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EL REY DEMONIO ES MI MATE DESTINADO

EL REY DEMONIO ES MI MATE DESTINADO

Status: Terminada
Genre:Pareja destinada / Demonios / Brujas / Hombre lobo / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rosaly es una loba Alfa de pura sangre, primogénita de la manada Tierra de Fuego. Sin embargo, para huir de las guerras y de la presión por encontrar a su pareja ideal, se exilia en la ciudad y abre el Spa Serenidad Azul junto a su mejor amiga Thais. Su pacífica vida de oficina cambia por completo cuando dos hombres imponentes vestidos de traje entran exigiendo un masaje VIP.
Al cruzar miradas, su loba ruge una palabra: «¡MATE!». El cliente de ojos carmesí es Asmodeo Vane, el mismísimo Rey del Inframundo. Él busca a unos demonios traidores compinchados con brujas oscuras y con el tío rebelde de Rosaly para destruir a su familia.
Rosaly no es una sumisa damisela en apuros y Asmodeo no acepta un «no» por respuesta. En medio de un sensual tira y afloja entre la CEO de la ciudad y el Soberano del Abismo, se sellará la alianza más peligrosa de sus vidas. ¿Podrá el fuego del infierno domar el orgullo de la manada?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 7 SECRETOS EN EL SOTANO Y UN PASADO CON ESCAMAS

Mientras bajábamos las escaleras de hormigón hacia el sótano del Spa, con Damian arrastrando al demonio semiinconsciente, me quedé mirando mis propias manos. Me temblaban ligeramente, pero no de miedo, sino por la adrenalina residual. Kala estaba extrañamente tranquila en mi interior, como un felino satisfecho tras la caza.

Me detuve un segundo antes de abrir la pesada puerta de hierro reforzada con runas de plata. Necesitaba procesar lo que acababa de pasar. Yo, la loba que se mareaba al ver sangre en las películas, la que huyó a la ciudad porque la idea de la guerra entre manadas y herir a otros lobos le ponía la carne de gallina… acababa de encajarle una patada voladora a un ser del inframundo sin pestañear.

«¿Qué me está pasando?», pensé, desconcertada. Supongo que la respuesta era una mezcla de dos cosas. Por un lado, aquellos atacantes no eran personas ni lobos de mi especie; eran monstruos oscuros que venían a destruir todo lo que amo. Y por otro… miré de reojo a Asmodeo, que bajaba a mi lado con la camisa desabrochada y esa presencia imponente. El lazo con él no solo me daba calor; sentía que su mera cercanía inyectaba una fuerza mística en mis venas, despertando un instinto Alfa de protección que había tenido dormido durante treinta años. Si tocaban a los míos, o si amenazaban el oasis que había construido, me convertiría en el mismísimo diablo si hacía falta.

—¿Estás bien, Rosaly? —preguntó Asmodeo, deteniéndose a mi lado. Su voz sonó extrañamente suave, y sus ojos rojos me recorrieron con genuina preocupación.

—Sí —respondí, enderezando los hombros y recuperando mi postura de CEO—. Solo asimilando que acabo de destrozar mi propia suite VIP. Vamos a acabar con esto.

Entramos en el sótano. Era un espacio amplio, iluminado por tubos fluorescentes parpadeantes, donde el ruido de las calderas amortiguaba cualquier sonido. Las runas que mi padre me hizo grabar en las paredes de hormigón empezaron a brillar con un tenue color azulado en cuanto Damian lanzó al demonio renegado contra una silla metálica, atándolo con unas cadenas que sacó de no sé dónde, pero que emanaban un frío polar.

El prisionero escupió un hilo de sangre negra y soltó una carcajada ronca, intentando mostrarse valiente a pesar de que estaba frente a su Rey legítimo.

—No os voy a decir nada, traidores —siseó el renegado, clavando sus ojos oscuros en Asmodeo—. El Alfa Gustav y los señores del clan Estigia os van a enterrar a todos.

