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Venganza Imperdonable

Venganza Imperdonable

Status: En proceso
Genre:Venganza / Amor-odio / Secuestro y encarcelamiento
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Carlos está decidido a cobrar venganza, sin importar que el corazón se le esté partiendo en dos.

Lucia, envuelta en una venganza sin retorno...

Las cenizas serán lo único que quede de aquella guerra.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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## Capítulo II

### Lucía Pereyra

••••••••••••••

Papá me observaba en completo silencio, con los músculos de la mandíbula tensos mientras contenía un llanto desesperado. Aquella fue la primera vez en mi vida que logré vislumbrar el fondo de su dolor.

En mis manos temblorosas sostenía el collar de mi madre, o lo que quedaba de él; mi madrastra lo había hecho trizas en un arrebato de ira, llevada al límite por mis constantes provocaciones. Las consecuencias de mis actos se materializaban ahora en la furia y el sufrimiento reflejados en el rostro de mi padre.

Por primera vez vi emociones en su rostro, y no fueron para nada bonitas; un rictus de amargura y decepción desfiguraba sus facciones.

—Vete de mi casa —le dijo a mi madrastra con voz sorda, después de romper el collar.

Ella obedeció y se marchó. Debería haber sentido felicidad, una profunda satisfacción por verla partir, pero no sentía nada de eso; al contrario, solo experimentaba una tristeza punzante al ver a papá derramar lágrimas mientras observaba mis manos sosteniendo el collar destrozado.

Quise decir algo para enmendarlo, pero de mi boca no podía salir nada; él me arrebató el collar y lo guardó en su bolsillo con brusquedad. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y me miró fijamente, con los ojos ardiendo en desesperación.

—No te pido que olvides a tu mamá, no puedo hacerlo, pero tampoco me pidas que sufra por su ausencia. Ya lo hago, ya sé que se fue, ya sé que no volverá, sé muy bien que ella ya no está con nosotros —su voz era débil y entrecortada, apenas un hilo de aire lastimado—. Pero uno de los dos debe ser fuerte, así que he decidido que yo debo seguir adelante para que tú no tengas que fingir valentía; no quiero verte destrozada toda la vida, por eso quería tratar de ayudarte, pero veo que no quieres avanzar.

Tomó mi rostro en sus manos con una firmeza que me inmovilizó:

—De ahora en adelante, si lloras frente a mí solo me vas a demostrar que eres una débil. En mi familia nunca hubo débiles; tu mamá se murió, ya pasaron cinco años y medio, tienes un colegio, amigos, tienes todo para continuar. Yo no, solo te tengo a ti. Mientras tú seas feliz, yo lo seré. Ahora que estás satisfecha me voy a divorciar; a cambio, debes demostrarme que no lo hago en vano.

Miré a mi papá con el alma encogida; por primera vez lo veía tan enfadado conmigo, tan distante y severo. Asentí despacio; si la única manera de que podamos llevarnos bien es fingir estar bien, entonces así será. Fingir estar bien será lo que mejor haga de ahora en adelante.

••••••••••••••••••••••

—Otro que se te declara... —la voz de Carlos me sacó de mis pensamientos con un tono de fastidio divertido.

Mi mejor amigo me estaba observando desde las escaleras, cruzado de brazos. Sonreí con suficiencia mientras me acercaba a su lado.

—No comprendo cómo pueden declararse así como así —digo sentándome a su lado, sacudiendo la cabeza con incredulidad.

—La mayoría de los chicos mueren por ti —dijo mirando de reojo al chico que acabo de rechazar, quien se alejaba con la cabeza gacha.

No siento eso que ellos esperan que sienta, no hay mariposas ni cosquillas en el estómago; la única vez que sentí algo parecido fue cuando le di mi primer beso a Carlos hace tres meses, y morí de vergüenza después de besarlo, tanto que me fui corriendo del lugar a toda prisa. Menos mal que Carlos no le dio importancia en su momento; dijo que solo era una reacción nerviosa por todo lo que estaba pasando.

