Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Informe
El viaje de regreso al ducado Fitzroy fue largo.
El duque iba sentado en su carruaje, mirando por la ventana mientras las montañas comenzaban a aparecer en el horizonte.
A pesar de que había abandonado la mansión Ashford, Caroline seguía ocupando un espacio incómodo en sus pensamientos.
[Es hermosa.]
Lo admitía.
[Es inteligente.]
También lo había comprobado.
[Y parece tener un corazón genuinamente bondadoso.]
Pero eso no significaba que hubiese dejado de sospechar de ella.
Al contrario.
Fitzroy había aprendido hacía mucho tiempo que las apariencias podían engañar.
—Quiero toda la información disponible sobre lady Caroline Ashford
ordenó cuando llegó a su territorio.
Uno de sus hombres inclinó la cabeza.
—¿Toda, mi lord?
—Toda la que sea relevante.
Fitzroy se quitó los guantes.
—Familia, educación, relaciones, comportamiento, actividades recientes. Quiero saber qué ha hecho durante los últimos meses y con quién se ha relacionado.
El hombre dudó un segundo.
—¿Hay algún motivo especial?
Fitzroy levantó la mirada.
—La invité a trabajar en la creacion de las nuevas escuelas.
—Entiendo.
—Y quiero asegurarme de que no estamos invitando a una desconocida a involucrarse en asuntos importantes del ducado.
[Asi es, es solo por eso]
El hombre asintió.
—Lo investigaré.
Fitzroy se recostó en su asiento.
[Además, necesito saber por qué demonios preguntó tanto por mí.]
Por supuesto, no pensaba decir aquello en voz alta.
Pasaron varios días.
Caroline, mientras tanto, estaba completamente concentrada en la escuela.
Revisaba presupuestos, hablaba con profesores, organizaba materiales y discutía nuevos proyectos.
Había descubierto que dirigir una escuela era muchísimo más trabajo de lo que había imaginado.
Pero le encantaba.
Y, para su propia sorpresa, también había comenzado a disfrutar de algo que antes nunca se habría permitido.
La atención.
Después del banquete, algunos jóvenes nobles habían comenzado a acercarse a ella.
Primero recibió un hermoso ramo de flores acompañado por una pequeña tarjeta.
Era de un barón.
Caroline había leído la nota varias veces.
[¿Esto es para mí?]
Sonrió frente al espejo.
Después recibió otro ramo.
Esta vez de un conde.
Y junto con las flores había una carta.
Caroline la abrió con curiosidad.
No era una declaración exagerada ni nada particularmente comprometedor, simplemente un mensaje elegante en el que el hombre expresaba su admiración y esperaba poder conocerla mejor.
Caroline se quedó mirando la carta unos segundos.
Luego sonrió.
[¡Me están cortejando!]
La idea le parecía casi divertida.
En su vida anterior jamás había imaginado que algún día despertaría convertida en una joven noble y que recibiría flores de hombres de la aristocracia.
Y, aunque no estaba enamorada de ninguno de ellos, debía admitir algo.
Le gustaba.
Le gustaba sentirse bonita.
Le gustaba descubrir que otras personas también podían verla de esa manera.
Y no tenía intención de fingir lo contrario.
[Después de tantos años sintiéndome insegura con mi cuerpo, quizá no está mal disfrutar un poquito de que me consideren atractiva.]
Así que puso las flores en un precioso jarrón de su habitación.
No porque hubiese elegido a alguien.
Simplemente porque eran bonitas.
Y porque le hacían sonreír.
En el ducado Fitzroy, finalmente llegó el informe.
Fitzroy estaba sentado en su despacho cuando uno de sus hombres dejó una carpeta sobre el escritorio.
—La información sobre lady Caroline Ashford, mi lord.
—Déjala ahí.
El hombre salió.
Fitzroy abrió la carpeta.
Comenzó a leer.
Caroline Ashford.
Hija única de la duquesa Ashford.
Padre fallecido años atrás.
Educación privada.
Intereses principales.. lectura, estudios y recientemente administración de proyectos educativos.
Personalidad descrita durante años como reservada, tímida y poco dada a las reuniones sociales.
