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Me Enamoré De Su Dolor

Me Enamoré De Su Dolor

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 5

La noche había cubierto completamente la mansión Kivilcim.

Después de la cena, el personal comenzó a retirarse lentamente de las diferentes habitaciones. Los largos pasillos quedaron en silencio, iluminados únicamente por las lámparas de pared que proyectaban sombras sobre los antiguos cuadros.

Denmet continuaba en la cocina.

Había insistido en ayudar a limpiar, aunque Aysun le había dicho varias veces que podía marcharse.

—Mañana tendrás otro día de trabajo —le había advertido.

Pero Denmet no quería irse todavía.

No sabía exactamente por qué.

Quizá porque aquel lugar aún le resultaba desconocido.

Quizá porque quería demostrar que era responsable.

O quizá porque, desde que había llegado aquella mañana, sentía que algo en la mansión Kivilcim había despertado su curiosidad.

Y no se trataba únicamente de Güner.

Estaba Fraize.

El misterioso retrato.

Las miradas incómodas cada vez que alguien pronunciaba su nombre.

Y las palabras de Aysun.

Eso es lo que dicen.

Denmet secó el último plato y lo colocó cuidadosamente en su lugar.

—Por fin.

Se quitó el delantal y suspiró.

—Sobreviví al primer día.

—Eso todavía está por verse.

Denmet se sobresaltó.

—¡Emre!

El joven apareció sentado sobre una de las mesas.

—¿Por qué todo el mundo en esta casa tiene la costumbre de aparecer sin avisar?

—Es una habilidad familiar.

—Entonces definitivamente no quiero pertenecer a esta familia.

Emre saltó de la mesa.

—Eso también está por verse.

Denmet lo miró.

—¿Qué significa eso?

—Nada.

—Otra vez.

—¿Qué?

—Esa respuesta.

Emre comenzó a reír.

—Te estás acostumbrando rápido.

Denmet tomó su bolso.

—Me voy antes de que aparezca alguien más.

—¿Quieres que te acompañe?

—¿A dónde?

—A la salida.

—Puedo encontrarla.

—Eso dicen todos la primera vez.

Denmet lo miró con sospecha.

—¿Es tan fácil perderse?

Emre sonrió.

—Depende de lo que estés buscando.

—Muy poético.

—Soy un hombre profundo.

—Claro.

Ambos salieron de la cocina.

Caminaron por el largo pasillo mientras Emre hablaba de diferentes cosas.

Denmet descubrió que era mucho más sencillo conversar con él que con el resto de los habitantes de la mansión.

—¿Siempre has vivido aquí? —preguntó ella.

—Casi toda mi vida.

—Debe ser extraño crecer en un lugar tan grande.

—Cuando era niño pensaba que era el mejor lugar del mundo.

—¿Y ahora?

Emre guardó silencio.

—Ahora sé que las casas grandes pueden esconder demasiadas cosas.

Denmet lo miró.

—Todos aquí hablan como si esta mansión fuera un misterio.

—Tal vez lo sea.

—¿Y tú?

Emre sonrió.

—Yo soy el misterio más pequeño de esta familia.

Denmet estaba a punto de responder cuando escucharon un ruido.

Ambos se detuvieron.

El sonido había venido del piso superior.

—¿Qué fue eso? —preguntó Denmet.

Emre levantó la mirada.

—Probablemente el viento.

—No sonó como viento.

—En esta casa, muchas cosas no son lo que parecen.

Denmet lo miró.

—Eso no me tranquiliza.

—No era mi intención.

De pronto, Emre recibió una llamada.

Miró la pantalla de su teléfono y su expresión cambió.

—Tengo que contestar.

—¿Ahora?

—Es algo importante.

Denmet señaló el pasillo.

—Puedo continuar sola.

—¿Estás segura?

—Solo necesito encontrar la puerta.

—Todo recto, después a la izquierda y...

Emre se detuvo.

—¿Qué?

—No.

—¿Qué pasa?

—Creo que es mejor que espere.

Denmet cruzó los brazos.

—Emre.

—Está bien.