—Pero yo no moriría por ninguno de ellos —dije mirándolo fijamente a los ojos, buscando alguna reacción en su expresión.

Debo admitir que durante estos cinco años a su lado es la primera vez que siento unos nervios intensos y extraños cuando lo tengo tan cerca. Lo bueno de todo es que Carlos no ha decidido arruinar nuestra amistad con declararse; hacerlo sería un terrible error que nos costaría todo.

No lo imagino como mi novio en un sentido real, pero admito que hay ocasiones fugaces en las que quiero abrazarlo con fuerza y darle un beso, aunque entonces se me pasa y sacudo esos pensamientos.

Aparté mi mirada de él y me enfoqué en la pantalla de mi celular; este es nuestro último año de secundaria, pronto iremos a la universidad. Sus papás están de viaje otra vez, y sé que si se queda para Año Nuevo, de seguro que lo pasará en mi casa.

Eso es increíble por qué así no pasaría otro año lleno de tristeza y soledad. Aunque me carcome la culpa: soy egoísta, porque sus papás no estarán con él estas fechas por un capricho mío de no querer estar sola.

—¿En serio no hay nadie que te guste de este colegio? —pregunta viéndome con una intensidad que me hace desviar los ojos.

—Me gustas tú, con eso es suficiente —dije soltando una risita nerviosa mientras fingía escribir un mensaje rápido a mi papá en el teléfono.

—No me refiero a ese tipo de gustar de amigos, me refiero a ese de querer besar a alguien y decirle con el corazón en la mano que te gusta de verdad.

—No hay nadie en este colegio que me guste de esa manera, todos los chicos de aquí son... raros. A excepción de ti, tú eres menos raro que el resto.

Él sonrió de lado, con una expresión suave.

—A mí sí me gusta alguien —dijo de la nada, con una seriedad repentina en la voz.

Dejé mi celular caer sobre mis piernas para verlo completamente sorprendida, con los ojos abiertos de par en par.

—¿Quién es? ¿La conozco?

Me miró por unos segundos con fijeza antes de apartar la mirada hacia el suelo y sonreír de manera afligida, tragando saliva con dificultad.

—Ella no es alguien que conozcas... —dijo muy desanimado, encogiéndose de hombros.

—Deberías decirle que te gusta, no te quedes callado.

—¿Crees que sea correcto? Si fueras tú esa chica... ¿crees que aceptarías?

Me quedé pensando profundamente, con el pulso acelerado. Si él me dijera que le gusto de verdad, puede que le dé un golpe en el hombro para hacerlo reaccionar por ponerme tan nerviosa, y luego aceptaría sin dudar. Es alguien a quien conozco de toda la vida; sé que suena raro, pero él es la única persona con la que me siento completamente segura. Si eso ayuda a tenerlo conmigo para siempre, entonces sí.

—Sí, yo te aceptaría como mi novio —respondí con una sonrisa pícara, intentando ocultar el temblor de mis labios.

Él se puso de pie de un salto, alterado, y me miró con reproche.

—Lo dices por qué soy tu mejor amigo y te das lástima; no cuenta tu opinión. Conozco muy bien tu manera de calcular las cosas, de seguro pensaste en usarme para tu propio beneficio y seguridad.

Solté una carcajada nerviosa, sintiendo que me descubría demasiado rápido.

—¿Te has vuelto adivino de la noche a la mañana?

—¿Ves? A eso me refiero, siempre piensas en las personas como una forma de seguridad... Pero aún así, me gusta que confíes tanto en mí.

Le di un abrazo fuerte, rodeando su cuello con mis brazos y apretándolo con fuerza contra mí.

—No sé de qué otra manera responder a los sentimientos de alguien, la única persona que tendría a mi lado sería a ti. Pero como sé que no te gusto de verdad, no tengo la obligación de fingir cariño romántico; no eres alguien a quien pueda engañar con falsedades.

