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Madrastra por contrato, esposa de verdad

Madrastra por contrato, esposa de verdad

Status: Terminada
Genre:CEO / Matrimonio contratado / Amor tras matrimonio / Padre soltero / Completas
Popularitas:532.9k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Ruby_Blair

Renata Paredes siempre ha sido la hija menos querida de su familia. Cuando el negocio de su padre queda al borde de la ruina, la obligan a aceptar un matrimonio de conveniencia con Damián Valcárcel, el frío e inalcanzable presidente del poderoso Grupo Boreal.
El acuerdo parece sencillo: mantener las apariencias, no enamorarse y cuidar de Toñito, el pequeño hijo de Damián, que está decidido a convertirle la vida en un infierno.
Pero Renata no esperaba que aquel niño rebelde fuera el primero en elegirla. Tampoco que, detrás de la indiferencia de Damián, hubiera un hombre dispuesto a protegerla cuando todos los demás le daban la espalda.
Entre secretos familiares, celos, heridas del pasado y una mujer decidida a recuperar el lugar que abandonó, Renata tendrá que luchar por el único hogar que alguna vez sintió suyo.
Él se casó con ella por un acuerdo.
El niño la llamó mamá.
Y, sin darse cuenta, los tres se convirtieron en una familia de verdad.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3 — Firma, sello y lágrimas

El mensaje de Bruno llegó la víspera, tan escueto como él:

"Mañana a las diez, Registro Civil de San Martín. Un auto pasa por usted a las nueve y media. Lleve su documento."

Pasé la noche en vela. No lloré; ya había gastado esas lágrimas. Solo miré el techo, contando las horas, con la extraña calma del que ya no espera nada bueno y por eso ya no teme.

Bajé a desayunar con ojeras. Y mi padre, que no había vuelto a mirarme a la cara desde la bofetada, eligió esa mañana para dirigirme la palabra.

—Hoy firmas —dijo Ricardo, sin levantar la vista del periódico—. Bien. Escúchame una cosa, Renata. Una vez que estés casada, tienes acceso a ese hombre. Los Valcárcel nadan en dinero. Comercial Paredes necesita una inyección de capital urgente, y tú vas a conseguirla. Habla con él. Consigue que invierta. Es lo mínimo que puedes hacer por esta familia después de todo lo que hemos gastado en ti.

*Después de todo lo que han gastado en mí.* Como si yo fuera un mal negocio que por fin empezaba a dar rendimiento.

—Buenos días a ti también, papá —dije.

Daniela, envuelta en su bata de seda, se acercó y me puso una mano en el hombro con una dulzura tan bien actuada que casi me dieron ganas de aplaudir.

—Ay, hermana. Me siento terrible de que te obliguen a casarte con un hombre así. Frío, viudo, con un niño... Debe ser horrible para ti. Ojalá pudiera hacer algo.

La miré fijo. Ahí estaba, con su color perfecto en las mejillas, su respiración tranquila, sus manos sin un temblor. *Del corazón, decían. Tan delicada que una emoción fuerte podría matarla.* Y sin embargo aquí estaba, revolviendo el cuchillo en la herida con un pulso de cirujana. Por primera vez me permití pensarlo con todas sus letras: *esa enfermedad del corazón es tan real como su compasión.*

No dije nada. Guardé la duda donde guardo todo: por dentro, bajo llave. Pero ya no la solté. *Una hermana que se muere de una emoción fuerte, pero que puede clavarme un cuchillo a la hora del desayuno sin que se le acelere el pulso. Qué corazón tan fuerte para lo que le conviene, y tan débil para lo que no.* Guardé eso también. Algún día iba a hacer las cuentas.

El auto pasó puntual. El Registro Civil de San Martín, que suele ser un hervidero de filas y papeles y llanto de bebés, esa mañana me recibió vacío. Damián había reservado una oficina privada. Ni fila, ni espera, ni testigos curiosos. El dinero, descubrí, compra hasta el silencio de los trámites.

