Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Marca de alma 2
Stefan Müller era un mago acostumbrado a mantener distancia.
A controlar sus emociones.
A observar antes de actuar.
Pero tenía frente a él a una mujer llorando en sus brazos.
Así que, lentamente, levantó una mano y la apoyó sobre su espalda.
La acarició con suavidad.
—No ha hecho nada malo.
Gemma no respondió.
—Escúcheme
dijo él con voz tranquila
—No ha hecho nada malo.
Ella levantó lentamente el rostro.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿No está enojado?
—No.
—¿No piensa que soy una impostora?
Stefan negó con la cabeza.
—No.
—¿No va a denunciarme?
—No.
Gemma respiró temblorosamente.
—Pero yo no soy la verdadera Gemma Green.
—Lo sé.
Ella volvió a bajar la mirada.
Stefan continuó acariciando suavemente su espalda.
—Por eso necesito saber qué recuerda.
Gemma levantó los ojos.
—¿Para qué?
—Para entender qué está ocurriendo.
Stefan habló despacio, procurando que ella entendiera cada palabra.
—Si puedo saber cómo llegó a este mundo, qué ocurrió antes de que despertara aquí y qué recuerda de la antigua Gemma, quizá pueda encontrar una explicación.
Hizo una pausa.
—Y quizá pueda ayudarla.
Gemma lo miró fijamente.
Durante unos segundos no dijo nada.
Después respiró profundamente.
Ya no tenía mucho sentido ocultarlo.
No después de que alguien hubiera descubierto su secreto.
—Hace un poco más de un año...
Su voz salió bajita.
—Yo llegué a este mundo como Gemma Green.
Stefan no la interrumpió.
Así comenzó a contarle todo.
Le explicó que había vivido otra vida.
Una vida completamente distinta.
Le contó que había nacido en un lugar sin magia, en un mundo donde las personas no podían lanzar hechizos ni hablar con espíritus ni hacer crecer flores con las manos.
Le habló de su pueblo.
De su trabajo.
De lo mucho que había tenido que esforzarse para conseguir cada cosa.
Le contó cómo había ahorrado durante mucho tiempo para viajar al extranjero buscando una vida mejor.
—Pensaba que iba a trabajar menos y ganar más
dijo Gemma con una pequeña sonrisa triste
—Qué ingenua.
Stefan sonrió ligeramente.
Pero no la interrumpió.
Gemma continuó.
Le contó que había terminado trabajando mucho más de lo que esperaba.
Que había intentado adaptarse.
Que había extrañado su hogar.
Su comida.
Su vida anterior.
Y finalmente le contó cómo había enfermado.
Cómo había ignorado los síntomas.
Cómo el dolor había empeorado.
Cómo había terminado en un hospital.
Y cómo había muerto.
Stefan permaneció en silencio.
La escuchaba con una atención absoluta.
Después Gemma comenzó a hablar de sus sueños.
De aquel mundo que había visto antes de despertar.
De la otra Gemma.
La muchacha malcriada.
La joven que trataba mal a los sirvientes.
La niña que había recibido todo lo que quería.
La mujer que había crecido creyendo que el mundo le pertenecía.
Gemma explicó la historia de Gertrude Root.
De Aldwin Root.
Del secreto familiar.
De cómo sus padres habían terminado muertos.
De cómo ella había despertado en aquella mansión creyendo que sería una noble hermosa, rica y poderosa.
Stefan no pudo evitar sonreír cuando escuchó aquella parte.
—¿Qué pensó cuando se vio en el espejo?
Gemma lo miró con cierta vergüenza.
—Que había sido estafada.
Stefan soltó una pequeña risa.
—Eso fue exactamente lo que pensé.
Gemma hizo una mueca.
—No fue gracioso en ese momento.
—Ahora sí.
—Un poco.
Y continuó.
Le habló de Marta y Pedro.
De las deudas de la familia Root.
De los acreedores.
De la venta de la mansión.
De cómo había decidido salvar todo lo que pudiera.
Le contó cómo había vendido los libros.
Las cortinas.
Los muebles.