Me crucé de brazos y me apoyé en la pared de hormigón, decidida a quedarme en un segundo plano como observadora. Quería ver cómo funcionaba la justicia del inframundo. Thais se colocó a mi lado, también expectante, mientras Damian daba un paso atrás para dejarle el escenario a su soberano.

Asmodeo se acercó al prisionero con una lentitud que daba pánico. No gritó. No mostró furia. Simplemente se agachó hasta quedar a la altura del demonio atado. Cuando habló, su voz bajó a un registro tan grave y cargado de poder que incluso a mí se me erizó el vello de la nuca. Sus ojos rojos brillaron como dos hogueras infernales.

—Crees que el dolor físico es lo peor que te puede pasar, escoria —murmuró Asmodeo, extendiendo un dedo largo y rozando la frente del prisionero. En el punto de contacto, la piel del renegado empezó a humear, y un grito ahogado y agónico escapó de sus labios—. Pero te olvidas de que soy el dueño del abismo. Puedo quemar tu alma centímetro a centímetro, borrar tus recuerdos y dejarte en un vacío de sufrimiento eterno antes de que tu cuerpo deje de respirar. Habla. ¿Quién os está ocultando en los bosques de la manada Tierra de Fuego? Mis guerreros no son ciegos; si no los hemos encontrado, es porque hay magia de por medio.

El demonio renegado tembló violentamente. La soberbia se le evaporó de golpe ante la presión aplastante del Rey Demonio. El sudor negro empapaba su frente mientras intentaba apartar la cabeza del dedo de Asmodeo.

—¡Magia… magia de sangre! —chilló finalmente el prisionero, rompiéndose por completo—. ¡No somos nosotros! ¡Son las brujas! El aquelarre de la Sombra de Ébano nos está ocultando con sus velos de ocultación. A cambio, Gustav les ha prometido la mitad de las tierras sagradas de los licántropos cuando destruya al Alfa original.

Thais y yo nos tensamos. ¿Brujas? Eso complicaba el tablero de ajedrez de una manera brutal. Los lobos somos fuertes, pero contra los hechizos de un aquelarre entero estábamos vendidos.

Asmodeo retiró el dedo y se puso en pie, con el rostro serio. Miró a Damian, quien asintió con la cabeza, entendiendo la gravedad de la situación.

—¿Y quién lidera ese aquelarre? —preguntó Damian, dando un paso al frente con sus ojos grises como dos tormentas de granizo.

—La… la Reina Bruja —tartamudeó el prisionero, con el cuerpo aún espasmódico por el castigo—. Ella misma selló el pacto con Gustav. Está en su santuario, en las montañas del norte, cargando el artefacto con los sacrificios que Gustav le manda desde la frontera. ¡Eso es todo lo que sé, lo juro por el abismo!

Asmodeo miró a Damian y le hizo una seña sutil con la mano. El general asintió, le propinó un golpe certero en la nuca al renegado y lo dejó completamente inconsciente. El interrogatorio había terminado.

—Esto cambia los planes —dijo Asmodeo, girándose hacia mí. Su expresión era pura estrategia —. Si hay brujas involucradas, no podemos simplemente presentarnos en los límites de tu manada a buscar el artefacto. Los velos de ocultación de la Sombra de Ébano son impenetrables a menos que tengamos la contramagia, o a menos que obliguemos a la que los creó a romperlos.

—Lo que significa que tenemos dos misiones de urgencia —deduje, usando mi lógica de CEO para organizar el caos—. Por un lado, Thais y yo tenemos que viajar de inmediato a la manada Tierra de Fuego. Ahora que os hemos encontrado a vosotros como nuestros mates, ya no hay ninguna norma estúpida del consejo que me impida reclamar mi posición temporal o hablar con mi padre. Tenemos que poner a mi familia sobre aviso sobre las brujas y coordinar las defensas.

—Exacto —asintió Thais—. Mi hermano Tobías y Saúl necesitan saber que no se enfrentan a una guerra de garras, sino de hechizos.

—Bien. Damian y yo os acompañaremos a la manada —propuso Asmodeo, pero antes de que pudiera terminar, lo interrumpí con una mano levantada.

