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LAZOS DE CRIMEN Y SEDUCCIÓN

LAZOS DE CRIMEN Y SEDUCCIÓN

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Aranza Manrique, una brillante licenciada en economía y finanzas de 40 años, vive atrapada en una jaula de oro. Atada desde los veinte años a un matrimonio por conveniencia dictado por sus padres, soporta la tiranía, las humillaciones y el maltrato físico de su esposo, Fausto Carvajal. Aunque Fausto aparenta ser un empresario exitoso, su imperio se sostiene con dinero sucio y conexiones de baja categoría, dependiendo de la enorme influencia y el peso económico de la empresa de Aranza. Bajo un acuerdo legal draconiano, un divorcio mal manejado les costaría el treinta por ciento de las acciones, manteniendo a Aranza prisionera por el bienestar financiero y el control empresarial.
​Tras una década de dormir en camas separadas, un encuentro fortuito en un bar exclusivo exclusivo de la élite cambia el destino de Aranza para siempre. Allí conoce a Luis Carlos Altamirano, un magnate de la tecnología de 27 años,

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SOMBRAS DEL PASADO Y LA ANGUSTIA EN LA MANSIÓN

​La tenue luz de la mañana siguiente se colaba con suavidad por los ventanales de la cocina del penthouse, iluminando un escenario de absoluta domesticidad y complicidad íntima. Después de las intensas horas vividas en el cuarto rojo, el ambiente entre Aranza y Luis Carlos se había transformado en un territorio de paz compartida.

​Aranza vestía únicamente una de las camisas negras de cuello abierto de Luis Carlos, que le quedaba holgada y le cubría apenas la mitad de los muslos, dejando sus piernas al descubierto. Luis Carlos, vistiendo solo unos cómodos bóxer de algodón oscuro que resaltaban su físico atlético y su piel limpia, sin rastro alguno de tinta o marcas, se encontraba frente a la isla de la cocina preparando un café expreso y unos sándwiches ligeros para calmar el apetito tras la larga madrugada.

​Aranza se acercó sigilosamente por detrás, con una sonrisa pícara dibujada en el rostro. Apoyó el torso contra su espalda ancha, rodeándole la cintura con los brazos y comenzando a trazar círculos suaves con las yemas de los dedos sobre su piel firme y despejada, mientras le besaba los omóplatos y la nuca con devoción.

​Luis Carlos soltó una carcajada suave, deteniendo los movimientos de la cafetera y girando levemente la cabeza para mirarla de reojo con una chispa de diversión y deseo en los ojos grises.

​—Creo que mi señora bonita se quedó con más ganas después de todo lo que hicimos anoche... no te sacias nunca, ¿verdad? —bromeó él con su voz ronca, sintiendo cómo el cuerpo de ella se pegaba con más fuerza al suyo.

​—Contigo es imposible saciarse, amo... me acostumbraste demasiado bien —susurró Aranza contra su piel, soltando una risita cómplice mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja.

​Antes de que Luis Carlos pudiera responder y girarse para atraparla en sus brazos, el sonido estridente y seco de su teléfono celular sobre la barra de granito interrumpió la escena. El aparato vibraba con insistencia, mostrando una llamada de prioridad máxima procedente de su equipo de seguridad corporativa y de sus contactos en la fiscalía federal.

​Luis Carlos frunció el ceño de inmediato, dejando la taza a un lado y tomando el teléfono con rapidez.

​—Dime... te escucho —respondió con voz firme y seria, cambiando radicalmente de tono en cuestión de segundos.

​Aranza se apartó un poco, observando el rostro de Luis Carlos, que pasó de la relajación absoluta a una expresión de profunda tensión y oscuridad. A medida que escuchaba la voz al otro lado de la línea, la mandíbula de Luis Carlos se tensó hasta marcarse con dureza.

​—Entiendo. Rastreen la señal de inmediato y movilicen a todos los equipos... no me importa cuánto cueste, encuéntrenlos ya —ordenó con voz cortante antes de colgar.

​Al ver la mirada de pánico que se comenzaba a reflejar en los ojos de Aranza, Luis Carlos se giró y la tomó de los hombros con firmeza, intentando mantener la calma, aunque la noticia era devastadora.

​—¿Qué pasa, Luis Carlos? ¿Quién era? ¡Dime la verdad! —exclamó Aranza con la voz temblorosa, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.

​—Fausto... logró sobornar a alguien dentro del traslado penitenciario y se fugó con ayuda de una célula de la mafia local —le soltó Luis Carlos sin rodeos, mirándola fijamente a los ojos—. Y lo peor... al parecer, en venganza por lo ocurrido, mandó a un comando a interceptar y secuestrar únicamente a Fabio, mientras Fabiola logró quedarse a salvo dentro de la mansión. Solo se llevaron a Fabio.

​El mundo pareció derrumbarse alrededor de Aranza. Un grito desgarrador brotó de su garganta y las piernas le fallaron por completo.

​—¡No, Dios mío, mi hijo no! ¡Fabio, mi pequeño! —gimió Aranza con desesperación, llevándose las manos a la cabeza mientras las lágrimas brotaban descontroladas de sus ojos—. ¡Tenemos que irnos ya, por favor, sácame de aquí!

