Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sarah 2
Los días siguientes fueron sorprendentemente tranquilos.
Sarah aprovechó cada minuto.
Mientras todos creían que descansaba después de su supuesto accidente, ella recorría la mansión como una inspectora.
Observaba.
Escuchaba.
Preguntaba.
Memorizaba.
La distribución de las habitaciones.
Las oficinas administrativas.
La biblioteca.
Los salones de reuniones.
Los almacenes.
Incluso los establos.
[Si voy a vivir aquí, necesito conocer este lugar mejor que cualquiera.]
Descubrió rápidamente que la mansión Ivanov funcionaba casi como una pequeña ciudad.
Había administradores.
Mayordomos.
Contadores.
Jardineros.
Cocineros.
Doncellas.
Guardias.
Cada persona tenía una función perfectamente definida.
Y aquello le agradó.
[Una organización eficiente siempre es un buen comienzo.]
También encontró varios libros de registros.
No podía llevárselos porque pertenecían al despacho del duque.
Pero bastó una mirada para despertar su interés.
[Contabilidad... interesante.]
Otro día encontró un pequeño calendario sobre el escritorio de su habitación.
Allí aparecían anotadas varias actividades.
Clases de bordado.
Pintura.
Piano.
Etiqueta.
Baile.
Sarah arqueó una ceja.
Entonces llamó a su doncella.
—¿Qué es esto?
La joven observó el calendario.
—Las clases que pidió su excelencia para usted, mi lady.
Sarah siguió leyendo.
Hasta que recordó algo.
[Claro...]
En la novela, el duque le había propuesto iniciar esas clases varias semanas antes.
Pero la antigua Sarah había respondido con una sonrisa.
"Quiero esperar a que llegue mi prima. Así aprenderemos juntas."
Sarah cerró lentamente el calendario.
Y sonrió.
[Pues sí... voy a tomar clases.]
La doncella sonrió.
—Me alegra escucharlo.
Sarah la miró.
—Pero quiero hacer algunos cambios.
—¿Cambios?
—Sí.
Tomó una hoja y comenzó a escribir.
—Quiero clases de administración.
La pluma siguió moviéndose.
—También de leyes del reino.
Otra línea.
—Economía.
Otra.
—Comercio.
Otra más.
—Administración de tierras.
La doncella abrió mucho los ojos.
—¿No... desea bordado?
Sarah levantó la vista.
—¿El bordado ayudará a administrar un ducado?
La muchacha permaneció en silencio.
—No, mi lady...
—Entonces aprenderé algo que sí sea útil.
Volvió a escribir.
[Soy la hija de un duque.]
[Tal vez mi padre no sea uno de los grandes duques del reino.]
Recordaba perfectamente esa parte del libro.
Existían familias ducales muchísimo más poderosas.
Especialmente aquellas cuyos miembros poseían magia.
Los Ivanov, en cambio...
No tenían magia.
Ni el duque.
Ni la duquesa.
Ni Sarah.
Aun así...
Seguían siendo una familia noble respetada.
Poseían tierras.
Influencia.
Y un apellido importante dentro del reino.
[La magia ayuda... pero una buena administración mantiene vivo un territorio.]
Eso le parecía mucho más interesante.
Durante esos días también aprovechó para conocer mejor aquel mundo.
Preguntó discretamente sobre la nobleza.
Sobre las leyes.
Sobre las provincias.
Sobre las familias influyentes.
Sobre la academia.
Sobre los magos.
Sobre el comercio.
Cada respuesta era cuidadosamente archivada en su memoria.
La doncella comenzó a notar el cambio.
Una tarde, mientras acomodaba unos libros, habló con cierta timidez.
—Mi lady...
Sarah levantó la vista.
—¿Sí?
—Siento que ha cambiado mucho.
Sarah sonrió.
—¿Para bien o para mal?
La joven respondió sin dudar.
—Para bien.
Hizo una pequeña pausa.
—Antes parecía... muy inocente.
Sarah soltó una risa.
—Supongo que estoy madurando.
La doncella sonrió aliviada.
—Creo que sí.
[Y si supieras cuánto...]
Cuatro días después...
La mansión recuperó su habitual movimiento.
Un carruaje atravesó la entrada principal.
Los sirvientes comenzaron a alinearse para recibir a los duques.
Sarah caminó con tranquilidad hasta el vestíbulo.
Allí esperó con una postura impecable.
Las puertas se abrieron.
El duque entró primero.
Era un hombre alto, de cabello oscuro con algunas canas en las sienes y una expresión seria que se suavizó al ver a su hija.
A su lado caminaba la duquesa.
Elegante.
De mirada cálida.
Y detrás de ellos...
Llegó Sienna.
Sarah la observó por primera vez.
Tal como la describía la novela.
Vestido sencillo y desgastado.
Cabello algo desordenado.
Zapatos viejos.
Las manos ligeramente maltratadas por el trabajo del campo.
Y unos enormes ojos llenos de lágrimas.
[Ya empezó el espectáculo.]
No habían pasado ni diez segundos.
Sienna bajó la cabeza.
Con voz temblorosa dijo..
—Jamás seré tan hermosa... ni tan educada como Sarah...
Sarah ni siquiera la miró.
Se acercó primero a sus padres.
