"No todas las segundas oportunidades llegan para recuperar el pasado. Algunas llegan para construir un futuro."
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La dama enviada por la emperatriz
La mañana amaneció cubierta por una ligera neblina. Desde muy temprano, la mansión Belmonth se encontraba más agitada de lo habitual. Las doncellas recorrían los pasillos. Los mayordomos revisaban hasta el más mínimo detalle. Incluso el Archiduque había retrasado parte de sus reuniones.
Solo por una persona.
La institutriz enviada por la emperatriz.
—Hermana...
Iraide acomodó por quinta vez un pequeño lazo sobre el vestido de Everly.
—Creo que ya quedó bien.
Everly soltó una risa.
—Lo dijiste hace diez minutos.
—Pero ahora sí quedó perfecto.
Nana Lía negó divertida.
—Mi pequeña señorita, si sigue acomodando el vestido terminará deshaciéndolo.
Las tres rieron.
Unos golpes en la puerta interrumpieron el momento.
—Mi señorita.
El carruaje imperial acaba de cruzar la entrada principal.
Everly respiró hondo.
Había llegado.
Frente a la entrada principal de la mansión, toda la familia Belmonth esperaba.
Alaric permanecía al frente.
Kael y Eryan a unos pasos detrás.
Everly e Iraide permanecían una al lado de la otra.
El carruaje negro se detuvo lentamente. No llevaba adornos exagerados. Solo el discreto escudo de la familia imperial grabado en la puerta. Un cochero descendió primero. Abrió la puerta.
Una mujer salió con absoluta elegancia. Su cabello castaño oscuro estaba recogido en un impecable moño bajo. Vestía un sencillo traje azul marino. Sin joyas ostentosas. Sin bordados extravagantes. Su autoridad no provenía de su ropa. Si no de la manera en que caminaba. Cada paso parecía medido. Cada movimiento perfectamente calculado.
Sus ojos grises recorrieron la mansión...
Y finalmente se detuvieron en Alaric.
Realizó una elegante reverencia.
—Archiduque Belmonth.
Soy Lady Seraphine Valois. Por orden de Su Majestad la emperatriz, asumiré la educación de la señorita Everly Belmonth.
Alaric respondió con otra leve inclinación.
—Sea bienvenida al Archiducado. Esperamos que considere esta residencia su hogar durante el tiempo que permanezca aquí.
—Agradezco su hospitalidad.
Entonces...
Sus ojos se dirigieron hacia Everly.
La observó apenas unos segundos.
"Demasiado joven."
"Demasiado delicada."
"Veamos cuánto dura esa compostura."
Everly realizó una impecable reverencia.
Sin apresurarse.
Sin exagerar.
Con la elegancia exacta que correspondía a su posición.
—Es un honor recibirla, Lady Seraphine. Espero aprender mucho de usted.
La institutriz respondió con una leve inclinación.
—Eso dependerá enteramente de usted, señorita.
Mientras caminaban hacia el interior de la mansión, Seraphine observaba discretamente.
Los cuadros.
Los sirvientes.
Los pasillos.
Las normas de protocolo.
Todo.
Era una costumbre adquirida tras años sirviendo a la familia imperial.
No tardó en notar algo curioso.
La pequeña Iraide caminaba tomada de la mano de Everly.
No de una doncella.
No de Nana Lía.
De Everly.
Y Everly...
No parecía incómoda.
Al contrario.
Cada vez que la niña hablaba...
Le respondía con paciencia.
"Interesante..."
Después del té de bienvenida, Alaric habló con serenidad.
—Lady Seraphine.
A partir de hoy la educación de Everly queda completamente bajo su responsabilidad.
Corrija aquello que considere necesario.
La mujer asintió.
—Así será.
Entonces miró directamente a Everly.
—Comenzaremos mañana al amanecer.
La joven inclinó la cabeza.
—Estaré lista.
—Eso espero.
Porque no seré una maestra indulgente.
Everly sonrió apenas.
Una sonrisa tan pequeña que casi pasó desapercibida.
—No esperaba que lo fuera.
Aquella respuesta...
Sorprendió a Seraphine.
La mayoría de las jóvenes reaccionaban con nerviosismo.
O intentaban agradarle.
Everly no hizo ninguna de las dos cosas.
Simplemente...
Aceptó el desafío.
"Qué respuesta tan extraña..."
Pensó la institutriz.
"No parece una niña de catorce años."
Y, por primera vez desde que descendió del carruaje...
Lady Seraphine sintió curiosidad por su nueva alumna.