Cuando U-jin partió al extranjero para convertirse en una abogada impecable y Jeong decidió quedarse a construir desde cero su sueño entre harinas y hornos, ambas creyeron que el tiempo se encargaría de diluir lo que sentían. Durante años, sus vidas transcurrieron en universos paralelos: U-jin conquistando el exigente mundo de las leyes con elegancia y determinación; Jeong convirtiendo su pequeña pasión en la cafetería y repostería más aclamada de la ciudad, mientras intentaba descifrar un vacío en su corazón que ningún éxito lograba llenar.
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Pretextos dulces
Las tres de la mañana marcaba el reloj digital sobre la mesa de noche. U-jin permanecía recostada entre las sábanas blancas del dormitorio principal de la casa, con la mirada fija en las sombras que proyectaban las ramas del árbol del patio contra el techo. A su lado, sobre la mesa de madera, los expedientes de la obra y los esquemas de iluminación para el despacho yacían olvidados.
La voz suave y certera de su abuela continuaba resonando en la penumbra de la habitación: «¿Y acaso eso importa para amar a alguien con el corazón?»
U-jin suspiró, pasándose una mano por el rostro. Intentó apelar a su mente lógica y analítica, esa estructura de abogada que solía clasificar todo en apartados claros y precisos, pero las emociones no respondían a ningún código legal.
Recordó la sensación de la tarde: la forma en que el espacio de la planta baja parecía encogerse cuando Jeong caminaba por él, la firmeza de su voz grave, la calidez de su mano y ese aura madura, segura y fuertemente masculinizada que emanaba de cada uno de sus gestos.
Durante sus años en el extranjero, U-jin jamás se había interesado por nadie de manera profunda.
Había asumido que su frialdad o su distancia eran simplemente el reflejo de una ambición profesional absorbiente. Sin embargo, en la quietud de la noche, una duda latente comenzaba a salir a la superficie: ¿realmente era falta de tiempo, o era que ninguna persona había logrado generar en ella el impacto que Jeong provocaba con solo cruzarse en su camino?
Cerró los ojos, sintiendo un calor persistente en las mejillas. Aceptar que la admiración hacia su amiga de la infancia rozaba una frontera distinta era un terreno nuevo, desconocido y extrañamente fascinante.
A la mañana siguiente, el movimiento en la cocina central de Lumière era frenético. El aroma a mantequilla avellanada y cacao amargo llenaba el ambiente mientras los reposteros avanzaban con los pedidos de la primera hora.
Jeong caminaba entre las estaciones de trabajo vistiendo su delantal negro sobre una camisa de corte recto con las mangas enrolladas hasta los codos. Con la mirada atenta y la postura erguida que la caracterizaba, supervisaba cada detalle. Se detuvo junto a uno de los mostradores, tomó un pequeño pastelillo de hojaldre relleno de crema de avellana y frutos rojos, y probó una cucharada.
—La textura de la crema está impecable —comentó Jeong con voz grave a su repostero principal—, pero el nivel de acidez necesita un ajuste ligero. Si no equilibramos los frutos rojos, empalagará al tercer bocado.
—Entendido, chef. Prepararé otra prueba para la tarde —respondió el chico con reverencia.
Jeong asintió y caminó hacia su oficina. Se quitó el delantal, lo dejó sobre el respaldo de su silla y se apoyó contra el borde del escritorio de madera. Sacó el teléfono móvil del bolsillo de sus pantalones oscuros. Lo giró entre sus dedos un par de veces, dudando. Había pasado todo el viaje de vuelta del trabajo pensando en la visita al espacio de U-jin, en la elegancia serena de su mirada y en la forma tan natural en que sus vidas volvían a conectarse.
Sonrió con ligereza, buscando el pretexto perfecto para volver a verla sin sonar demasiado apresurada.
Enfocó la cámara de su teléfono hacia el nuevo pastelillo que reposaba sobre un plato de porcelana negra en su escritorio. Tomó una foto impecable, donde los colores del postre destacaban con la luz natural de la ventana, y la envió por mensaje privado junto con un texto cuidadosamente elaborado:
> «Señorita abogada, en la cocina tenemos un dilema urgente. Hemos creado una nueva receta de hojaldre con crema de avellana y frutos rojos, pero el equipo no logra ponerse de acuerdo con el equilibrio de sabores. Necesitamos una evaluación imparcial y con criterio legal para determinar si este pastel es legalmente adictivo o si requiere ajustes. ¿Tiene disponibilidad en su agenda para una cata privada al cerrar el local?»
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A tres calles de allí, U-jin escuchó el tono de notificación de su teléfono mientras revisaba una muestra de pintura junto al pintor de la obra. Al abrir el mensaje y leer las palabras de Jeong, no pudo evitar que una sonrisa espontánea e inusualmente brillante se dibujara en sus labios.
Respondió casi de inmediato, sintiendo cómo el cansancio de la noche en blanco se disipaba por completo:
> «Acepto el caso, chef Jeong. Ajustaré mis horarios. Nos vemos al cierre.»
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