—No, Asmodeo. Si os presentáis el Rey Demonio y su general en el territorio licántropo de la nada, mi manada se pondrá a la defensiva y podríamos provocar un malentendido masivo antes de empezar —expliqué, mirándolo fijamente—. Thais y yo iremos delante para preparar el terreno con mi padre. Vosotros tenéis otra tarea más urgente según lo que acaba de decir este bicho. Tenéis que ir a buscar a esa Reina Bruja a las montañas del norte y conseguir esa contramagia sea como sea.

Asmodeo se quedó mirándome, y por primera vez en la noche, pareció dudar. Una sombra de incomodidad cruzó sus facciones perfectas, algo rarísimo en él. Se aclaró la garganta, desviando sutilmente la mirada carmesí hacia las calderas del sótano.

—Ir a buscar a la Reina Bruja… sí, es lo lógico —murmuró el Rey Demonio, rascándose la nuca con una soltura un tanto sospechosa—. El único inconveniente es que Morgana… es decir, la Reina Bruja… resulta ser una antigua conocida mía.

Thais arqueó una ceja y yo me crucé de brazos lentamente, entornando los ojos. Kala en mi interior se puso a gruñir, de repente muy interesada en el tono de voz de nuestro mate.

—¿Una «antigua conocida»? —repetí, arrastrando las palabras con una dulzura cargada de peligro—. A ver, Asmodeo, habla claro. ¿Qué tipo de «conocida» es esa Morgana?

Damian soltó un carraspeo que sonó sospechosamente a risa ahogada, ganándose una mirada asesina de su rey. Thais captó la jugada al vuelo y miró a Damian con los ojos entrecerrados.

—Digamos que… en mis años de juventud, antes de asumir el trono por completo… Morgana y yo tuvimos… un romance —confesó Asmodeo, intentando sonar casual, aunque dio un paso atrás cuando vio que mis ojos zafiro volvían a brillar con fuerza—. Fue algo puramente político y pasional, Rosaly. Nada serio. De verdad. Pero temo que ella no se lo tomó muy bien cuando decidí terminar la relación. Digamos que no guardamos el mejor de los recuerdos el uno del otro.

—¡Vaya, vaya! —exclamé, dando un paso hacia él, obligándolo a retroceder contra la mesa auxiliar—. Así que el Rey Demonio tiene una exnovia bruja resentida en las montañas del norte que ahora está ayudando a mi tío a destruir a mi familia. Esto se pone cada vez más interesante, Asmodeo.

—Rosaly, te juro que…

—No me jures nada —le interrumpí con una sonrisa que prometía tormenta, aunque por dentro el lazo ardía de puros celos territoriales—. Vosotros vais al norte a solucionar los cabos sueltos de tu pasado amoroso y a conseguir esa contramagia. Thais y yo nos vamos a la manada. Y más te vale regresar con esa fórmula mágica y sin ningún rasguño que no haya hecho yo, ¿entendido?

Asmodeo, lejos de enfadarse por mi tono posesivo, sonrió de oreja a oreja, fascinado por mis celos de Alfa.

—Entendido, mi reina. Te prometo que Morgana no es nada comparada contigo —aseguró, inclinándose para dejar un beso fugaz y ardiente en mi mejilla que me dejó temblando—. Nos veremos en el territorio de tu padre en tres días. No me faltes a la cita.

La división de los caminos estaba decidida. Dos viajes de urgencia, un pasado escabroso que resolver y la cuenta atrás para la guerra definitiva acababa de comenzar.

1
Blanca Montero Angulo
Por la confianza y arrogancia.
Blanca Montero Angulo
Desgraciados parásitos. ojalá los haga sufrir mucho. 😡😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Pobresitos los lobitos asesinados. 😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Blanca Montero Angulo
Se lo toman bien al menos 😅😅😅😅😅🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Blanca Montero Angulo
Y sobre todo la tal morgana. le va a ayudar 🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡
Nancy Liliana Ayrala Gaeta
me encantó 😍 hermosa historia 🤩
Blanca Montero Angulo
Así es, dejen de jugar carajos 🤔🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
😍😍😍😍😍😍😍😍guao ♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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