Él ya estaba ahí, de pie junto al ventanal, revisando el teléfono. Traje oscuro, ni una arruga. Levantó la vista cuando entré, me repasó con esa mirada de contrato que yo empezaba a conocer, y volvió al teléfono.

—Señorita Paredes.

—Señor Valcárcel.

La funcionaria, nerviosa de tener a semejante apellido en su oficina, empezó a leer las cláusulas de rigor. Yo firmé donde me señalaron. Damián firmó donde le señalaron. Nos entregamos los documentos sin rozarnos los dedos. Fui, durante todo el proceso, una marioneta obediente: cabeza abajo, mano firme, corazón apagado.

Y entonces, cuando la funcionaria alzó el sello oficial sobre el papel, ese sello de acero que iba a estamparme casada de por vida, algo se me sublevó adentro. No sé qué fue. Una travesura, un último gesto de que yo todavía estaba viva ahí abajo.

—¡Espere! —dije.

La funcionaria se congeló con el sello en el aire. Damián levantó la cabeza de golpe. Todos me miraron, conteniendo el aliento, seguramente esperando que yo me arrepintiera, que me pusiera a llorar, que hiciera un drama.

—Que el sello quede bien bonito —dije—. Derechito. Es para toda la vida.

Silencio. La funcionaria parpadeó y estampó el sello, muy derechito. Y Damián Valcárcel me miró como no me había mirado hasta entonces: desconcertado. Por una fracción de segundo, ese hombre de mármol no supo qué pensar de mí. Lo disfruté más de lo que debería.

Después, nada. Recogió sus papeles, murmuró un "que tenga buen día" tan cortés como una puerta cerrándose, y cada uno salió por su lado. Ni un auto compartido, ni una palabra de más. Tomé un taxi sola de vuelta a casa, ya legalmente esposa de un hombre que no me dirigiría la palabra sin necesidad.

Por la ventanilla del taxi vi pasar la ciudad, la gente que caminaba con sus vidas normales, sus problemas normales, y pensé en las novias que una imagina de niña: el ramo, las lágrimas de emoción, alguien esperándote del otro lado con la cara iluminada. Yo acababa de casarme en una oficina vacía, con un desconocido que se fue sin mirar atrás, y llevaba en la cartera un acta con un sello muy derechito. *Que quede bien bonito*, había pedido. Al menos eso salió como yo quería. Lo único de todo el día.

En casa me refugié en mi cuarto. Duró poco. Ricardo entró detrás de mí, sin tocar la puerta, con la misma cantaleta.

—¿Y? ¿Le hablaste del capital? ¿Le dijiste de la empresa?

—Acabo de firmar, papá. Llevo dos horas casada.

—Justamente. Ahora es cuando hay que actuar, antes de que se enfríe. Mándale un mensaje. Dile que tu padre necesita hablar de inversiones. No cuesta nada.

Y ahí, por fin, se me quebró algo que no era la voz.

—Papá. —Me di la vuelta y lo enfrenté—. Yo también soy tu hija. Aunque sea de mentira, aunque sea de crianza, aunque nunca me hayas querido de verdad... ¿No podrías, al menos por hoy, aparentar que te importo un poco? ¿Solo hoy? ¿El día que me casé por ustedes?

Ricardo abrió la boca. La cerró. Me miró un instante con algo que no supe nombrar, y se dio la vuelta y salió sin responderme una sola palabra.

Me senté en el suelo, con la espalda contra la cama, y me cubrí la cara con las dos manos. Esta vez las lágrimas vinieron sin permiso, calientes, resbalando por los costados de la cara hasta metérseme en los oídos, tibias y ridículas. Lloré en silencio, porque en esa casa hasta el llanto había que esconderlo.

Al rato oí llegar a Marisol y a Daniela, cargadas de risas y de bolsas. Habían salido "a comprarme el ajuar de novia", habían dicho. Bajé, con los ojos todavía rojos, esperando —tonta de mí, siempre tonta— que por una vez hubieran pensado en mí.

Las bolsas se abrieron sobre el sofá. Vestidos. Zapatos. Una cartera de marca. Todo de la talla de Daniela. Todo para ellas.

—¿Y lo mío? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

—Ay, hija. —Marisol se llevó una mano al pecho, la viva imagen de la buena intención—. No quise comprarte algo que después no te gustara. Ya sabes lo especial que eres para tus cosas. Mejor lo elegimos juntas otro día, ¿sí?

Y le sonrió a Daniela. Y Daniela le sonrió a ella. Esa sonrisa. Esa complicidad tibia de las dos que siempre me dejaba a mí del lado de afuera del vidrio.

No dije nada. Las miré probarse la ropa que habían comprado con la excusa de mi boda, y por dentro, muy despacio, algo terminó de endurecerse.

*Está bien*, me dije. *De ustedes ya no espero nada. Yo me encargo de lo mío. Desde ahora, yo me encargo de lo mío.*

Esa noche, ya acostada, el teléfono se iluminó en la oscuridad. No era Bruno esta vez. Era él.

"Mañana a las once. Estudio Azahar."

Las fotos de boda. Me quedé mirando la pantalla apagada, y en el reflejo negro del vidrio se dibujó mi propia cara, cansada, ojerosa, todavía con rastros de sal en las mejillas. Me sostuve la mirada a mí misma un largo rato.

—Bueno —susurré a mi reflejo—. Vamos a ver qué tal sale la novia.

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DAINADIE ZAMOR
bonita historia 🤗
Graciela Mauchiere
en algunos cap. paso un año ahora 4 meses...u
Graciela Mauchiere
y los años..si se fue hace 8 años y es el papa del nene q tiene 5....ummmm
..
cristina diaz
por ser una historia tan larga la escritora pierde la noción del tiempo el cual no coincide con lo que narra si rodrigo se fue al quedar Fernanda embarazada hace ocho años, Toñito no puede tener cinco
Belkis Yepez
por Dios escritora,como le va a quedar en la boca comida de la cena anterior ???
DAINADIE ZAMOR
🤭🤭 Que pilas y barato le salio
cristina diaz
Mimi debería quedarse con Leo y Juaco
Rosaura Román
todos tienen derecho de cambiar
cristina diaz
muy larga para un tema que no quiere avanzar
Verónica Zavala Hernandez
Que hermosa historia felicidades nuevamente autora es demasiado enganchados desde el. Principio hasta el final FELICIDADES!!!! qué sigan tus éxitos y mira lo que era un contrato termino sellado para toda la vida...lograron hacer lo que no creían qué pudieses logra r una familia llena de amor con dos hijos y ellos se curaron más bien sanaron
Alejandra Mabel Miño
Preciosa historia felitaciones gracias por compartir!!
Rosaura Román
Rodrigo se va con Fernanda
Verónica Zavala Hernandez
Auh Auh uah saben pienso que el hermano es el papá de toñito, y se va a destapar la verdad no quiere que sepa su mamá pero siento que ella lo sabe es por eso que se comporta así que hermosa historia felicidades autora 🥰👏
Bea Tastro
a esta protagonista la dejaron caer al nacer.
Luisa Casallas
Cuando hay dinero de por medio, hacen lo que sea por obtenerlo. A todo esto le llamó avaricia no amor puro que dice tener la tal Fernanda 😡
Luisa Casallas
Pobre toñito tener que pasar por malas decisiones que los adultos cometen. Por no saber afrontar las concecuencias de lo que se venía. 🤦🤔
Francisca Daniela Jimenez Valdes
la comprendo totalmente, que clase de confianza puede tener la chica en él cuando lo único verdadero que ha salido de su boca fue para salvarse?😔
Nelida Romero
al principio iba a la escuela y después de dos años todavía sigue con cinco años
Francisca Daniela Jimenez Valdes
o sea que él si quiere algo con ella 😳
Francisca Daniela Jimenez Valdes
está siendo demasiado amable para mí gusto 🤔
veamos en qué parará todo esto
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