Él señaló hacia el final del pasillo.

—Todo recto. Después gira a la izquierda. Encontrarás unas escaleras.

—Eso no suena complicado.

—Después de las escaleras, gira a la derecha.

—Entendido.

—Y no abras ninguna puerta.

Denmet lo miró.

—¿Por qué abriría una puerta?

—Solo... no lo hagas.

—Ahora quiero abrirlas todas.

—Denmet.

Ella comenzó a reír.

—Es una broma.

—No lo parece.

Emre atendió la llamada.

—Nos vemos mañana.

—Buenas noches.

Denmet continuó caminando.

Al principio siguió exactamente las indicaciones.

Todo recto.

Después a la izquierda.

Encontró las escaleras.

Pero cuando llegó al segundo pasillo, se detuvo.

Había dos direcciones.

—Perfecto.

Miró a un lado.

Después al otro.

—Excelente.

El silencio de la mansión era inquietante.

—Solo es una casa.

Comenzó a caminar.

Pero después de varios minutos comprendió algo.

Estaba perdida.

—Maravilloso, Denmet.

Intentó regresar.

Sin embargo, los pasillos parecían idénticos.

Finalmente llegó frente a una puerta.

Era diferente a las demás.

De madera oscura.

Antigua.

Había algo escrito en una pequeña placa.

Pero la luz era demasiado débil para leerlo.

Denmet recordó las palabras de Emre.

No abras ninguna puerta.

Sonrió.

—No voy a abrirla.

Dio media vuelta.

Entonces escuchó algo.

Un golpe.

Provenía del interior.

Denmet se quedó inmóvil.

Volvió a mirar la puerta.

—¿Hay alguien?

Silencio.

Denmet se acercó.

—¿Hola?

Otro golpe.

Esta vez más fuerte.

Su corazón comenzó a acelerarse.

Quizá alguien necesitaba ayuda.

Tomó lentamente la manija.

—Solo voy a mirar.

Abrió la puerta.

La habitación estaba completamente oscura.

Denmet buscó el interruptor.

Cuando encendió la luz, se quedó sin aliento.

Era una habitación.

Pero parecía que nadie había entrado allí desde hacía mucho tiempo.

Había muebles cubiertos por telas blancas.

Una cama perfectamente tendida.

Un tocador.

Y fotografías.

Denmet caminó lentamente.

Entonces vio un retrato sobre la mesa.

Fraize.

La misma mujer del gran salón.

Pero aquella fotografía era diferente.

Fraize sonreía.

Y junto a ella estaba Güner.

Denmet se acercó.

Los dos parecían felices.

Más felices de lo que imaginaba.

—No deberías estar aquí.

Denmet se giró inmediatamente.

Güner estaba en la puerta.

Su rostro no mostraba enojo.

Mostraba algo peor.

Dolor.

—Yo... escuché un ruido.

—No importa.

—Pensé que había alguien dentro.

—No hay nadie.

Denmet volvió a mirar la fotografía.

—¿Esta era su habitación?

Güner guardó silencio.

—Sí.

La respuesta fue apenas un susurro.

Denmet sintió que había cometido un grave error.

—Lo siento.

Güner entró.

Caminó hacia la fotografía.

La tomó entre sus manos.

—Han pasado tres años.

Denmet bajó la mirada.

—Debe extrañarla.

Güner soltó una amarga risa.

—¿Extrañarla?

La joven lo miró.

—No conoces nuestra historia.

—Lo sé.

—Entonces no opines.

Denmet sintió que aquellas palabras la lastimaban.

—No estaba opinando.

—¿Entonces qué estabas haciendo?

—Intentando entender.

Güner la miró.

—No tienes que entender nada.

—Tal vez no.

Denmet respiró profundamente.

—Pero cuando uno ve a alguien sufrir...

—¡Basta!

Su voz resonó en la habitación.

Denmet se quedó inmóvil.

Güner cerró los ojos.

Parecía arrepentido de haber gritado.

Pero no se disculpó.

—Sal de aquí.

Denmet apretó los labios.

—De acuerdo.

Comenzó a caminar hacia la puerta.

Pero antes de salir, se detuvo.

—No volveré a entrar.

Güner permaneció de espaldas.

—Gracias.

Denmet dio unos pasos.

—Pero tampoco voy a fingir que no vi lo que vi.

Güner se giró lentamente.

—¿Qué crees que viste?

Denmet lo miró directamente.

—A un hombre que todavía ama a alguien.

El rostro de Güner se endureció.

—Estás equivocada.

—Tal vez.

—Fraize me traicionó.

Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire.

Denmet abrió los ojos.

—¿Qué?

Güner soltó una risa amarga.

—¿Ahora entiendes por qué nadie quiere hablar de ella?

Denmet permaneció en silencio.

—Yo la amaba —continuó Güner—. Más de lo que jamás debí amar a alguien.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Y mientras yo creía que nuestra vida era perfecta...

Se detuvo.

Miró la fotografía.

—Ella me mentía.

Denmet no sabía qué decir.

—La noche que murió descubrí quién era realmente.

El corazón de Denmet comenzó a acelerarse.

—¿Qué descubrió?

Güner la miró.

Y por un instante, pareció estar a punto de contarlo todo.

Pero su rostro volvió a endurecerse.

—Nada que te importe.

Denmet bajó la mirada.

—Tiene razón.

Güner volvió a darle la espalda.

—Puedes irte.

Esta vez, Denmet salió de la habitación.

Cerró la puerta lentamente.

Pero cuando comenzó a caminar por el pasillo, escuchó una voz detrás de ella.

—Así que lograste entrar.

Denmet se giró.

Selin estaba allí.

La mujer vestía nuevamente de negro.

Pero aquella vez, su sonrisa era diferente.

—¿Qué hace usted aquí?

Selin comenzó a acercarse.

—Esta era la habitación de Fraize.

—Ya lo sé.

—¿Y Güner te encontró?

Denmet no respondió.

Selin sonrió.

—Eso pensé.

Denmet sintió que algo no estaba bien.

—¿Por qué está tan interesada?

Selin se detuvo frente a ella.

—Porque me pregunto cuánto tardarás en comprender que no perteneces a este lugar.

Denmet sostuvo su mirada.

—Eso no depende de usted.

Selin sonrió.

—Todos creen eso al principio.

Denmet comenzó a caminar.

Pero Selin habló nuevamente.

—¿Sabes por qué esa habitación permanece cerrada?

Denmet se detuvo.

—Porque Güner todavía no puede olvidar.

—No.

Selin se acercó a su oído.

—Porque Fraize murió allí.

Denmet se giró bruscamente.

—¿Qué?

Selin sonrió.

—Buenas noches, Denmet.

Y comenzó a alejarse.

Denmet permaneció inmóvil en medio del pasillo.

El corazón le latía con fuerza.

Fraize había muerto en un accidente.

Eso era lo que todos decían.

Pero Selin acababa de asegurar algo completamente diferente.

Denmet volvió la mirada hacia la puerta cerrada.

La habitación de Fraize.

Y por primera vez comprendió que la historia de aquella mujer estaba llena de mentiras.

La pregunta era...

¿Quién estaba diciendo la verdad?

Dentro de la habitación, Güner permanecía solo.

Sostenía la fotografía entre sus manos.

Observó el rostro sonriente de Fraize.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Por qué lo hiciste? —susurró.

Entonces abrió uno de los cajones del tocador.

En el interior había una pequeña caja.

Güner la abrió lentamente.

Dentro había un collar.

Y una carta.

Una carta que jamás había conseguido leer.

Porque aquella noche, antes de morir, Fraize había escrito algo.

Algo que podía cambiarlo todo.

Güner tomó el sobre.

Sus manos temblaban.

Pero antes de abrirlo, volvió a guardarlo.

—No.

Cerró el cajón.

Todavía no estaba preparado para descubrir la verdad.

Sin saber que, tarde o temprano...

La verdad encontraría la manera de llegar hasta él.

Y cuando ese momento ocurriera...

Nada volvería a ser igual.

CONTINUARÁ...

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