Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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Ayudando
Valeria corría por toda la casa.
—¡Lucas!
Abrió una puerta Nada.
—¡Lucas!
Revisó la cocina.
Nada.
—¡Lucas!
Su corazón comenzó a acelerarse.
—No, no, no...
Se agarró la cabeza.
—¡Perdí a mi hijo!
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.
Entonces escuchó una voz.
"Qué escandalosa."
Valeria se congeló.
Miró a todos lados.
—¿Eh?
"Estoy aquí, pervertida."
Los ojos de Valeria se agrandaron.
Giró lentamente hacia Sebastián.
Seguía inmóvil.
Dormido.
Como siempre.
—¡Lo sabía!
Corrió hacia él.
—¡No me estaba volviendo loca!
"Eso todavía está por verse."
Valeria sonrió.
—¡Sebastián!
"¿Qué?"
—Puedo escucharte.
"Desgraciadamente."
Ella se rio.
—No importa. Eres muy guapo.
"Y tú muy extraña."
De repente recordó algo.
—¡Lucas!
Se acercó rápidamente.
—¿Dónde está mi hijo?
"No te diré."
—¿Qué?
"No confío en ti."
Valeria bajó la cabeza.
—No volveré a castigarlo.
"Eso también dijiste antes."
—Pero yo no soy esa Valeria.
Por primera vez Sebastián guardó silencio.
—Por favor.
Ella apretó los puños.
—Solo quiero encontrar a mi hijo.
"...."
—Sebastián.
"Lucas suele esconderse cuando está triste."
Los ojos de Valeria brillaron.
—¿Dónde?
"Detrás del granero."
—¿Sí?
"Construyó una casa en un árbol."
—¿Una casa en un árbol?
"Él solo."
Valeria sintió un dolor en el pecho.
Un niño de siete años construyendo un refugio para esconderse de su propia madre.
—Gracias.
Y salió corriendo.
Cuando llegó, encontró a Lucas sentado dentro de la pequeña casita.
Estaba abrazando sus rodillas.
—Mamá me abandonó...
Valeria sintió que el corazón se le rompía.
—Lucas...
El niño levantó la cabeza y se puso pálido.
—Mamá...
—Cariño...
—¡No me pegues!
Valeria se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—¡Perdón!
Lucas comenzó a llorar.
—¡Prometo portarme bien!
Valeria sintió un nudo en la garganta.
La antigua Valeria realmente había hecho mucho daño.
Sin decir nada lo tomó en brazos.
—Tranquilo.
—¡No me pegues!
—Nunca te voy a pegar.
—Mentira...
—Nunca.
Lo abrazó con fuerza.
Y regresó a casa.
Cuando llegaron, Lucas seguía temblando.
Valeria escuchó los pensamientos de Sebastián.
"Parece un colapso nervioso."
—¿Qué hago?
"No tengo idea."
—Qué inútil eres.
"Estoy en coma."
—Buen punto.
Entonces se le ocurrió una idea tomó a Lucas y lo llevó a la habitación.
Lo acostó sobre la cama.
Luego acomodó Sebastián junto con él.
—¿Qué haces ahora?
—Una familia debe dormir junta.
"¿Qué?"
Valeria tomó con cuidado uno de los brazos de Sebastián.
Y lo colocó sobre Lucas.
Después ella se acostó al otro lado.
Abrazando al pequeño.
Lucas abrió lentamente los ojos.
—¿Mamá...?
—Aquí estoy.
—¿Y papá?
Valeria sonrió.
—También está aquí.
Lucas observó el brazo de Sebastián sobre su pecho.
Poco a poco dejó de temblar.
Y terminó quedándose dormido.
Valeria suspiró aliviada.
Miró a Sebastián.
—¿Ves? Lo logramos.
"Solo porque tuve una esposa loca."
Valeria sonrió.
—Pero una esposa muy bonita.
"Eso jamás lo dije."
—Lo pensaste.
"Mentira.".
A la mañana siguiente, los primeros rayos de sol entraron por la ventana.
Valeria abrió los ojos lentamente.
Lo primero que vio fue a Lucas.
El niño seguía dormido entre ella y Sebastián.
Tenía una mano aferrada a la camisa de su padre.
Como si temiera que alguno de los dos desapareciera.
Valeria sintió una punzada en el pecho.
Con cuidado le apartó un mechón de cabello de la frente.
—Pobrecito...
Lucas dormía profundamente Por primera vez parecía tranquilo.
Entonces miró a Sebastián.
Seguía exactamente igual.
Inmóvil.
Silencioso.
Dormido.
—Y tú tampoco te ves muy bien.
"Buenos días para ti también."
Valeria sonrió.
—Buenos días.
"Sigues siendo rara."
—Y tú sigues siendo guapo.
"Qué obsesión."
Valeria se incorporó lentamente entonces algo llamó su atención.
Observó los brazos de Sebastián.
Luego sus piernas.
Su expresión se volvió seria.
—Mmm...
"¿Qué pasa?"
Ella no respondió de inmediato.
Durante años había trabajado como enfermera.
Había visto muchos pacientes.
Demasiados.
Y sabía perfectamente lo que ocurría cuando una persona permanecía inmóvil durante mucho tiempo.
—Esto no está bien.
"¿Qué cosa?"
—Tus músculos.
"¿Mis músculos?"
Valeria tocó cuidadosamente uno de sus brazos.
—Están más débiles de lo que deberían.
El tono de Sebastián cambió.
"¿Es grave?"
—Todavía no.
Valeria frunció el ceño.
—Pero si seguimos así terminarás con más problemas aunque despiertes.
Sebastián permaneció en silencio.
