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La Vida Que Nos Falta

La Vida Que Nos Falta

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor prohibido
Popularitas:705
Nilai: 5
nombre de autor: Y.Valeri

Victoria tenía dieciocho años cuando conoció a Stefano.
Él tenía veintidós, una sonrisa imposible de ignorar y demasiadas verdades que decidió callar.

Para ella fue su primer gran amor. Para él, una historia que nunca debió comenzar.

Victoria creyó conocer al hombre del que se estaba enamorando, hasta que descubrió que Stefano guardaba un secreto capaz de cambiarlo todo. Intentó alejarse. Volvió. Lo perdonó. Y cuando finalmente creyó haber aceptado la verdad, descubrió que apenas conocía una parte de ella.

Lo que siguió fueron años de encuentros, despedidas y decisiones que terminaron llevándolos por caminos distintos.

Victoria creció. Amó. Construyó una vida que ya no dependía de Stefano.

Pero algunas historias no terminan cuando dos personas se separan.

A veces solo esperan el momento en que ambos tengan suficiente vida encima para entender lo que realmente perdieron.

NovelToon tiene autorización de Y.Valeri para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No vuelvas a buscarme

Victoria no lloró delante de Stefano.

Eso fue lo primero que se prometió.

No porque no quisiera. Tenía la garganta cerrada desde hacía varios minutos y las manos tan frías que había terminado escondiéndolas debajo de la mesa. Pero no iba a llorar allí. No mientras él seguía sentado frente a ella con esa expresión de hombre que sabía que había llegado demasiado tarde a una conversación que debía tener meses atrás.

—Dímelo otra vez.

Stefano bajó la mirada.

-Victoria...

-No. Mírame y dímelo otra vez.

—Estoy casado.

La frase cayó entre los dos con una tranquilidad absurda.

Afuera pasaban carros. En la mesa de al lado alguien se rio. Una mesera dejó dos vasos sobre una bandeja y siguió caminando.

El mundo no se detuvo.

Victoria pensó que debía hacerlo.

Cinco meses atrás había descubierto que Stefano tenía un hijo de seis meses. Había sentido rabia, vergüenza y una decepción que le había durado días. Después él le había explicado. Había pedido perdón. Había insistido en que no quería perderla.

Y ella había decidido creer que ese era el secreto.

El único.

— ¿Cuánto tiempo llevas casado?

Él se pasó una mano por la cara.

—Más de un año.

—¿Antes de conocerme?

Victoria soltó una risa corta, sin humor.

—Qué precisión.

—No estoy tratando de...

Victoria sintió que algo dentro de ella se acomodaba de la peor manera posible.

Las llamadas que él no contestaba.

Los largos fines de semana en que desaparecía.

Las noches que terminaban demasiado temprano.

Los mensajes que podían esperar hasta la mañana siguiente.

Las veces que ella había preguntado y él había encontrado una explicación suficientemente sencilla para que no pareciera una explicación.

—Ella es la mamá de tu hijo.

No fue una pregunta.

Stefano.

Victoria apartó la mirada.

Ahí estaba.

La pieza que faltaba.

Y, de pronto, todas las demás encajaban.

—Entonces cuando yo descubrí lo del bebé...

-Si.

—¿Ya estabas casado?

-Si.

—Y me dejaste creer que eso era todo.

—Tenía miedo de que te fueras.

Victoria lo miró.

—¿Y qué creías que iba a pasar cuando me enterara?

—No lo sé.

—Claro que lo sabías. Por eso no me lo dijiste.

Stefano abrió la boca, pero ella levantó una mano.

-No.

Él calló.

—No me explicas que estabas confundida. No me digas que las cosas entre ustedes son complicadas. No me digas que te ibas a separar ni que estabas esperando el momento correcto. No quiero escuchar ninguna de esas cosas.

—No iba a decir eso.

—Entonces peor. Porque significa que ni siquiera tienes una mentira nueva.

Stefano apretó la mandíbula.

Victoria se puso de pie.

Él también.

—Siéntate.

—Déjame llevarte.

-No.

—Es tarde.

—Puedo irme sola.

-Victoria...

—Puedo irme sola.

Esta vez él no discutió.

Victoria tomó el bolso. Le costó dos intentos meter el teléfono porque los dedos no le respondían bien.

Stefano la Agustín.

—Lo siento.

Ella se detuvo.

Había imaginado muchas veces cómo se sentía una traición. En las películas siempre había gritos, vasos rotos, puertas que se cerraban con fuerza.

La realidad era mucho más pequeña.

Una mesa.

Dos personas.

Y una frase que llegaba meses tarde.

—Yo no necesitaba que fueras perfecto. Necesitaba que me dejaras decidir con la verdad.

Stefano bajó la mirada.

-Perder.

—No. Ahora lo sabes.

Salió.

No miró hacia atrás.

El teléfono sonó cuando estaba a mitad de camino.

Victoria vio el nombre y lo dejó sonar.

Volvió a sonar.

Lo silenció.

En el tercer intento apagó el aparato.

Llegó a casa y cerró la puerta con seguro.

Su madre la saludó desde la sala.

—Victoria, ¿cómo te fue?

—Estoy cansada, mamá.

—¿Comiste?

-Si.

Era mentira.

Subió a su habitación, dejó el bolso en el suelo y se sentó en la cama.

Durante varios minutos no hizo nada.

Después de subir el teléfono.

Siete llamadas perdidas.

Tres mensajes.

No abrió ninguno.

Fue directamente al contacto de Stefano.

Lo miró.

Podía bloquearlo.

No lo hizo.

Todavía no.

En cambio escribió:

No vuelvas a buscarme.

Leyó la frase dos veces.

La envío.

La respuesta apareció casi de inmediato.

Déjame explicarte.

Victoria cerró los ojos.

Escrito:

Ya me explicaste durante meses sin decirme la verdad.

Borró la frase.

Volvió a escribir:

No quiero verte.

La envío.

Esta vez Stefano tardó.

Está bien.

Victoria dejó el teléfono boca abajo.

Cinco minutos después llegó otro mensaje.

Pero si algún día quieres escucharme, voy a estar.

Ella lo leyó.

Después bloqueó el número.

Y entonces sí lloró.

No por la esposa.

No por el bebé.

Ni siquiera por Stefano.

Lloró por ella.

Por la muchacha que había defendido una historia sin saber cuál era la historia completa.

A la mañana siguiente se levantó con los ojos hinchados y una decisión que parecía mucho más firme con la luz del día.

Stefano había mentido.

Ella ya sabía la verdad.

Eso debía ser suficiente para terminar.

Lo que Victoria todavía no sabía era que terminar una relación podía hacerse en una noche.

Dejar de querer a alguien era otra cosa.

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