NovelToon NovelToon
Bajo contrato con el magnate

Bajo contrato con el magnate

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Venderse para pagar una deuda / Amante arrepentido / Romance oscuro / Completas
Popularitas:282
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Para pagar el tratamiento de su abuela, Valentina Cabrera acepta convertirse en la amante de Damián Mondragón, un magnate acostumbrado a decidir cuándo empieza una relación y cuándo termina.
El acuerdo es claro: acudir cuando él la llame, guardar el secreto y no confundir la cama con el amor.
Valentina tiene su propio plan. Anotar cada peso que recibe, seguir bailando y devolverle todo para poder marcharse. Lo difícil será cumplirlo cuando Damián empiece a romper sus reglas y ella a esperar algo más que dinero cada vez que él la busca.
Pero mientras sus besos la hacen creer que es especial, sus decisiones empiezan a cerrarle las puertas que necesita para construir una vida propia.
Cuando Valentina decide irse, él le recuerda el precio de romper el contrato: seis millones de pesos.
Ella acepta la deuda.
Damián estaba preparado para sus reclamos, sus lágrimas, incluso para que le pidiera más. No para verla elegir una vida sin él.
Ahora tendrá que descubrir cómo recuperarla cuando su dinero ya no basta para hacerla volver.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16 — Esto no cambia nada

Durante los días que siguieron a la audición, Valentina intentó tratar a Damián como antes.

Lo difícil llegaba cuando él no estaba. Mientras esperaba el Metro, se sorprendía recordando el beso del pasillo. Todavía podía oírlo preguntarle si aquella disculpa estaba bien. Entonces revisaba el teléfono, esperando un mensaje distinto de los que él solía mandar.

El contrato seguía siendo el mismo. También la mesada y la penalización por irse. Se obligaba a recordar eso antes de abrir sus mensajes.

Él le escribía "paso por ti a las ocho" o "come, estás muy flaca". Valentina tardaba en responder porque no quería admitir que había estado pendiente. En la Academia dejó el teléfono dentro de la mochila para no consultarlo entre una clase y otra.

Cuando Damián la buscó el jueves, ella decidió hablarle solo de la escuela.

—Estás rara —dijo él, en el coche.

—Estoy cansada, señor Mondragón. Es temporada de exámenes.

Él dejó de mirar el teléfono y esperó. Valentina sostuvo la vista en el tráfico. Le habría gustado que insistiera; también temía contestarle más de la cuenta si lo hacía.

—Como quieras —dijo él al fin, y volvió a su pantalla. Valentina se quedó esperando algo que ella misma acababa de rechazar.

Meli también lo notó.

—Vale, ¿estás bien? —le preguntó en el pasillo, bajando la voz para que solo ella la oyera—. Andas… lejos.

—Estoy bien, Meli. —Le apretó la mano—. Es la escuela, nada más.

No quería hablarle a Meli del beso. Si se lo contaba, su amiga iba a preguntarle si estaba contenta. Y Valentina tendría que explicar por qué sí, por qué eso la hacía tan feliz, aun sin cambiar nada de lo que había firmado.

* * *

Esa semana se había instalado en una residencia estudiantil. Después de lo ocurrido en la vecindad, le costaba dormir allí mientras los acreedores de Rubén siguieran buscándolo. Compartía cuarto con otras dos muchachas; aquella noche, cuando Sofi apagó la lámpara y la otra compañera terminó su llamada, Valentina sacó el teléfono debajo de la cobija.

Abrió la carpeta con candado.

Las fotos que no debería haber tomado. Damián dormido.

Las había tomado una madrugada, semanas atrás. Él solía levantarse antes que ella, pero esa vez se quedó boca arriba, con un brazo sobre los ojos. Valentina había despertado al sentirlo moverse y se quedó mirándolo, sin atreverse a acomodarse por si lo despertaba. Tenía veintiocho años. Dormido no parecía tan lejos de ella.

En una de las fotos se le veía la boca entreabierta. En otra, el ceño que frunció un instante al cambiar de postura.