Las cosas que no estaban protegidas por el inventario.
Cómo había trabajado hasta el último día.
Cómo había encontrado una casa en el pueblo.
Cómo había decidido convertirla en una posada.
Cómo había cocinado.
Cómo había empezado con casi ningún cliente.
Cómo había hecho carteles para promocionarla.
Cómo habían llegado los primeros ancianos.
Cómo poco a poco la gente había comenzado a conocerla.
Lo que sabía de Lord Parisi y su asistente del reino de Vagur.
Y finalmente le habló de cómo había pagado la casa.
—Cuando terminé de pagarla me quedaron solamente dos monedas.
Stefan la miró.
—¿Dos?
—Dos.
—¿Y estaba feliz?
Gemma sonrió.
—Muchísimo.
Stefan bajó la mirada.
[Claro que estaba feliz.]
Había pasado de morir en un mundo extraño y despertar sin nada a construir una vida completamente nueva con sus propias manos.
Gemma continuó hablando.
Le contó cómo había cambiado sus hábitos.
Cómo había comenzado a comer mejor.
Cómo había dejado de castigarse con dietas absurdas.
Cómo había perdido peso poco a poco.
Cómo había aprendido a sentirse cómoda con su cuerpo.
Cómo algunos nobles habían intentado humillarla.
Y cómo había decidido que ya no le importaba.
—Yo sé que no soy la Gemma original
dijo finalmente
—Pero tampoco puedo volver atrás.
Miró alrededor de aquella pequeña oficina.
—Esta es mi vida ahora.
Stefan la observó.
Había escuchado toda la historia sin interrumpirla.
Y cuanto más escuchaba, más difícil le resultaba apartar la mirada de ella.
No veía a una impostora.
No veía a una mujer que hubiera robado una vida.
Veía a una joven que había despertado completamente sola en un mundo desconocido.
Sin padres.
Sin dinero.
Sin conocimientos.
Sin nadie que le explicara qué estaba pasando.
Y, aun así, había trabajado.
Había cocinado.
Había vendido lo que podía.
Había comprado una casa.
Había construido un negocio.
Había hecho amigos.
Y había conseguido sonreír.
Stefan sintió algo extraño en el pecho.
No era lástima.
Era algo mucho más profundo.
Una necesidad casi instintiva de protegerla.
[¿Cuánto tiempo tuvo que enfrentarse sola a todo esto?]
Miró sus manos.
Eran manos de alguien que trabajaba.
No de una noble que hubiera pasado su vida sin hacer nada.
Gemma se secó una lágrima.
—Perdón.
Stefan levantó la mirada.
—¿Por qué se disculpa?
—No sé.
Ella soltó una pequeña risa.
—Creo que porque le conté toda mi vida.
Stefan negó suavemente con la cabeza.
—No tiene que disculparse conmigo.
Gemma lo miró.
Stefan sostuvo su mirada.
—Y tampoco está sola ahora.
Gemma parpadeó.
Aquellas palabras fueron sencillas.
Pero llegaron a un lugar muy profundo.
Stefan no sabía quiénes eran los hombres que la seguían.
Ni qué relación tenían ambos acontecimientos.
Pero había una cosa que sí sabía.
No quería que nadie volviera a hacerle daño.
Ni que nadie se aprovechara de ella.
Ni que nadie la obligara a enfrentar sola aquello que estaba por venir.
Stefan volvió a mirar hacia la puerta.
Después a Gemma.
[Primero descubriré quiénes son esos hombres.]
Su mirada se endureció.
[Ya ha cargado con muchas cosas.]
Gemma, sin saber nada de esos pensamientos, volvió a sentarse detrás del escritorio.
—Entonces...
Respiró profundamente.
—¿Qué es exactamente una marca de alma?
Stefan la miró.
Y por primera vez desde que había comenzado aquella conversación, sonrió.
—Eso, Gemma, es precisamente lo que tenemos que hablar.
Los magos por consiguiente no buscan enamorarse y el pobre Estefan no pudo resistirse a Gemma.
conquistado con todo lo que ella es.