​—Tranquila, Aranza, mírame... ¡mírame! —le ordenó Luis Carlos con voz firme y autoritaria, sacudiéndola suavemente para que volviera en sí—. Vamos a irnos a la mansión en este mismo instante. Mis hombres ya están en camino. Te juro por mi vida que voy a encontrar a tu hijo, te lo juro.

​En cuestión de minutos, la velocidad se convirtió en su única aliada. Luis Carlos se puso un pantalón vaquero y una franela negra a toda prisa, mientras Aranza, con las manos temblando de pánico, se colocó sus pantalones pero se negó a quitarse la camisa negra de él, el único amuleto que le quedaba para sentir su protección cerca. Salieron disparados hacia la mansión Carvajal.

​Al llegar a la propiedad, el ambiente era desolador. La mansión, que apenas unas horas antes respiraba la paz de una nueva vida, estaba rodeada de patrullas discretas y agentes de seguridad privada. Fabiola se encontraba adentro, abrazada y llorando desconsoladamente junto a Luz Marina y Ana Fernanda, quienes habían corrido al enterarse de la tragedia para contener a la familia y cuidar de la menor.

​En la sala principal de la mansión, la tensión era insoportable. Doña Patricia de Altamirano y Don Carlos habían llegado poco después para ponerse al frente de la situación. Don Carlos, con el rostro serio y la autoridad que lo caracterizaba, ya estaba al teléfono movilizando la red de contactos más influyentes del país, utilizando cada favor político y cada recurso financiero para cercar las rutas de escape de la mafia y dar con el paradero de Fausto Carvajal.

​Luis Carlos se acercó a Aranza, que estaba sentada en el sofá con la mirada perdida y el cuerpo temblando, y se hincó frente a ella, tomándole las manos frías entre las suyas.

​—Escúchame bien, Aranza —le prometió Luis Carlos con los ojos anegados de una rabia contenida pero con una seguridad inquebrantable—. Mi padre y yo estamos moviendo cielo, mar y tierra. No vamos a descansar ni un solo segundo hasta encontrar a Fabio sano y salvo. Fausto acaba de firmar su sentencia de muerte al atreverse a tocar a tu familia. Te juro que lo encontraré y se lo arrancaré de las manos.

​Antes de que Aranza pudiera articular palabra para responderle, el teléfono celular que tenía sobre la mesita auxiliar comenzó a sonar con una notificación de un número desconocido de mensajería cifrada.

​Con los dedos entumecidos por el terror, Aranza tomó el aparato y abrió el archivo adjunto. Era un video.

​Con el corazón latiéndole a mil por hora y la respiración cortada, Aranza le dio play a la pantalla, acompañada de cerca por Luis Carlos, quien palideció al ver las imágenes.

​En el video aparecía Fabio, atado a una silla en un almacén abandonado y oscuro, con visibles marcas de golpes en el rostro, sangre en los labios y lágrimas en los ojos. Pero lo más grotesco y doloroso no eran los golpes del chico, sino la voz que se escuchaba detrás de la cámara, riendo de manera desquiciada y sádica: era la voz de Fausto Carvajal.

​—¿Ves esto, querido hijito? Mira cómo te deja tu propio padre por culpa de la zorra de tu madre... —se burlaba Fausto en la grabación, mientras se acercaba a golpear nuevamente al chico en el estómago, provocando que Fabio gimiera de dolor—. Pero te voy a contar un secreto que te va a encantar, pedazo de imbécil... ¿Sabes una cosa? Tu mamá adorada jamás te dijo la verdad. Ustedes jamás fueron fruto de ningún amor. Ustedes dos nacieron porque yo la violaba repetidas veces cuando se negaba a cumplir con sus deberes de esposa. ¡Son el producto directo de mis violaciones! ¿Cómo te sientes ahora mismo al saber que la sangre que corre por tus venas es la de una violación y la de un monstruo? ¡Jajaja!

​El video se detuvo de golpe.

​Aranza se quedó petrificada, con los ojos abiertos de par en par, incapaz de emitir un sonido, mientras un dolor físico y agudo le atravesaba el pecho. El monstruo no solo se había llevado a su hijo, sino que estaba intentando destruir su mente y su alma con la verdad más cruel y devastadora de toda su existencia.

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Mony Martinez Jaramillo
Excelente
Betty Chavez
Me encanto tu historia estuvo muy buena a pesar de la diferencia de edad ellos pudieron formar una familia hermosa muchas gracias por compartir 🥰🥰
Graciela Saiz
pensar que hay tantos de esas basuras en este mundo , que son machotes con los más débiles 🤬
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
Dos capítulos súper buenos es una joya que te atrapa tu novela Felicitaciones 👋👋👋
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
Muy bueno el inicio espero que siga asi Y escritora perdón que te haga notar,Corrige y no repitas tantas veces la misma palabras y los mismos textos porque arruinas la trama un simple comentario ❤️
Naibelys Perez: gracias ❤️ por su comentario, lo tendré presente 🫂
total 1 replies
Tere Jimenez
muy interesante el inicio gracias por compartir
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