Había hecho las fotos rápido y bajado el teléfono al oírlo respirar más hondo. Después no pudo borrarlas.

Ahora volvió a la primera, la amplió y se detuvo en su boca. La pantalla iluminó parte de la cama vecina; bajó el brillo.

Había llevado todo el día evitando contestarle y terminaba la noche mirando fotografías suyas. Si aquello fuera solo un trato, habría cerrado el álbum mucho antes.

Se había enamorado. Decírselo sin rodeos le dio vergüenza, aunque nadie pudiera oírla. Pensó en los formularios con el nombre vacío: ninguno decía qué hacer si una acababa esperando un beso al día siguiente.

Apagó la pantalla y dejó el teléfono boca abajo. Al otro lado, Sofi cambió de postura. Valentina se acomodó la almohada sobre el oído para dejar de escuchar cada vibración de los celulares del cuarto.

A las siete la despertó una llamada del Hospital Santa Elena.

* * *

—Los estudios muestran que su abuelita no está tolerando bien el tratamiento —le explicó la enfermera—. El médico necesita hablar con ustedes para ajustarlo. También pidió estudios adicionales y medicamentos de apoyo que no estaban en el presupuesto anterior.

—¿Está despierta? ¿Puedo hablar con ella? —Valentina se sentó en la cama—. Voy para allá.

En el hospital, el médico le explicó el cambio de plan y respondió sus preguntas. Después, en administración, le entregaron el importe de los nuevos gastos. La cobertura que Lino había confirmado la semana anterior correspondía a otro presupuesto.

Valentina comprobó que habían descontado lo que ya estaba pagado. Aun así, no le alcanzaba con lo que tenía disponible.

Sacó la libreta y buscó la última suma. Podía tomar más clases en la Academia o hacer suplencias en las telas, pero no iba a cobrar ese dinero aquella mañana. Esperar el resultado del casting tampoco resolvía nada. El médico había pedido comenzar los cuidados de apoyo ese mismo día.

Le había pedido a Damián más dinero apenas una semana antes. Él había dicho que Lino lo pagara, sin dejarla terminar. Tal vez volvería a hacerlo. Lo que le costaba era llamarlo después de pasar varios días manteniéndolo a distancia y tener que explicarle que volvía a necesitarlo.

Entró al cuarto. Amparo estaba acostada, con los ojos cerrados. Los abrió cuando Valentina acercó una silla a la cama.

—Ya, mija —murmuró al verla—. No pongas esa cara. Que Diosito no me ha soltado la mano todavía.

—No pongo ninguna cara, abuela. —Le acomodó el cabello—. Descansa. Yo me encargo.

Le dio un beso antes de salir. No quería hacer la llamada delante de ella.

En el pasillo buscó el nombre de Damián. Repasó lo que había explicado el médico para poder contárselo con claridad.

Esto era por su abuela, se dijo. Lo otro podían hablarlo después. Sintió alivio al encontrar una razón para llamarlo que no exigiera confesar cuánto había querido hacerlo.

Marcó.

Dos tonos. Tres.

—¿Bueno? —La voz de él, baja, atenta de golpe, como si hubiera estado esperando.

Valentina apretó los dientes. Se obligó a que no le temblara.

—Necesito verlo. —Cerró los ojos—. Otra vez es por mi abuela.

Él le preguntó en qué parte del hospital estaba. Valentina le dio el número de la habitación y le pidió que fuera.

* * *

En la Torre Imperial, Damián terminó la llamada y buscó las llaves del coche. Lino ya le había informado del presupuesto adicional, pero él seguía recordando la voz de Valentina al decir que necesitaba verlo.

No le había hablado así en toda la semana. Damián prefirió quedarse con eso, aunque ella hubiera aclarado enseguida para qué lo buscaba.

—Lino —dijo, sin voltear—. Prepara la casita de Coyoacán. Que quede lista esta semana. —Una pausa—. Se muda conmigo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play