Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Cita 3
Cuando el almuerzo terminó, ninguno de los dos quiso llamarlo una cita.
Ni Lucille.
Ni Jack.
Era más sencillo decir que habían ido a comer a las colinas.
Eso era todo.
Una comida entre compañeros de trabajo.
Un descanso después de tantos días atendiendo pacientes.
Nada más.
Al menos, eso era lo que ambos podían decir en voz alta.
Porque para Lucille había sido mucho más que eso.
Mientras recogían las cosas, ella miró de reojo a Jack.
Durante aquel almuerzo había descubierto que el mago era mucho más complejo de lo que había imaginado.
Había conocido al Jack bromista.
Al coqueto.
Al hombre que parecía incapaz de tomarse algo demasiado en serio.
Pero también había conocido al hombre que hablaba con cariño de su familia.
Al hermano menor que tenía una relación complicada con su hermano, el duque Kovacic.
Había entendido que detrás de sus bromas existían heridas que no mostraba fácilmente.
Y eso había hecho que Lucille lo mirara de otra manera.
No solamente como el poderoso mago que había llegado a ayudarla.
Sino como un hombre.
Un hombre con problemas.
Con deseos.
Con inseguridades.
Con personas a las que amaba.
Y eso era peligroso.
Porque algo dentro de ella había comenzado a despertar.
Lucille lo sabía.
Intentaba negarlo.
Pero no podía hacerlo completamente.
No porque Jack hubiera hecho algo especial.
No porque él la hubiera presionado.
Sino porque, por primera vez, ella estaba comenzando a permitirse mirar hacia él.
Y eso la asustaba.
[Él es importante.]
[Es un mago reconocido.]
[Conoce duques.]
[Es amigo de personas poderosas.]
[Es hermoso.]
[Es divertido.]
[Es... difícil de ignorar.]
Lucille suspiró.
Y entonces apareció aquel pensamiento que siempre terminaba regresando.
[¿Pero por qué alguien como él elegiría a alguien como yo?]
Ella sabía que era hermosa.
Sabía que tenía una familia que la amaba.
Sabía que había conseguido cosas importantes con la Casa de Ayuda.
Pero una parte de ella seguía sintiendo que no era suficiente.
Que siempre habría alguien mejor.
Más segura.
Más interesante.
Más adecuada para un hombre como Jack.
Y aunque intentaba no pensar en eso, aquella inseguridad seguía allí.
Jack la observó.
No dijo nada.
Pero la conocía lo suficiente para notar que algo había cambiado.
El camino de regreso comenzó tranquilamente.
El carruaje avanzaba entre las colinas mientras el sol descendía lentamente.
Lucille miraba por la ventana.
Jack permanecía frente a ella.
Durante unos minutos no hablaron.
Hasta que él rompió el silencio.
—Extraño un poco a mi gente.
Lucille giró la cabeza.
—¿A su familia?
—A todos.
Jack sonrió débilmente.
—A mis hermanos de vida. A mis sobrinos. A la gente del templo.
Miró hacia la ventana.
—He estado viajando bastante últimamente.
Lucille lo escuchaba en silencio.
—Y aunque me gusta conocer lugares nuevos... a veces extraño tener cerca a personas que conozco desde hace mucho tiempo.
Lucille sintió algo en el pecho.
—Debe ser difícil.
Jack asintió.
—Un poco.
Luego la miró.
—Además, aquí solamente tengo una amiga.
Lucille parpadeó.
—¿Una?
—Una.
—¿Y quién es?
Jack la miró directamente.
—Usted.
Lucille sintió que sus mejillas comenzaban a calentarse.
—Jack...
—Es verdad.
Él se acomodó un poco más cerca.
—Y hoy descubrí que también me gusta pasar tiempo con usted cuando no estamos trabajando.
Lucille bajó la mirada.
—Yo también disfruté la tarde.
Jack sonrió.
—Entonces necesito algo.
—¿Qué?
—Un abrazo.
Lucille levantó la cabeza.
—¿Un abrazo?
—Sí.
Jack puso una expresión ligeramente triste.
—Extraño a mi gente.
