Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?
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Una conexión inesperada
Noor pensó que jamás volvería a ver a Maximiliano.
Después de todo, una ciudad podía ser enorme y aquel encuentro había sido solamente una casualidad.
O eso quería creer.
Dos días después comenzó su nuevo trabajo en una pequeña editorial ubicada en el centro de la ciudad. Era un lugar tranquilo, lleno de libros, fotografías antiguas y grandes ventanales por donde entraba la luz de la mañana.
Noor estaba emocionada.
Por primera vez en mucho tiempo sentía que estaba construyendo algo propio.
—Buenos días —saludó mientras entraba.
—Buenos días, Noor —respondió Clara, una de sus compañeras.
Clara había sido la primera persona amable que había conocido desde que llegó.
—¿Lista para tu primer día?
—Un poco nerviosa.
—No tienes por qué estarlo. Te irá bien.
Noor dejó su bolso sobre el escritorio.
—Eso espero.
A media mañana, el gerente anunció que uno de los socios de la editorial llegaría para revisar algunos proyectos.
Noor continuó trabajando sin prestar demasiada atención.
Hasta que escuchó una voz conocida.
—Buenos días.
Levantó la cabeza.
Su corazón dio un pequeño salto.
Era él.
Maximiliano.
Los dos se quedaron mirándose.
—Tú otra vez —dijo Noor.
Él sonrió.
—Parece que la ciudad no es tan grande.
Clara miró a ambos con curiosidad.
—¿Ya se conocen?
—Nos conocimos bajo la lluvia —respondió Maximiliano.
—Ella casi me atropella.
—¡Eso no es cierto! —protestó Noor.
Maximiliano soltó una carcajada.
Desde ese día comenzaron a encontrarse constantemente.
Al principio hablaban únicamente de trabajo.
Después comenzaron a tomar café juntos.
Maximiliano descubrió que Noor era inteligente, determinada y mucho más sensible de lo que quería mostrar.
Noor descubrió que detrás de la personalidad seria de Maximiliano existía un hombre que tenía miedo de volver a confiar.
Una tarde salieron a caminar después del trabajo.
Llegaron hasta un pequeño parque desde donde se podía observar el mar.
Se sentaron en una banca.
—¿Por qué viniste a esta ciudad? —preguntó Maximiliano.
Noor permaneció en silencio.
—Necesitaba comenzar de nuevo.
—¿Por alguien?
—Por mí.
Él la observó.
—Eso requiere mucho valor.
—O mucho cansancio.
Maximiliano sonrió.
—Quizá ambas cosas.
Noor lo miró.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Por qué estás solo?
La sonrisa de Maximiliano desapareció.
—Porque aprendí que algunas personas pueden hacerte mucho daño.
—¿Una mujer?
—Sí.
Noor bajó la mirada.
—Entonces tenemos algo en común.
—¿También te hicieron daño?
—Más de lo que quisiera admitir.
Hubo silencio.
El viento movió suavemente el cabello de Noor.
Maximiliano la observó.
—Tal vez no deberíamos hablar del pasado.
—¿Por qué?
—Porque quizá podríamos comenzar algo nuevo.
Noor sintió que el corazón le latía más rápido.
—¿Algo nuevo?
—Una amistad.
Ella sonrió.
—Eso suena peligroso.
—¿Por qué?
—Porque algunas amistades terminan convirtiéndose en algo más.
Maximiliano la miró fijamente.
—¿Y sería tan terrible?
Noor no respondió.
Pero aquella noche, cuando llegó a casa, se dio cuenta de que había sonreído durante todo el camino.
Y comprendió algo que le daba miedo reconocer.
Estaba empezando a enamorarse de la persona que pensó que nunca en su vida se enamoraría