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Hollow Creek

Hollow Creek

Status: Terminada
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Maldición / Completas
Popularitas:113
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.

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Capítulo 17

La noche no terminaba.

Habían caminado tanto que ya no sabían si seguían avanzando o si solo daban vueltas dentro del mismo círculo de árboles. La ropa todavía estaba húmeda del arroyo. El frío se les había metido en los músculos y cada paso dolía. El olor dulce ya no venía por oleadas: estaba fijo, pegado a la piel, al pelo, a la tela de la ropa. Como si el bosque se los hubiera marcado.

Leo iba delante, pero la distancia entre él y los otros dos era cada vez mayor. Ya no miraba atrás con la misma frecuencia. El cuchillo lo llevaba en la mano derecha, sin guardarlo. Tomi se mantenía cerca de Camila, casi pegado a su espalda. Desde la discusión del plan del cebo no había vuelto a hablarle directamente a Leo.

Cuando el terreno se aplanó un poco y apareció un claro pequeño entre los árboles, Leo se detuvo. Se dejó caer sobre un tronco caído y se pasó la mano por la cara. Tenía los ojos hundidos y la barba de varios días le daba un aspecto más duro.

—Necesitamos un plan real —dijo. La voz le salía ronca—. Ya no podemos seguir caminando a ciegas hasta que el cuerpo no dé más. Se nos acaba el tiempo.

Tomi se quedó de pie, a unos metros.

—¿Qué plan? Estamos perdidos. Sofía y Naiara no llegaron. Mateo está muerto. Y lo del arroyo… nos estaba esperando en el agua.

—Por eso —contestó Leo—. Si seguimos los tres juntos nos van a encontrar más fácil. Uno de nosotros tiene que intentar llegar más lejos, solo, más ligero. Buscar cualquier signo de carretera, de gente, de cualquier cosa que no sea este bosque. Los otros dos se quedan y hacen algo de ruido. Atraen la atención. Dan tiempo.

Camila sintió que el estómago se le cerraba.

—Estás hablando de usar a alguien de cebo.

Leo no negó. Miró el suelo unos segundos antes de contestar.

—Estoy hablando de que alguien tenga una oportunidad real de salir y avisar. Si nos quedamos los tres, al final nos van a cazar a los tres. Ya vimos cómo trabajan. No tienen prisa. Nos cansan. Nos van cerrando.

Tomi dio un paso atrás. La voz le tembló, pero salió clara:

—No. No voy a ser el cebo. Ni voy a dejar que ninguno de ustedes lo sea. Eso es una locura. Y es cruel.

—Entonces propone otra cosa —dijo Leo. El tono se había puesto más duro, más cortante—. Porque caminar sin rumbo hasta que nos caigamos no es un plan. Es solo retrasar lo inevitable.

El silencio que siguió fue pesado.

Camila miró a uno y después al otro. La desconfianza que habían cargado desde el principio, la que Sofía tenía con Naiara, ahora se había metido dentro del grupo que quedaba. Se respiraba.

Tomi miró a Camila y después a Leo.

—Tú solo quieres salvarte. Por eso propones que uno se quede. Siempre decides tú. Mateo salió solo porque tú lo dejaste. Sofía y Naiara se separaron porque tú lo decidiste. Ahora quieres volver a separar. Cada vez que tú decides algo, alguien desaparece.

Leo se puso de pie de golpe. El cuchillo brilló un segundo con la poca luz que quedaba.

—¡Cuidado con lo que dices!

—¿O qué? —Tomi también subió la voz, aunque intentó mantenerla baja por instinto—. ¿Me vas a dejar atrás también? ¿Esa es la idea?

Camila se interpuso entre los dos, con las manos levantadas.

—Parad. Los dos. Esto es exactamente lo que ellos quieren. Que nos rompamos solos. Que nos agarremos entre nosotros mientras ellos esperan.

Pero la frase no alcanzó.

La semilla ya estaba plantada y había germinado rápido.

Leo guardó el cuchillo por fin, pero la mandíbula la tenía tan apretada que se le marcaban los músculos.

—Yo no obligo a nadie. Si no quieren, seguimos los tres hasta que nos caigamos o nos encuentren. Pero cuando eso pase, acuérdense de que había otra opción. Una que tal vez le daba chance a alguien de salir.

Tomi se rio. Fue una risa corta, amarga, sin ninguna gracia.

—Claro. La opción en la que uno de nosotros se sacrifica para que tú tengas más chances de llegar. Qué generoso.

Se miraron.

El odio no era completo todavía, pero la desconfianza sí. Se había instalado entre los tres como el olor dulce: imposible de quitar de la ropa y de la piel.

Camila sintió un cansancio que iba más allá del cuerpo.

Recordó a su madre otra vez. La forma en que las personas se alejan cuando el miedo es demasiado grande. Cómo ella misma se había alejado en el hospital. Ahora estaba pasando otra vez, solo que en medio de un bosque que los quería muertos y que parecía disfrutar viéndolos romperse.

—Suficiente —dijo, con la voz más firme de lo que se sentía—. No nos separamos esta noche. Seguimos juntos hasta que haya algo de luz. Después vemos. Pero si seguimos discutiendo aquí, con esta voz, nos van a oír desde kilómetros. Y entonces no va a importar quién tenía razón.

Leo asintió una vez, rígido.

Tomi también, pero sin mirarlo a la cara.

Reanudaron la marcha.

Esta vez el orden cambió sin que nadie lo dijera en voz alta. Leo seguía delante, pero la distancia entre él y Camila era claramente mayor. Tomi se mantenía más cerca de ella que de Leo, casi pegado a su hombro. Nadie hablaba. Cada uno escuchaba los pasos de los otros con una atención distinta: ya no solo por miedo a lo de fuera, sino por miedo a lo de dentro. A que en cualquier momento uno de los tres decidiera que los otros dos eran el problema.

Después de un rato largo, cuando el terreno volvió a inclinarse, Tomi se acercó todavía más a Camila y le habló tan bajo que casi no se oía por encima del crujido de las hojas:

—Si él intenta algo… si de verdad quiere dejarnos atrás o usarnos… avísame. No me dejes solo con eso.

Camila lo miró de reojo.

No contestó de inmediato.

No sabía qué decir.

Porque una parte de ella, pequeña pero real, también había pensado lo mismo. Había visto la forma en que Leo miraba el bosque, calculando. Había notado cómo proponía los planes siempre con alguien quedándose atrás.

Al final solo asintió una vez, casi imperceptible.

Tomi pareció conformarse con eso.

El bosque seguía igual de oscuro.

El olor seguía ahí, espeso.

Pero ahora el peligro ya no venía solo de los árboles y de lo que caminaba entre ellos.

Venía también de las personas que iban a su lado.

De la forma en que se miraban.

De lo que cada uno estaba dispuesto a hacer para salir con vida.

Y Camila entendió, con una claridad fría, que el grupo ya no existía.

Solo quedaban tres personas asustadas caminando en la misma dirección.

Y eso, en Hollow Creek, era casi lo mismo que caminar solo.

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LJ Series
Me gustan este tipo de historias 👀
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo
LJ Series
Interesante, veamos que tal
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