¿Puede un hombre enamorarse de una mujer que vive de las noches? Adrián Valdés lleva años casado con Elena, una mujer que enfrenta una enfermedad terminal. Cuando el dolor y la soledad lo llevan a buscar compañía fuera de su hogar, conoce a Valeria, una mujer misteriosa que trabaja de noche para sacar adelante a su hija.
NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: La casa de los recuerdos
Elena volvió a casa una semana después.
Los médicos no habían dicho que estuviera mejor. Solo consideraron que podía continuar el tratamiento desde allí, rodeada de sus hijos y de las cosas que todavía reconocía como propias.
Adrián preparó la habitación principal para ella. Cambió las sábanas, colocó sus medicamentos sobre la mesa de noche y mandó instalar una cama especial junto a la ventana.
Mateo ayudó a mover los muebles.
Nicolás se encargó de ordenar los libros de su madre.
Los tres intentaban mantenerse ocupados para no pensar en lo que significaba aquel regreso.
Elena observaba todo desde la silla de ruedas.
—No conviertan la casa en un hospital —les pidió.
—Necesitas comodidad —respondió Adrián.
—Necesito sentir que sigo viviendo aquí.
La frase hizo que todos guardaran silencio.
Aquella noche cenaron juntos en el comedor. Elena apenas probó la comida, pero insistió en permanecer con sus hijos hasta el final.
Mateo habló de la escuela.
Nicolás contó una anécdota sobre uno de sus profesores.
Adrián los escuchó con atención, sintiendo que aquellos momentos simples se estaban convirtiendo en recuerdos antes de tiempo.
Después de la cena, Elena pidió hablar con él a solas.
—Quiero que me prometas algo.
Adrián se sentó frente a ella.
—Lo que quieras.
—No vuelvas a mentirles a los muchachos.
—No lo haré.
—Y tampoco te mientas a ti mismo.
Adrián permaneció callado.
Elena miró hacia la ventana.
—¿Sigues pensando en Valeria?
—Sí.
—¿La has buscado?
—No.
—¿Ella te ha buscado?
—Tampoco.
Elena respiró con dificultad.
—¿Y aun así la amas?
Adrián apretó las manos.
—No sé si tengo derecho a llamarlo amor.
—El derecho no decide lo que siente el corazón.
—No quiero hablar de ella mientras tú estás aquí.
—Pero yo sí quiero hablar de ella.
Adrián la miró, sorprendido.
Elena continuó:
—No quiero que, cuando muera, conviertas el dolor en una excusa para destruirte. Tampoco quiero que corras hacia ella como si fuera una recompensa por haberme cuidado.
—Nunca pensaría eso.
—Tal vez no conscientemente.
Adrián bajó la mirada.
—No voy a buscarla mientras estés viva.
—Lo sé. Y sé que cumplirás esa promesa.
—Entonces, ¿qué quieres de mí?
—Que cuando llegue el momento, seas honesto. Con ella, con nuestros hijos y contigo.
Adrián sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—No sé cómo vivir después de ti.
—Aprenderás. Igual que todos.
En otra parte de la ciudad, Valeria recibió una llamada del administrador.
—La propietaria aceptó su solicitud preliminar —le informó—. Pero necesita completar el pago inicial en un plazo de treinta días.
Valeria cerró los ojos.
Treinta días.
No era suficiente, pero era una oportunidad.
—Lo conseguiré —respondió.
—Tendrá que demostrar ingresos y mantener los pagos al día.
—Lo haré.
Cuando terminó la llamada, Alma entró en la sala con una hoja de papel.
—Mira, mamá.
Era un dibujo del apartamento.
Había dos habitaciones, una ventana grande y un pequeño jardín lleno de flores.
—Esta sería mi habitación —explicó Alma—. Y aquí pondríamos tus cosas.
Valeria tomó el dibujo entre sus manos.
—Es hermoso.
—¿Vamos a vivir allí?
Valeria miró el sobre donde guardaba sus ahorros.
—Vamos a intentarlo.
Aquella noche volvió a salir a trabajar.
No llevaba la peluca con la misma seguridad de antes. Su cuerpo todavía estaba débil y la advertencia del médico permanecía en su mente.
Pero cada vez que sentía deseos de regresar a casa, pensaba en el dibujo de Alma.
Mientras caminaba hacia la calle, una parte de ella esperaba ver el automóvil negro de Adrián.
No apareció.
Valeria sintió alivio.
También decepción.
Y comprendió que el amor podía parecerse mucho a una herida: no siempre sangraba, pero seguía doliendo cada vez que alguien rozaba el lugar exacto.
Si quieres, continúo con el capítulo 16, manteniendo el límite de 800 palabras y sin que Adrián busque todavía a Valeria.