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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.7k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Capítulo 22

Camila contemplaba la interfaz del sistema interno, pero no conseguía concentrarse.

—¿Ya entendiste cómo funciona? —preguntó Daniela desde el escritorio de enfrente.

Su tono era sereno.

—Todavía lo estoy revisando.

Camila volvió la vista a la pantalla.

Daniela no añadió nada.

Sus dedos volaban sobre el teclado. Contestaba llamadas de vez en cuando y hablaba en voz muy baja. Cada expediente que pasaba por sus manos quedaba resuelto de manera rápida e impecable.

Una hora después, se puso de pie.

—Ven. Te enseñaré el área.

Camila la siguió por el pasillo.

Pasaron frente a varias oficinas mientras Daniela daba explicaciones breves.

—Este piso es el área privada del señor Beltrán. Los demás empleados no suben sin autorización.

Camila asintió.

—Ya conoces su oficina. Nadie puede entrar si él no lo permite.

La frase sonó como una advertencia y, al mismo tiempo, como una manera de establecer límites.

Camila conservó una expresión tranquila.

—Entendido.

Daniela la miró.

Pareció querer decir algo, pero terminó por regresar hacia la oficina de asistentes.

—Señora Sandoval —añadió en voz baja—, el señor Beltrán me pidió informarle que no tiene ningún compromiso especial durante la mañana. Si surge alguna duda o necesita algo, puede buscarme.

—Puedes llamarme Camila. Yo también quisiera preguntarte algo, Daniela.

—Llámame Daniela o Dani, como prefieras.

—Daniela —aceptó Camila—, ¿cuánto tiempo llevas trabajando con Gabriel?

Ella pensó un instante.

—Siete años.

Camila hizo el cálculo.

Era casi el mismo tiempo que Gabriel llevaba al frente de Grupo Beltrán. Que una persona permaneciera siete años a su lado demostraba una gran lealtad y también la confianza absoluta que él depositaba en ella.

Camila iba a hacer otra pregunta cuando sonó el celular de Daniela.

La asistente respondió con dos frases breves y luego se volvió.

—El señor Beltrán quiere verla.

—Voy.

Camila caminó hacia la oficina contigua.

Antes de tocar, respiró hondo.

No comprendía por qué Gabriel siempre lograba ponerla nerviosa.

—Adelante.

Al abrir la puerta, lo encontró frente a los ventanales con una taza de café negro en la mano.

Vestía una camisa gris oscuro. Las mangas estaban dobladas hasta los antebrazos, dejando al descubierto la fuerza discreta de sus brazos.

Tenía cuarenta y cinco años.

Se cuidaba bien y cada uno de sus movimientos transmitía la serenidad, el control y la experiencia de un hombre maduro.

—Acércate.

Gabriel no se volvió.

Su voz grave atravesó la oficina.

Camila caminó hasta quedar a un paso de su espalda.

Él giró y bajó la mirada hacia ella.

—¿Cómo vas con el sistema?

—Todavía estoy familiarizándome. Daniela ya me enseñó el piso.

Gabriel asintió.

De pronto, extendió la mano y apartó suavemente un mechón de su frente.

Todo el cuerpo de Camila se puso rígido.

—Tenías algo en el cabello.

Él retiró la mano con absoluta naturalidad.

—Esta noche hay una subasta. Vendrás conmigo.

—¿Una subasta?

Camila se obligó a ignorar el roce de sus dedos y a mantener estable la voz.

—Sí. Quiero que me acompañes.

Gabriel dejó el café sobre el escritorio.

—Ya preparé un vestido para ti. Al salir iremos a recogerlo.

—Señor Beltrán, hoy es mi primer día…

Camila ni siquiera conocía los procedimientos de la empresa. Presentarse junto a él en un evento así parecía apresurado. Si cometía un error, lo avergonzaría frente a sus contactos.

Daniela estaba mucho más preparada.

—¿Cómo me llamaste?

Gabriel levantó una ceja.

