indiferencia...
—Dale ahora que está mirando para el otro lado...
Germán se dió vuelta, y efectivamente Amanda venía bajando ya los últimos peldaños.
Cuando pasó frente a ellos los saludó, tal cual era su costumbre.
Ellos respondieron el saludo, y Amanda se dirigió a la mesa que desde que había llegado, le gustaba ocupar.
Germán ya estaba preparándose para ir a atenderla, cuando el cocinero, que se había asomado a la puerta, lo llamó.
—¡Germán! ¿Podés venir un momento?...
—¡La conciencia de la lora, Danés! ¿Tiene que ser ahora?
—¡Sí, es ahora!... Necesito tu ayuda...
Germán refunfuñó malhumorado. Pero le hizo caso a su compañero y fue hacia la cocina. Al cabo de unos minutos salió otra vez, mas enojado que cuando había entrado.
—¿En serio, Danés? Vos y Mario me hicieron esta joda?
Danés había salido tras él, tratando de explicarle que todo se trataba de una broma ideada por Mario.
—¡No te enojes, Germán. La idea fue de Mario. Me dijo que cuando bajara la morocha él me hacía señas para que yo te llamara, así la atendía él, y vos te quedabas caliente. ¿Quién es la morocha?
—Esa que el baboso de tu amigo está atendiendo ahora.
Danés miró a Amanda y resopló.
—¡Qué linda! Con razón este tarado está interesado en ella...
—¡No, Danés! Mario no está interesado en ella, ¡lo hace para romperme las pelotas a mi! ¡Para hacerme calentar!
—Allá viene, mirá ¿Qué le pasó que trae esa cara de asombro...
En efecto, Mario se dirigía hacia ellos. A juzgar por su semblante, parecía como si hubiera recibido una noticia devastadora para él.
—¡Bo!... ¡Sos un hijo de tu madre! exclamó, mirando a Germán como si aún no lo pudiera creer. — ¡Era verdad nomás! Anoche estuviste con ella...
Germán cambió su humor al instante. De estar enojado pasó a la felicidad en un santiamén, porque entendió que la broma de sus compañeros, ahora se volvía a su favor.
—¿Te dió algún recado para mí? —le preguntó a Mario, con cierto aire de grandeza.
—Si, que te dijera que el mate de anoche estaba muy rico...
— ¡Qué bien! Ahora voy y le pido su número de teléfono...
—-¡Estás pasado! ¡No creo que te animes a tanto!
—-¿Qué no? Mirá y aprendé, Marito. Chequeá esto...
Germán se dirigió hacia la mesa de Amanda con pasos firmes. Podía sentir clavada en su nuca la mirada de Mario, imaginaba la cara de idiota que tendría, y eso le gustaba.
Cuando llegó junto a ella, la saludó con cortesía.
—-Buen día, Amanda, ¿qué tal?...
—-Buen día, Germán... Todo bien, ¿y vos?
«Ahora que te veo estoy mucho mejor, mi ángel. Si supieras que estoy encantado contigo» — pensóGermán, mientrasle dedicaba una sonrisa traviesa...
—-Yo bien, igual que vos. Acá, trabajando un rato...
«Me alegra que estés bien, tesoro. Si supieras que me gustás mucho» — pensó Amanda, correspondiéndole la sonrisa...
—-Está bien, no hay otro remedio, hay que trabajar, ¿verdad?
—Sí, claro — contestó él
—-A propósito, ¿conseguiste averiguar algo sobre lo que hablamos anoche?
—A eso venía justamente. Voy a necesitar que me des tu número de teléfono.
—¡Si, claro! No hay problema...
«Finalmente se animó a pedirme el número de teléfono, ¡Uff, había llegado a pensar que tendría que pedírselo yo!» — pensó Amanda,...
—No vayas a pensar mal —aclaró él, rápidamente — Necesito tu número para pasarte información que tengo. Mi amigo me la pasa a mi por mensaje, y yo te la reenvío, ¿entendés?
«Mmm, capaz que no le gustó que le pidiera su número» — pensó Germán.
—¡Aaa.. si, entiendo! ¿Querés registrarlo?...
Germán sacó rápidamente su celular del bolsillo. Se sonrió al mirar de reojo a Mario y verlo que estaba muy atento a lo que pasaba, su compañero tenía el cuello tan estirado que parecía una garza.
—Decime...
Amanda le dió su número y Germán lo guardó en los contactos. Siempre mirando de reojo a Mario, el cual se había cruzado de brazos, como aceptando su derrota.
—¡Perfecto! En cuanto me pasen esa información, te la reenvío, ¿ok?
—¡Sí, dale! estoy ansiosa por seguir escribiendo mi libro...
—Quedamos así entonces. ¿Mi compañero ya tomó tu pedido?
—Si, si... ya le pedí...
—Bueno, el te lo alcanza cuando esté pronto... Te dejo tranquila ¡Hasta luego!
—Hasta luego, y otra vez... ¡Gracias por tu ayuda!
—De nada, si puedo ayudarte en algo más no dudes en decirme...
—Gracias...
Germán se alejó de Amanda con una sonrisa triunfal dibujada en su cara.
Frente a él, Mario lo miraba muy serio.
—¡Ya está! Tengo su número... ¿Aún dudás de mis capacidades de conquista? —se burló
—¡Te saliste con la tuya nomás!
—Creo que tuve suerte al fin y al cabo. ¿Qué esperás para llevarle el desayuno?...
—Pensé que querías llevárselo vos...
—¡No! Quiero hacerme el interesante con ella, demostrarle que no me desespero por atenderla, ¡ja!
Mario lo miró de arriba a abajo, como si lo desconociera.
—¡Te estás convirtiendo en una rata de alcantarilla! ¡Vos no eras así!...
Dió media vuelta y se dirigió a la cocina refunfuñando, su compañero lo tenía realmente desconcertado...
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si hubiera ido con el pelo suelto lo hubiera llamado roquero drogadicto?
café con leche descremada
ojalá no mueran