Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.
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Capítulo 4: Lo que Lucía nunca contó
Victoria permaneció inmóvil frente a la pantalla del teléfono.
La fotografía seguía allí.
Lucía aparecía junto a un hombre que Victoria no conocía.
Él tenía una mano sobre su hombro y sonreía a la cámara.
Debajo, las palabras seguían siendo las mismas:
“Ella no te contó toda la verdad.”
Victoria sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Qué pasa? —preguntó Lucía.
Victoria apagó la pantalla.
—Nada.
Lucía frunció el ceño.
—No me digas que no pasa nada. Te conozco desde hace dos días y ya sé cuándo estás mintiendo.
Victoria levantó la mirada.
—¿Quién es él?
Lucía se quedó completamente quieta.
El silencio fue suficiente.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Lo conoces?
Lucía bajó la mirada.
—Sí.
—¿Quién es?
—Un amigo.
Victoria soltó una risa nerviosa.
—¿Otro amigo?
—Victoria...
—No. Quiero saber.
Lucía respiró profundamente.
—Se llama Mateo.
—¿Y qué relación tienes con él?
—La tuve.
Victoria sintió que algo dentro de ella se hundía.
—¿Qué significa eso?
Lucía levantó los ojos.
—Fue mi pareja.
Victoria se quedó callada.
—¿Cuándo?
—Hace años.
—¿Cuántos?
—Seis.
Victoria miró nuevamente el teléfono.
—¿Y por qué alguien me está mandando fotografías de ustedes?
Lucía palideció.
—¿Quién te las mandó?
—Un número desconocido.
Lucía tomó el teléfono.
Victoria dudó, pero finalmente se lo entregó.
Lucía leyó el mensaje.
Su expresión cambió.
—No.
—¿Qué?
—Esto no puede estar pasando.
—¿Quién es esa persona?
Lucía devolvió el teléfono.
—No lo sé.
—Sí lo sabes.
—No.
—Lucía, acabamos de besarnos y ahora alguien me manda fotografías tuyas con tu ex diciéndome que no me contaste toda la verdad.
—Porque no te la conté.
Victoria sintió que la habitación se hacía pequeña.
—¿Qué más no me has contado?
Lucía se quedó callada.
—Dímelo.
—No es tan sencillo.
—Para mí sí.
Victoria se puso de pie.
—Si vamos a hacer esto, necesito saber con quién estoy metiéndome.
Lucía también se levantó.
—No estás metiéndote en nada.
—Nos acabamos de besar.
—Lo sé.
—Entonces no me digas que no estamos metidas en algo.
Lucía cerró los ojos.
—Tienes razón.
Victoria esperó.
—Mateo y yo estuvimos juntos durante casi cuatro años.
—¿Y por qué terminaron?
Lucía tardó en responder.
—Porque me engañó.
Victoria sintió un poco de alivio.
—¿Con otra mujer?
Lucía negó.
—Con varias.
Victoria la observó.
—¿Y eso es todo?
—No.
La palabra cayó entre ambas.
—¿Qué más?
Lucía caminó hasta la ventana.
—Cuando terminamos, él no aceptó la separación.
Victoria sintió que el miedo regresaba.
—¿Qué hizo?
—Me llamaba.
—¿Cuánto tiempo?
—Meses.
—¿Te amenazó?
Lucía guardó silencio.
Victoria comprendió.
—¿Te amenazó?
—Una vez.
—¿Con qué?
Lucía se giró.
—Con destruir mi vida.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Y qué hizo?
—Nada.
—¿Estás segura?
—Hasta ahora.
Victoria miró el teléfono.
—Entonces quizá es él.
—No lo sé.
—¿Podría serlo?
—Sí.
Victoria comenzó a caminar por la habitación.
—¿Y por qué no me dijiste esto antes?
—Porque no quería que pensaras que había problemas.
—¡Pero los hay!
—Lo sé.
—¿Y por qué me dejaste entrar en esto?
Lucía se acercó.
—Porque no sabía que iba a pasar.
—¿Qué no sabías?
—Que iba a volver a sentir algo por ti.
Victoria se quedó inmóvil.
—Lucía...
—No estaba buscando una relación.
