sin espoiler
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LOS RECUERDOS QUE DUELEN
La tarde había caído sobre la mansión de Christopher.
Después de la audiencia, todos habían regresado a casa.
Pero nadie parecía tener ganas de hablar.
La tensión del juicio todavía estaba presente.
Christopher había permanecido prácticamente en silencio durante el trayecto.
Mirelith tampoco había dicho demasiado.
Y Kalel...
Kalel había desaparecido directamente en su habitación.
Desde que habían llegado, no había querido ver a nadie.
La puerta permanecía cerrada.
Las cortinas estaban corridas.
La habitación estaba prácticamente a oscuras.
Kalel se encontraba sentado en el suelo, apoyado contra el costado de la cama.
Tenía los ojos rojos.
Había llorado durante horas.
No podía dejar de pensar en lo ocurrido en el tribunal.
La voz de Karla.
Las lágrimas.
Las acusaciones.
La manera en que había asegurado frente al juez algo que jamás había sucedido.
Kalel apretó los puños.
—¿Por qué...?
Su voz se quebró.
No entendía cómo alguien a quien había amado podía llegar tan lejos.
Habían sido novios.
Habían compartido momentos juntos.
Había confiado en ella.
Y ahora ella estaba intentando destruir su vida.
Kalel se limpió las lágrimas.
—Yo nunca te hice nada...
Pero las palabras quedaron perdidas en aquella habitación vacía.
Volvió a recordar el momento en que Karla había señalado que el bebé era suyo.
Sintió nuevamente aquella mezcla de rabia e impotencia.
—¿Cómo pudiste mentir así?
Cerró los ojos.
Y entonces, sin quererlo, otro recuerdo apareció.
Uno mucho más antiguo.
Uno que durante mucho tiempo había intentado guardar en un rincón de su memoria.
Mirelith.
---
Años atrás...
Kalel recordó una tarde completamente diferente.
Él y Mirelith caminaban por una calle tranquila después de haber salido de una cafetería.
Mirelith llevaba una pequeña bolsa en la mano.
Kalel había intentado pagar por todo.
Pero ella se había negado.
—Kalel, puedo pagarlo yo.
—Déjame hacerlo.
—No.
—¿Por qué no?
Mirelith había sonreído.
—Porque no quiero que pagues todo siempre.
Kalel había soltado una pequeña risa.
—Pero puedo hacerlo.
—Ya sé.
Ella lo miró.
—Precisamente por eso.
Kalel había fruncido el ceño.
—No entiendo.
Mirelith había levantado la bolsa.
—No estoy contigo por tu dinero.
Aquella frase regresó a su memoria con una claridad sorprendente.
Kalel abrió los ojos.
Se quedó mirando el techo.
—Nunca estuvo interesada en mi dinero...
Otro recuerdo apareció.
Una ocasión en la que Kalel había querido regalarle algo costoso.
Mirelith lo había rechazado.
—Es demasiado.
—Quiero comprártelo.
—No necesito que me compres cosas para saber que me quieres.
Kalel recordó su sonrisa.
Recordó cómo ella prefería pasar tiempo con él antes que recibir regalos.
Recordó las tardes caminando juntos.
Las conversaciones interminables.
Las pequeñas discusiones.
Las reconciliaciones.
Y, sobre todo, recordó algo que ahora parecía mucho más importante.
Mirelith nunca le había pedido nada.
Ni dinero.
Ni lujos.
Ni regalos.
Ni favores.
Simplemente quería estar con él.
Kalel cerró los ojos.
Una lágrima volvió a recorrer su rostro.
—Tú nunca hiciste eso...
Su mente regresó al presente.
Karla había utilizado su relación para acusarlo.
Mirelith, en cambio, jamás había utilizado lo que sabía de él para hacerle daño.
Incluso después de convertirse en su exnovia, nunca había intentado aprovecharse de su situación económica.
Kalel recordó el momento en que terminaron.
Había sido doloroso.
Pero ella no había intentado quedarse con nada.
No había exigido dinero.
No había pedido regalos.
No había amenazado con contar cosas privadas.
Simplemente había seguido adelante.
Y ahora estaba viviendo en aquella misma mansión...
Pero junto a su padre.
Kalel respiró profundamente.
Aquella parte de su vida seguía siendo complicada.
Mirelith era su exnovia.
Y ahora era la pareja de Christopher.
La mujer que algún día podría convertirse oficialmente en su madrastra.
Era una situación que jamás habría imaginado.
Pero a pesar de todo...
Kalel sabía que Mirelith nunca había intentado hacerle daño.
---
Unos golpes suaves en la puerta interrumpieron sus pensamientos.
Kalel se apresuró a limpiarse el rostro.
—¿Quién?
—Soy yo.
La voz de Mirelith.
Kalel permaneció en silencio unos segundos.
—Pasa.
La puerta se abrió lentamente.
Mirelith entró.
Al verlo sentado en el suelo, su expresión cambió.
—Kalel...
Él apartó la mirada.
—Estoy bien.
Mirelith se sentó cerca.
—No tienes que decir eso.
Kalel soltó una pequeña risa triste.
—Todos me preguntan si estoy bien.
—Porque estamos preocupados por ti.
Kalel guardó silencio.
Mirelith lo observó durante unos segundos.
—¿Sigues pensando en el juicio?
Kalel asintió.
—No puedo dejar de hacerlo.
—Es comprensible.
—Ella mintió.
Mirelith no respondió.
Kalel continuó:
—Me miró a los ojos y mintió delante de todos.
Su voz comenzó a temblar.
—Y yo confiaba en ella.
Mirelith bajó la mirada.