Camila hizo una pausa.

—Gabriel, hoy es mi primer día. Apenas conozco el lugar y mis funciones. Sería mejor que Daniela fuera contigo.

Los labios de él se curvaron.

Sus ojos se llenaron de una ternura que aceleraba el corazón.

Gabriel dio un paso y redujo todavía más la distancia.

Su voz sonó junto al oído de Camila.

—No importa. Yo me encargaré de todo. Tú solo irás a disfrutar. Mientras estés conmigo, no tendrás que preocuparte.

Camila contuvo la respiración.

Se movió medio paso hacia un lado sin demostrar demasiado.

¿No era ella la asistente? Se suponía que debía resolverle los detalles a su jefe, no al revés.

Gabriel notó la distancia que había creado.

Una sonrisa breve pasó por sus ojos.

—No te presiones. Cuando comience la subasta, siéntate a mi lado y observa.

Regresó detrás del escritorio, abrió un cajón y sacó una caja pequeña.

—Toma.

—¿Qué es?

Camila no extendió la mano.

—Un teléfono de la empresa. Tiene guardado mi número privado. Debes mantenerlo encendido las veinticuatro horas. Si surge cualquier problema, me llamas.

Camila abrió la caja.

Era el modelo más reciente y ya estaba configurado.

En la lista de contactos solo había un nombre:

«Gabriel».

¿Solo uno? Levantó los ojos.

Él sostuvo su mirada con serenidad.

—Ese número existe para comunicarme únicamente contigo. Por eso no quiero que apagues el teléfono.

Las palabras eran ambiguas.

Sin embargo, Gabriel las pronunció con una formalidad tan impecable que Camila no podía decidir si estaba coqueteando o si se trataba de una instrucción de trabajo.

—Entendido.

Guardó el aparato.

—Valeria sacó sus documentos de mi casa y se casó ayer con Mauricio —dijo Gabriel de pronto.

Camila levantó la cabeza.

¿Valeria había perdido la razón?

Se casó a escondidas, sin fiesta, sin proteger sus bienes y sin el respaldo de su padre.

Camila conocía demasiado bien a los Zamora.

Teresa debía estar celebrándolo como si hubiera ganado la lotería. Habían conseguido una nuera rica sin gastar un peso y habían humillado públicamente a Gabriel, uno de los empresarios más respetados de Ciudad de México.

Tener una hija incapaz de pensar cuando se enamoraba debía ser agotador.

—¿Qué piensas hacer ahora? —preguntó con cautela.

Gabriel no respondió enseguida.

Regresó frente a los ventanales y golpeó suavemente el marco con los dedos.

Afuera se extendía el perfil más moderno de la ciudad.

—Ella tomó una decisión —dijo después de unos segundos—. Ahora tendrá que aceptar las consecuencias.

Camila sintió preocupación por Valeria a pesar de todo.

Los Zamora podían devorar a una persona y roer hasta los huesos. Exprimirían cada recurso antes de soltarla.

Camila pasó siete años en esa familia.

Conocía la doble cara de Teresa y la obediencia enfermiza de Mauricio hacia su madre. Valeria había crecido protegida por Gabriel, como una princesa. No estaba preparada para aquellas manipulaciones.

—¿No vas a… perjudicar a Mauricio?

Gabriel se volvió hacia ella.

—¿Te preocupa?

Camila soltó una risa incrédula.

—¿A mí? ¿Preocuparme por él? No bromees. Es un hijo de mami incapaz de pensar por sí mismo. Ojalá reciba todo lo que se merece.

Al terminar recordó que Valeria era la hija de Gabriel y ahora también la esposa de Mauricio. Desearle desgracias a él significaba, en cierta forma, deseárselas a ella.

—Yo… no quise decirlo así.

Camila se sintió incómoda.

En realidad, Valeria se había metido en su matrimonio. Camila tenía derecho a decir una o dos cosas terribles sobre ella.

