Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 18
Bastian
El paquete llegó a mi oficina mientras hablaba con Nina por teléfono.
Sin remitente.
Sin aviso.
Lo abrí con calma.
Demasiada calma.
Cabello.
Fotografías.
Mías.
Y otras…
con Nina.
Las imágenes estaban manchadas con lo que parecía sangre falsa.
Salpicadas.
Marcadas.
Un mensaje sin palabras.
No era improvisado.
No era impulsivo.
Era un juego.
Y quien lo estuviera haciendo…
quería que lo supiera.
—Llamen a los investigadores —dije, dejando la caja sobre la mesa.
Minutos después, mi oficina estaba llena.
Análisis.
Fotografías.
Comparaciones.
—Esto no empezó con Nina —dije, cruzado de brazos—. El auto manipulado… la nota… esto…
Uno de ellos asintió.
—Es escalonado.
—Exacto.
Mi mandíbula se tensó.
No me preocupaba por mí.
Me preocupaba por ella.
—Quiero un equipo dedicado solo a esto —ordené—. Seguimiento completo.
—Entendido.
---
Tomé el teléfono.
—Andrea.
—¿Señor Kros?
—Coordina una reunión con Camila Grace. Quiero cerrar la negociación.
—¿Alguna fecha específica?
—Jueves. 9 a. m.
—De inmediato.
Colgué.
Si querían jugar…
íbamos a jugar.
Pero bajo mis reglas.
Salí de la oficina.
Era tarde.
Demasiado.
La llamé.
—¿Hola?
Su voz no sonaba bien.
Había ruido.
Respiración agitada.
—Nina, ¿qué pasó?
Silencio breve.
—Recibí una caja…
Sentí cómo algo se tensaba en mi pecho.
—¿Qué tenía?
—Cabello… mechones… oscuros.
Me detuve en seco.
—Voy para allá.
—Gracias…
No esperé más.
Cuando llegué, su madre abrió la puerta.
Nos presentamos rápidamente.
Nina estaba en la sala.
Alterada.
Sus ojos me buscaron.
Y algo en mí…
se calmó apenas.
Me acerqué.
Miré la caja.
El cabello.
Mismo color.
Mismo patrón.
Pero sin fotos.
Sin sangre.
—No es coincidencia —murmuré.
Levanté la mirada hacia ella.
Se veía… frágil.
Pero firme.
Me acerqué un poco más.
Con cuidado.
Le acomodé el cabello detrás de la oreja.
Un gesto simple.
—Todo va a estar bien —dije, con voz baja.
No era una promesa vacía.
Era una decisión.
—Puedo dejar personal de seguridad aquí —añadí—, si están de acuerdo.
Ella y su madre intercambiaron miradas.
—No queremos causarte gastos…
Negué suavemente.
—Esto ya no es opcional.
Hice una pausa.
—A mí también me enviaron algo.
Silencio.
Les expliqué todo.
El ambiente cambió.
—No es una molestia —dijo su madre finalmente.
—Para nada —añadió Nina.
Asentí.
Su madre nos dejó solos.
Nina me miró.
—¿Estás bien?
—Sí.
—El jueves Camila irá a mi oficina.
Ella asintió.
—Entonces ya tienes un plan.
—Lo tengo.
—No es una mala empresa —dijo—. Solo… cruzan límites.
—Lo sé.
Silencio.
La miré.
Más tiempo del necesario.
Había algo en su forma de sostenerse…
de mantenerse firme…
a pesar del miedo.
Que me atrapaba.
—Deberías descansar —dije finalmente—. Ha sido un día largo.
—Sí…
Tomé la caja.
—Me la llevo. La entregaré al investigador.
—Gracias.
—Siempre.
Me dirigí a la puerta.
—¿Bas?
Me detuve.
Giré.
—Dime.
Dudó.
Levemente.
—¿Puedo pedirte un favor?
Sonreí apenas.
—El que sea.
—Eso suena peligroso.
—Confía en mí.
Suspiró.
—¿Me acompañas a comprar un auto? No sé nada de eso.
Una risa suave escapó de mí.
—Claro que sí.
—¿El sábado?
—El sábado.
Sonrió.
Y por un segundo…
todo lo demás desapareció.
Nos despedimos.
Pero antes de salir…
La abracé.
No lo pensé.
Solo pasó.
Y ella…
no se apartó.
Su cuerpo se tensó un segundo…
y luego se relajó contra el mío.
—No estás sola —murmuré.
Cuando me separé…
sus ojos estaban distintos.
Más suaves.
Más cerca.
Salí.
Pero esa sensación…
se quedó conmigo.
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El jueves llegó.
9:00 a. m.
Camila Grace.
Damián Cross.
Entraron con seguridad.
Demasiada.
—Señor Kros —dijo Camila con una sonrisa impecable—. Es un honor.
—El gusto es mío.
Nos sentamos.
Camila habló.
De familia.
De valores.
De Dios.
La escuché.
Sin interrumpir.
Porque ese tipo de discurso…
dice más de lo que parece.
Cuando terminó…
tomé la palabra.
—Revisé su propuesta.
—Excelente —dijo Damián.
Lo miré.
Sin expresión.
—Es sólida —continué—. Pero requiere ajustes.
Camila inclinó la cabeza.
—Lo escuchamos.
Abrí el documento.
—Primero: control operativo. Necesito acceso total a la trazabilidad de las operaciones.
—Eso es delicado —dijo Damián.
—Es necesario —respondí—. Sin eso, no hay acuerdo.
Silencio.
—Segundo: auditorías externas trimestrales. Independientes.
Camila sonrió levemente.
—Confía poco, señor Kros.
—Confío en los sistemas, no en las suposiciones.
Damián se tensó.
—Tercero: cláusula de terminación inmediata ante incumplimientos.
—Eso es estándar —dijo Camila.
—No en este nivel de detalle.
Pasé la página.
—Y finalmente… supervisión directa de mi equipo en puntos críticos.
Silencio.
Largo.
Camila me observó.
Analizando.
Sabía que no podía rechazarlo.
Porque mi empresa…
no era una opción.
Era un salto de nivel.
—Aceptamos —dijo finalmente.
Damián la miró.
Sorprendido.
Pero no dijo nada.
La reunión terminó.
Salieron.
Y por primera vez…
Camila no sonreía igual.
Mientras Damián…
me sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario.
Desafiante.
Respondí con calma.
Porque ahora…
el juego había cambiado.
Y esta vez…
yo tenía el control.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro