Soy todo un caso, lo sé pero no la he tenido fácil desde que me casé… hace tres años cuando cumplí 18 años mi sueño se hizo realidad, al casarme con Bruce Connor el hombre más guapo y CEO de una de las empresas más importantes del país. Nuestros abuelos compartieron sus deseos de que nuestra familia tuviera ese vínculo que ellos añoraban, unirnos en matrimonio… Gran error por mi, mi vida se convirtió en una pesadilla cuando llegué a la familia, me convertí en la chacha, cocinera limpiadora, de todo tenía que hacer, y lo más irónico que mi flamante esposo jamás ha estado para mí, será porque el siempre ha estado enamorado de la mujer que su madre siempre desearon como esposa para el. Por venganza me han hecho pasar por toda clase de humillaciones. Pero ya me cansé, jamás mi querido esposo se fijara en mí, así que tengo un plan…, y es hacerlos pagar lo que me han hecho sentir. …. Que será?
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Parentescos
Mayte estaba incrédula mirando la línea de vestidos que le habían dejado en su habitación, Pamela estaba igual de asombrada y eso que ella siempre tenía lo mejor.
— Ser la heredera de la realeza tiene sus ventajas. - expresó sonriente Pamela.
— Nunca había soñado tener un guardarropa tan extenso y menos de diseñador de alta gama. - contestó.
— Cinco días para la celebración del empresario en camino ya. - añadió Pamela.
— Tengo curiosidad de que me voy a enterar. - se están preparando según se, - ¿pero para que?
— ¿No te han explicado?
La chica negó.
— No me corresponde hacerlo a mí, - asumió Pamela, - pero ten la seguridad que habrá muchas verdades que se descubrirán.
MANSIÓN PALACE
El mayordomo tuvo que hacer la tarea que le correspondía a Miguel, tenía días sin aparecer. Antón ya le había marcado y no había contestado.
— Necesito saber cuando llegue Miguel. - avísame si sabes dónde encontrarlo. - ¿que le habrá pasado? - murmuró no le había avisado que se ausentaría algo muy raro en el.
Volvió a recordar la última conversación que tuvieron y no encontró nada que le hiciera entender que se había molestado.
— Ya volverá y tendré que darle una llamada de atención. - susurró para el mismo.
UN HOTEL CENTRAL
Miguel se sentía entre la espada y la pared. Había decidido dejar solo a su hermano Antón. - ya no metería las manos por el. - había intentado en varias oportunidades hacerlo recapacitar, sin haber conseguido nada.
Había investigado lo último. - y decidió dejarlo para que todo cayera por su propio peso, ya lo tenían rodeado como quien dice. - sabía de las investigaciones que, que ese detective había descubierto en su contra.
Hubo ocasiones que pensó en confesarle la verdad, pero conocía demasiado a su propio hermano, sus atrocidades que había hecho, y no dudaba en que atentara contra él.
Eran hermanos por eso se había acercado a él, pero Antón nunca enmendaría sus desquiciadas decisiones, y ya no lo iba apoyar.
Cuándo se dio cuenta de lo qué le había echo a su asistente, pensó que ahí pararía. - se decepcionó, cuando se dio cuenta que pretendía volver hacerlo con la mujer de Bruce Connor. - algo tan peligroso como eso y no enmendarlo, nunca lo haría. Se había convertido en su mismo padre. Y el lo había odiado por haber violado a su madre.
Pero ahora entendió que Antón quizás si sabía del monstruo que tuvo como padre. Era perder el tiempo hacerlo entrar en razón.
Le había dado muchas oportunidades, el solo quería tener un familiar pero no podía seguir mintiéndose Antón no era capaz de sentir por nadie un sentimiento y menos de hermandad.
Había decidido confesar a la policía. Pero se enteró que ya había una investigación abierta en su contra con uno de los mejores investigadores, por eso se dio cuenta que ya estaba bajo la lupa.
Hasta aquí llegaba él.
— Adiós Antón. - me equivoqué al pensar que podíamos llegar a tener una relación de hermanos. - susurró para él.
MANSIÓN DEL ABUELO.
— Querido me alegra que hayas regresado a casa. - se acercó Andrea tomándole del brazo.
— ¿Por qué no abría de venir? - sigue siendo mi casa.
— Por supuesto cariño. - lo decía ya que tenías días sin venir. - hasta llegué a pensar que te habías mudado a la que fue la mansión matrimonial.
— ¿Nunca he tenido nada que hacer en ese lugar. Porque tendría que hacerlo ahora? - contestó lo más seguro para que siguiera confiada.
— Tienes razón. - espero que tomes en cuenta a Judith que siempre ha estado al pendiente de ti, - y te a amado haciendo cualquier sacrificio por ti.
Era obvio lo que Andrea trataba de hacer para meterle por los ojos a la chica. Si Bruce no estuviera fingiendo hubiera reído por la pésima actuación.
— Andrea…¿porque no me avisaste que Bruce estaba en casa?
Bruce inhaló al escuchar a recién llegada, tenía que seguir fingiendo. Para asegurárseles el triunfo que ellas pensaban tenían asegurado.
— Te traeré una copa para que te relajes querido.
Las alertas se activaron en Bruce.
— Dejemos eso para otra ocasión. - no me apetece nada por el momento. - rechazó Bruce sabiendo que estaba en el nido de víboras.
Andrea y Judith se miraron disimuladamente. Bruce tuvo que disimular con impotencia no poder estrangularlas ahí mismo. Apretó la mandíbula sonriendo sin alegría.
Dos mujeres. - dos lacras queriéndolo atrapar en otra de sus artimañas, fabricadas por sus mentes enfermas por la ambición.
— ¿Te quedarás esta noche a dormir? - preguntó Judith con interés.
— Tengo muchas cosas y dudas que arreglar antes del gran día. - contestó haciéndose el inocente pues conocía la intención y lo que pretendía.
Judith maldijo con los puños apretados. En tres años jamás había logrado tener intimidad, siempre tenía una excusa.
— Querido quizás deberías darte la oportunidad con Judith. - trato de sonar condescendiente.
Bruce volteó, sin cambiar su semblante.
— ¿Entonces que es lo que propones?
Andrea se dijo que era ahora o nunca.
— Que esto sea igualitario.
— ¡Vamos Bruce! - Judith te salvó la vida. - ¿no crees que merece una oportunidad?
El enojo del hombre, y el repentino asco que sintió por las palabras de la mujer que se hacía pasar por madre, las simuló atraves de la oscuridad.
— Madre. - es una de las sorpresas que les tengo en la fiesta de presentación. - miró la sorpresa y sonrisa de las mujeres.
Por fin entró la llamada que esperaba.
— Tengo que irme
Quería alejarse ya que no garantizaba que siguiera fingiendo, y no lanzárseles a la yugular.
— Betsy. - ¿que pasa? - preguntó ya qué le había mandado un archivo pero como iba manejando, aún no lo podía abrir.
— Era lo que sospechaba. - contestó su hermana. - los resultados del ADN te los acabo de enviar.
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