—Yo tampoco.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué me besaste?
Lucía sostuvo su mirada.
—Porque cuando te vi ayer sentí que los diez años que habían pasado desaparecieron.
Victoria sintió un nudo en la garganta.
—No puedes decirme esas cosas ahora.
—¿Por qué?
—Porque estoy asustada.
Lucía bajó la voz.
—Yo también.
---
A la mañana siguiente, Victoria despertó con el teléfono vibrando.
Otro mensaje.
“¿Ya te contó quién es Mateo?”
Victoria sintió que la sangre se le helaba.
Después apareció otro.
“Pregúntale por la noche del accidente.”
Victoria se incorporó inmediatamente.
Miró hacia el otro lado de la cama.
Lucía estaba dormida.
Victoria salió de la habitación.
Se quedó en la cocina.
Escribió:
“¿Qué accidente?”
La respuesta llegó segundos después.
“Pregúntale.”
Victoria miró hacia el pasillo.
No sabía qué hacer.
Volvió al dormitorio.
—Lucía.
Ella abrió los ojos.
—¿Qué pasa?
Victoria levantó el teléfono.
—¿Qué accidente?
Lucía se incorporó lentamente.
Al ver el mensaje, perdió el color del rostro.
—¿Quién te dijo eso?
—No importa.
—Sí importa.
—¿Qué accidente?
Lucía no respondió.
—¡Lucía!
Ella se llevó las manos al rostro.
—No quería que supieras esto así.
—Entonces cuéntamelo.
—Fue hace cinco años.
—¿Qué ocurrió?
Lucía respiró profundamente.
—Mateo tuvo un accidente.
—¿Y?
—Yo estaba con él.
Victoria sintió un vacío.
—¿Tú conducías?
Lucía levantó la mirada.
—Sí.
Victoria retrocedió.
—¿Qué pasó?
—Habíamos discutido.
—¿Estaban borrachos?
—No.
—¿Drogas?
—No.
—Entonces ¿qué?
Lucía comenzó a llorar.
—Él tomó el volante.
Victoria frunció el ceño.
—¿Qué?
—Yo quería manejar.
—Pero acabas de decir que tú conducías.
—Después del accidente.
Victoria sintió que no entendía nada.
—Explícate.
Lucía tomó aire.
—Íbamos en el automóvil. Mateo estaba furioso. Habíamos discutido porque descubrí que me estaba engañando nuevamente.
—¿Y?
—Él comenzó a acelerar.
—¿Cuánto?
—Demasiado.
—¿Qué pasó?
—Perdió el control.
Lucía cerró los ojos.
—El automóvil chocó contra una barrera.
Victoria no podía apartar la mirada.
—¿Alguien murió?
Lucía negó.
—No.
—¿Entonces?
—Una mujer quedó herida.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Lucía comenzó a llorar.
—No la conocíamos.
—¿Qué le pasó?
—Estuvo hospitalizada.
—¿Y tú?
—Yo tuve heridas menores.
Victoria se acercó.
—¿Mateo?
—Quedó inconsciente varios días.
—¿Y la mujer?
Lucía bajó la cabeza.
—Perdió movilidad en una pierna.
Victoria quedó completamente paralizada.
—Dios mío.
—Fue un accidente.
—¿La familia sabe quiénes eran ustedes?
—Sí.
—¿Hubo juicio?
—Sí.
—¿Y qué pasó?
Lucía se limpió las lágrimas.
—Mateo dijo que yo conducía.
Victoria sintió una mezcla de horror y rabia.
—¿Qué?
—Dijo que yo estaba manejando.
—¿Y tú?
—No pude demostrar lo contrario.
—¿Por qué?
—Porque él tenía amigos que declararon a su favor.
Victoria sintió que le temblaban las manos.
—¿Entonces tú cargaste con la culpa?
Lucía asintió.
—Durante mucho tiempo.
—¿Qué significa “durante mucho tiempo”?
—La investigación terminó sin una condena para ninguno de los dos.
Victoria respiró profundamente.
—¿Y Mateo?
—Se fue de la ciudad.
—¿Dónde está ahora?
Lucía negó con la cabeza.
—No lo sé.