Tomé su mano con naturalidad y lo hice caminar a rastras hacia el salón de clases.

Amigos, somos amigos... aunque mi corazón esté a punto de explotar por esta extraña sensación de fuego que tengo en mi estómago. Nuestras manos están unidas con fuerza, parece que siempre lo han estado, encajando a la perfección. Entonces... ¿por qué se siente todo tan peligroso y abrumador?

••••••••••••••••••

Carlos Torres

••••••••••••••••••

Nuestras manos juntas solo me demuestran que ella también tiene estos mismos sentimientos reprimidos por mí; nunca antes me había tomado de la mano de esta manera tan posesiva, nunca antes me habría abrazado de esa manera tan desesperada, y mucho menos se le habría ocurrido besarme así.

Sonreí de oreja a oreja mientras ella me arrastra al salón con entusiasmo.

—Vaya, miren, llegaron los novios —bromeó Alfredo, un chico pesado de nuestra clase, buscando llamar la atención.

Todos los compañeros nos miraron de golpe. La mayoría sabía perfectamente cuánto me gustaba mucho Lucía, pero ninguno es capaz de decírselo a ella en la cara; tal como yo, todos le temen profundamente a su reacción explosiva y cortante.

—Tengo algo que decir aquí frente a todos —la voz de Lucía me sacó de mis pensamientos de golpe; la miré completamente confundido por su osadía—. Carlos y yo estamos saliendo, de ahora en adelante nadie puede declararse más, ya tengo novio —dijo con firmeza, levantando nuestra mano unida en el aire como un trofeo.

Todos en el aula quedamos confundidos y sorprendidos a la vez, con las bocas abiertas.

—¿Novios? —pregunté en un susurro, sin comprender nada de lo que pasaba.

Ella me hizo sentar a la fuerza en nuestro asiento, acercó su rostro peligrosamente al mío y me susurró con picardía:

—Ya no tendré más pretendientes fastidiosos... Además, ¿ser novios falsos ante los demás no es tan malo, verdad?

Mi mundo interior se cayó en pedazos en un segundo. ¿Falsos?

Antes de que pudiera reclamarle algo, la puerta del salón se abrió de repente con un estruendo, dejando entrar al director con el rostro desencajado.

—Carlos Torres, ven conmigo a dirección de inmediato, es urgente —dijo sonando muy preocupado, con la voz tensa.

Me puse de pie de inmediato, sintiendo un frío helado en la espalda; nunca en mi vida había hecho algo que llamara la atención negativa del director. Vi la profunda preocupación reflejada en sus ojos y el miedo me paralizó, así que fui tras él sin rechistar.

Lucía venía detrás de mí corriendo a toda velocidad para alcanzarnos por el pasillo. Al entrar a la dirección vi a mi tío sentado en una silla, con la cabeza gacha; me miró alzar la vista y en ese instante entendí con horror que algo terrible no iba bien. Él no es de los hombres que lloran jamás, y sin embargo está llorando, hay gruesas lágrimas acumuladas en sus ojos rojos.

—¿Qué pasó? —pregunté sintiendo un dolor punzante y agudo en el pecho, con la voz rota—. ¿Por qué estás llorando así?

Él se puso de pie con lentitud y me abarcó en un abrazo con una fuerza desesperada que me ahogaba.

—Tus papás... tus papás fallecieron en un accidente —dijo viéndome a los ojos con una crudeza devastadora.

Sentí como si me hubieran arrojado un balde de agua fría directo al alma; todo mi cuerpo se estremeció violentamente, mis piernas temblaban. No podía procesar las palabras, de hecho no comprendía nada de lo que oía. Lo miré nuevamente con desesperación para verificar si dijo lo correcto, si era una broma macabra.

—El coche donde iban tuvo un choque frontal, ambos murieron en el acto... —dejé caer mis brazos pesadamente a los lados, sintiendo que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Sentí un dolor terrible y desgarrador en mi corazón, y con un empujón me aparté de él, negándome a aceptarlo.