Aun así, Gabriel la trataba con tanta consideración que hasta insultar a su hija le provocaba una extraña culpa.

Él la observó.

Una sonrisa tenue apareció en sus ojos, como si su reacción le resultara encantadora.

—No te preocupes. Sé distinguir las cosas.

Su voz fue grave y estable.

—Mauricio es Mauricio y Valeria es Valeria. No tienes que medir cada palabra delante de mí.

Camila bajó la mirada.

Sentía que existía un significado oculto, pero no se atrevió a explorarlo.

—Regresa a tu oficina y prepárate. Saldremos a las cinco.

Gabriel volvió a sentarse. Sus ojos regresaron a la computadora y su tono recuperó la distancia profesional.

—El vestido llegará al automóvil. Solo necesito que estés lista.

Camila aceptó y se dirigió a la puerta.

Antes de salir, vaciló y miró hacia atrás.

Gabriel ya trabajaba.

Su perfil era firme y distante, con la elegancia de un hombre acostumbrado al poder.

Camila cerró la puerta.

El corazón todavía le latía más rápido de lo normal.

Daniela estaba organizando documentos cuando ella regresó.

—¿Qué quería el señor Beltrán?

—Hay una subasta esta noche. Quiere que lo acompañe.

Camila tomó asiento sin dejar de pensar en Valeria.

Daniela continuó trabajando.

Solo respondió con un sonido breve.

—¿Qué haces normalmente cuando lo acompañas a esos eventos? —preguntó Camila—. Nunca he estado en una subasta de ese nivel y no quiero cometer un error.

—El señor Beltrán nunca me ha llevado.

Daniela mantuvo un tono sereno.

—¿Nunca?

Camila se sorprendió.

Entonces, ¿por qué quería llevarla a ella?

Daniela percibió su confusión y le lanzó una mirada de reojo.

—Usted es especial para él.

Camila comprendió la insinuación.

Gabriel sí la trataba de manera diferente.

Se recargó en la silla y contempló el techo.

Era su primer día.

Debería estar aprendiendo el sistema y conociendo los procesos de la empresa, pero su jefe ya pensaba llevarla a una subasta.

No era normal.

Aunque no podía explicar exactamente qué se escondía detrás.

A las cinco en punto, Camila esperaba junto al elevador.

Todavía llevaba el traje de oficina y se había recogido el cabello. Se veía limpia, elegante y eficiente.

Gabriel salió de su despacho, la observó y dijo solamente:

—Vamos.

El elevador privado descendió hasta el estacionamiento subterráneo.

Un Maybach negro los esperaba en el lugar reservado. El chofer abrió la puerta trasera.

Gabriel subió primero.

Camila dudó un segundo antes de sentarse a su lado.

El interior era amplio, pero entre los dos apenas había la distancia de un brazo.

Ella percibía el aroma tenue a cedro de su loción. Frío, limpio y contenido.

El automóvil salió del estacionamiento y se incorporó al tránsito de la tarde.

—Primero iremos por el vestido —indicó Gabriel al chofer.

Después volvió la cabeza hacia Camila.

—¿Estás nerviosa?

—No.

Negó con la cabeza y luego añadió con sinceridad:

—Un poco.

Gabriel sonrió.

—¿Temes hacerme quedar mal?

Camila no respondió, pero sus ojos lo hicieron por ella.

—Eso no va a pasar.

Él habló con absoluta seguridad.

—Con estar ahí, ya serás lo mejor de la noche. Yo me encargaré de todo. No tengas miedo.

El corazón de Camila perdió un latido.

Volvió el rostro hacia la ventanilla y fingió observar la ciudad.

Por dentro, se insultó.

No podía creer que unas cuantas palabras de Gabriel bastaran para acelerarle el pulso.

Lo miró de reojo.

Él contestaba una llamada con frases breves. No desperdiciaba una sola palabra.

Al colgar, se frotó el entrecejo.

—¿Ocurrió algo? —preguntó Camila.