Victoria miró nuevamente el mensaje.
—Tal vez él está detrás de esto.
Lucía permaneció en silencio.
—¿Lucía?
—Tal vez.
---
Ese mismo día, Victoria recibió una llamada de Daniel.
—¿Podemos hablar?
—Sí.
—En persona.
—¿Dónde?
—En el café de siempre.
Victoria aceptó.
Cuando llegó, Daniel ya estaba sentado.
Había dos cafés sobre la mesa.
—Pensé que tomarías uno.
Victoria se sentó.
—Gracias.
Daniel la observó.
—Te ves diferente.
—¿Diferente cómo?
—No sé.
Victoria bajó la mirada.
—¿Qué quieres?
Daniel suspiró.
—Quiero asegurarme de que estás bien.
—Estoy bien.
—¿Segura?
—Sí.
—¿Estás con ella?
Victoria levantó la mirada.
No respondió.
Daniel asintió.
—Entonces sí.
—Daniel...
—No voy a discutir.
—Gracias.
—Pero necesito decirte algo.
—¿Qué?
Daniel sacó su teléfono.
—Ayer recibí algo.
Le mostró una fotografía.
Victoria sintió que el estómago se le revolvía.
Era una fotografía de ella entrando a casa de Lucía.
—¿Quién te la mandó?
—No lo sé.
—¿Qué decía?
Daniel mostró la conversación.
“Tu esposa está con Lucía.”
Victoria lo miró.
—¿Hay más?
—Sí.
Daniel deslizó la pantalla.
Otro mensaje.
“Investiga quién es Lucía Morales.”
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Te dijeron algo más?
—No.
—¿Y por qué me lo enseñas?
Daniel la miró.
—Porque aunque ya no estemos juntos, no quiero que alguien te haga daño.
Victoria se quedó callada.
—Daniel...
—No quiero volver contigo.
Ella levantó los ojos.
—¿No?
—No.
—Entonces ¿por qué te importa?
Daniel tardó en responder.
—Porque todavía te quiero.
Victoria sintió un nudo en la garganta.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte.
Daniel guardó el teléfono.
—Pero ten cuidado.
—Lo tendré.
—Y una cosa más.
—¿Qué?
Daniel se inclinó hacia ella.
—Alguien está intentando enfrentarnos.
Victoria frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—La persona que me mandó esas fotografías también sabe cosas sobre ti.
—¿Como cuáles?
—Cosas que solo alguien cercano podría saber.
Victoria sintió miedo.
—¿Quién?
Daniel negó.
—No lo sé.
---
Cuando Victoria regresó a casa de Lucía, la encontró hablando por teléfono.
—No vuelvas a llamarme —decía Lucía.
Hizo una pausa.
—No me importa lo que tengas.
Otra pausa.
—Déjame en paz.
Colgó.
Victoria cerró la puerta.
—¿Era él?
Lucía se sobresaltó.
—¿Quién?
—Mateo.
Lucía no respondió.
—Era él.
—Sí.
Victoria sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Qué quería?
—Hablar.
—¿Qué le dijiste?
—Que no quiero verlo.
—¿Y qué dijo?
Lucía se sentó.
—Que tú no sabes quién soy.
Victoria se quedó inmóvil.
—¿Eso dijo?
Lucía asintió.
—También dijo que si sigo contigo, va a contar toda la historia.
—¿Qué historia?
Lucía levantó la mirada.
—La verdadera.
—¿Qué significa eso?
—No lo sé.
Victoria se acercó.
—Lucía, necesito que seas completamente sincera conmigo.
—Lo soy.
—¿Hay algo más?
Lucía permaneció en silencio.
Victoria sintió que se le acababa la paciencia.
—¿Hay algo que no me hayas contado?
Lucía comenzó a llorar.
—Sí.
Victoria cerró los ojos.
—¿Qué?
—La noche del accidente...
—¿Qué?
—Yo sí estaba conduciendo.
Victoria sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué acabas de decir?
—Yo conducía.
—Pero dijiste que Mateo tomó el volante.
—Lo hizo.
—Entonces ¿cómo conducías tú?
Lucía lloró.
—Porque cambiamos de asiento después.
Victoria retrocedió.