—Eso debe doler mucho.
—Sí.
Kalel respiró profundamente.
—Pero ¿sabes qué es lo peor?
Mirelith lo miró.
—¿Qué?
—Que mientras ella decía todo eso... yo recordaba cómo era estar contigo.
Mirelith quedó sorprendida.
Kalel sonrió débilmente.
—No sé por qué.
—Tal vez porque estás comparando lo que viviste con ella con lo que viviste antes.
Kalel asintió.
—Contigo nunca tuve que preocuparme por esas cosas.
Mirelith permaneció callada.
—Nunca me pediste dinero.
Ella sonrió ligeramente.
—Porque nunca me interesó.
—Lo sé.
Kalel bajó la mirada.
—Ahora lo entiendo mejor.
Mirelith lo observó con atención.
—¿Qué entiendes?
—Que tú estabas conmigo porque me querías.
Ella tardó unos segundos en responder.
—Sí.
Kalel tragó saliva.
—Y cuando terminamos, nunca volviste a buscarme por dinero.
—Nunca habría hecho eso.
—Ni siquiera intentaste aprovecharte de nuestra relación.
Mirelith negó suavemente.
—Lo que tuvimos fue importante para mí. Precisamente por eso no habría querido convertirlo en una forma de obtener algo de ti.
Kalel sintió nuevamente que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Karla hizo exactamente lo contrario.
Mirelith suspiró.
—Lo que ocurrió hoy tendrá que resolverse mediante las pruebas y el proceso legal.
—Lo sé.
Kalel se limpió el rostro.
—Pero me duele.
—Puedes llorar.
Kalel la miró.
—¿No te parece ridículo?
—No.
Mirelith negó con la cabeza.
—Te han acusado de algo muy grave. Además, acabas de descubrir algo importante sobre tu salud. Es demasiado para una sola persona.
Kalel bajó la mirada.
—Cuando el médico me dijo que soy estéril... pensé que algún día podría aceptarlo.
Hizo una pausa.
—Pero después apareció el embarazo.
Mirelith entendió.
—Y ahora todo se mezcló.
—Exactamente.
Kalel respiró profundamente.
—Primero pensé que quizá había algo mal conmigo.
—No hay nada malo contigo.
—Sé que lo dices para hacerme sentir mejor.
—No.
Mirelith lo miró directamente.
—Te lo digo porque es verdad.
Kalel permaneció callado.
Mirelith continuó:
—Tu diagnóstico no define quién eres.
Él asintió lentamente.
—Mi papá también me dijo eso.
—Porque tiene razón.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Kalel.
—Supongo que tengo dos personas que no paran de decirme lo mismo.
—Y probablemente Christopher seguirá diciéndotelo hasta que te canses de escucharlo.
Kalel soltó una pequeña risa.
Era la primera vez que sonreía desde que habían regresado del tribunal.
Mirelith también sonrió.
Durante unos segundos, la habitación dejó de sentirse tan pesada.
Pero entonces Kalel volvió a mirar hacia la ventana.
—A veces extraño cómo éramos.
Mirelith guardó silencio.
No había resentimiento en su voz.
Solo nostalgia.
—Yo también recuerdo esa época —respondió ella.
Kalel la miró.
—¿De verdad?
—Claro.
—Aunque ahora estés con mi papá.
Mirelith asintió.
—Eso no borra el pasado.
Kalel bajó la mirada.
—Me alegra que seas tú.
Mirelith frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Que estés con él.
Ella quedó sorprendida.
—Después de todo lo que pasó entre nosotros, podrías odiarme.
—No te odio.
Kalel negó con la cabeza.
—Y sé que mi papá te quiere.
Mirelith sonrió.
—Y yo lo quiero.
Kalel asintió.
Por primera vez, aquella situación dejó de parecerle tan extraña.
Su exnovia era ahora la mujer que hacía feliz a su padre.
Era complicado.
Sí.
Pero no era algo que quisiera destruir.
---
La puerta volvió a abrirse.
Esta vez era Christopher.
Se quedó en el umbral.
Vio a Mirelith sentada junto a Kalel.
Después miró a su hijo.
—¿Puedo entrar?
Kalel asintió.
Christopher entró y se acercó.
—¿Cómo te sientes?
Kalel respiró profundamente.
—Un poco mejor.
Christopher se sentó a su lado.
—Me alegra.
Kalel permaneció callado unos segundos.
Después habló:
—Papá.
—¿Sí?
—Gracias por estar conmigo hoy.
Christopher puso una mano sobre su hombro.
—Siempre voy a estar contigo.
Kalel bajó la mirada.
—Incluso después de todo esto.
—Especialmente después de todo esto.
Christopher lo abrazó.
Kalel cerró los ojos.
Esta vez no lloró por miedo.
Lloró porque, a pesar de todo lo ocurrido, seguía teniendo personas a su lado.
Mirelith observó a ambos.
Y comprendió que aquella familia todavía tenía muchas cosas que enfrentar.
La investigación no había terminado.
La verdad sobre el embarazo todavía estaba pendiente.
Y Karla todavía no había explicado por qué había inventado aquella historia.
Pero una cosa había cambiado aquella tarde.
Kalel había comprendido que no todo el mundo había entrado en su vida por interés.
Y al recordar su pasado con Mirelith, había recuperado algo que necesitaba desesperadamente:
la certeza de que alguna vez había sido querido por quien era, no por lo que tenía.
Mientras tanto, en algún lugar de la ciudad, Karla todavía guardaba un secreto.
Un secreto relacionado con su embarazo.
Y ese secreto estaba a punto de salir a la luz.