Estar en la zona de amigos es vivir en el infierno disfrazado de confianza.
Layla ama en silencio a Alexander, su mejor amigo, pero para él ella es solo una hermana: nunca la verá con otros ojos. Mientras tanto, Ryan, el chico que parecía no tener corazón ni sentimientos, se cruza en su camino y pone su mundo patas arriba.
De repente nada es sencillo. Alexander empieza a cuestionarse si en realidad ha estado mirando a la persona equivocada todo este tiempo. Y Ryan está dispuesto a todo para demostrarle que, a veces, lo que buscas no está donde crees… sino justo frente a ti.
¿Seguirá esperando a quien nunca la verá, o se atreverá a tomar el riesgo de amar a quien sí la mira como nadie más?
NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 3: Aquella noche
...Layla Morgan...
—Vamos a tomar algo—me guiñó un ojo y me cogió del brazo arrastrándome hacia no sé dónde, pero antes fui por mis tacones, aún con el cogiéndome.
Su tacto me puso la carne de gallina. Su tacto me puso nerviosa. Su tacto me quemaba. Su tacto... me encantaba y a la vez lo detestaba porque sabía que solo duraría un par de minutos, minutos que para mí valían mucho.
—No creo que sea buena idea, Alexander —repliqué. Sabía que no serviría para nada, no nos darían siquiera una cerveza. Me observó atento por unos minutos, me incomodé ante su mirada, pero eso cambió cuando volvió a sonreír, esta vez de verdad.
—Es una excelente idea.
(...)
No era la primera vez que probaba algo de alcohol. Él siempre me animaba a hacerlo, decía que debía saber distinguir lo que tomaba. Aún recuerdo la primera ocasión: tenía catorce años —tres días antes de cumplir quince—, en el cumpleaños de Madison, y me asustó mucho que mis padres se enteraran. Desde entonces solo bebía en sus fiestas, pero siempre con control: sabía cuándo detenerme.
Alexander me entregó una lata de cerveza, la cual estaba helada y por el exterior chorreaban gotas de agua debido al estado de la cerveza. La cerveza no era mi bebida alcohólica favorita, pero la toleraba. Abrí la lata y antes de beber vi como mi mejor amigo se bebía una sin pensarlo. Lo imité, necesitaba relajarme y olvidar lo sucedido.
No sabía cómo sería mi amistad con Madison de ahora en adelante. A una parte de mi le atemorizaba que ya no fuéramos más las amigas de antes y la otra parte se sentía molesta de tan solo pensar que la amistad se volvería una rivalidad. Sé que lo último no tiene sentido, pero no puedo dejar de pensar en eso.
Mientras los minutos pasaban, ambos tomábamos mientras hablábamos de cosas sin sentido. Ya no parecía dolido, estaba alegre pero sabía que todo se debía al alcohol. Mañana recordaría todo y volvería a sentirse como hace unos minutos.
Ya no sabía cuánto había bebido, mi estómago quemaba, cuando él decidió hablar.
—Me gusta cómo te queda ese vestido, Layla —por más ebria que estuviese no pude evitar sonrojarme y voltear la cara para que no me vea. No sé si lo dijo porque en verdad lo cree o porque está ebrio, solo esperaba que sea por lo primero. Sonreí como tonta, ya que para él eran simples cumplidos, pero para mí valían demasiado.
Me hacían creer que entre nosotros podía llegar a existir algo más que una amistad.
Había optado por colocarme un vestido, en el cual la parte del escote levantaba mis pechos y la falda caía hasta la mitad de mis muslos, dejando ver mis delgadas piernas. Sonará estúpido, lo sé, pero había elegido este vestido porque era rojo, el color favorito de él. En las fiestas mi atuendo siempre llevaba ese color, por más mínimo que fuera.
—Es tierno ver cómo te sonrojas, si tan solo Madison se sonrojara, como tú, cuando yo le digo algo lindo —se lamentó. Mi sonrisa se borró de a poco. Sus últimas palabras me habían dolido.
