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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4: Ferrari de cumpleaños

Cristian no tocó el almuerzo de inmediato.

La comida estaba abierta sobre la mesa baja de su despacho: arroz blanco, verduras salteadas, pollo sin chile y una sopa clara que olía a jengibre. Todo demasiado inocente para una mujer que acababa de ayudarlo, sin saberlo, a sacar de Grupo Montalvo a un directivo corrupto.

Ximena, en cambio, actuaba como si nada hubiera pasado.

Se sentó al borde del sofá con la espalda recta, abrió una servilleta y acomodó los cubiertos con una concentración tan delicada que cualquiera habría creído que su mayor preocupación en la vida era que el pollo no se enfriara.

Cristian ya no le creía ni la forma de respirar.

—Come —dijo él.

—Pensé que era para ti.

—Trajiste suficiente para dos.

Ella bajó la mirada.

—No quería molestar.

*Molestar, dice una. Si supiera que vengo muriéndome de hambre desde que me hizo subir a este palacio de vidrio. Pero claro, esposa fina, mordidas pequeñas, sonrisa pequeña, existencia pequeña.*

Cristian tomó los cubiertos.

—No molestas.

Ximena parpadeó, como si no esperara esa respuesta.

*Ay, qué raro se oyó eso. ¿Desde cuándo el señor hielo suelta frases bonitas sin manual de usuario? Cuidado, no te distraigas. Está guapo, sí, pero también es peligroso.*

Él se llevó un bocado a la boca para ocultar la reacción.

Cada nueva frase que le escuchaba por dentro era una prueba encendida entre las manos. Podía verla sentada frente a él, sonriendo como una esposa sin grietas, y aun así no encontraba en ella la simpleza de una mujer fría o vacía.

Había hambre. Había deseo. Había cansancio.

Y, por encima de todo, había una imaginación que no respetaba ni su traje.

Ximena levantó la tapa de la sopa.

—Está tibia todavía. Deberías tomarla primero.

—¿Siempre das órdenes disfrazadas de sugerencias?

—No son órdenes.

*Si fueran órdenes, lo primero sería: quítate el saco, arremángate la camisa y deja que una admire el panorama completo. Pero no, aquí estoy, recomendando sopa como señora de catecismo.*

Cristian apretó la cuchara.

—Puedo quitarme el saco si te incomoda.

Ximena casi dejó caer la tapa.

—¿Qué?

—Hace calor.

—Ah. Sí. Claro. Como prefieras.

*¡Sí, quítatelo! ¡Quítatelo con calma! Que Diosito me perdone, pero esos hombros merecen su propio altar.*

Cristian se quitó el saco despacio, solo por comprobar hasta dónde podía llegar la voz interior antes de que ella se delatara. Lo dejó en el respaldo de la silla y se sentó otra vez.

Ximena fingió estar concentrada en el arroz.

*Madre mía. Camisa blanca, muñecas fuertes, venas en la mano. Este hombre debería venir con advertencia sanitaria. "Mirar más de tres segundos puede causar ideas indecentes".*

—¿Te pasa algo? —preguntó él.

—No. ¿Por qué?

—Estás muy callada.

—No quiero interrumpirte.

*Estoy ocupada sobreviviendo, Cristian. ¿No ves que si sigo mirando te arranco la corbata con los dientes?*

La cuchara golpeó el plato.

Cristian tosió una vez, seca, breve.

Ximena levantó la cabeza de inmediato.

—¿Otra vez te cayó mal?

—No.

—¿Seguro? No le puse chile.

—Lo sé.

Ella lo miró con una extrañeza mínima.

Cristian cambió de tema antes de que la sospecha creciera.

—Faltan unos días para San Valentín.

La mano de Ximena se detuvo sobre su cuchara.

—Sí.

—¿Qué quieres de regalo?

Su rostro se suavizó al instante, como si hubiera abierto el cajón de las respuestas correctas.

—No tienes que regalarme nada.

—Pregunté qué quieres.

—Una flor bastaría.

Cristian la observó.

La mujer frente a él sonreía con una modestia impecable. Ni joyas, ni viaje, ni bolsa de diseñador. Una flor. Un gesto pequeño. Una respuesta perfecta para una esposa que no exigía.

Entonces su mente explotó.

*¿Una flor? ¿Quién dijo una flor? ¡No, no, no! Yo quiero un Ferrari. Rojo no, demasiado obvio. Mejor rosa viejo, edición limitada, con detalles que brillen de noche. Algo que grite: "sí, señoras, mi marido está frío pero tiene cartera caliente".*

Cristian dejó la taza sobre la mesa.

—¿Una flor?

—Sí. Me gustan las flores.

*También me gustan los autos bajos, caros y ridículamente imprácticos. Pero una tiene imagen de esposa tranquila. No puedo abrir la boca y decir: "Cristian, cómprame un Ferrari para ir por tacos con dignidad".*

Él bajó la mirada para que no le viera los ojos.

Así que ese era el patrón.

La boca pedía una flor.

La mente exigía un Ferrari.

—¿Estás segura? —preguntó.

—Claro.

—Puedo regalarte algo más útil.