Sin escándalos.
Sin amantes conocidos.
Sin vínculos políticos sospechosos.
Sin deudas.
Sin conflictos familiares relevantes.
Fitzroy pasó una página.
La información coincidía bastante con lo que había visto personalmente.
[Una joven noble criada por una madre ocupada.]
Siguió leyendo.
Caroline había comenzado recientemente el proyecto de la escuela.
El informe detallaba las reuniones, los gastos, las decisiones que había tomado y la manera en que había trabajado con constructores y profesores.
Fitzroy frunció ligeramente el ceño.
[Esto no parece una fachada.]
Continuó.
Se mencionaba también que había mostrado un cambio importante en su comportamiento durante las últimas semanas.
Antes era considerablemente más tímida.
Ahora parecía más segura.
Más abierta.
Más dispuesta a participar en conversaciones y reuniones.
Fitzroy recordó inmediatamente el banquete.
Y luego recordó a la mujer que había hablado con él creyendo que era un simple guardia.
Sonrió.
[Definitivamente esa es la misma mujer.]
Todo parecía bastante normal.
Demasiado normal.
Hasta que llegó a una sección de acontecimientos recientes.
Fitzroy leyó una línea.
Se quedó quieto.
Volvió a leerla.
Después del banquete de inauguración, lady Caroline Ashford recibió flores y cartas de varios nobles interesados en cortejarla. Entre ellos, un barón y un conde.
Fitzroy dejó lentamente la hoja sobre el escritorio.
Silencio.
[¿Un barón?]
Volvió a mirar el informe.
[¿Y un conde?]
Su expresión se volvió inexplicablemente seria.
Uno de sus hombres, que todavía estaba cerca de la puerta, notó el cambio.
—¿Ocurre algo, mi lord?
—No.
La respuesta salió demasiado rápido.
El hombre asintió.
—Comprendo.
Fitzroy tomó nuevamente el informe.
Leyó los nombres.
El barón.
El conde.
Incluso había una descripción de las flores que habían enviado.
Fitzroy apretó ligeramente la mandíbula.
[Qué información tan innecesariamente detallada.]
Pero siguió leyendo.
[¿Por qué sigo leyendo?]
Continuó.
Caroline había aceptado las flores.
Fitzroy levantó una ceja.
[Claro que las aceptó.]
Era perfectamente normal aceptar flores.
No significaba nada.
Absolutamente nada.
Se recostó en su silla.
[Además, ella puede hacer lo que quiera.]
[Es soltera.]
[Es una noble.]
[Y es hermosa.]
Fitzroy cerró los ojos un instante.
[Esto es ridículo.]
Recordó entonces la conversación del banquete.
"Es una lástima que el duque Fitzroy tenga una enamorada."
Abrió los ojos.
[Así que ella cree que yo tengo una enamorada...]
Y ahora descubría que dos hombres habían comenzado a cortejarla.
Por alguna razón, la combinación de ambas cosas le resultaba particularmente desagradable.
Fitzroy tomó la pluma.
Volvió a mirar los nombres.
[El barón y el conde...]
Se quedó pensando.
Luego sonrió de aquella manera ladina que tanto había desconcertado a Caroline.
[Será interesante ver qué clase de hombres son.]
No estaba celoso.
Por supuesto que no.
Simplemente estaba haciendo su trabajo.
Investigando.
Como siempre.
Al menos eso fue lo que se dijo a sí mismo.
Mientras tanto, en la mansión Ashford, Caroline estaba sentada frente a su escritorio leyendo la carta del conde por tercera vez.
Sonrió.
[Definitivamente ser bonita tiene algunas ventajas.]
Luego miró las flores.
Y, por primera vez, pensó que quizá aquella nueva vida no solo le había dado una segunda oportunidad.
También le estaba enseñando algo que nunca había aprendido en su primera vida.. no tenía que sentirse culpable por disfrutar de ser ella misma.
Y, sin saberlo, muy lejos de allí, un duque de cabello blanco estaba intentando convencerse exactamente de lo contrario respecto a un pequeño detalle.. no estaba celoso.
🥲