Hizo una elegante reverencia.
—Padre. Madre. Bienvenidos a casa.
El duque sonrió.
—Me alegra verte, hija.
La duquesa acarició su mejilla con cariño.
—Te ves mucho mejor.
Sarah correspondió la sonrisa.
Como si la tercera persona presente no existiera.
Sienna parpadeó.
No esperaba aquello.
Así que volvió a intentarlo.
Con una voz todavía más frágil.
—De verdad... jamás podré compararme con mi prima...
Sarah giró finalmente la cabeza.
La observó unos segundos.
Y respondió con absoluta tranquilidad.
—Es cierto.
El salón entero quedó en silencio.
Sienna levantó lentamente la vista.
Sarah continuó hablando con la misma serenidad.
—Tuviste la mala suerte de que tus padres cometieran delitos y murieran por ellos. Yo, en cambio, tuve la fortuna de nacer de dos personas honradas. Naturalmente nuestras vidas fueron diferentes.
El silencio se volvió casi incómodo.
Los ojos del duque se abrieron un poco.
La duquesa también pareció sorprendida.
Sienna quedó completamente inmóvil.
Sarah observó las expresiones de todos.
[Perfecto.]
Entonces cambió su rostro de inmediato.
Sus hombros descendieron.
Sus ojos mostraron arrepentimiento.
Y habló con una voz suave.
—Perdóname, prima...
Bajó ligeramente la cabeza.
—No quería hacerte sentir mal.
Miró brevemente a sus padres.
—Es solo que papá y mamá siempre me enseñaron a hablar con la verdad.
Sonrió con cierta tristeza.
—Y como estamos en mi hogar... pensé que podía hablar con confianza delante de mi familia.
Bajó la mirada.
—Pero si eso hace daño... entonces procuraré callarme.
El duque soltó un pequeño suspiro.
—No has dicho nada terrible, Sarah.
Ella levantó apenas la vista.
—¿De verdad?
—Sí.
Miró a Sienna.
—Solo recuerda que tu prima aún está muy sensible por todo lo ocurrido.
La duquesa intervino enseguida.
Con una sonrisa llena de ternura dijo..
—A mí me gusta que expreses lo que piensas.
Sarah sonrió dulcemente.
—Gracias, madre.
Mientras tanto...
Sienna apretó con fuerza la tela de su vestido.
[¿Qué acaba de pasar?]
Aquello no estaba saliendo como esperaba.
Pero no podía rendirse.
Así que volvió a adoptar su expresión humilde.
Sonrió con aparente dulzura.
—Está bien, Sarah. No me molesta.
Bajó nuevamente la cabeza.
—Incluso... si tuviera que ser una doncella más en esta casa, lo haría con gusto.
Levantó los ojos llenos de falsa admiración.
—Así podría aprender de ti... Eres tan refinada.
Sarah sintió deseos de aplaudir.
[Qué actuación tan impecable.]
[Dieciséis años y ya domina la manipulación emocional.]
Sonrió ampliamente.
Se acercó a Sienna.
Y tomó ambas manos entre las suyas.
—¡Tienes razón!
Sienna parpadeó.
Sarah continuó con entusiasmo.
—Como tu buena prima, voy a ayudarte.
La sonrisa de Sienna comenzó a congelarse.
—No has recibido educación en etiqueta. Viviste siempre en el campo. Así que empezar como doncella será una excelente oportunidad para aprender.
Los ojos de Sienna se abrieron poco a poco.
Sarah seguía sonriendo.
—Estoy segura de que serás una muy buena doncella.
El silencio volvió a instalarse.
El duque y la duquesa intercambiaron una mirada.
No les convencía del todo aquella idea.
Pero Sarah no les dio tiempo para intervenir.
—Además...
Miró a sus padres.
—Cuando aprenda correctamente los modales y la etiqueta, podrá asistir a bailes y reuniones como una verdadera integrante de la familia Ivanov.
Asintió convencida.
—El prestigio de nuestro apellido también depende de quienes viven bajo este techo.
Volvió a mirar a Sienna.
—Y aquí tratamos a nuestras doncellas con respeto y cariño.
Entonces giró nuevamente hacia el duque.
Con una expresión casi suplicante dijo:
—Padre...
El duque respondió con paciencia.
—¿Sí?
—Por favor...
Juntó ambas manos.
—Páguele un buen salario a mi prima.
El hombre pestañeó.
—¿Un salario?
—Sí.
Sarah adoptó nuevamente aquella expresión inocente y compasiva.
—Ella ya no tiene a nadie. Debe poder ahorrar su propio dinero para construir su futuro. Por favor, padre.
El duque permaneció pensativo unos segundos.
Finalmente respondió.
—...Lo consideraré.
—¡Gracias!
Sarah sonrió feliz.
Sienna, en cambio...
Ya no lloraba.
Ni siquiera recordaba fingir.
Solo permanecía completamente inmóvil.
[¿Qué...?]
Su cabeza daba vueltas.
Siempre que visitaba la mansión Ivanov...
La trataban como a una invitada.
Como parte de la familia.
Como una igual.
Había esperado exactamente lo mismo.
Pero ahora...
Sin darse cuenta...
Acababa de aceptar delante de todos convertirse en una doncella.
Y lo peor... Había sido idea suya.
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