Ella siguió examinándolo.
Movió sus brazos.
Luego sus piernas.
Con mucha suavidad.
—Necesitas ejercicios de movilidad.
"¿Eso existe?"
—Claro que existe.
"Pensé que solo debía dormir."
—Eso explica muchas cosas.
Sebastián decidió ignorarla.
Valeria bajó la mirada.
—También deberíamos revisar tu alimentación.
"¿Cómo?"
—Y los medicamentos.
"¿Cómo?"
—Y buscar tus informes médicos.
"¿Cómo?"
—Y consultar especialistas.
"¿CÓMO?"
Valeria se quedó pensativa.
Luego sonrió.
—Bueno... primero necesitamos dinero.
"Ahí está el problema."
Valeria salió de la habitación.
Mientras caminaba por la casa, comenzó a pensar.
—Necesito ayudar a Sebastián.
Contó con los dedos.
—Necesito ayudar a Lucas.
Otro dedo.
—Necesito conseguir trabajo.
Otro más.
—Y necesitamos dinero para comer.
Se quedó mirando su mano.
—Estamos arruinados.
"Por fin entendiste."
—Cállate.
Llegó a la cocina Abrió una alacena.
Vacía.
Abrió otra.
Más vacía.
Abrió una tercera Solo había una lata sospechosa.
"¿Está mala?"
—No pienso averiguarlo.
Valeria cerró la puerta lentamente.
—Definitivamente estamos arruinados.
Un rato después volvió con Lucas.
El niño acababa de despertarse.
—Buenos días.
Lucas la observó desconfiado.
—Buenos días.
Valeria se sentó frente a él.
—Lucas.
—¿Sí?
—Quiero hacer algunas cosas contigo.
El niño parecía confundido.
—¿Castigos?
—No.
—¿Tareas?
—No.
—¿Limpieza?
—No.
Lucas abrió mucho los ojos.
—¿Entonces qué?
Valeria sonrió.
—Quiero ayudarte.
El niño quedó inmóvil.
Como si no entendiera aquellas palabras.
Porque nunca antes las había escuchado de su madre.
—¿Ayudarme?
—Sí.
Le revolvió suavemente el cabello.
—Y también vamos a ayudar a tu papá.
Lucas bajó la mirada.
Por alguna razón, sintió que quería creerle.
Aunque todavía le costaba.
Mucho.
Desde la silla de ruedas, Sebastián observó la escena.
Pensó que tal vez aquella mujer realmente estaba intentando cambiar.
Aunque seguía siendo una loca.
"Una loca... pero diferente."
Valeria estaba sentada en la cocina.
Frente a ella había tres monedas.
Solo tres.
—Estamos arruinados.
"Por fin lo aceptaste."
—Cállate.
Valeria apoyó la cabeza sobre la mesa.
—¿Cómo se supone que voy a alimentar a Lucas, mantener una casa y cuidar de un esposo en coma?
"Buena pregunta."
Suspiró.
Entonces algo cayó de una repisa.
¡Paf!
—¿Eh?
Valeria recogió el cuaderno del suelo.
Parecía viejo.
Lleno de polvo.
Lo abrió por curiosidad.
Y sus ojos comenzaron a agrandarse.
—¿Qué es esto?
Página tras página aparecían nombres aquí prestaba Dinero.
—¿anotaba todo?
Valeria siguió leyendo y de repente sonrió.
—Oh...Tenemos dinero Bueno, técnicamente nos deben dinero.
Una hora después.
Lucas caminaba junto a ella.
Sebastián iba sentado en su silla de ruedas.
—¿A dónde vamos, mamá?
—A hacer negocios.
—¿Qué es un negocio?
—Algo que nos dará comida.
Su primera parada fue una pequeña tienda.
La dueña se puso pálida apenas vio a Valeria.
—S-Señora Montenegro...
Valeria sonrió.
—Hola.
La mujer tragó saliva.
La antigua Valeria era famosa por causar problemas.
—¿Qué necesita?
Valeria abrió el cuaderno.
—Hace dos años te preste dinero.
La mujer comenzó a sudar.
—Yo...
—Y prometiste devolver el favor ¿Recuerdas?
La mujer recordaba perfectamente.
Y también recordaba que si aquello llegaba a oídos de cierta persona Su vida sería miserable.
—Claro que lo recuerdo.
Valeria sonrió.
—Excelente.
Media hora después.
Valeria salió de la tienda feliz Lucas también.
Y Sebastián... bueno, seguía en coma.
Aunque seguramente estaba sufriendo por dentro.
Valeria empujaba la silla de ruedas cargada de productos.
Caramelos. Snacks Galletas Ramen.Bebidas.
Y varias cajas más.
Además llevaba unos enormes anteojos oscuros que encontró en oferta.
—Mamá.
—¿Sí?
—¿Somos ricos?
—Todavía no.
—Pero tenemos comida.
—Eso es cierto.
Lucas sonrió.
Era la primera vez en mucho tiempo que veía tantas cosas buenas juntas.
Valeria le dio un caramelo.
—Toma.
Los ojos del niño brillaron.
—¿Es para mí?
—Claro.
Lucas abrazó el caramelo como si fuera un tesoro.
—A partir de ahora las cosas serán diferentes.
Lucas la miró No respondió Pero por primera vez caminó un poco más cerca de ella.
Valeria sonrió.
Y siguió avanzando por la calle empujando a Sebastián, usando sus enormes anteojos y cargando media tienda encima.
"Parecemos ladrones."
—Parecemos empresarios.
"No es lo mismo."
—Para mí sí.
Y siguieron su camino mientras la gente los observaba como si fueran la familia más extraña de toda la ciudad.