—¡No es cierto, verdad! ¿Me estás molestando con tus bromas de siempre? ¡Esto no tiene nada de gracioso! —grité con desesperación.

Él se limpió las lágrimas con frustración; creí que solo era una broma cruel de su parte, pero entonces me pasó temblando la fotografía del accidente en la pantalla de su teléfono.

—Me llamaron de la policía para notificar lo sucedido... Lamento mucho tu pérdida, sobrino.

Respiré con dificultad extrema, viendo en la imagen el coche de papá completamente destrozado e irreconocible. El celular se me cayó de las manos, estrellándose contra el suelo en mil pedazos. Me giré con los ojos desorbitados para ver a Lucía; ella estaba atendiendo una llamada urgente con los ojos anegados en lágrimas silenciosas.

—Está conmigo... —le dijo con voz temblorosa a la persona al otro lado del teléfono—. No te preocupes, me quedaré con él cueste lo que cueste —dijo limpiando sus propias lágrimas con el dorso de la mano.

*“No lloraré nunca más, voy a cumplir la promesa de papá, así que si me ves llorar dame un abrazo así se me pasará”*.

Recordé sus palabras exactas como un eco lejano y fui por ella con el alma rota.

La abracé con todas mis fuerzas, y ella correspondió de inmediato, aferrándose a mí.

—Lo siento mucho... lo siento tanto —dijo soltando al fin todo el llanto retenido, con hipos de dolor.

Llorar... yo supongo que puedo llorar, pero de mi boca no salen sonidos audibles, ningún lamento; al contrario, solo salen lágrimas silenciosas quemando mis mejillas.

—Tenemos que ir al hospital de inmediato, tenemos que reconocer los cuerpos... —dijo mi tío con voz dura, rompiendo el momento.

Me aparté despacio de los brazos de Lucía y empecé a caminar mecánicamente hacia la salida, con los pasos torpes.

—Quédate aquí, él no te necesita —dijo mi tío viendo a Lucía con un rencor profundo y oscuro en su mirada, un desprecio tan repentino que lo noté tan rápido que me pareció completamente confuso.

—Ella irá conmigo —le espeté a mi tío con voz áspera y desafiante.

Lucía subió al coche a mi lado en riguroso silencio, apretando mis manos. A mi tío, claramente, no le agradaba para nada esta situación, pero no iba a dejarla atrás.

1
neumidia ruiz
preguntas la dejara libre?, lo perdonara Lucía ?
neumidia ruiz
ay noooo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary termino la primera temporada pronto volverás con segunda saga Lucia Esteban te rescatara
neumidia ruiz
al leer esto capítulos pienso que a Carlos lo engaño el tío por algún interés y le vendió una mentira que a él le convenia, y Carlos va a pagar con llanto y dolor y lo más triste al volverle la memoria la perdió para siempre
Betty Saavedra Alvarado
Kiary gracias por tu historia
Betty Saavedra Alvarado
Carlos ya la perdiste
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya sabes toda la verdad Carlos está arrepentido es tarde
Betty Saavedra Alvarado
Lucia te va a tener miedo Carlos
Betty Saavedra Alvarado
Carlos está loco y celoso
Betty Saavedra Alvarado
Carlos y tu están envueltos en mentiras
Betty Saavedra Alvarado
Que pasará ahora
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary me gusta la historia
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Lucia poco a poco los recuerdos volverán Esteban parece un buen hombre Carlos ojalá se ponga un poquito celoso
Betty Saavedra Alvarado
Lucia relajate vive tu vida Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Carlos tiene una roca de corazón ni un tantito se puso celoso Lucia como.lo conquistaras
Betty Saavedra Alvarado
Competencia a la vista Lucia se divierte Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Lucia mucho cuidado te puedes caer
Betty Saavedra Alvarado
Un capítulo triste el papá de Lucia de quitó la vida la venganza termino o sigue
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