—Valeria publicó una fotografía del acta de matrimonio. Escribió: «El resto de mi vida, contigo». Además, puso como ubicación Residencial Los Encinos.

—¿Residencial Los Encinos?

Camila tomó aire.

—¿El departamento que me entregaste?

—Sí.

Gabriel dejó escapar una risa sin humor.

—Ayer llevó a Mauricio a mi oficina para exigir que le transfiriera esa propiedad a él.

Camila no podía creerlo.

—¿Quería que quedara directamente a nombre de Mauricio?

—Sí. Me negué.

Gabriel suspiró.

De pronto, Camila comprendió por qué había preferido entregarle una propiedad de treinta millones como compensación.

Él había visto las intenciones de Mauricio desde el principio. Antes que permitir que el departamento terminara en manos de los Zamora, se lo daría a cualquier otra persona.

—¿Esa fue la razón por la que me transferiste el departamento? —preguntó—. ¿Querías impedir que Mauricio lo consiguiera?

Gabriel la observó con una expresión compleja.

Levantó una mano y acomodó detrás de su oreja el mechón que caía sobre su mejilla.

La yema de sus dedos rozó lentamente la piel de la oreja.

—No fue la única razón.

Su mirada dejó de ocultar el cariño.

—Simplemente creo que mereces ese regalo.

El rostro de Camila se encendió.

Apartó la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada.

—¿No vas a detener a Valeria?

—¿Para qué?

Gabriel arqueó una ceja.

—La protegí demasiado. No conoce la maldad de las personas. Si insiste en saltar al fuego, tendrá que sentir la quemadura. Solo así aprenderá que duele.

Lo dijo con calma.

Camila entendió lo que no estaba diciendo.

No impediría la boda ni intervendría en los conflictos: dejaría que Valeria viviera las consecuencias de sus decisiones.

—Pero la gente hablará.

—Nunca me ha importado lo que digan los demás.

Gabriel sonrió.

—Solo me importa lo que pienses tú.

Camila no percibió la confesión escondida en aquellas palabras.

—Yo creo que Valeria es demasiado ingenua. Teresa seguramente ya decidió cómo controlarla.

Guardó silencio un instante.

—¿Nunca intentaste impedir que estuvieran juntos?

—Lo hice. Cuanto más me oponía, más convencida estaba de que se trataba de amor verdadero.

Gabriel mantuvo un tono sereno.

—Le ofrecí el departamento de Residencial Los Encinos si terminaba con Mauricio. Ella eligió perseguir su gran amor. Ahora le corresponde vivirlo.

Las dudas de Camila desaparecieron.

Gabriel había estado tan furioso que prefirió usar la propiedad como compensación antes que dejársela a su hija.

Entonces pensó en algo y palideció.

—Valeria lleva mucho tiempo exigiendo ese departamento. ¿Ella y Mauricio saben que ahora es mío?

Teresa era demasiado codiciosa.

En cuanto descubriera que Camila lo había recibido, iría a provocar un escándalo. Apenas se había liberado de los Zamora y, sin buscarlo, volvía a quedar atrapada en sus ambiciones.

—Todavía no lo saben. No les dije nada.

Una diversión fría apareció en los ojos de Gabriel.

—Dejaré que lo descubran solos. ¿No quieres ver sus caras cuando se enteren?

Camila lo pensó.

Teresa y Mauricio habían deseado ese departamento durante años. Si descubrían que ella lo obtuvo gracias al divorcio, sin mover un dedo para complacerlos…

¿Cómo reaccionarían?

Una sonrisa astuta comenzó a dibujarse en sus labios.

Teresa podría desmayarse, Mauricio rechinaría los dientes y Valeria explotaría. La jugada de Gabriel era excelente.

No solo castigaba a su hija por desobedecerlo.

También le permitía a Camila cobrarse una parte de todo lo que los Zamora le habían hecho.

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Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
Pura loca 🤷🙄😁
Anabella Vanesa Spinato
noooo morí.....🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
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