Natalia tiene 25 años y es la exitosa CEO de un prestigioso bufete de abogados en Londres. Sin embargo, su imperio de cristal esconde un pasado oscuro: huyó de Zúrich para escapar de un matrimonio forzado impuesto por su multimillonario y arcaico padre. Cuando el patriarca la localiza y le lanza un ultimátum económico para arrastrarla de vuelta a Suiza, Natalia y su mejor amiga diseñan una solución desesperada: contratar a un marido de alquiler para blindarse legalmente.
Lo que Natalia no imagina es que el candidato enviado en secreto por su hermano es Óscar Alexander Sterling, su primer amor de la adolescencia. Nueve años de separación lo han transformado de un chico desgarbado con gafas en un imponente, musculado y sofisticado ingeniero naval. Ella no lo reconoce, y él decide ocultar su identidad para protegerla. Encerrados en una convivencia forzada dentro de un ático de una sola habitación, la pasión y los roces domésticos no tardarán en estallar.
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CAPITULO 18 LINEAS ENCRIPTADAS
La voz de mi hermano Thomas al otro lado del teléfono seguro era un reflejo fiel de la tensión que se respiraba en nuestra familia. Escuchar que nuestro padre ya había cruzado la frontera y había invadido mi despacho en Londres lo había dejado descolocado.
—¿Un ultimátum de veinticuatro horas? —repitió Thomas, y pude escuchar el sonido de sus pasos apresurados recorriendo el salón de su apartamento en Zúrich—. Es su estrategia clásica, Nat. El tiburón huele la sangre y ataca rápido para no dar tiempo a reaccionar. Sus amenazas económicas al bufete son reales; esta misma tarde lo he visto reunido con los asesores fiscales en el astillero, analizando vuestras cuentas internacionales. Si no regresas en el avión mañana, activará el boicot financiero de inmediato.
—No voy a subir a ese avión, Thomas. No voy a regresar a la jaula —sentencié, apretando el auricular contra mi oreja mientras miraba a María, que continuaba tecleando el borrador del contrato en su ordenador—. Por eso vamos a jugar nuestra última carta. María ha encontrado un resquicio legal absoluto en el derecho civil británico. Si me presento ante los abogados de papá con un acta de matrimonio civil legal y vigente, su contrato matrimonial de hace diecisiete años se convierte en papel mojado automáticamente. No podrá obligarme a casarme en Suiza si ante la ley ya soy la esposa de otro hombre. Vamos a contratar a un marido de alquiler en Londres.
Se hizo un silencio sepulcral al otro lado de la línea. Fue un silencio tan largo y denso que por un segundo temí que la señal encriptada se hubiera cortado.
—¿Thomas? ¿Sigues ahí? —pregunté con nerviosismo.
—Sigo aquí, Nat —respondió finalmente, y para mi sorpresa, su voz ya no sonaba alterada, sino extrañamente calmada, calculadora, casi aliviada—. Estoy procesando la información. Es... un movimiento brillante. Papá jamás prevería un golpe de ese calibre en su propio tablero de ajedrez. Su orgullo arcaico no concibe que una mujer tome una decisión civil de esa magnitud por iniciativa propia. Legalmente, tenéis toda la razón: un matrimonio civil británico destruye la base de su demanda comercial en Zúrich.
—Necesitamos que nos ayudes con el candidato, Thomas —continué, bajando la voz y exponiendo mis temores—. No puedo arriesgarme a meter a un desconocido chantajista en mi vida o en las cuentas de la firma. Habíamos pensado en poner un anuncio confidencial o buscar a alguien con urgencia que necesite el dinero del contrato mensual, pero si tú pudieras filtrar a alguien discreto desde la distancia...
—No hace falta que busquéis ningún anuncio, Natalia. Quitaos esa idea de la cabeza inmediatamente —interrumpió Thomas con una seguridad pasmosa que me dejó descolocada—. Dejad el asunto del candidato en mis manos. Yo me voy a encargar de gestionar todo desde Zúrich. Sé exactamente quién es la persona adecuada para este papel. Alguien de mi absoluta confianza, un ciudadano con pasaporte en regla que se presentará en tu oficina de Londres mañana mismo para responder al contrato, firmar las cláusulas de María y casarse contigo en el registro civil.
Me quedé parpadeando, sorprendida por la rapidez con la que mi hermano había asumido el control de la situación.
—¿Estás seguro, Thomas? El tiempo corre en nuestra contra. Papá espera mi respuesta mañana en el aeropuerto de Heathrow. El candidato tiene que ser impecable y aceptar las condiciones de inmediato.
—Va a aceptar, Nat. Te lo garantizo por mi vida —afirmó Thomas, y por primera vez en toda la noche, detecté un sutil matiz de emoción oculta en su tono de voz—. Vosotras centraos en pulir ese contrato matrimonial de alquiler. Que las cláusulas de confidencialidad y blindaje de activos sean perfectas. No le digas nada a nadie más. Mañana por la mañana, antes del mediodía, tendréis al hombre ideal llamando a vuestra puerta. Confía en mí, hermana. Esta vez vamos a ganar nosotros.
—Confío en ti, Thomas —respondí, sintiendo que un peso enorme se aligeraba en mi pecho—. Gracias. Te mantendré informado.
Colgué el teléfono seguro y miré a María, que me observaba con los ojos abiertos de par en par desde su mesa de trabajo, esperando mi informe.
—¿Y bien? —preguntó María, deteniendo sus dedos sobre el teclado—. ¿Qué ha dicho tu hermano? ¿Nos apoya o cree que estamos locas?
—Nos apoya por completo —dije, esbozando la primera sonrisa real de todo el día—. Ha dicho que el movimiento es brillante y destruye la estrategia de papá. Y lo mejor de todo: él se encarga del candidato. Dice que tiene al hombre perfecto, alguien de su absoluta confianza que viajará a Londres de inmediato y se presentará mañana en la oficina antes del mediodía para firmar el acuerdo.
—¡Perfecto! —exclamó María, recuperando toda su energía arrolladora—. Si Thomas avala al candidato, podemos estar tranquilas con el tema del chantaje. Voy a terminar de redactar las cláusulas de rescisión y la separación absoluta de bienes. Mañana por la mañana tendremos el escudo legal listo para la firma. Tu padre se va a llevar la sorpresa de su vida cuando intente arrastrarte al aeropuerto.
Cerré los ojos por un segundo, apoyándome contra el respaldo de mi silla ejecutiva. La maquinaria de nuestra resistencia ya estaba en marcha. Mi hermano Thomas se había convertido en el director de orquesta en la sombra. Lo que yo no podía imaginar, mientras contemplaba el teléfono mudo sobre mi escritorio, era lo que iba a ocurrir en Zúrich apenas unos minutos después de colgar mi llamada. Ignoraba por completo que mi hermano no iba a buscar a un desconocido en una lista de contactos comerciales, sino que iba a activar la alianza más secreta, poderosa y romántica que se había estado fraguando a mis espaldas durante los últimos nueve años.
Felicidades autora que sigan los éxitos!!! ☺️