Ximena tomó un poco de arroz.

—No necesito nada.

*Necesito muchas cosas. Un auto propio, una cuenta que nadie me revise, ropa que no parezca uniforme de nuera ejemplar y, ya que estamos soñando, media hora con tu camisa abierta. Pero una flor está bien. Qué humilde soy. Apláudanme.*

Cristian sintió que la diversión le rozaba la boca.

—¿Y un auto?

Ximena se atragantó.

—¿Un auto?

—Para moverte con más libertad.

Ella dejó su cuchara.

—No hace falta. Hay chofer.

*¡Sí hace falta! El chofer ve todo, cuenta todo, respira demasiado cerca. Yo quiero manejar, bajar la ventanilla, poner música, sentir que por una hora no soy la señora de nadie. Y si el auto ruge, mejor.*

Cristian se recargó en el respaldo.

—No pregunté si hacía falta.

Ximena lo miró con cautela.

—Sería demasiado.

—¿Qué marca te gusta?

—No conozco de autos.

*Ferrari. Ferrari. Ferrari. Daytona SP3 si nos ponemos finos. Aunque con que tenga curvas bonitas y haga llorar a las vecinas de Polanco, me conformo.*

—¿Porsche? —ofreció Cristian.

Ximena mantuvo la sonrisa.

—Cualquiera estaría bien.

*No Porsche. Bonito, sí, pero no. Ferrari, Cristian. Usa esa cara de genio empresarial para llegar a la respuesta correcta.*

—¿Ferrari?

La palabra la traicionó antes que la boca.

Sus ojos brillaron.

—¿Ferrari?

—Lo mencioné como opción.

—Ah. Sí. Supongo que es una marca conocida.

*Marca conocida, dice. Por favor, no babees. Respira. No pienses en la puerta abriéndose, tú bajando con vestido rojo y Cristian mirándote como si por fin hubiera entendido algo de la vida.*

Cristian inclinó la cabeza.

—¿Qué modelo?

—No sé de modelos.

*Daytona SP3. Edición limitada. Rosa viejo si existe, y si no existe que lo inventen, para eso son millonarios.*

—¿Daytona SP3? —dijo él.

Ximena se quedó sin expresión.

El silencio duró dos segundos completos.

—¿Eso existe?

Cristian no pudo evitar alzar una ceja.

—Acabas de reaccionar muy rápido.

Ella tomó agua.

—Es que... suena bonito.

*Suena bonito, rueda bonito, cuesta una grosería y yo quiero una. Qué vergüenza. No, vergüenza no. Vergüenza sería negar que nací para manejar algo así con lentes de sol y música fuerte.*

—Entiendo —dijo Cristian.

—De verdad una flor está bien.

—Una flor y un auto no son incompatibles.

Ximena apretó los labios.

—No quiero que pienses que soy materialista.

*Soy materialista con buen gusto, que es distinto. Además, tú tienes dinero para comprar media ciudad. Yo solo quiero un carrito precioso. Y tal vez que me entregues las llaves con la camisa arremangada. Tampoco pido tanto.*

Cristian tomó otro bocado de arroz.

Durante un año, había creído que su esposa era indiferente al dinero, al deseo, al mundo exterior. Ahora descubría que bajo aquella voz dulce vivía una mujer que quería autos absurdos, ropa indecente, libertad, comida sabrosa y su cuerpo con una claridad que lo dejaba sin defensa.

Lo extraño era que, en vez de irritarlo, empezaba a divertirlo.

—Cristian —dijo ella con suavidad—, no me mires así.

—¿Así cómo?

—Como si hubiera dicho algo raro.

*No dije nada raro. Solo pensé en un Ferrari y en tu abdomen. Bueno, quizá sí fue raro. Pero tú empezaste quitándote el saco.*

Él dejó la servilleta sobre la mesa.

—No has dicho nada raro.

—Entonces...

—Voy a pensar en tu regalo.

Ximena bajó los ojos.

—Gracias. Cualquier cosa estará bien.

*Ferrari. Ferrari. Ferrari. Y si viene con Cristian de chofer, camisa blanca, lentes oscuros y un delantal chiquito sirviéndome café después, tampoco me quejo.*

Cristian se quedó inmóvil.

¿Un delantal?

La mente de Ximena no se detuvo.

*No, mejor no café. Mejor él de rodillas ajustándome el cinturón de seguridad y diciendo: "señora, su Ferrari está listo". Ay, qué imagen. Qué servicio. Qué marido tan mal aprovechado.*

Cristian sintió que el calor le subía por el cuello.

Tomó la taza de agua y bebió como si eso pudiera apagar algo.

Ximena lo miró, preocupada.

—¿Ahora sí te enchilaste?

—No.

—Pero estás rojo.

—La oficina está caliente.

*La oficina no, mi cielo. Ojalá fueras tú.*

Cristian dejó la taza con demasiada fuerza.

Por primera vez en su vida, el director general de Grupo Montalvo, educado para no perder la compostura ante socios, abogados ni crisis de mercado, tuvo que admitir una verdad incómoda:

La mujer frente a él podía dejarlo achicharrado sin abrir la boca.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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