—¿Por qué?
—Porque él estaba demasiado alterado.
—Entonces tú estabas conduciendo cuando ocurrió el accidente.
Lucía asintió.
Victoria sintió que el pecho le dolía.
—Me mentiste.
—Tenía miedo.
—¡Me mentiste!
—Lo siento.
—¿Y por qué?
—Porque pensé que si te contaba todo, te irías.
Victoria se quedó mirándola.
—Quizá debería hacerlo.
Lucía comenzó a llorar.
—Victoria...
—Necesito estar sola.
—Por favor.
—Necesito pensar.
Victoria salió.
---
Caminó sin rumbo durante casi una hora.
No podía creerlo.
La mujer de la que empezaba a enamorarse le había ocultado algo enorme.
No solamente había un exnovio.
No solamente existía un accidente.
También había una mentira.
Y Victoria conocía demasiado bien las consecuencias de las mentiras.
Ella misma había mentido.
A Daniel.
A su familia.
A sí misma.
No quería comenzar una nueva relación basada en secretos.
Cuando llegó a casa, encontró a Daniel en la puerta.
—¿Qué haces aquí?
—Necesitaba verte.
—¿Por qué?
Daniel la observó.
—Porque recibí otro mensaje.
—¿Qué decía?
—“Pregúntale a Victoria por qué Lucía tuvo que abandonar la ciudad.”
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Cómo saben eso?
Daniel negó.
—No lo sé.
—Yo tampoco.
Daniel la miró.
—¿Ya descubriste algo?
Victoria dudó.
Finalmente respondió:
—Sí.
—¿Qué?
—Lucía estuvo involucrada en un accidente hace cinco años.
Daniel quedó sorprendido.
—¿Un accidente?
—Sí.
—¿Y ella conducía?
Victoria asintió.
—¿Alguien resultó herido?
—Sí.
Daniel guardó silencio.
—¿Qué vas a hacer?
Victoria miró la casa.
Después miró el teléfono.
Finalmente miró a Daniel.
—No lo sé.
Daniel se acercó.
—Si necesitas ayuda...
—Gracias.
—Todavía puedes llamarme.
Victoria asintió.
Daniel se marchó.
Victoria entró a la casa.
Se sentó en el sofá.
Pasaron varios minutos.
Entonces escuchó un golpe en la puerta.
Victoria se levantó.
—¿Quién?
Nadie respondió.
Abrió lentamente.
No había nadie.
Solo un sobre en el suelo.
Lo recogió.
Dentro había varias fotografías.
La primera era de Lucía y Mateo.
La segunda era del accidente.
La tercera mostraba a Lucía saliendo de un hospital.
Y la cuarta...
Victoria dejó de respirar.
Era una fotografía antigua de ella.
De Victoria.
Tenía aproximadamente veintidós años.
Estaba en la universidad.
A su lado estaba Lucía.
Pero había algo extraño.
En la fotografía, ambas aparecían abrazadas.
Mucho antes de que Victoria conociera a Daniel.
Mucho antes de casarse.
Mucho antes de que Lucía desapareciera de su vida.
Detrás de la fotografía había una frase escrita a mano:
“Pregúntale por qué desapareció de tu vida hace diez años.”
Victoria sintió que las manos le temblaban.
Porque de pronto comprendió algo.
Quizá Lucía no había reaparecido en su vida por casualidad.
Quizá había estado buscándola.
Y quizá aquel encuentro en el restaurante no había sido accidental.
El teléfono volvió a vibrar.
Número desconocido.
Victoria abrió el mensaje.
“Ahora pregúntale por qué te dejó aquella noche.”
Victoria se quedó mirando la pantalla.
Y una memoria que llevaba diez años enterrada comenzó lentamente a regresar.
Una noche.
Una despedida.
Lucía llorando.
Una promesa.
Y una frase que Victoria había olvidado...
“Algún día entenderás por qué tuve que abandonarte.”
Victoria dejó caer el teléfono.
—No...
Entonces comprendió que la historia entre ella y Lucía quizá no había comenzado dos días atrás.
Tal vez había comenzado diez años antes.
Y alguien estaba decidido a recordárselo.
A cualquier precio.