Lucille dudó.
—Yo...
Jack se acercó un poco más.
—Solo uno.
Lucille lo miró.
No parecía estar bromeando.
Por primera vez desde que lo conocía, Jack no estaba sonriendo de esa manera traviesa.
Parecía simplemente... solo.
Y Lucille conocía demasiado bien aquella sensación.
—Está bien.
Jack sonrió.
Se acercó y la abrazó suavemente.
Lucille se quedó rígida durante unos segundos.
No estaba acostumbrada.
No a ese tipo de cercanía.
Pero Jack no hizo nada más.
Simplemente se quedó allí.
Sus brazos alrededor de ella.
Su cabeza apoyada cerca de su hombro.
Y poco a poco, Lucille dejó de tensarse.
Respiró.
Y se relajó.
Jack permaneció así unos momentos.
Después, con toda naturalidad, se acomodó.
Lucille sintió que él bajaba lentamente hasta apoyar la cabeza sobre sus piernas.
Ella abrió los ojos.
—¿Jack?
—Mmm...
—¿Qué está haciendo?
—Descansando.
—Pero...
—Usted dijo que podía abrazarla.
Lucille miró hacia abajo.
El mago había cerrado los ojos.
Su cabello blanco descansaba sobre sus piernas.
—Eso no significa que pueda usarme de almohada.
Jack sonrió sin abrir los ojos.
—Es una excelente almohada.
Lucille suspiró.
—Usted realmente hace lo que quiere.
—Solo cuando me dejan.
Ella negó con la cabeza.
Pero no lo apartó.
Jack se acomodó mejor.
Parecía completamente cómodo.
Lucille miró por la ventana.
Después volvió a mirar hacia abajo.
El rostro de Jack se veía tranquilo.
Sin la sonrisa burlona.
Sin la actitud del poderoso mago.
Parecía simplemente un hombre cansado que había encontrado un lugar donde sentirse seguro.
Lucille sintió que algo dentro de ella se suavizaba.
Levantó lentamente una mano.
Dudó.
Y finalmente pasó los dedos por su cabello blanco.
Jack permaneció inmóvil.
Lucille volvió a acariciarlo.
Una vez.
Luego otra.
—Qué extraño eres...
Jack no respondió.
Parecía dormido.
Lucille sonrió.
—De verdad pareces un cachorro.
Los labios de Jack se curvaron ligeramente.
Pero mantuvo los ojos cerrados.
[Que siga acariciándome.]
Era probablemente uno de los momentos más felices que había tenido en mucho tiempo.
Lucille continuó acariciándole el cabello.
Y mientras el carruaje avanzaba lentamente hacia la mansión Harrington, ella comenzó a comprender algo.
Quizás Jack no era solamente un poderoso mago.
Quizás tampoco era solamente el hombre coqueto que disfrutaba hacerla sonrojar.
Era alguien que también necesitaba compañía.
Alguien que extrañaba a las personas que amaba.
Alguien que, a pesar de conocer a nobles, duques y personas importantes, había elegido decirle a ella..
"Aquí solamente tengo una amiga."
Lucille bajó la mirada.
Y sintió una pequeña sonrisa aparecer en sus labios.
[Quizás... sí puedo ser suficiente para alguien.]
El pensamiento apareció tan rápido que casi la asustó.
Ella dejó de acariciarlo por un instante.
Jack, todavía con los ojos cerrados, frunció ligeramente el ceño.
Lucille volvió a pasar los dedos por su cabello.
El ceño desapareció.
Y ella sonrió.
No sabía qué iba a suceder entre ellos.
No sabía si aquello se convertiría en algo más.
No sabía si algún día Jack elegiría a otra persona.
Pero por primera vez no quiso adelantarse a ese momento.
Por ahora, simplemente quería disfrutar de aquel instante.
Y Jack, fingiendo estar profundamente dormido sobre sus piernas, pensó que quizás aquella era una de las mejores decisiones que había tomado en mucho tiempo.
esta noche, yo daria lo que fuera..
Por un beso, de tu boca
esta noche, yo daria lo que fuera..
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