—¿Desde cuándo tú...?
—¿Desde cuándo estoy enamorado de Madison? —terminó la pregunta. Asentí esperando su respuesta—. No lo sé, creo que desde que la vi por primera vez. Cuando tú y ella jugaban a las carreras afuera de su casa ¿lo recuerdas?
—Los tres teníamos seis años, yo era nuevo en el vecindario y Madison me invitó a formar parte de ustedes siendo su mejor amigo.
—Era un niño que no sabía aún nada de la vida, pero no podía quitar mis ojos de ella, recuerdo lo tierna que se veía con sus dos colitas rubias y su sonrisa.
Tragué saliva con dificultad. Era la misma historia, solo que los protagonistas no eran Madison y Alexander, en la mía, lo éramos él y yo.
Era una niña tímida cuando lo conocí, pero a penas lo conocí me ayudó a vencer la timidez.
No quería seguir escuchando, pero debía hacerlo, así por lo menos sabré como se fueron dando sus sentimientos, como fui una idiota total.
—¿Por qué no me contaste lo que sentías por ella? —jugaba con mis manos nerviosa, ya no había nada que beber, nos habíamos acabado las cervezas, justo cuando necesito una. ¿Y si estaba alucinando esta conversación? Ya no sé si esta conversación es real o solo parte de mi imaginación.
—Yo confío en ti, sabes que lo hago, es solo que los tres siempre fuimos muy unidos y no quería que pensarás que la amistad podría arruinarse si Madison y yo llegábamos a estar juntos.
—Hoy, cuando decidí que debía contártelo. Todavía fui a tu casa para me ayudaras, pero tu madre me dijo que estabas encerrada en tu habitación y no querías hablar con nadie.
—Nataniel lo sabía —comenté pero sonó más como un reproche.
—Con ella fue diferente —hizo una mueca—. Hace poco yo estaba solo en mi habitación, practicando como le confesaría a Madison mis sentimientos cuando de repente me doy cuenta de que alguien estaba espiándome.
—Me empezó a interrogar y no me quedó más remedio que contárselo todo.
—¿No estás molesta o sí? —cuestionó medio asustado por mi respuesta.
Le quité otra lata y empecé a beber bajo su confundida mirada.
—Solo si tú no te molestas —señalé cohibida. Era el momento, debía hacerlo, a pesar de que mañana lo olvidaría y quien sabe cuándo lo recordaría.
—¿Por qué me molestaría? —cuestionó confundido.
Di un largo suspiro, dejando la lata de cerveza a un lado.
— Por esto...
Y sin más, estampé mis labios contra los suyos.
Al principio creí que no continuaría con el beso y me separaría, pero no fue así, me atrajo más hacia él —a pesar de estar sentados— y posó su mano derecha en mi mejilla. Inicio como un beso lento, que se convirtió en uno salvaje. Se sentía tan bien, sus labios estaban húmedos y su aliento a alcohol se mezclaba con el mío.
Había deseado este beso desde hace mucho y por fin lo tenía.
Sus labios se movían al mismo tiempo que los míos, Alexander Foster estaba muy cerca de mí pero yo lo quería aún más cerca y esto se sentía tan bien.
No era mi primer beso, este había sido en un juego que Madison me había obligado a participar. Pero no me quejaba, el chico era lindo y sabía besar, excepto que yo no y estaba segura de que había sido una vergüenza.
Pero ese beso comparado con el que estaba teniendo ahora no era nada, sus labios se sentían tan bien. El sabor a alcohol era lo de menos, me gustaba sentir sus labios sobre los míos, no quería olvidar todo este momento por nada del mundo.
Él y yo nos estábamos besando.
Estaba besando a mi mejor amigo.
Pero ¿por qué él me estaba siguiendo el beso?
...“Quién diría que la noche que nos rompió también sería la noche que nos unió.” ...
^^^Continuará…^^^