Él la desea por su pasado. Ella lo busca por su futuro. ¿Podrán escapar de las sombras del pasado? 🖤
Dorian Collins es "El Magnate de los Diamantes" 💸, un CEO millonario, frío y destrozado por la muerte de su amada esposa Anna 🕊️. Para el mundo es indestructible, pero por dentro se consume en la soledad y en un deseo reprimido que no lo deja en paz.
Charlotte Mousier es una valiente obrera del sur de Francia ⚒️. Sin dinero y agobiada por las deudas, lucha por salvar la vida de sus padres enfermos 🏚️. Cuando el corrupto encargado de la mina intenta abusar de ella y la deja en la miseria, Charlotte emprende un viaje desesperado a París para plantarle cara al mismísimo dueño del imperio 🏢.
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Capítulo 11: Inocente
Al llegar al hotel, el chófer le abrió la puerta del automóvil de lujo a Charlotte y la guio hacia la entrada principal. Para su sorpresa, en la recepción la estaba esperando el propio gerente del establecimiento, quien la saludó con una inclinación reverente y una sonrisa ensayada.
—Señorita Mousier, es un honor tenerla con nosotros. Por favor, acompáñeme, su suite ya está totalmente lista.
El hombre la condujo a través de pasillos alfombrados e iluminados por arañas de cristal hasta el séptimo piso. Al girar la llave de la suite 704 y abrir la imponente puerta de madera noble, Charlotte se quedó sin aliento. La habitación era más grande que toda su casa en el sur de Francia, pero lo que realmente llamó su atención fue la elegante mesa ubicada cerca del ventanal con vista a los bulevares de París.
Sobre un mantel blanco impecable descansaba un banquete de comida exquisita: carnes finas, quesos curados, frutas frescas, panes recién horneados y una cubeta de plata con hielo donde reposaba una botella de vino.
—Señorita, bienvenida —expresó el gerente, extendiendo la mano hacia el festín—. El señor Collins nos dio instrucciones precisas. Aquí tiene una mesa buffet para que usted escoja lo que prefiera comer. Todo está fresco y listo a su elección. Además, le ofrecemos esta botella de vino, la mejor de nuestra cava privada. Si me lo permite, la descorcho de una vez para que pueda descansar. Si necesita cualquier otra cosa, solo marque cero en el teléfono y estaré a su entera disposición.
—Muchas gracias... —alcanzó a decir Charlotte, aún abrumada por tantas atenciones.
El gerente sirvió una copa de vino, hizo una nueva reverencia y salió en silencio, cerrando la puerta tras de sí.
Charlotte se quedó sola en medio del lujo. Observó la comida humeante y la botella de cristal tallado. No podía creer el poder absurdo que tenía Dorian Collins; le había bastado el corto trayecto entre las oficinas de la corporación y el hotel para que sus empleados organizaran semejante despliegue en tiempo récord.
Caminó hacia la mesa y tomó un plato. La verdad era que no había probado bocado en todo el día y el aroma de los platillos le despertaba un hambre voraz. Mientras comía con ganas, las tensiones acumuladas en la oficina empezaron a disiparse de su mente. Llegó a la conclusión de que la extraña reacción de Dorian había sido solo un exabrupto momentáneo, y que sus disculpas al ofrecerle el hotel y el chófer habían sido sinceras. Mañana la enviaría en ese avión privado a su pueblo y todo volvería a la normalidad.
Satisfecha tras la cena, Charlotte abrió su pequeña y desgastada maleta de tela, sacó una muda de ropa limpia y se dirigió al cuarto de baño.
Al cruzar la puerta, se encontró con un espacio gigantesco, recubierto de mármol blanco y espejos biselados. Jamás en su vida había visto un baño así. Abrió la llave de la amplia regadera de lluvia y dejó que el agua caliente cayera sobre sus hombros tensos, lavando el polvo del viaje, el cansancio y la adrenalina acumulada.
Minutos después, salió del baño envuelta en una bata de algodón blanco, secándose el cabello rizado con una toalla.
Fue en ese instante cuando notó algo extraño. Un murmullo bajo de voces pesadas resonaba en el pasillo, justo del otro lado de su puerta, acompañado por el sonido de pasos firmes sobre la alfombra. Charlotte se detuvo un segundo con la toalla en la mano, prestando atención. Sin embargo, sacudió la cabeza para ahuyentar cualquier mal pensamiento; asumió que se trataba de otros huéspedes adinerados regresando a sus habitaciones.
Estaba agotada. El cuerpo le pedía a gritos una cama, y la que presidía la suite se veía más suave que una nube. Necesitaba dormir bien para estar lista a primera hora, tomar ese avión y regresar finalmente a casa con la buena noticia para los suyos.
Al menos, eso era lo que ella creía que iba a suceder.
Excelentes capítulos, quede sorprendida de como una madre sea capaz de tanto 😲